Tuesday, June 16, 2015

Juguemos a Palito Mantequillero



Uno de mis juegos favoritos cuando yo era chamo se llamaba “Palito Mantequillero”. Este juego consistía en nombrar a un capitán para que escondiese la ramita de un árbol en un lugar sin que el resto de los niños lo viéramos. Cuando ya estaba escondida, todos salíamos en su búsqueda y el capitán nos señalaba con la palabra “frío” si estábamos muy lejos del lugar donde escondió el palito o “caliente” si a su vez estábamos muy cerca del sitio. Cuando alguien encontraba el palito mantequillero, le tocaba el turno de ser capitán y el juego volvía a comenzar.

Lo que jamás imaginé es que en mi vida adulta tendría que jugar a lo mismo para conseguir productos de primera necesidad. Todos los días debo someterme a esta modalidad de juego para comprar detergente, afeitadoras o harina. Solo que ahora al capitán se le conoce como “bachaquero” y el palito ahora es un pote de leche o un champú. Las palabras del juego también cambiaron; “caliente” ahora es “pitazo” y “frío” es “No, mijo”. Hasta el nombre del juego varió. Principalmente porque la mantequilla es difícil de conseguir.

A falta de políticas serias, los venezolanos estamos sometidos diariamente a todo tipo de juegos infantiles. Para evadir los huecos en las calles debemos saltar en un solo pie como lo hacíamos en “El Avioncito”. Con el hampa –quien tiene 17 años invicto en el juego “Policías y Ladrones”– debemos jugar a “La Ere” y si ocurre una protesta e interviene la Guardia Nacional, nos toca jugar “Quemado”. A menos que llegue el SEBIN a nuestras casas, en cuyo caso es mejor optar por el “Escondite”.

Suena ridículo, pero no es mentira que el Gobierno de Nicolás Maduro nos trata a todos como si Venezuela fuera una guardería. Adivina, adivinador ¿a qué juega el TSJ? A “La Gallinita Ciega”. ¿A qué juega Ricardo Sánchez? A saltar la cuerda. ¿A qué juega Diosdado Cabello? Diosdado no juega.

Tomemos las elecciones parlamentarias. No importa que la MUD sienta predilección por el pasatiempo de “halar la cuerda”, todas las semanas el CNE nos dice que está más cerca de anunciar la fecha de la elección. “Falta poco”, anuncian… “En dos o tres semanas la damos”… Nos acercan pero nos mantienen alejados, lo cual es la premisa completa del juego “1, 2, 3 Pollito Inglés”.

Y así es con todo. ¿Nadie jugó a “Cero Contra Por Cero”? Este era un juego donde uno de los jugadores se colocaba inclinado hacia adelante con las manos en las rodillas y la barbilla recogida. Luego el resto de los participantes saltaba por encima de este jugador. Llámenme loco, pero ¿eso no es lo mismo que hacen los bolienchufados con todos los que debemos pedir cita para nuestros trámites?

El problema, como aprendimos desde pequeños, es que con mucho juego y poca educación nadie se beneficia. Lamentable entonces que el Gobierno ignore esta premisa. Si por cada vez que Nicolás Maduro culpase a la oposición, a los Estados Unidos o a la otitis por los problemas del país, tendría suficientes “papas calientes” como para alimentar a miles de niños en nuestros  colegios. Tremendo lío estamos entonces, cuando el máximo líder siempre es el más acuseta. Pues así estamos en Venezuela. Todos metidos en una carrera de sacos, intentando ganar en el juego “Paz y Guerra”.

Friday, June 12, 2015

Autopista al Infierno



Sé que siempre he dicho que cruzar el Mystic River y subir a La Lagunita es comparable con hacerse una endoscopia y un examen de próstata en un mismo día. Lo que no sabía es que mi aversión humorística se iba a convertir en ataques de pánico al hacerlo. Ahora ya no es odio, sino miedo. Quisiera decir que es una mini paranoia tipo subes el vidrio porque viene un motorizado pero esto es peor. Esto es miedo que no puedo respirar bien, me dan ganas de soltar el volante (suicide watch anyone?), y quiero estacionar el carro, llamar a un helicóptero a que baje con veinte rescatistas o tuitear: “Se busca un amigo urgente en la cola. #necesitounabrazo”. 

La sensación es horrible. En un punto específico de la autopista que es justo donde comienza la cola del túnel de La Trinidad comienzo a hiperventilar. Se me acaba la saliva, tengo que bajar el vidrio del carro porque creo que me ahogo y después lo tengo que subir porque ¿y si me asaltan? Prendo la radio, apago la radio y luego me doy cuenta de que no tengo las dos manos sobre el volante y que puedo chocar. Esto es estacionado en una cola de carros que no se mueven, por cierto. Pero yo soy fatalista. 

Esto me dura hasta que llego a La Lagunita. No importa que me estacione y tenga cinco minutos de paz. La ansiedad comienza ahí mismo porque después me pongo a pensar que tengo que hacer todo eso de nuevo de regreso. No importa que esté en una cena, un teatro o quien sabe qué hace la gente del otro lado de Mystic River. Lo mío es un miedo como si en cinco minutos llegara un platillo volador, se abrieran sus puertas y me saliera E.T. Lo lamento por la gente que le parece cuchi E.T. Yo veo eso y le echo Off.

