Tuesday, September 16, 2014

Normas de Etiqueta Para Los Mosquitos (Ya que Dios no intercede por nosotros en esto)

 
Tengo una conversación recurrente con Dios en la cual le explico que estoy contento con la inclusión en este mundo de las jirafas, Sofía Vergara y los plomeros. Me parece una nota que existan las hormigas porque me gusta verlas prepararse diariamente para el Apocalipsis. Las hormigas son súper apocalípticas. ¿Nadie ha visto un puñado de hormigas en su lavamanos comiéndose un resto de pasta de dientes? Escúpanle agua para que vean como corren de ese genocidio.

No tengo rollos con los seres vivientes y me gusta pensar que ellos están cómodos con mi existencia. Claro, nunca he estado en un pozo lleno de cocodrilos hambrientos pero por lo general (salvo un mono que me cayó a gritos en el Ávila) a los animales no les desagrado mucho. Hay otros que me aman. Y por otros quiero decir los mosquitos.

Ok, ok, lo sé. Los mosquitos no son animales, son insectos. Pero cuando uno ha vivido toda la vida con ellos y te ofenden de tal manera que no importa la hora, igual te pican la planta del pie, son una cuerda de "animales" mal empollados que ojalá se quedaran quietos para aplastarlos más rápidos.

Ahora, puede haber un remoto chance de que Dios no tenga responsabilidad en esto. Supongo que Noé el del arca menos. ¿40 días metido en un barquito como The Life of Pi y no pudiste aplastar dos mosquitos contra la pared? De no existir un ente superior, tiene que haber una razón por la existencia del mosquito. Eso me imagino me lo explicará un mosquitólogo, cuya profesión, si existe, debe ser deprimente. Me imagino que dirá que sin los mosquitos la fauna se iría al diablo y los humanos seríamos comidos por las moscas esas que vuelan alrededor de los cambures. Pero, francamente, ¿por qué no podemos despedir al mosquito de la vida? ¿Qué nos ha hecho el mosquito a nosotros salvo desangrarnos lentamente?

Sobre mi cama vuelan tres mosquitos diariamente. No sé ni me provoca investigar el promedio de vida de un mosquito pero me gusta pensar que si no es el mismo mosquito, se reprodujeron entre ellos y sobre mí vuela toda una descendencia como los Buendía en Cien Años de Soledad.

Cada mañana cuando me levanto y apago el aire acondicionado se me permite un minuto de gloria. Es como si esos tres mosquitos me dieran un chance para quitarme las lagañas, bostezarle el adiós al primer aliento que sale de mi boca y sacar todas mis extremidades de las sabanas. Un minuto no más, esperando silenciosamente en las alturas de vaya yo a saber cuál bombillo escogieron para hacer ahí sus cuarteles de invierno.

Después de vencerse esos cincuenta y nueve segundos, yo no tengo oportunidad de escondite. Esos tres mosquitos hacen un preparado, listos, fuera y como si fueran un hipopótamo bulímico en búsqueda de un helado de stracciatella se lanzan sobre mi pobre e indefenso cuerpito a comerme vivo como si yo fuera una Creme Brulée que merece ser pinchada y lengüetada hasta que no quede sino el plato (en este caso mi carcasa).

Yo hablo con los mosquitos. Les comento sobre la posibilidad de un “snooze” como los despertadores, que los tiempos de Dios son perfectos y que si me dan cinco minutos no tengo ningún problema en extenderles el brazo para que gocen una bola. Porque eso lo hacemos, yo creo en dejar a los mosquitos tomarse un Martini draculeano. La razón principal siendo el fastidio que da levantarse a buscar el pote de Off.

Esta mañana, mientras uno me picaba el pie y el otro me echaba un chisme en la oreja, les dije: “¿Qué te he hecho yo? ¿Por qué eres así? Después de todo lo que hice por ti. Como una sombra han aprendido a vivir. Si les huyo me quieren, si los quiero se alejan de mi”. Después me di cuenta que les estaba cantando una estrofa de Hombres G, pero eso no dio resultado. Así que mi conclusión científica es que los mosquitos se sienten altamente atraídos por las melodías de Hombres G.

Con esto del virus chikunguya que azota al país, estoy más paranoico con los mosquitos que nunca. A mí jamás me ha gustado embadurnarme con cremas, creo que el circulito ese que se prende y emana olores solo le sirve a los que aman los inciensos y las velas que huelen a lavanda, y no me gusta prender el aire durante el día porque yo soy calvo y me da frío.

La raqueta eléctrica me salva porque juego a ser Adolfo Hitler. Lo sé, es una terrible comparación que no debería hacerse pero si yo fuera Adolfo Hitler y me dan esa raqueta con una palabra de aliento como “destacate”, créanme, no solo mataría a todos los mosquitos de mi urbanización y las tres contiguas. También ganaría el Wimbledon.

Pero la raqueta no hace milagros y con todo esto del virus ese lo que estoy es paranoico. He pensado que si el Caracas Fashion Week existiera, hubiera diseñado una burka con un mosquitero. Suena retrogrado pero si logro que Titina Penzini la popularizase me hubiera hecho millonario en una semana. Es horrible leer sobre ese virus y como el Gobierno no informa (y tampoco hay antídoto), básicamente volvimos a la Edad Media donde el mosquito es el Sheriff de Nottingham y viene con todo a cobrar nuestros impuestos con sangre.

Es por eso que he decidido hacer una lista de normas de etiqueta para los mosquitos que me quieran picar. La lista se llama “Lista de Normas de Etiqueta Para Los Mosquitos Que Me Quieran Picar”.
 
