Friday, May 24, 2013

Absolut Wow Party



Dicen que una buena fiesta realmente no termina hasta que no es comentada en el desayuno el día después. Ahí, entre el Corn Flakes para la energía y el café para el ratón, se comienza a dar respuesta a la gran pregunta que uno se hizo veinte minutos atrás cuando abrió los ojos y vio una chaqueta y un pantalón tirado al piso junto a la cama: “¿qué pasó ayer?”
Anoche la marca de vodka Absolut ofreció una fiesta como no se había visto en Caracas en mucho tiempo. Por lo general eventos de esta índole consisten en ir, pasear, tomarte un traguito pre-establecido, oír a un gerente de marca echarte un cuento fastidiosísimo e irte a tu casa. Absolut, con su fiesta #AbsolutAmind apostó por todo lo contrario. No solo echó la casa por la ventana, la ventana también la lanzó. 



Una casa vacía en Los Chorros fue el escenario del bonche, en la cual los invitados podíamos entrar donde fuera y encontrar sorpresas. “Tienes que subir al cuarto de juegos”, “entra ya a la disco-cocina para que te de algo”, y “¿viste la sala glam?” fueron las frases que me recibieron al llegar a la fiesta. Pero mi aclaratoria de “estoy llegando” ni siquiera funcionó. Cualquier persona que entrara a esa casa era arrastrada por una amiga hacia cualquier cuarto para que viera la maravilla.
La casa había sido decorada y amoblada con objetos retro que no dejaban que uno pasara a otro cuarto sin primero curucutear a fondo lo que veía. Estanterías llenas de gatos mecánicos, barras con televisores ochentosos de fondo y vitrinas plagadas de juguetes que solo se ven en la página cuandoerachamo.com hacían que me preguntara: “¿en qué sarao tan bueno estoy yo?”
La fiesta estaba en todas partes. Había barras sirviendo las vodkas más suculentas –y potentes- en todos los rincones imaginables con bartenders atentos (cosas que no se da en muchas partes) echándote el cuento del trago que te iban a preparar. Si tenías hambre pues ibas a la nevera en la cocina y sacabas un ceviche o unos langostinos. Si te querías lavar los dientes pues abrías un cepillo nuevo en el baño. Si querías jugar, agarrabas un control de videojuegos en el cuarto de juego. Si querías bailar, echabas un pie donde fuera.
Era una fiesta sin reglas porque en la decoración reglas no había. En la cocina, por ejemplo la lámpara era una bola de disco tan grande que pegaría perfectamente en un concierto de Kyle Minogue. En la barra principal en el jardín colgaban espejos desde los árboles permitiendo que uno se buceara a todo el mundo mientras esperaba por su vodkita.
La cocina (foto @unatalluisa)
Lo que me encantó fue que fui sin ninguna expectativa, pues el evento no hizo gran jolgorio en su promoción. Una sencilla invitación en una postal sin mayor información y listo. Y ya en la entrada el factor wow era tan impresionante que lo que provocaba era marcar diez números de teléfono y decir: “pana, vente ya a la fiesta Absolut, no, no ¡deja todo y vente ya!”. Eso me fascina, ir a una fiesta a la cual no se espera gran cosa e irse de la misma absolutamente devastado que se acabó. La fiesta Absolut prueba que sentarse a pensar en la experiencia sensorial del invitado lo es todo en un evento y lo lograron. Los comentarios en el desayuno a la mañana siguiente del bonche así lo comprueban.-

Thursday, May 23, 2013

Pienso en 140 caracteres


Una entrevista que me hicieron en El Nacional y que encontré en digital.
 
A Toto Aguerrevere le apasiona escribir. Este abogado es multifacético. Tiene un programa de radio, un blog y se ha consagrado como una referencia humorística en Twitter.
 


Amiguero: así se autodefine Toto Aguerrevere. Este abogado que ha dedicado su vida a las redes sociales desde 2008, creó un blog que le sirvió de inspiración para publicar su primer libro Cuentos de sobremesa. Luego se unió al Twitter y ha reunido más de 20.000 seguidores, que constantemente interactúan con él e intercambian originales ideas sobre la realidad del país. Tiene 33 años de edad y, además de ser columnista en revistas como Clímax, cuenta con un espacio radial en Circuito Éxitos llamado Programación para llevar.