La peor sensación del mundo es tener ansiedad sobre algo que está en mi imaginación. Es como una señora conocida que estuvo tan paranoica con los asaltos que cuando por fin los ladrones entraron a su casa les dijo: “¡Por fin! Mijitos, aquí les tengo hasta el café puesto”. Yo no soy el mejor conductor del mundo para nada, pero voy tranquilito, respeto mis normas y juzgo sobre lo mal que manejan los demás. En mi perfeccionismo, arreglo el tráfico, me comunico mentalmente con los infractores y a veces me provoca ser policía de tránsito. Yo sería un genial policía. Multaría a todo el mundo hasta que mi mamá me dijera: “por el amor a Cristo, renuncia que no puedo pagar más una de tus multas”. 

Ayer me dio uno de estos ataques lo cual me hizo hacer una regresión tipo brujo y me di cuenta de que es algo que he tenido desde siempre. Lo que pasa es que jamás me había ocurrido que el pánico se sentara en el puesto del copiloto –sin amarrarse el cinturón- y me hiciera querer abordar esto tipo: “Toto, we have a problem”. 

No estoy muy seguro pero creo que es más sobre un accidente que pasó ahí en los noventa que me mortificó sobre un carro que salió volando por el canal contrario y se estampó encima de otro carro, dejando solo a un superviviente. Yo no conocía a nadie en ese carro pero por alguna razón siempre pienso en eso cuando paso por ahí. O de repente es algo súper freudiano o quizás me llevé a un gato ahí y no lo recuerdo. O capaz no es nada y yo lo que soy es un malcriado desesperado por ser rico para tener un chófer. 

Estar de copiloto no ayuda mucho que digamos. ¿Esos copilotos que van con el pie derecho pegado como si fuera un freno, agarrados por sus vidas en la manilla y que gritan: “¡Frena! ¡Frena, coño, frena!”? Ese soy yo. Tenerme a mí en un carro es lo peor que te puede pasar a ti en tu vida. Siempre digo que yo me voy a ofrecer como pasajero voluntario en Auto Escuela Rossini. Si el principiante sobrevive una hora conmigo está apto para manejar a 200 kilómetros por la Panamericana. 

Claramente tengo que hablar con un psicólogo sobre esto porque no puedo ser ese tipo de gente que dejó de manejar porque le da miedo. Tengo 35 años y no 83. Pero en realidad lo que me provoca es montarme en el carro y manejar cien veces una y otra vez por la misma zona de los ataques de pánico durante todo el día hasta que se me quite. Porque eventualmente debo llegar a Mystic River y me niego a ser esa gente que cuando no encuentra quien lo lleve  tiene que ocultar la verdad y decir una mentira tipo: “Creo que no podré”. Yo no llevo el Instagram para que la gente se crea el cuento de que no podré. 

Así que autopista justo antes del túnel de la Trinidad: Bring it on bitch! Qué voy a tu conquista. 

Thursday, June 11, 2015

Eres Venezolano si...



Este vídeo es más para los expatriados venezolanos pero sin duda me dio risa porque cualquiera de nosotros nos podemos identificar. ¡Yo juraba que lo de los grupos del WhatsApp me pasaba solo a mí! Bueno saber que puedo crear un grupo de auto ayuda y se unen unos cuantos. Lo malo es que seguro abrirían un chat. 

Monday, June 8, 2015

Un Brindis en La Noche de La Hora Loca



No hay nada mejor que compartir entre amigos, sobre todo cuando hay buenos motivos para celebrar. Mi libro “La Hora Loca” se encuentra actualmente en su segunda edición y siempre había querido hacerle un mini debut como lo hice con “Cuentos de Sobremesa”. Así fue, el pasado jueves 4 de junio, muchos de mis más cercanos amigos se dieron cita en la Librería Alejandría del Centro Comercial Paseo Las Mercedes para acompañarme en este nuevo hito. Cosa curiosa, el 4 de junio este tea party cumplía siete años de haber abierto sus puertas. 

Por cuestiones de la vida, jamás festejé a “La Hora Loca” cuando salió por primera vez al mercado. Simplemente lo llevé a su nuevo hogar como son las librerías y rápidamente pasó a ocupar un espacio en las carteras y bultos de mis “Yo Te Leo” que se llevaron a “La Hora Loca” alrededor del mundo como entretenimiento para sus viajes. Siempre digo que mis libros viajan más que yo y eso me pica. Para el tercer libro considero subastarme y yo mismo le echo los cuentos a la persona que me lleve de viaje. 

En la noche de su mini debut, quise que mis amigos pasaran un buen momento de la mano del whisky Buchanan’s, quien actualmente emprende una campaña ideada por Diageo de la cual estoy absolutamente fascinado que se llama #YoBrindoPor. Anclado en los valores de la amistad y la camaradería, esta campaña nos invita a todos a pensar en esa persona especial que impactó nuestras vidas y dedicarle un minuto de su tiempo para brindar por ella de manera pública en señal de su profundo agradecimiento. 