Aquí va:
 
1) Horarios de Picada: de 8:30 a 9:00 de la mañana, una picada a las 11:59 y luego de 4:10 a 4:14 p.m. Fines de semana libres. Vayan a rezarle a Dios y denle las gracias por crearlos. Es más vayan a picar a Dios.
 
2) Lugares de Picada: En el brazo preferiblemente. Si sientes que mi pierna es más jugosa, está bien, en la pierna. Eso sí, jamás en el pie.
 
3) No se requiere de conversación previa: Es decir, lanzarte una rumba en mi oreja como buscando conversar no te va a ganar puntos jamás. Dale sin pena y pícame de una buena vez. Muy prostituto de mi parte decir esto, pero no necesito ni que me compres un whisky antes de ponerte una servilleta alrededor del cuello.
 
4) Ok, soy un lerdo: Si me ves aplaudiendo frente a ti no te burles. Lo sé, soy el Coyote y tú el Correcaminos e intentaba matarte, pero no te burles de mi ineptitud.
 
5) No copules frente a mí: Odio esos mosquitos que deciden tener una tarde de pasión en frente mío. Aunque confieso, amo matarlos cuando están en su motel porque salí de dos pájaros con un solo tiro. Después hago un minuto de silencio por todos esos potenciales mosqui-bebés que jamás me conocieron.
 
6) No te conformes con mi sangre. De repente no es la mejor cepa: En serio. Amaría que en mi cuarto existiera un mosquito sifrinisimo que decide que mi sangre sabe agria y que el mesero debe traerle a otro humano. Si la Revista People ni por error me consideraría a mí el Hombre Más Sexy del Mundo, entonces los mosquitos tampoco deberían hacerlo.
 
7)  Espero de corazón que cuando te mueras vuelvas reencarnado en un humano: Para que sepáis lo que se siente ser picado por ti. Un humano con una oreja BURDA DE GRANDE que viva en la selva, le guste el agua con azúcar y no sepa que existe el OFF.

Sé que ningún mosquito leerá esto porque… bueno porque los mosquitos no leen. Pero Dios, si por casualidad te metes en mi blog: aplausos en serio por los turpiales, los pavos reales, por Indiana Jones y James Bond y Tom Hanks. También por los araguaneyes, las orquídeas, Las Morillo y los pingüinos. Pero los mosquitos… te voy a ser sincero. No fueron tu mejor obra Dios, no fueron tu mejor obra ni hoy ni nunca.-

Buchanan's - El Placer de Compartir




Sensacional campaña de Buchanan’s sobre el placer de compartir con la gente que te inspira a ser quien eres. A todos mis "Yo Te Leo", salud por ustedes.

Monday, September 15, 2014

Lo Verdaderamente Útil No Está en la Lista de Útiles Escolares

 
 
Creo que por más adulto que sea, todavía no he logrado superar esa extraña sensación de que mañana hay colegio. En verdad no hay peor crisis infantil que darse cuenta la noche antes de que mañana comienzan las clases. De repente es el tamaño del bulto, lo mal que te queda el uniforme o que no sabes si vas a seguir siendo el gallo del salón, pero ahí está. Todas las inseguridades de una persona comienzan en esa noche de insomnio antes de que un adulto/representante te prenda la luz y te diga: “Levántate que vas a llegar tarde al colegio”.

Ahora que soy grande también me doy cuenta del tras bambalinas de mis idas al colegio. Las mías y las de mi hermana, pues. Porque fueron dos historias distintas.

Yo estudié en un colegio gringo durante toda la primaria. Cada mañana me montaban en el autobús número 7 que me llevaba a la Calle La Cinta de Las Mercedes. Mi uniforme se compraba en el colegio y tenía un sello con una palmera, la cual me hacía pensar que yo estudiaba más en Tropi Burguer que en una academia. Mi lonchera era de Snoopy porque eso era lo que a mí me daba nota. Adentro había un jugo Yukery y un sándwich de mermelada con queso Kraft Facilistas. Yo no comí durante siete años.

Mi hermana mayor no corrió con ese estilo de vida. Desde muy chiquita a ella le tocó una moda impuesta por las madres en lo que presumo es una carrera armamentista por ser la mejor mamá: las niñas no se iban en transporte, hacían pool. La falda plisada se planchaba, los zapatos tenían un centavo americano metido adentro y sin lazo blanco no se salía de la casa. La lonchera era marca Igloo para que la sopa, el arroz y las tajadas permanecieran calientes porque aparentemente las niñas comen sopa y seco pero los varones teníamos que comernos un sándwich de mermelada con queso Kraft Facilistas.

Por esta distinción entre colegios jamás me preocupé. Solo sé que mi mamá tenía pool con mi hermana los martes porque el miércoles era su Día de Parada y así descansaba de ir a buscar a siete enanas sudadas con loncheras. El único motivo por el cual yo sabía de la existencia de estas niñas era porque en la guantera del carro había un cartelón que decían sus nombres. Luego aprendí que había una maestra cuyo único rol en la vida era decir estos nombres por micrófono, como si fuera un chambelán anunciando a las invitadas en el baile del Príncipe de la Cenicienta, para que salieran a montarse en el carro.

Con el tiempo también aprendí que hay mamás que se quedan dormidas y nadie va para el colegio. Otras que no entienden que a veces NO HAY colegio. Eugenia mi amiga me cuenta que un día bajó como todas las mañanas de su apartamento a sentarse en el murito a esperar por el autobús (su mamá no te hacía pool). Esperó y esperó y esperó hasta que el vigilante le dijo que subiera porque había Golpe de Estado. Tocó el intercomunicador:

-Mamá, ábreme que no hay colegio. Aquí Xavier me anda diciendo que y que hay golpe de Estado.

-Ay Eugenia, ¡no seas exagerada! –le contestó su mamá por el intercomunicador-. Segurito tienes examen. Quédate quieta que ya te va a venir a buscar el autobús.