--¿Por qué se define como un "buhonero intelectual" ensu Bio de Twitter? --Ahorita estoy de "buhonero intelectual encargado", porque la palabra encargado está de moda (risas). Lo que pasa es que soy abogado, licenciado en Estudios Liberales, he sido profesor universitario, escribo, blogueo, tuiteo, soy traductor... Entonces, cuando lleno una planilla de inmigración lo que tengo que poner es "todero". Eso es un buhonero intelectual. Cuando participé en el concurso Cartas de Amor, de Montblanc, pedían que uno se definiera y llegué a esa conclusión. Un día estoy vestido de flux y al otro de jeans.

--¿Cuál considera la razón de haber logrado más de20.000 seguidores en esa red social hasta el momento? --La constancia. Lo sabroso es analizar lo que está pasando en el mundo. Quería crear la cuenta de Twitter que yo quisiera seguir. Es decir, ver lo que está pasando y entenderlo desde un punto de vista de humor. La noticia siempre es tan trágica que para sobrellevar el día es mejor reírse. Empecé igual que todo el mundo: mis 10 amigos eran mis 10 seguidores. Esta red social ha contribuido impresionantemente en la popularidad que he ganado.

--¿Qué es lo más atrevido que le han dicho por Twitter?--Hay gente que no conozco que me da los buenos días, las buenas noches y me pregunta qué almorcé. En Mérida hay unas niñas que me aman y todos los días me mandan la bendición. Twitter cumplió siete años recientemente y rompió la regla universal que a uno le enseñan de chiquito: "No hables con extraños". Lo cómico es cuando alguien se me acerca en la calle y me pregunta: "¿Tú eres @totoaguerrevere?". Le respondo que sí y me dice: "Ay, yo juraba que eras más alto". Me río y me pregunto por qué si ahí somos unos avatares mínimos.

--De todas las cosas a las que se ha dedicado, comoejercer su profesión de abogado y ser profesor, ¿cuál es la que más ha disfrutado? --Escribir. El tema del blog y de tener espacio en algunas revistas me encanta. Me fascina todo el proceso de desarrollar una idea. Ahorita también estoy con la radio, que es un medio que no había explotado y lo disfruto mucho porque se trata de sentarte con alguien a echar cuentos.

--¿Y de dónde proviene su vena de escritor? --Ni idea. Nunca en mi vida he agarrado un curso de escritura. Leía mucho de pequeño y debe ser que en el colegio me mandaron a hacer muchos informes y me entrenaron. Todo esto nació porque descubrí el e-mail. Era un chamo que escribía muchas cartas y me comunicaba así con mis amigos de los campamentos. Luego todos se fueron a vivir al exterior y cuando nació el correo electrónico los contacté para contarles lo que hacía. Ellos decían que lo que les mandaba era un blog y que tenía que abrirme uno porque era muy cómico. Les hice caso.

--¿Por qué decidió aventurarse a escribir un libro comoCuentos de sobremesa? --Fue una decisión capitalista de mi amiga Ana María Zubillaga. Estaba muy cómodamente escribiendo mi blog y esa semana en la que a ella se le ocurrió la idea, yo había escrito algo que se hizo muy famoso llamado: "La semana nacional del sifrinismo", en el que me burlaba de mí mismo, de las cosas que hacen los sifrinos.

Ana María me dijo: "Ya tienes bastante tiempo alimentando el blog, vamos a vender esto en un bazar".

Por ahí arrancó y ya tiene tres ediciones.

Me encargué de escribirlo, mercadearlo, repartirlo.

"Escribo sobre cosas locas que pasan cotidianamente" --¿Actualmente tiene algún otro proyecto editorial en mente? --Sí, estoy fajado en el segundo libro. El adelanto es una fumada que me estoy echando para hacer algo llamado la hora loca, con el mismo formato de Cuentos de sobremesa. Ahí cuento las cosas locas que pasan cotidianamente. Por ejemplo, cuando Tibisay (Lucena) va a anunciar los resultados de las elecciones es un momento raro porque uno no sabe si sacar el whisky, la champaña, si es depresión o alegría. Otros temas son el tránsito, la luz, ir al aeropuerto. Cosas muy venezolanas que se ligan a la hora loca de las fiestas. El venezolano es loco siempre, por eso me parece redundante que se dedique una hora para esto en las bodas (risas).