Foto: Gabriella Hernández

En sintonía con ese mensaje, se me ocurrió que la mejor manera de rendirle tributo a mis libros sería brindando por la persona que me convirtió a mí en autor, quien es mi socia en este proyecto y mejor amiga: Ana María Zubillaga. De antemano, ella no sabía que yo iba a brindar por ella lo cual hizo de la noche más especial. A fin de cuentas, ¿qué hora loca no viene sin sorpresas? 

Un momento especial antes del brindis fue conocer a tres de mis “Yo Te Leo”. En un concurso que saqué por Instagram les pedí a mis seguidores  que subieran una foto contándome con el hashtag #YoBrindoPor sobre esa persona especial que les había marcado su vida. Y así fue como conocí a las ganadoras Verónica Dávila, Gabriella Hernández y Edwarlyn Bencomo. Es un honor sincero el llegar a conocer a gente que lee mi blog, mis libros o mi Twitter porque es como conocer a un amigo que jamás has visto. Estas tres chicas no podían ser más simpáticas en la vida y pude compartir con ellas momentos de confidencias sobre mi blog. Fue un momento especial y espero que si leen estas letras sepan que nunca me había sentido tan rock star. 

Con las 3 "Yo Te Leo", ganadoras del concurso "#YoBrindoPor" 

La encargada de abrir el brindis fue mi editora de este blog Nina Rancel, quien, como muchos sabrán, es mi editora porque fue ella la que me animó a abrirme este blog en el 2008. Todavía retumban en mis oídos una frase que dijo de mí: “Eres simpático, tienes buenas opiniones y todo el mundo te quiere leer. Si estuvieras bueno, serías insoportable”. Creo que eso es lo más bonito que han dicho sobre mí en mi vida. 

Las palabras de Nina. 

Luego de mi introducción, Nina me pasó el micrófono y por fin pude brindar por la responsable de la mitad de “La Hora Loca”, mi amiga Ana María Zubillaga. Para quienes no la conocen, les cuento un poco sobre La Zubi. Yo la conozco desde que eramos dos chipilines pero nuestra amistad se solidificó en piedra por un episodio conocido como “La Barbie Llanera”. Verán, Ana María se casó con mi primo. El 90% de su decisión de casarse con él es porque estaba enamorada y el otro 10% es porque mis papás, es decir sus nuevos tíos, tenían una casa en Galipán y eso Ana María lo vio como un plus al matrimonio.

El día que se casó, Ana estaba bella. Era un mediodía soleado y todo era campestre pero lo más bello sin duda era Ana. Tan bella, de hecho, que cuando la fui a felicitar y le vi su vestido solo le dije: "Ana María qué bella estás. Pareces la Barbie Llanera".

Novia más bella. ¡Es la Barbie Llanera!
Ana María no me habló por un mes exacto. Eso sin contar el mes que pasó en su luna de miel. Y cuando por fin me sentó y me hizo ver que en el Top Ten de cosas que NO hay que decirle a las novias es compararla con una Barbie y menos vaquera, nos hicimos socios. Porque Ana vino con una idea de su luna de miel: alquilar la casa de mis papás para hacer fiestas. Y cuando se enteró de que mis papás la habían vendido (cosa que la hizo considerar el divorcio) me dijo: “Pues mi nuevo negocio eres tú. Vamos a convertir tu blog en un libro para venderlo entre los amigos en Navidad”.

Esa idea lucía descabellada por todas partes. Ni ella ni yo sabíamos nada de libros y yo opinaba que nadie compraría un libro que podía leerse gratis en Internet. Pero Ana no se quedaba quieta. Ese día llegó a mi casa con 842 páginas impresas y me dijo: "Éste es todo tu blog. Si aquí no hay 50 historias cómicas que podamos escoger para hacer un libro tú tienes años perdiendo tu tiempo. Además tus papás están locos de remate y les ha pasado de todo así que cuentos hay". 



Yo le contesté: “Ana, pero yo no quiero publicar mi blog;  yo estoy en esto porque quiero publicar una novela”. Ana me dijo: “Mira Juan José, mi vida es una novela. Y cuentos míos que te has robado tienes de sobra en el blog. Te doy permiso para publicarlos todos”. 

Y así comenzamos. Juntos los dos a reescribir mis historias más chéveres, e inventar otras originales. Queríamos hacer un libro de cuentos que fuera divertido de leer en un consultorio o en la playa sin necesidad de seguir un orden cronológico de páginas porque como me decía Ana María: "qué fastidio con esos cuentos donde hablas mucho". Ana María es una persona que no se ha callado desde que salió de la barriga de su mamá así que decir que yo hablo demasiado es casi que un regaño.


Y así fue. El 4 de noviembre del 2010 nos entregaron en la imprenta a nuestro bebé: “Cuentos de Sobremesa”. Esa noche lo debutamos en sociedad como lo llamamos porque ya habíamos ido a demasiados bautizos de bebés en la vida real y estábamos fastidiados del término. Éramos autores auto publicados con 1000 libros metidos en 25 cajas. Tip para potenciales autores que sueñan con la auto publicación: tú no quieres 25 cajas de libros en la entrada de tu casa jamás. 