-Pero Ma…

-¡Qué te quedes ahí te dije!

Eugenia contó tres minutos en su Pop Swatch hasta que oyó la voz en el intercomunicador.

-Euge mi amor ¿estás ahí?

-Dime Ma…

-Sube ya mi vida…

Esa distinción entre colegios no es porque mi mamá se ocupaba más de mi hermana que de mí. Creo que los tres podemos decir con toda sinceridad que mi mamá y mi hermana no se hablaron durante catorce años por diferencia de criterios sobre cómo ponerse un lazo. Y la verdad es que mi mamá fue una tremenda ayuda en mi colegio porque siempre que había fiestas ella traía tortas. O de repente es que yo tenía mentalidad de gordito y eso es lo que recuerdo.

La diferencia la aprendí cuando me cambiaron de colegio a uno similar al de mi hermana. No de niñas pues, pero sí con toda la parafernalia del pool, del uniforme comprado fuera del colegio y de algo llamado la lista de útiles escolares.

Eso nunca lo había experimentado. En mi colegio de primaria te daban todo el primer día de clases: el libro que ibas a usar en cada asignatura, el cuaderno Caribe (con la tabla de multiplicar, sumar, restar y dividir en la parte de atrás) y lápices Mongol para todo el año. La Trapper Keeper sí la comprabas tú.

Cuando llegué a mi otro colegio en bachillerato me di cuenta de que eso no era así. Aquí me pedían todos los cuadernos, papel lustrillo (que jamás usé en los cinco años de bachillerato), una bata de laboratorio, una calculadora científica, reglas, regletas, un compás y un mercado completo de cosas que se podrían en un locker cuando ya el año escolar llegaba a mayo. Yo todavía tengo guardado un escalimetro intacto que habré usado tres veces.

Eso me pone a pensar, ¿por qué la educación es tan enrollada con todo lo que no necesitamos? ¿por qué hacer pasar a los padres por ese vía crucis de conseguir cosas que no vamos a usar? Nadie necesita un uniforme con un penique en el zapato, ni una lonchera atómica como tampoco necesita una bata de laboratorio. ¿Alguien manchó alguna vez la bata de laboratorio en Química? 

Lo único que necesitamos es APRENDER. Y esto es a lo que quiero llegar. Mi problema con la lista de útiles escolares es que en ninguna parte le piden al estudiante que venga a maravillarse con lo que va a aprender. Ninguna lista escolar pone en su número 1 de solicitudes: 1) QUEREMOS QUE EL CEREBRO DE SU HIJO SEA ÚTIL.

Yo raspé todos los exámenes del primer lapso en mi nuevo colegio porque no entendía que si te caletreabas todo, pasabas. A mí jamás me enseñaron eso en primaria. Más bien me enseñaron que si oías, aprendías. Si te hacían una materia DIVERTIDA, amarías la lección para siempre.

Yo vi Egipto dos veces. En primaria mi maestra nos enseñó todo sobre pasaportes porque nos inventó que nos ibamos de viaje a El Cairo (yo hice maletas y todo). En clases, nos hizo tomar una foto, revelarla, pegarla sobre un pasaporte de papiro cosido a mano por nosotros (medio fábrica en Indonesia esta parte) y creamos unos sellos egipcios para decir que habíamos llegado a Egipto.

Mi clase estaba decorada con pirámides por todas partes, aprendimos a hacer una momia, y todavía me sé de memoria la técnica de embalsamar un cuerpo a la manera egipcia. Me enamoré de las aventuras de Howard Carter y si pudiera ser él, habría vuelto a 1922 para descubrir la tumba de Tutankamón. Luego descubrí  que todo el mundo en esa expedición se murió en circunstancias extrañas así que decidí ser él con un pote de Off porque hay que ser precavidos.

En bachillerato volví a ver Egipto en mi otro colegio. Es una gran decepeción saber todo lo que se puede saber sobre la Piedra de Rosetta y verla simplemente mencionada en el libro amarillo de Historia Universal de octavo grado de esta manera: “(…) con la Piedra de Rosetta se inició Champollion, quien amplió su obra al visitar luego el antiguo Egipto”. Busqué esa oración en el libro y así sale de veras. Eso es todo lo que vieron mis amigos de bachillerato sobre la piedra más famosa del mundo. Hoy en día, y no los culpo, creen que la Piedra de Rosetta es un servicio para aprender idiomas.

Yo no digo que fui más inteligente que ellos, porque no lo fui. Salvo en inglés, jamás estuve en el cuadro de honor de mi clase. Pero yo hubiera dado todo porque mi educación no se concentrase en si tenía el pantalón azul de Banana Republic al comienzo de clases, si todos mis útiles de la fulana lista esa cabían en mi bulto verde Jansport y si tenía el Tag, y los Bass y el cuaderno forrado con fotos de Cindy Crawford. Yo hubiera dado todo porque mi tesis de grado (algo con unas caraotas y el PH) me importase en su momento…

Ojo, el Jansport y el Tag me importaron porque vamos, en la adolescencia, esas ridiculeces importan. Pero ¿cuál es la jónica y cuál es la dórica? ¿Cuál es el cúmulo y cuál es la otra nube? ¿Y por qué no es válido preguntar si en alguno de esos dos trenes que van en dirección contraria va una bomba para avisarle al otro que frene antes?

No todo fue malo, yo me las ingenié. Con dos amigos logré filmar la escena de espadas completa entre Tybalt y Mercutio con una Handy Cam para presentarla en una exposición. También tuve la mejor profesora de Hamlet del mundo. Pero no todos fueron educadores sensacionales. Más que un “Aguerrevere, si no tienes la bata de laboratorio no puedes entrar”, me hubiera gustado “ven y mánchate de pies a cabeza y explota el nitrato a ver qué pasa…” Si todo fue un regaño por un peo líquido ¿por qué no nos quitaron la rebeldía explicándonos los efectos químicos de un peo?