--¿Qué es lo que más disfruta de escribir? --El desarrollo de la idea, porque pienso en 140 caracteres. Y explotar eso para escribir 6 párrafos o más me parece extraordinario. Para mí, que no soy escritor, es maravilloso que me salga, que pueda hilar los párrafos y que sea una poesía me encanta. Eventualmente me tocará hacer un curso porque es una pasión y como todo talento hay que pulirlo.

--¿Qué hace en su tiempo libre? --Camino. Me gusta salir por Los Palos Grandes, porque escribo todo el día o estoy sentado traduciendo. Me sirve para observar a la gente. Me encanta el cine biográfico, las películas de suspenso y soy fanático de Hitchcock y de los Óscar.

--Tiene experiencia escribiendo en revistas, conduciendo programas radiales y haciendo guiones de TV, ¿con cuál de los tres medios se siente más cómodo trabajando? --Lo que más me ha gustado ha sido ser guionista de Érika tipo 11. Fue puro talento venezolano. Las reuniones eran sentarnos a hacer una tormenta de ideas de cosas cotidianas. Fue muy chévere porque comprendí cómo mezclar el humor con la escritura en una página y media.

--Si pudiera ser presidente por un día, ¿qué medidas tomaría? --No haría ni una cadena.

Me parecen insólitas porque si alguien no me quiere oír, no me quiere oír y punto. A Osama bin Laden lo mataron y el presidente Obama no se encadenó para anunciarlo, pero todo el mundo se enteró.

--¿Qué es lo que más le gusta de ser venezolano? --El optimismo. Siempre las cosas pueden ser mejores.

Nos las hemos visto negras, pero si es tu cumpleaños, yo voy a ir a soplarte las velas pase lo que pase.

--Siempre ha querido que le hagan esta pregunta, ¿usted es feliz? --Eso es verdad (risas). Nadie le pregunta eso a la gente. Hoy en día no estoy feliz, pero estoy en camino a serlo.

Wednesday, May 22, 2013

Los Años Después: Mi Historia


Esta mañana me dediqué a leer Los Años Después (2013) de mi amigo Jonathan Reverón. Es un libro corto de seis historias cuyo único punto en común es que tienen a la tragedia del deslave que ocurrió en el Estado Vargas en 1999. “Todos ellos vivieron el deslave –dice la contraportada- pero algo más importante ocurrió mientras la vida pasaba en la tormenta”.
Una infidelidad escondida por más de 50 años sale a flote; alguien recuerda su primera experiencia con la muerte; una quinceañera lee su primer libro acampando sola en un malecón; una anciana regresa a la vida; un extranjero vuelve a la tierra de su padre; y un marido y su hija entierran la memoria de una madre cuyo cuerpo nadie sabe dónde quedó, son las historias que utilizan el trasfondo de Vargas para contar su historia.
Durante todo el libro en lo único que pensé fue ¿en dónde estaba yo cuando Vargas? Esa es una pregunta a la que todos los que estábamos vivos durante esos días de diciembre tenemos una respuesta, y en consecuencia, una historia. Eso es lo bonito de este libro. Te lleva a una fecha ciertamente desgraciada –más de 30,000 muertos y cerca de 200,000 damnificados según los cálculos- la cual es imposible de olvidar.
Llovió demasiado. Todavía recuerdo estar sentado en la terraza de mi casa viendo las gotas caer y pensar: “tiene tres días seguidos lloviendo, esto tiene que parar ya o va a pasar algo”. Así fue. Nunca antes a mis entonces veinte años había visto yo un torrencial tan fuerte. La luz no existía, fue de noche durante setenta y dos horas seguidas. El Sol simplemente había hecho sus maletas. Impresiónate saber que detrás de una montaña la tragedia causaba estragos de los cuales sabíamos por las noticias pero que en su mayor parte ignorábamos.
Mi tragedia, sin embargo, sucedió encima de esa montaña, allá arriba en Galipán.
Cuatro años antes mi papá se había enamorado de un ranchito arriba en el Cerro Ávila. Eran cuatro paredes blancas y un techo de zinc y para él eso era el paraíso. Decía que no había visto cosa más bella que esa casa y su vista. Con el esfuerzo del mundo se la compró y poco a poco se puso a arreglarla con José Ramón, el que cuidaba el terreno. A ellos se les unió una tía mía que le compró una parte porque no podía de la envidia, y juntos se pusieron a jugar casita y a convertir el ranchito en la casa más fuerte de los Tres Cochinitos.
Más de un año estuvimos con nuestros amigos galipaneros arreglando la casa para darle un techo de ladrillos y construirle una chimenea para pasar mejor las noches frías. Todos opinaban sobre qué tipo de piedras deberían ponérsele, qué matica había que sembrar, y que si se podaba un poquitico este árbol se le podía meter una pajarera cheverísima pero qué lastima con el árbol, entonces mejor como que no. José Ramón era el director de la gran obra. Sin hacer uso de su Jeep azul, todas las mañanas subía a pie desde su casita que quedaba en una colina justo debajo de la de mi papá a supervisar que todo marchase como queríamos.
La casa estuvo lista en diciembre. El 15 organizamos una gran fiesta en familia para celebrar que la casita soñada estaba terminada. Pero a último minuto la suspendimos cuando las grandes nubes taparon al Cerro desde Caracas, indicativo de que arriba seguro había mal tiempo.
Todavía recuerdo como bajaban a los heridos mientras prestaba ayuda en el centro de acopio instalado en el Teleférico. No llegaban en los funiculares de siempre sino en simples cajitas rojas guindadas por guayas. Arriba, nos contaban, todo se había perdido. Piscinas completas de lodo habían creado torrenciales olas, llevándose todo lo que a la Naturaleza no había pertenecido. El terreno de mi casa desplomado. La casa de José Ramón, él, y toda su familia… desaparecida.
 