La explicación matemática que me dio Ana María para recuperar la inversión de los 1000 libros que imprimimos fue ésta: “Mira Toto, esto es muy fácil. 600 copias las vendemos entre mis amigas y tus fans “Yo Te Leo”. Y las otras 400 te las va a comprar tu abuela que seguro le da lástima que nadie te los compró”. 

Gracias a Dios nada de eso hizo falta. Un mes exacto después de haberlo publicado, “Cuentos de Sobremesa” estaba agotado. Los libreros nos decían que éramos las personas más brutas en toda la tierra. Era el libro que más rápido había arrasado en Navidad y no teníamos más copias para vender. ¿Y por qué se vendió tan rápido? Pues por Ana María. 



Del debut social del libro a los 20 libros que solamente me compró mi abuela porque se enteró de nuestro complot de usar su chequera, a Ana se le ocurrió la idea de venderlos en un bazar navideño. Eso fue un éxito rotundo. Después consiguió una cita con el presidente de Tecni-Ciencia. “¿Quiénes son ustedes dos, si nadie sabe de ese libro?” nos decía el señor. “Es un libro cómico y la gente necesita leer cosas cómicas, señor Tecni-Ciencia” le decía Ana. “Bueno mándeme cien copias si quiere”, dijo con resignación, jurando que no íbamos a volver… pero volvimos. 

De esa cita en Tecni-Ciencia, Ana me mandó derechito a promocionarme en la radio. “Ana pero si no conocemos a nadie en la radio”, le decía yo. Ella me contestó: “Pues no me importa. Hay que convencer al Señor Tecni-Ciencia que tú eres famoso. Ahora shh y dedica este libro. Pon ahí: para Cesar Miguel Rondon con cariño”. 

A la semana, el Sr. Tecni-Ciencia había pedido 400 copias más. Y de la nada yo tenía gente en Puerto Ordaz que me quería entrevistar, lectores en Maracaibo, fans en Anzoátegui, todos muertos de la risa con un libro que nació porque Ana María Zubillaga se antojó de hacer de mi talento un proyecto exitoso. 

Bautizo oficial de "La Hora Loca"

Todo esto fue y continúa siendo una historia de éxito donde tuvimos lo que se llama la suerte de principiantes. “Cuentos de Sobremesa” es un libro que, hoy cinco años después de esta historia, todavía llena mi correo de anécdotas. Comentarios típicos como: “Me hizo reír tanto en el avión que la gente pensaba que estaba loca”, son los más comunes. Otros son más serios. “Te quiero dar las gracias Toto, porque éste fue el último libro que le leímos a mi abuelo antes de que muriera en la clínica y se fue contento”. Hay algo en ese libro que le toca a la gente y solo comprueba que Ana tenía razón: entre reír y llorar, la gente siempre quiere reír. 

Agradezco que todo eso me haya pasado y por es que yo brindo por Ana María. Porque me empujó a escribir los cuentos que yo nací para echar. Ella me cambió la vida. Éste es un extracto del brindis que le di esa noche en la Librería Alejandría: 

“Ana, yo brindo por ti por haberme cambiado la vida. Si no hubiera sido por ti, yo probablemente seguiría escribiendo mi blog, esperando por una novela que jamás se hubiera materializado. Si no hubiera sido por ti, jamás hubiera metido un libro en un sobre dirigido a Erika de la Vega, tenido una entrevista con ella en la radio, hacerme amigo de ella en Twitter y ver cómo años después me pedía que fuera su escritor  en los monólogos de Érika Tipo 11 y Érika Casi Late Night. 

Si no hubiera sido por ti Ana María, Marianella Salazar no me hubiera atrapado en una cena y decidido que yo era el perfecto candidato para acompañarla todas las semanas en un segmento sobre las cosas insólitamente cómicas del país llamado apropiadamente “Cuentos de Sobremesa”. Si no hubiera sido por ti, revistas como Clímax, Etiqueta y Urbe Bikini no hubieran tocado mi puerta para pedirme columnas de humor. 

Bella foto que nos tomó una de mis "Yo Te Leo", Gabriella Hernández

Gracias por el empujoncito. Hoy, cuando le damos el debut social a nuestro segundo hijo “La Hora Loca” –que ya va por su segunda edición pero al cual jamás le habíamos dado un debut oficial- me enorgullece de compartir este momento contigo. Compartir es un placer como dicen mis amigos queridos de Buchanan’s y esto todo lo comparto contigo Ana. Y eso para mí es maravilloso. Ana, por todo esto yo brindo por ti. Por sacarle punta a mi talento de escribir y mandarme a la calle a compartir mis cuentos con los demás. 

Nadie sabe que por cada caja de libros que yo despache a una librería, estás tú al lado mío cargando otra, las dos veces en estado por cierto. Nadie sabe que cada factura que se cobra, eres tú la cupido motorizado que me acompaña a buscarlos. Compartir este legado de mis libros a partes iguales contigo va mucho más de lo económico. Son todos esos momentos en el carro, despachando libros o yendo a entrevistas, donde hablamos de nuestras vidas, y de futuros cuentos para que continuemos ofreciéndoles risas a todos mis “Yo te Leo”. 