Más que útiles escolares, hubiera sido mejor tener profesores creativos con sus enseñanzas extraordinarias. No fueron malos, pero yo sabía de la ONU en sexto grado. A mí no me volvieron a mencionar la ONU hasta que llegué a la universidad. Y eso creo que es lo que pasa con la educación. Las mamás se fajan con la forrada de cuadernos y que el niño esté en kárate, fútbol, y cursos de microfinanzas y si el pool lo haces tú hoy y yo mañana cuando en verdad nada de eso importa. Si tu chamo está en segundo año y su profesora de Historia Universal no le habla esta semana sobre la situación con Isis, o el referéndum escoses o el conflicto ruso-ucraniano, perdiste los reales en ese colegio.

Digo todo esto porque me he dado cuenta de lo bruto que yo me he vuelto con la vida. De lo poco que sé sobre nada, de todo lo que se me olvidó y eso me frustra. Lo último que busqué en Google fue “letra de Anaconda de Nicky Minaj” y ahí me di cuenta de que esto de la educación es para toda la vida. Si no, te embruteces.

Por eso, más que un transporte o un cuaderno forrado, hay que lograr que la familia y la profesora inspiren a esos chamos a maravillarse. A buscar más libros, más información de la que se da en los textos. Si es Egypt Week en el colegio, hay que vestirse de Ramsés y Cleoptatra en casa. Hay que hacer pirámides en el jardín y coño, así tenga que ir yo, ¡hay que hablar de la Piedra de Rosetta! Porque no es cuestión de conseguir los útiles, es más un tema de buscar los buenos libros. Porque ningún niño puede pasar por Egipto sin oír el cuento del incendio de la Biblioteca de Alejandría. Y eso sí que es útil.
 
Todo lo demás es material POP.-

Wednesday, September 10, 2014

Mao Who?

 
Ayer 9 de septiembre se cumplieron 38 años de la muerte de Mao Zedong. Me sé esta fecha porque él se despachó de este mundo en el mismo momento en que nació mi hermana mayor. Yo no estaba ahí pero me dicen que fue un buen intercambio: salió un comunista y llegó una devota de las tarjetas de crédito. Amén.

Lo que yo sé de Mao es que es importante por todas las razones que no lo hicieron importante en vida. Ninguno de mis amigos podría decir hoy qué dice el Libro Rojo pero no dudarían en recitar la letra de aquella canción de Los Beatles que lo nombra. Los más fashionistas saben de las chaquetas Mao, los más artísiticos ven en él lo que vio Andy Warhol. Los más honestos solo dicen: "Mao Who?"
 
Ahora, ¿y qué pasó con su legado? ¿Su revolución china? Bueno hoy en día llegan unos chinitos poderosos a Venezuela, hacen acuerdos mil millonarios con nosotros y nueve meses después vienen y cobran lo que no tenemos. El Gobierno llama eso "afianzando la revolución". Yo dudo mucho que eso sea, o que alguno de ellos se haya tomado un minuto de su tiempo para recordar que ayer se cumplieron 38 años de la partida de aquel hombre que logró una revolución a punta de presos, censura y hambre. ¿Suena familiar?
 
Por lo menos esa batalla la ganamos: no nos importa tanto Mao como para homenajear en cadena nacional sus éxitos. No va a pasar así cuando se muera Fidel Castro. Me imagino que nos mandarán a todos a guardar luto negro por tres días y pasarán homenajes en cadena y por supuesto su entierro. ¡Dios, me acabo de imaginar la pinta de Cristina!

Cuando eso ocurra, por días y semanas nos venderán la imagen del buen hombre que contribuyó a salvar a Venezuela de la miseria. Si están abiertos ese día recordaré a Fidel en la cola del supermercado mientras busco el único jabón que se me permite comprar. Será mi particular homenaje hacia un tirano que conquistó todo un país extranjero sin levantar ni un solo cañón.

Mi pregunta es, ¿recordaremos a Fidel en 38 años? ¿Y qué hago yo hablando de Fidel? Es más, ¿recordaremos a Chávez? Supongamos (recemos mejor dicho) que la Revolución se acaba hoy mismo. Pasan 38 años. ¿Estará la influencia de Chávez y Castro presente? En nuestras memorias por supuesto que estará. Los horrores de la mentira, el engaño y la miseria no se olvidan nunca. Yo tengo abuelos que siguen hablando de Gómez y Pérez Jiménez (quien por cierto he notado ha ganado un cierto grado de simpatía en estos últimos años). ¿Pero recordaremos que Hugo Chávez murió un 5 de marzo como una fecha histórica o con un “ah si es verdad que murió ese día…”

El campamento fanático que acompaña a Nicolás Maduro se ha empeñado en que Hugo Chávez (y me imagino prontamente, Fidel) no sean olvidados jamás. Recién la semana pasada una diputada inauguró el nuevo rezo, el “Chávez Nuestro” que sustituye a Dios por el militar golpista. Ha sido rechazado rotundamente por la Iglesia y por la sociedad, pero ahí está. Y lo más probable es que se repita hasta la saciedad como las Fuerzas Armadas repiten que son chavistas a pesar de lo que dice la Constitución.

Pero, ¿en 38 años qué será del “Chávez Nuestro”? ¿De las calles, complejos,  estatuas y sindicatos que llevan su nombre? ¿Qué será de sus comunas? ¿Serán recordados estos tiempos como lo mejor que nos pasó, olvidados como solemos hacer con lo malo, o repetidos en enseñanzas para que nunca más vuelvan a suceder?