 
No llegaría a subir a la casa sino hasta febrero del año después. Cuando ya las carreteras de la montaña habían sido lo suficientemente barridas como para permitir el paso de los carros y poder abrazar a quienes solamente por alguna milagrosa señal de teléfono su dolor habíamos compartido. El ranchito convertido en casa que mi papá había querido no se cayó. Pero todo lo demás estaba destruido. Todo, menos la comunidad de galipaneros que con tesón y aplomo se volvieron, y ahí me incluyo, a reconstruir. Porque eso es lo que hace el Hombre, como bien lo hacen Daniel y Matilde, los personajes en el último cuento de Jonathan, "Los Derroteros del Tiempo" en Los Años Después. Cuando una tragedia nos azota, no queda más que aprender, comprender, recoger y comenzar de nuevo.
Las flores salieron de nuevo en Galipán tiempo después, las violetas, rosas, girasoles y azucenas. Los eucaliptos colmaron la montaña de olores, mientras que los turistas volvieron a comprar las fresas y duraznos que allá se ofrecen. El Mar Caribe volvió a mostrarse tranquilo y la vida adquirió cierta normalidad. Y como el resto de los hogares galipaneros, la casita de mi papá cobró vida.  Celebré mis mejores tardes con amigos en esa casa, ahí se anunciaron compromisos, nacimientos, amores y desamores. Y cuando se casó mi hermana allá, no hubo nadie en el pueblo de Galipán que no se acercara a pegar una florecita, mover una pimpina, barrer un caminito o simplemente dar las buenas nuevas. La tierra crece. La vida sigue. Nadie olvida.
Aún hoy, cuando ya la casa es de otros, vendida ante el temor de expropiaciones, todavía recuerdo lo que  era sentarse sobre la baranda y ver los años que se tardó el Ávila en reforestarse. Había baches en sus paredes que parecían pistas de esquí desiertas. En la colina debajo de la casa, el terreno nivelado, como si la casita de José Ramón el capataz jamás hubiera existido. La punta del capó de un Jeep azul sin dueño, lentamente saliendo de la tierra pidiendo luz, queriendo sol, como una flor de no me olvides. ¿Pero cómo olvidar?
La tierra crece. La vida sigue. Nadie olvida. Ni siquiera en Los Años Después.-
 
Años Después

Esta noche: Presentación LOS AÑOS DESPUÉS


 
Mi amigo Jonathan Reverón, creador del documental sobre la cocina de Armando Scannone, escribió un libro titulado Los Años Después. Son cuentos cortos basados en la tragedia de Vargas de 1999 y me ha invitado muy gentilmente a dar unas palabras en la Librería Lugar Común en la Av. Francisco de Miranda, Altamira esta noche a las siete de la noche para entusiasmar a la gente a que lea su primera obra publicada. (Yo no me he leído el libro todavía pero shh…)
Todos invitados a pasar (para ese momento sí me habré leído el libro). De hecho, les recomiendo que pasen no solo para oír al Reverón hablar de su libro sino por la poeta Natasha Tiniacos. Ella hace una cosa maravillosa donde toma el libro de Reverón y tacha palabras, quedándose con aquellas que le llaman la atención. De ahí extrae un poema lúdico. Verla en acción es extraordinario.-