Es cierto, mi nombre es el que está en la portada de los libros, pero en verdad son nuestros libros y yo brindo porque sean mucho más. Sobre todo brindo por ti y te lo pongo de esta manera, Ana: Si tú no existieras mi vida no sería cómica y eso es inaceptable. Gracias, por ser siempre La Hora Loca en todos mis Cuentos de Sobremesa”. 

Fun fact: Ana María no llora jamás. Y esa noche la vi derramar una lagrímita. Pero es que la gente así merece que otra le diga cuanto la quieren. Porque hay personas que te cambian la vida, y eso siempre merece un brindis.- 


Epílogo del episodio "La Barbie Llanera": Años despúes del impasse, Ana María me envió esta postal felictándome por mis 30 años. ¡El sentido del humor es clave en toda amistad!

Tuesday, April 21, 2015

El Reto “Martha Rodríguez Miranda” para ser un Buen Ciudadano

Foto tomada de: Diverso Magazine
 
Objetivo del reto: Ser un buen ciudadano por 24 horas.
 
Participantes: Ser venezolano, de cualquier edad, sin necesidad de tener buena presencia (porque a diferencia de lo que piensen ciertas empresas, eso es discriminatorio) que estén dispuestos a ser buenos ciudadanos por 24 horas.
 
¿Por qué 24 horas?: Porque mi apuesta es que te va a gustar lo suficiente como para volverlo a intentar al día siguiente. O de repente es domingo y te da flojera ser buen ciudadano ese día, pues. Pero la idea es que por un día completo estés consciente de que vas a ser un ciudadano ejemplar.
 
¿Este reto está avalado oficialmente por Martha Rodríguez Miranda? No. Pero ella suena como si no le importara que yo hiciera este reto así que no creo que me demande… Creo.
 
¿Qué me gano?: Te ganas un diploma que lo puedes hacer tú mismo. Ponerle escarcha es opcional. Pero no le pongas escarcha rosada porque eso es cursi. 
 
¿En qué consiste el reto?: El reto implica leer la siguiente lista y tratar de cumplir el mayor número de ítems si se presentan en ese día.
 
¿Me puedo tomar fotos para documentar el reto?: Si te sientes Kim Kardashian ese día, adelante. Pero hay una diferencia entre un buen ciudadano y un ciudadano echón. Todo tiene que ver con el tipo de filtro que uses.
 
¿Por qué te la estás dando de Gandhi inventando este reto?: Porque si logro que tú te animes a hacerlo y luego invites a otra a intentarlo, habré sido eso que los coach motivacionales llaman “agente multiplicador” y me parece que eso quedaría bello en mi resumen curricular. ¿Muy egoísta la razón? Está bien por la paz nacional. ¿Muy de Miss?
 
¿En serio lo puede intentar alguien de cualquier edad?: En serio. Ahora bien, si tu abuela de 98 años lo intenta y se cae cruzando la calle y se fractura el fémur y después se muere, no me puedes culpar a mí… Está bien, no lo pueden intentar las abuelas mayores de 98 años.
 
Toto… ¿por qué el reto?: Porque el cambio empieza por mi y algo hay que intentar. Ahora shhh, que tienes 24 horas.
 
RETO MARTHA RODRÍGUEZ MIRANDA PARA SER BUEN CIUDADANO
 
Intentar cumplir el mayor número de ítems de esta lista en la medida en que se presenten durante 24 horas.
 
1. Comprar una película original en una tienda autorizada para distribuirla.
 
2. Llevar botellas, papel, aluminio y bombillos viejos a un centro de reciclaje (en el estacionamiento de la Plaza Los Palos Grandes hay un centro).

3. Guardar el celular en la guantera de tu carro mientras manejas. Si eres mujer lo puedes meter en tu cartera… Pero eso te va a tentar a sacar el maquillaje y vas a ver el celular así que mejor embute la cartera en la guantera.
 
4. Sostener la puerta a otra persona para que pase antes que tú. Si no te da las gracias, entrégale una copia de este reto.
 
5. No aceptarle un soborno a un policía cuando te multe. ¡Acepta tu multa!
 
6. No buscar una multa a propósito para cumplir todos los ítems de este reto.
 
7. Explicarle con paciencia a la persona que te dice “mi amor”, “mi rey”, “chico”, o cualquier otro nombre que tú prefieres que te digan “Señor”, “Señora”, o si tienes problemas de identidad con tu vejez, “Señorita”. 
 
8. Respetar todas las señales de tránsito, sobre todo la luz de cruce. Si estás manejando a las 11 de la noche y no te quieres detener en una luz roja porque el hampa no está haciendo el Reto “Martha Rodríguez Miranda” es comprensible. Pero por lo menos pisa el freno dos segundos en la esquina para meter la coba que lo cumpliste.
 