Una de las cosas que más me asombró cuando visité Moscú hace un año es que las estatuas de Vladimir Lenin no ocupan puestos importantes como alguna vez lo hicieron. Están ahí, pero como escondidas. “Sí, sí es algo que nos pasó pero nada, ahí hay una detrás de esa biblioteca si la quieres ver”, es el comentario general. Su tumba es un secreto de horarios regulados.

No es Vladimir Lenin la estrella que alguna vez fue. Como tampoco lo es Mao 38 años después y, si Nicolás Maduro sigue empeñado en una política que juega al Ahorcado cada día con más frecuencia, tampoco lo será Hugo Chávez.

Y no son  estrellas porque tampoco lo son los faraones de Egipto en estos tiempos. Son simples figuras cuya bondad o maldad ha sido extirpada de la historia y pasado a ser referencias de modelos políticos del pasado. Ramsés II sin duda fue un gobernante atroz. Hoy en día es una cartuchera en la tienda del Museo Metropolitano de Nueva York. ¡Y ese sí no murió hace 38 años!

La tragedia es que estamos en el ojo del huracán y éste es el momento histórico que nos tocó vivir. Esa es nuestra desgracia.  Pero como todo huracán, pasa. Esa es nuestra fortuna. Algún día habrán pasado 38 años y seremos viejos. Solo espero que como la fecha de la muerte de Mao Zedong, el curso del tiempo cambie la importancia de una fecha hasta que llegue un momento en donde nadie sino un aburrido escritor sobre la sombra de un araguaney se detenga un momento a recordarla.-

Friday, September 5, 2014

Joan Rivers: Hay que Decir Las Cosas Como Son

 
De todo lo que dijo, y lo dijo todo, yo creo que la mejor frase que soltó Joan Rivers en vida fue: “No tengas miedo de reírte de ti mismo. Después de todo, podrías estar dejando pasar el chiste del siglo”. Viniendo de una mujer que toda la vida se burló de ser un bebé no deseado (“Mis padres siempre me dijeron: ‘¿Por qué no puedes ser como tu prima Sheila? Sheila nació muerta”), de lo fea que era (“Yo soy tan fea que mi cita con el ginecólogo es por teléfono”) y de lo vieja que se había convertido (“Dicen que uno se debe vestir acorde a su edad. Si eso fuera cierto, yo debería vestirme con la sábana de Turín”) es mucho decir.

Ponerte a ti mismo como el blanco de chistes es ganarles la carrera a los demás. "Mi éxito fue decir lo que todos los demás están pensando", comentaría Joan Rivers sobre su carrera que comenzó en los años cincuenta. Como ella, yo siempre he sentido que el comediante es la persona más insegura del mundo.  No hay cómicos bellos. Nadie le creería un chiste a Jude Law sobre lo feo que es o a Blake Lively sobre lo gorda que está. Y si es bello, el comediante debe tener la inteligencia para hacer de esa belleza un chiste. 

Por eso es que Sofía Vergara puede montar una foto en Instagram de su vestido roto en el nivel de la tanga y Nicole Kidman negó por años que usó Botox. La primera se sabe reír de si misma, la otra no puede reírse sin tirarse un peo de lo estirada que está. En los setenta cuando Elizabeth Taylor se divorció de Richard Burton, se infló como un zepelín. Joan Rivers fue la primera en hacer chistes sobre eso (“Sabes que estás gorda cuando te paras detrás de Liz Taylor y te pueden ver las caderas”). Taylor se lo tomó con gracia. Cuando el esposo de Rivers se suicidó le envió flores y una nota de condolencias.

Estar en el ojo público es difícil y nadie quiere ser objeto de burla. Pero el “burlado” tiene que entender que los chistes nacen porque eres alguien en la vida. Tú lograste algo si la gente se toma el tiempo de sentarse a hacer un chiste sobre ti (y créanme tarda burda en hacer un buen chiste). “¿Por qué ya no estoy en tu rutina?” le comentó Cher una vez a Joan Rivers. La comediante entendió esto y no se calló por ser placentera, porque el negocio de la comedia no permite la benevolencia. "Hay que decir las cosas como son", diría la comediante. Y Demi Lovato tuiteó ayer lo que todos han debido hacer con sus chistes: “La semana pasada, Joan Rivers se burló de mis téticas y fue un HONOR”. ¿Para qué pelearse con un comediante cuando la que se ríe canjeando el cheque millonario en el banco es la actriz objeto de la burla?

Más aplaudible aun es que Joan Rivers ha sido la única mujer en la historia de la televisión abierta en los Estados Unidos en tener un late night show. Chelsea Handler no cuenta porque es por cable. Rivers le hacía las suplencias a Carson, actuó frente a la Reina de Inglaterra y es totalmente la responsable de la invención de la alfombra roja. Antes de Joan Rivers, Demi Moore iba a los Oscars vestida de lycra. Joan Rivers también es la responsable de la decadencia de la alfombra roja. ¿Por qué? Porque los actores entendieron el chiste y comenzaron a vestirse mejor para no ser criticados.

¿Por qué es esto importante? Porque un chiste es un chiste hasta que la persona deja de ser un chiste. En los Estados Unidos la gente se entera más de las noticias a través de programas de humor como el show de John Stewart y Stephen Colbert que por periódicos como el New York Times o el Wall Street Journal. Barrack Obama cena todos los años con los corresponsales de prensa quienes le organizan un ataque de comedia a los puntos más errados de su gestión. Obama se ríe. Nadie es censurado porque el Gobierno necesita de la comedia para entender el costo de una acción. ¿Agarra consejos? No. Y es por eso que los gobiernos del mundo están mal.