Tuesday, May 21, 2013

Las Fotos Que Te Toman Los Demás



Sea considerado frívolo o no el tema, le tengo respeto a la gente que toma fotos en los eventos sociales. Me parece que no debe ser un trabajo fácil aun cuando así parezca. Llegar a una fiesta y saber quien la organiza, quien se la goza y quien la pagó tiene que ser un arte. Encima que anotar los nombres de los retratados en un papelito para saber quien es quien, cuando la música suena a todo volumen es un riesgo. “¿Marrana?... Ahhhh, Mariana”.
A mí unas dos revistas me han buscado para que les haga la página de crónica social pero siempre he dicho que no me interesa. Primero porque si una fiesta no me gusta lo diría y ahí más nunca invitan a la revista. Segundo porque no sé cómo interrumpir a un grupo que conversa para pedirle que si les puedo tomar una foto de manera discreta. ¿Ese tipo de gente que odias cuando te dicen: “a veeeer, pónganse pa’ la foto”? Ese no soy yo pero júrenlo que mi fotógrafo acompañante sí sería así.
Este tipo de fotos sociales son casi siempre iguales y eso lo entiendo porque hay que dar la impresión que la fiesta estuvo comportada y civilizada. La gente que escogen para retratar lo hace con la mejor sonrisa de “menos mal que me la tomaste ahora porque a las doce saldría sarataco”. Hay un aire de perfección, elegancia y simpleza como si nadie en esa fiesta hablara de política, dijera groserías o criticara. Gente seria, pues.
A mí claramente no me llegó ese memo:


Me da demasiada risa esta foto, en particular porque fue un instante espontáneo y demasiado divertido para ambos. Obviamente me burlo del vestido en su cara y me atraparon con las manos en la masa, pues. Eso es un momento digno de mandarlo a enmarcar. Y me da risa que alguien se preocupe por mí y me diga: “Toto, la gente va a pensar que estabas rascado”. Cosa que es totalmente mentira. Rascado es esto:
 
Yo creo que los momentos en los que uno goza no necesitan explicaciones. Pero mientras esa foto fue luego discutida con el fotógrafo que me dijo: “la voy a poner en la revista” y yo le respondí: “échele plomo que está genial”, hay otras que uno no sabe ni quien las toma, ni dónde van a terminar saliendo porque jura que está en la fiesta de un pana y que ahí lo máximo que saldrá es en Facebook. No es sino cuando salen a la luz pública que uno se ve obligado en contra de su voluntad a rendir declaraciones a la prensa (léase tus amigos).
Por ejemplo, hoy.
Grupo Chat Amigos. Fastidiado en la Oficina 1: Yo necesito que tú nos expliques tu pinta. (Envío de foto)
Toto Aguerrevere: Verga, ¿dónde viste tú esa vaina?
Grupo Chat Amigos. Fastidiado en la Oficina 1: En la página de La Montserratina
Toto Aguerrevere: ¿Qué haces tú en la página de La Montserratina y por qué una página de salchichas tendría una foto mía?
Grupo Chat Amigos. Fastidiado en la Oficina 2: Aquí el único que le debe una explicación al mundo eres tú.
Ilustro. Esta es la foto que requiere interpretación:

[Pausa para decir “no, no, no”…. Nueva pausa para tomar foto y enviársela a amiga… Nueva pausa para detallar que Toto tiene TEVAS con medias puestas y un gorrito de Waldo… y que está al lado de Sporty  Spice aka Nina mi Editora].
Sí, es verdad que cuando uno goza hay fotos que no merecen explicaciones. Pero ante la insistencia de mis amigos solo diré: 1) era una fiesta de los años noventa. 2) Me puse medias porque me daba flojera cortarme las uñas. 3) Mis amigos son unos ociosos en Internet. 4)  Es la mejor foto-más-fea-pero-totalmente-genial que me han tomado EVER que sale en un portal público. 5) Mi nueva meta en la vida es ser el It Boy de La Montserratina.