9. Recoger cualquier pedazo de basura pequeña que veas en la calle y botarla en la cesta más cercana. Yo sé que tú no lanzarías esa lata de refresco que anda rodando por ahí pero si no la recoges tú, la va a tener que recoger el barrendero y por lo menos le haces un favorcito. Si fumas, no lances la colilla a la calle. Extingue el fuego con el zapato y bota la colilla en una basura.
 
10. Recoger los desechos de tu mascota en una bolsa y botarlos en la basura al momento de pasearlos. A menos de que tu mascota sea un avestruz en cuyo caso, fotografía esa vaina y mándanos una foto.
 
11. Amarrarse el cinturón de seguridad. Porque es de estúpidos no hacerlo.
 
12. Ser puntual en todas tus citas. No llegues “a golpe” de nada. Llega puntual a la hora que fuiste citado. Si alguien te dice: “Vamos a esperar cinco minuticos más para que llegue más gente”, recuérdales que el que está interesado es el primero que llega y que es una falta de respeto con los presentes no comenzar a la hora pautada.
 
13. Caminar siempre por el rayado del peatón al momento de cruzar la calle. Tripéate que estás en la portada de “Abbey Road” de Los Beatles.
 
14. Por el amor de Dios ¡frenar cuando veas a un peatón cruzar por el rayado! ¿No ves que se está tripeando que es un Beatle? Si no camina por el rayado, llévatelo por delante. No serás un buen ciudadano ese día y probablemente irás preso pero no todo puede ser perfecto.
 
15. Designar a un conductor si vas a tomar bebidas alcohólicas fuera de tu casa. Todos tenemos un amigo inseguro que manejaría por ti. Es solo cuestión de hallar a ese amigo para que te ayude a cumplir el reto.
 
16. No consumir drogas. ¡Pero qué chimbo este reto! Lo lamento, son ilegales y la idea es ser buen ciudadano. A veces el ser buen ciudadano implica ser gallo.
 
17. Decir “por favor” y “gracias” cada vez que solicites un servicio. Mira a toda persona que te atienda a los ojos. Si tiene un parche en el ojo, no te lances un chiste de piratas. Probablemente esa persona ya los ha oído todos.
 
18. Con el dolor de tu alma, no darle dinero a un niño de la calle. En el 99% de los casos ese dinero no es para él. Repórtalo en las redes de tu municipio para que las autoridades se encarguen de su bienestar.
 
19. No ponerse lycras amarillas porque eso no se le ve bien ni a Sascha Fitness. Sé que esto es más una cuestión de estética que de ciudadanía pero en serio, como país debemos hacer un pacto de rechazar el uso de la lycra amarilla.
 
20. Colocarse audífonos para oír música en público. Por más que pienses lo contrario, nadie más quiere escuchar “Anaconda” de Nicki Minaj en el Metro. Igual con el celular. Si estás en un cine o un teatro oscuro, date cuenta que la luz va a molestar al de atrás.
 
21. Cerrar el chorro de agua mientras te cepillas los dientes. Esto será súper Karen Bitton de tu parte pero por lo menos algo ahorras. Igual con las luces de tu casa. Apágalas si no las necesitas. (Ojo: a menos de que veas un fantasma en cuyo caso prende hasta el velón de José Gregorio).
 
22. Aguantar la puerta del ascensor para que todos entren y no molestarse si de último entra un gordito que tú piensas que no cabe. Sí cabe. Esa gente domina la técnica del Tetris espacial.
 
23. A la hora de un mal servicio, llamar al gerente y explicarle con paciencia, calma y voz de Sofía Ímber y no de Marta Colomina el porqué tú sientes que fuiste tratado de manera indebida. Quizás no cambies el modo del servicio, pero es mejor reclamar y aclarar que no decir nada y comentarle luego a la comadre “por eso estamos como estamos”.
 
24. Tratar a todo el mundo como esperas que te traten. A menos de que tú seas un déspota en cuyo caso, mejor no salgas ese día de tu casa.
 
25. Intentar el Reto "Martha Rodríguez Miranda" de nuevo por 24 horas y animar a alguien más a hacerlo.

Wednesday, April 15, 2015

#YoBrindoPor... Miss Rose

¿Quién te hizo ser la persona que eres hoy en día? Además de tu papá y tu mamá, pues. Esa parte es como obvia. A menos de que tú seas uno de los mellizos con tres padres biológicos y una madre en alquiler que salió en las noticias recientemente. Ahí sí es más complicada la cosa. No, yo hablo de quien eres en tu esencia. ¿Por qué eres ingeniero? ¿Abogada? ¿Pastelero? ¿Esposa trofeo? (Hecha de manera correcta, ésta última es una carrera válida). 

Somos lo que somos porque alguien nos dio nuestro primer cuatro y nos convertimos en El Pollo Brito. Una persona le dio una caja de Berol Prisma Color y Daniela Panaro decidió que el verde grama iba a ser el color insigne de su marca de ropa. Chefs abrieron restaurantes porque desde chiquitos ya hacían maravillas con la cocinita de Fischer Price y cualquier jugador de la Vintotinto te dirá que no recuerda una época donde no tenía una pelota de fútbol entre sus pies.