Los chistes sobre Monica Lewinsky fueron el hazmerreir de Bill Clinton durante toda su presidencia. Sobre ella Joan Rivers diría: "Mónica Lewinsky es la mujer más inteligente del mundo. Siete millones de dólares por hacerle sexo oral a un Presidente. Si yo lo pudiera hacer todo otra vez llamaría a mi hija Melissa: "¡Melissa ven acá! Tráete un cambur y arrodillate que tengo algo que enseñarte". Oro puro en su momento.

Ahora, ¿ha muerto el chiste Lewinsky? Para burlarse de Bill Clinton, sí. No así para Hillary, quien pronto  deberá enfrentar ese monstruo de nuevo en su carrera a la presidencia (el último es una calcomanía que dice: “Vota por la esposa del ex novio de Mónica Lewinsky para Presidente”). Pero ya nadie se molesta en meter a Bill ahí para atacarlo a él. Bill Clinton dejó de ser el chiste. Ahora es un hombre que todo el mundo quiere ir a escuchar.

Yo a veces me pregunto si en Venezuela se podría hacer humor de esa manera. Otra visión de Joan Rivers sobre la comedia era que el chiste era el mejor catalizador para comprender una tragedia. “Yo comencé a hacer chistes sobre el 11 de septiembre mientras caminaba hacia las ruinas ese día”, declaró la comediante no sin pocas críticas. Porque no es un chiste de burla, es un chiste para entender que estamos todos juntos en esto y que esto también pasará. Con la popularidad de Nicolás Maduro en 35%, le hubiera venido de perla tener a un Luis Chataing en pantalla para sentarse y burlarse de si mismo con el tema del enroque ministerial y el sacudón que nunca fue. No lo hace porque ve el chiste como un ataque de guerra. Como tal su única posibilidad de parecer humano es ir a La Guerra de los Sexos con Winston Vallenilla cuando se estrene el formato en TVES. Y ahí, sí será un chiste que él mismo se buscó.

“Cuando muera quiero que Meryl Streep llore en mi entierro usando cinco acentos diferentes”, declaró Joan Rivers, cuando ni siquiera pensaba en morirse. Dudo que eso ocurra pero lo bueno es que con ella aprendimos que no hay que tomarse la vida muy en serio. Y que sí hay algo como tener demasiadas cirugías, pero en eso Joan fue la primera en burlarse (“Me he hecho tanta cirugía que cuando muera donaré mi cuerpo a Tupperware”). Eso es lo que la hace una gran comediante que de seguro extrañaremos en los años por venir.

Les recomiendo el documental “A Piece of Work” sobre su vida. Magistral. También cualquiera de sus monólogos en "The Tonigh Show" que se pueden ver en YouTube.
 
 

Thursday, September 4, 2014

Los Temas Sobre Los Que No Debería Hablar

 
Mañana tengo un matrimonio familiar. Decir que es familiar en una Caracas donde hay cien familias que todos los viernes tienen un matrimonio donde invitan a las otras cien familias es absurdo. Aquí todo el mundo es primo, ya sea de sangre, político, adoptado, arrejuntado o porque nos acostumbramos temprano al “déle un beso a la tía Marisol” y nos enteramos veinte años después que la tía Marisol no tiene nada que ver con nosotros.

Este sarao sin embargo si es de familia, familia. De primos, pues. Normalmente serían un fastidio pero yo tengo una familia que está loca, así que los primos siempre son lo máximo. Cuando se viene de un linaje donde a una tía la metieron presa por pasar seis meses en el Hotel Tamanaco sin pagar la cuenta, y los hermanos prefirieron enviarla a la cárcel antes que pagar su deuda, pues ahí no hay más nada que hacer.

Yo ando de lo más emocionado porque quiero a los novios y tengo tiempo que no veo a mis primos. Alejandro mi hermano no está tan emocionado. Ojo, él se goza siempre la fiesta más que yo, se esmera con gel en el pelo como si fuese un Corleone y no se va de la pista sin bailar los éxitos del ayer. Yo no bailo mucho porque suelo estar enfrascado en una conversación intensa con alguien en el momento del baile y se me va de la noche.

Eso es lo que no tiene emocionado a mi hermano. Su problema de ir conmigo a matrimonios de familia es que cuando me dejan solo (“sin supervisión” dice él) yo me vuelvo intenso y comienzo a decir lo que él llama imprudencias. A mí me parecen verdades. Absolutas y necesarias. Pero no, aparentemente no puedo dar mi opinión sobre liposucciones, abortos, divorcios, salidas del closet, drogas, política, amoríos, tetas, falta de tetas, bolas, falta de bolas, ni tupés porque según él, “tú se lo dices a la persona que tuvo la liposucción en su cara”.

¿Y qué culpa tengo yo? Jamás me he hecho una liposucción y quiero saber qué pasa con la grasa después de que te la sacan del cuerpo.

Yo no soy imprudente tipo: “¿Ese es tu bebé allá en el coche? ¿En un matrimonio? Mi reina, deja el farandulerismo y vete pa’ tu casa. Eso te pasa por casarte a los 21 e invertir en un Jacuzzi en vez de una enfermera”. Podría decirlo, debería decirlo, es lógico decirlo, pero eso no lo digo. Eso es ser juzgón  Yo he aprendido con la edad a no juzgar tanto como a preguntar más*. Mi pregunta ahí sería si no consideró parir en el Jacuzzi para dar a luz debajo del agua. Y si no lo consideró, si me prestaría su Jacuzzi porque yo no tengo para relajarme después del trabajo.