Alguien le dio esa pelota. Una persona en específico nos dijo a todos que teníamos madera, talento, ese je ne sais quoi para ser lo que nos hacía absolutamente feliz. Muy pocos le hicimos caso y nos graduamos de algo que se veía muy formal en una tarjeta de presentación. Es válido, los hombres teníamos que probar el amarrarnos una corbata para una reunión a las siete de la mañana y las mujeres soportar tacones color berenjena combinados con medias panty de beige.

Solo unos pocos supieron desde siempre que iban a ser aventureros de vida. Otros nos tardamos un poco en saber quien queríamos ser en realidad. Porque no importaba el cubículo, la reunión o lo pesado del jefe, siempre había una voz en nuestra cabeza que nos decía: “¿Qué haces ahí? Ponte a hacer lo que realmente eres y estás destinado a ser”.

A mí me pasó. Todos los días de mi vida, siendo algo que no quería ser, yo escuchaba la voz de Miss Rose. Verán fue Miss Rose la primera persona que me dijo que yo no debía dejar de escribir. Jamás.
No recuerdo ni su apellido, pero Miss Rose fue mi maestra de inglés en séptimo grado. Yo venía transferido de un colegio donde todo lo que estaba aprendiendo en séptimo grado en inglés lo había visto en cuarto grado. Por supuesto estaba aburrido y me dedicaba a hablar y hablar y a perder puntos de apreciación y a no portarme como un estudiante, sino como un idiota.

Por alguna razón Miss Rose vio en mis informes algún talento. Y sus anotaciones en mis reportes y ensayos venían con notas al margen que me decían exactamente eso: “No dejes de escribir”. Jamás le presté atención, yo escribía por placer pero sabía que eso no era una carrera y jamás la puse entre mis planes. La gente grande no es escritora y punto. Son abogados o comunicadores o alguien en la pirámide de Procter & Gamble, pero no son escritores.

Mi carrera como escritor ha sido accidentada porque por años negué serlo. “Bloguero”, decía al principio y “columnista”, cuando sentí más confianza. La pura realidad es que escribo historias y eso hace de mí una persona feliz. No concibo la felicidad sino cuando me dedico a escribir. Siempre lo supe, desde pequeño sabía que esto iba a ser. Se lo negué a Miss Rose, a mis padres, a mí mismo y a mi carrera. Pero lo soy, y eso Miss Rose ya lo sabía. No tengo manera de saber cómo lo supo, pues no sé dónde está. Pero si algún día se topa con este escrito sabrá que desde el fondo de mi corazón le doy las gracias y por ella brindo. Miss Rose la primera persona que me dijo lo que yo estaba destinado a hacer en la vida para hacerme absolutmanete feliz.

Y eso ha hecho toda la diferencia.-

Friday, April 10, 2015

El Peor Cocinero del Mundo Reza Después de Cenar

En toda parrilla siempre hay un cocinero estrella que suda frente a la brasa. En la cocina está su mujer preparando un guacamole y mentando madre porque hoy, de todos los días, le inventaron organizar un almuerzo en casa. En una mesa los amigos pican chistorras, en otra, las amigas pican cebollas y parado ahí al lado del cocinero en la parrilla está un hombre que solo pica el ojo con el humo.

A todas luces, ese hombre aparenta que está haciendo algo, tipo ventilar las moscas o pasarle cuchillos al chef. Pero en realidad ese tipo no hace nada. No va a cortar la carne, ni entrará a la cocina a preparar una salsa. Ni siquiera va a sugerir ponerles más mantequilla a las papas horneadas. Solo está ahí para que la gente crea que hace algo. Es un mero inútil hambriento que se ve en toda parrilla. Lo sé porque ese hombre soy yo.

Admito que la cocina no se me da. He intentado cursos, visto programas como Master Chef y tengo en mi posesión tres copias del libro “Cocina Para Tontos”. Pero no importa cuánto trate, cualquier plato que yo prepare es digno de ser fotografiado para formar parte de la sección de “fails” en Pinterest. Para mí un plato gourmet es un sándwich de queso de cabra aplastado en la tostadora. Lo que más amo hacer para la cena es una reservación en un restaurante y  jamás lo admitiría en público pero yo fui el que una vez preguntó que quién era María y por qué insistían bañarla en la cocina.

Si tengo que cocinar lo hago por supuesto. Solo necesito paciencia, determinación y el teléfono de los bomberos. Tampoco soy el muerto de hambre que ve el Gourmet Channel y lame la pantalla del televisor... Está bien, lo hice una vez pero fue solo porque Narda Lepes hizo langosta al termidor. Puedo cocinar alimentos básicos como huevos, pastas, perros calientes y ensaladas. Una vez me dio por hacer un soufflé. Digamos que fue un “suflimiento”.

Y es cómico porque la vida me ha dado ciertas señales de que soy malísimo en el departamento culinario. Mi mejor condimento, me han dicho, es el antiácido. En mi casa se reza después de cenar. Y es duro darse cuenta de que mientras todos los hombres reciben de regalo un delantal que dice “El Mejor Chef del Mundo” a mí una vez me regalaron uno con la imagen de la “Virgencita Plis”.

Mi conclusión es que los libros de cocina no me comprenden. Yo leo una receta como puedo leer el libro Los Juegos del Hambre: sé que ninguna de las dos pasará en la vida real. No eres el peor cocinero del mundo hasta que no hayas hecho sonar dos huevos como unas maracas porque la receta decía: “bata dos claras de huevos”. Y ese es mi problema, cuando una receta te recomienda hornear hasta que esté dorado, siempre pienso: “¿qué tan dorado estamos hablando?” ¿Dorado tipo un McNugett o dorado tipo Paulina Rubio?

Por eso es que me abstengo de cocinar platos complicados. Mi rosbif término medio sería con toda seguridad más duro que la Piedra del Cocuy y mi único intento de preparar un pie de limón terminó siendo un frisbee para mis perros. Por lo menos mi familia está clara en una cosa. Cada vez que nos reunimos para hacer una parrilla, mi hermano pone la carne, mi mamá pone las caraotas, y yo siempre pongo la torta.

Por eso es que la próxima vez que vean a un hombre parado junto al comandante parrillero, sepan que no está haciendo nada por una razón completamente válida. Inmiscuirlo a él en los preparativos de un almuerzo siempre implicará un viaje posterior a la clínica. Como me dijo mi amigo Raúl, insigne chef de carnes en la última parrilla a la que acudimos: “Tú solo dedícate a echarme cuentos, inútil que del resto me encargo yo”.-

Sunday, March 1, 2015

Es más fácil viajar a Tombuctú que conseguir Harina P.A.N

 
 
Problemas del Primer Mundo

Imagínese este cuento: un escritor estadounidense de 35 años decide que está deprimido. ¿Por qué está deprimido? Su esposa lo dejó por su editor. Fue una tragedia. Una mañana se encontró jurungando Google Earth ─donde suelen ingresar los desalentados que no quieren ni pensar. El triste literato cae en la ciudad africana de Tombuctú. Del lugar no sabe nada, salvo que hace referencia a la popular frase gringa: “From here to Timbuktú”. En español: “esa verga es lejos”.

Siete días después ese mismo escritor está sentado en el asiento 17B del vuelo de Air France que lo llevará de Los Ángeles a París y de ahí directo al Aeropuerto Internacional de Bamako-Sénou, a 15 kilómetros de la ciudad de Bamako, capital de Malí, en el oeste de África. Por suerte, consigue dormir un poco en los dos vuelos que le corresponden.

Sin tiempo para pensar en lo que comprende haber dejado su casa hace 21 horas, el escritor se prepara para emprender el viaje que lo llevará hacia Tombuctú. La mejor manera para llegar es en barco por el Río Níger. Para ello, debe conseguir un autobús que lo lleve a Kulikoró, a 56 kilómetros de Bamako. De ahí, debe montarse en otra nao que lo lleve a Kabara. Eso le tomará cuatro días. Al arribar a Kabara estará a seis kilómetros de su destino final y un taxi compartido lo dejará, en cuestión de minutos, en un hotel donde colapsará, muerto de cansancio junto a una maleta, en la cama de su habitación.

Para ese momento, el escritor habrá aprendido que Tombuctú es lejos que jode.

Problemas del Tercer Mundo

Ahora imagínese este cuento: un escritor venezolano de 35 años está deprimido. ¿Por qué está deprimido? Abrió la despensa y encontró que se había consumido la totalidad del mercado de la semana. Fue una tragedia. Una mañana en la que anda metido en Twitter ─donde suelen ingresar los desalentados que no quieren ni pensar─ nuestro triste literato encuentra el siguiente mensaje de 70 caracteres: “Hay Harina P.A.N en el Automercado Plaza’s. La cola comienza en Tombuctú”. De ese lugar no sabe nada, salvo que hace referencia a la popular frase gringa: “From here to Timbuktú”. En español: “ya todo el mundo se enteró de que hay Harina P.A.N en el Plaza’s”.

Siete días después, ante otro pitazo, ese mismo escritor se encuentra sentado en el asfalto de la calle aledaña al Automercado Plaza’s mientras sostiene el ticket número 178 que lo llevará del estacionamiento a la entrada del automercado y de ahí directo a la caja registradora, a 15 metros de donde comenzó. Todo el que lo rodea, incluido él mismo, parece un habitante de alguna ciudad en el oeste de África. Por suerte, consigue los dos paquetes que le corresponden.

El escritor se prepara para emprender el viaje que lo llevará de regreso. La mejor manera para llegar es caminando al Metro, pero los motorizados hambrientos por sus dos paqueticos hacen de esta una peligrosa misión. Para ello, debe apretar la compra contra su pecho durante los 15 minutos que le tomará caminar del automercado a la conglomerada estación. Al salir debe coger un taxi que lo dejará en su edificio, donde tras abrir dos puertas de seguridad y “datear” a la vecina de su compra, colapsará, muerto de cansancio junto a una bolsa de supermercado, en el piso de su habitación.

Para ese momento, el escritor habrá aprendido que Tombuctú no queda tan lejos. A fin de cuentas, él vive en Venezuela. Donde todo toma más tiempo, más sudor y más trabas que llegar a ese lejano lugar en África.

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