A mí me gusta la gente brutalmente honesta. Hay una gorda que dice que ella no usa el lavaplatos porque eso es una sola agachadera. Se pasa todo el día fregando pero por lo menos es honesta con su flojera. Pero sobre todo, me gusta la gente que sabe hacer y responder preguntas interesantísimas y curiosas. Alejandro dice que yo confundo las preguntas curiosas con las imprudentes.

Yo una vez quise saber cómo los amantes dividen su tiempo para tener su jujú sin que los cachen y en un matrimonio le pregunté a una persona cuyas montadas de cacho eran legendarias para que me contara. A mí me pareció fantástico lo que me dijo (“Inventas full que vas al gimnasio. El sexo entrena burda”). Alejandro mi hermano me oyó y me arrastró por la corbata.

Con los primos la curiosidad/imprudencia es peor porque como ahí nadie tiene pelos en la lengua, pues es un todo contra todos. Y esta mañana me encuentro un mensaje en mi celular de mi hermano con una foto. Es una lista de temas restringidos que debo evitar mencionar a toda costa en el matrimonio de mañana.Son diez temas de los cuales no puedo hablar lo cual me hace pensar que hasta Audrey Hepburn en My Fair Lady tuvo más libertad que yo. Ella solo podía hablar del clima y de la salud de todo el mundo. Alejandro me ha tachado el tema salud porque nos enteramos de que un tío tiene hemorroides y ya sabe que yo voy a ir a darle consejos caseros (véase penúltimo capítulo mi libro “La Hora Loca”). Ahora que lo pienso, Alejandro debería contraer hemorroides para que no vaya al matrimonio y me deje en paz.

Porque curioso es una cosa, imprudente es otra como aprendimos todos después de la debacle de mi amigo It’s Good to Be, cuyo segundo nombre es Imprudencia (en serio, él se llama It’s Good to Imprudencia Be). En un matrimonio conversaba con una mujer de la cual ni se acordaba el nombre. Cinco minutos en la conversación, al ver que la mujer se rascaba la cara, le dijo lo siguiente: “Tú sabes que cuando a mi me dio lechina, yo usé un jabón de avena buenísimo que te recomiendo. Eso me ayudó como no sabes. Deja que te busque el nombre aquí en Internet con el celular y ya te lo doy”. La mujer le dio una cachetada y se fue.

Moraleja: Jamás es bueno mencionarle productos de lechina a una persona que tiene un brote severo de acné. Eso no es ser curioso, eso es ser imprudente. Pero It’s Good to Be no tiene a Alejandro mi hermano que actúe como Pepito Grillo en momentos curiosos. Y a mí menos porque esas cosas no me dan pena, me dan risa.
 
*Nota tipo "Ahora Que Lo Pienso": Bueno, está bien sí juzgo. Sobre politica, el Miss Venezuela, los Oscar, la gente que vive en Liechtenstein, gente que disfraza a sus animales, los que dicen "longe" cuando es "lounge", la gente que pone un pote de aromatizador en el baño de visita además de popurrí de lavanda, el forro de las pocetas de todos los baños de visita, los maratonistas, gente que dice 110%, el emoticón de la verguenza, los Crocs, los anillos de graduación, la gente que no toma, los tatuajes de colores y la salsa rosada pero estos son todos temas válidos que francamente merecen ser juzgados.

Wednesday, September 3, 2014

George Clooney e Isabel Presyler Me Obligaron a Tener Un Baño de Gente Grande

 
 
Acabo de terminar de remodelar mi baño. Supongo que eso me convierte en un adulto. Antes solía pensar que graduarse como adulto implicaba comprarse una obra de arte, pero después descubrí que uno podía hacer un saca piojos y llamar eso arte. Por eso, el decidir que mi baño necesitaba un extreme makeover es la cosa más de gente grande que he hecho. Temo que estoy a siete pasos de inscribirme en un club de Bingo.

El baño en verdad necesitaba un arreglito y con el tiempo he decidido que ese lugar es uno de mis sitios favoritos de la casa. Alguien me dijo una vez que a la gente le gusta los espacios chiquitos porque se siente segura. Ok, el cuento es más darks, me dijo que después de un gran susto, tipo un secuestro o un robo o una permanente mal hecha, la gente tiende a encerrarse en su baño porque puede controlar el espacio. A mí no me ha pasado nada de eso, simplemente que me encanta que ahí estoy solo. Suena medio carcelario y todo ahora que lo pienso…

Como un señor de su casa, me fui a Prosein (los expertos en cerámica) a escoger mi nuevo baño. Con esto de la escasez me imaginé que me iba a contentar con lo que hubiera así fueran ladrillos sin cementos. Pero Prosein resultó ser una de esas tiendas que todavía no sabe que en Venezuela hay escasez. Eso es como el Disney World para la gente que tiene un fetiche por las pocetas. Ahí hay de todo. Salvo el lavamanos que me gustó al principio, pero hay de todo.

Escoger baldosas es difícil porque yo no soy el hombre más decidido del mundo a la hora de tomar decisiones de gente grande tipo vamos a cambiar las baldosas del baño. Por eso, antes de tener que mentirle al vendedor y hablar de las propiedades de una baldosa, decidí irme por lo obvio. En una esquina de la tienda había una foto colgada de George Clooney e Isabel Presyler promocionando unas baldosas de Porcelanosa. Como yo confío en el Sr. Clooney y me parece que la señora Preysler es espectacular, pues me fui por su baldosa. El que me ayudaba en la tienda me preguntó si quería ver otras opciones. Le dije que si no salía Isabel Presyler con la baldosa que me iba a mostrar no estaba interesadao. #farandulero

Aprovechando un viaje de diez días que hice a California, dejé a los obreros para que me instalaran  mi nuevo baño con mueble, espejo, regadera y mis baldosas Clooney-Preysler. A mi regreso, la obra estaba terminada. La Preysler estaría orgullosa. Soy el nuevo dueño de un baño de gente grande que parece la muestra de una tienda.
 
Eso me ha traído problemas. Como George Clooney e Isabel Preysler me vendieron un baño adulto, pues naturalmente debo personalizarlo con cosas de gente grande. Eso es un dilema para mí que toda la vida he sido un hombre que considera decoración un cepillo de dientes, una afeitadora y un desodorante.

En mi anterior baño de la low (el baño Clooney-Preysler es de la high), la personalización consistía en un corcho con todos los recipes médicos que había recibido desde 2001 (tip: es un HUGE TURN-ON para los extraños que entran a tu baño #not). Pero ahora, es un baño adulto. Tiene hasta seiscientas gavetas en el mueble para meter cuanta parafernalia tenga como si yo fuera Locatel. Incluso, las baldosas Clooney-Presyler no cubren toda la pared sino que llegan hasta la altura de mi barbilla, lo cual requiere que pinte mi baño o guinde arte. Eso me hace pensar: ¿será que enmarco el saca piojos?

Esto no lo vi  venir cuando decidí cambiar mi baño. Ahora estoy obligado a ocuparme de un sitio de gente adulta que necesita que tome decisiones como el color de la pared. Yo siempre he querido entrar a Pinturas Flamuko a preguntar si tienen un rojo tipo color del pelo de Marietta Santana pero si pinto mi baño de rojo  me satanizo en dos segundos. ¡Qué hueso tener que pintarlo de un color totalmente adulto como "off-white"! Lo otro es, ¿qué guindo en la pared? ¿Una foto que nada tiene que ver conmigo como el Big Ben en un día nublado para dármelas de místico? ¿Una frase inspiracional tipo "SÉ TÚ MISMO"? ¿Cómo voy a ser yo mismo si la baldosa Clooney-Presyler se ve cien veces mejor con algo off-white?

Ya veré que hago pero por lo pronto mi baño ahora es de señor. Me provoca mandar a hacer tarjetas de presentación. Algo así como: "Toto Aguerrevere. Escritor con baño de gente grande, aun considerando el color off white." Es lo minimo que puedo hacer. Cuando uno remodela su baño confiando en George Clooney e Isabel Preysler, te haces adulto en solo una instalación de baldosas.

Tuesday, September 2, 2014

El Placer de Volar con Aerolíneas Demoradas de Venezuela

 
El Boeing 727 que aterriza sobre la pista de Maiquetía es tan arcaico que sus asientos no cuentan con la tela higiénica blanca en el respaldo para la cabeza. Algo que nadie echa de menos excepto cuando el avión no la tiene. Los televisores que cuelgan sobre el techo parecerían ignorar que hay dos generaciones completas que no saben lo que es un VHS. De haber audífonos a bordo, seguramente serían en forma de estetoscopio como los que solía repartir la extinta Pan-Am. “Tipo vintage demodé” describiría posiblemente Titina Penzini el avión, en un rotundo esfuerzo por ser positiva.

Esto es lo que llega a Venezuela en 2014. Abrochados en la prehistoria, los pasajeros del vuelo S3 1341 de Santa Bárbara Airlines procedente de la ciudad de Panamá, tocamos tierra criolla y nos santiguamos como si la mártir que le dio el nombre a la aerolínea le hubiera echado una mano al piloto. Cuando un vuelo que normalmente aterriza en Maiquetía a las 5:30 de la tarde del día anterior, es trasladado sin explicación alguna para que aterrice a las 2:00 de la madrugada pero termina entrando a Venezuela a las 4:30 de la mañana, hasta Cheverito saca su estampita. ¡Gracias Santa Bárbara Palacios Teyde que llegamos!

Cualquier vuelo internacional hacia Venezuela ha dejado de ser un viaje. Es ahora una cruzada la cual implica humillarse a ser revisado en aduana como un terrorista, viajar en algo menos seguro que un albatros y recoger una maleta llenada con lo que apenas se pudo escarbar con CADIVI. Lo peor, sin embargo, es la sumisión del venezolano a la interminable espera que en circunstancias normales sería de dos horas y que ahora es de once. Con las nuevas demoras, Venezuela está más lejos de Panamá que Alemania.

El socialismo prometido en Venezuela nos tiene como el lema de la salsa de tomate Heinz: “Lo bueno se hace esperar”. Pero el que tiene ojos sabe desde que comienza a subir por la autopista Caracas-La Guaira, muerto de miedo por la hora de llegada de su vuelo, es que el Gobierno Nacional invirtió más en vallas de Nicolás Maduro que en alumbrado, asfalto y seguridad. El periódico recién salido de la mañana constata que la espera por un avión es solo problema del 1% de la población. En portada la gente hace cola por medicinas, toallas sanitarias, harina y futuro. Hasta en las altas esferas la espera parece ser la norma. En junio el Presidente de la República anunció un sacudón económico. Es hoy, tres meses después, cuando el periódico asoma que por fin el mandatario prenderá el ventilador.

Llegar a Venezuela después de un viaje es darse cuenta de que el país está como ese avión de Santa Bárbara, un mamotreto que requiere urgentemente de barniz, modernidad y progreso. No basta rezar un “Chávez Nuestro”, hacer como Cheverito e irse por carretera (quien por lo visto tampoco sabe lo que es salir de Venezuela por Cúcuta) o insistir que la estampida de las líneas aéreas del país fue por culpa del Mundial de Fútbol. Venezuela requiere con urgencia de una nueva flota comandada por una tripulación que no busque excusas baratas y deje a sus pasajeros varados y en espera. Hay una razón por la cual no existe una flota llamada Aerolíneas Demoradas de Venezuela aunque aparentemente, esa parece ser la que más clientes tiene.-

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