Monday, May 20, 2013

El Maravilloso Mundo de RAM


Uno de mis pequeños placeres ocultos es la revista Vanity Fair. Incomprable aquí en Venezuela pero de vez en cuando me meto en su portal web. La gente entendida en moda la lee precisamente por aquello de las últimas tendencias. Como mi idea de última tendencia es una camisa Polo pues obviamente me gusta por otras razones. Me gusta porque tiene artículos inteligentes sobre cómo se hizo Rebelde Sin CausaTaxi Driver o Todo Sobre Eva, pelis que me gustan a mí. También me encanta por las fotografías de Annie Leibovitz. Me enamoré de sus fotos desde que vi por primera vez la edición de Hollywood que sacan cada año para la temporada de los Oscar y desde ese entonces soy su fan.
A mí me gustan las fotos recargadas, barrocas, las que muestran al personaje rodeado de objetos que no tienen que estar pero que su mera presencia lo hace divertido. Así sea un enchufe mal puesto, un conejo o una Tina Fey minimizada, las fotos de Leibovitz en Vanity Fair son para mirarlas una y otra vez sin cansarse.
Un estilo similar lo he encontrado en Caracas con Ram Martínez, un fotógrafo cuya técnica me encanta porque invita a imaginar como se ve en la foto de arriba. Hace un tiempo fui a su primera exposición fotográfica llamada Fairy Tales y me fascinó lo que vi. Me parece que cada imagen que saca Ram tiene algo de elegancia, irreverencia y misticismo pero sobre todo una atención por los detalles que me impresiona.
Sus fotos son una narrativa de sitios imposibles en donde recrea hasta el más mínimo detalle a mano, desde construir una tijera de dos metros, sacar a una mujer cual fantasma de un cuadro en una galería, hasta guindar tazas de té por los árboles mientras una Alicia-Lolita espera como desafiando a un inexsitente sombrerero.



Naturalmente esa foto fue la que más me atrapó durante la exposición. La pared del fondo es como yo siempre me he imaginado mi blog y que por limitaciones en el diseño y la imaginación no he podido interpretar. Un árbol donde las tazas vuelan con las conversaciones más bizarras es algo extraordinario.
Ram me dice que ahí no hay efectos recreados con digitalización y que toda la magia que se ve en la imagen lo construye a punta de pega, escalera, trabajo, luces y ángulos. Yo le creo y algún día me meteré en una de sus sesiones como pasante no pagado porque me intriga demasiado el proceso creativo detrás de cada imagen. Lo que más me encanta es que la imagen interpreta perfectamente en papel las ideas locas que uno puede tener en la cabeza. Eso es tener visión.
Ram está metido en una competencia fotográfica llamada EXPOSURE. Aquí pueden ver el trabajo que hizo para su expo Fairy Tales y votar para que se gane el premio:

http://rammartinez.see.me/exposure2013#.UYPej6QNQIY.facebook Bien merecido si se lo gana, sus fotos tienen que exhibirse afuera.-

Thursday, May 16, 2013

Diez (Bueno Nueve) Maneras de Contar el Amor


“Yo sé que de vos no me olvido más, y sé que si me voy no va a parar la lluvia. Además, qué es eso de irse porque las cosas no funcionan. Qué es eso de escaparnos. ¿Sabés qué? Yo me quedo. Sí, lo decidí, me quedo. Y no me quedo por vos, me quedo por nosotros. Me quedo por lo que todavía nos falta. Me quedo porque nunca nadie dijo algo tan lindo sobre la lluvia. Me quedo porque dormir abrazados vale la pena aunque haya calor. Porque podemos tener una casita afuera. Porque te quiero a vos. Me quedo porque el olvido no existe, porque hay rutinas divinas, porque el conformismo es para mediocres y porque lo normal es para amores normales.”
Este es un fragmento de la carta La Lluvia, El Olvido y Los Perros del uruguayo Ángel Cal, segundo finalista del Concurso Cartas de Amor de Montblanc 2013 y mi favorita. El evento se llevó a cabo el martes en el Teatro Chacao y lo que más me encantó fue que el concurso se hizo universal. Entre los diez finalistas, tres no eran venezolanos. Un uruguayo, una argentina y uno que no llegó.
Si bien, el venezolano José Márquez resultó vencedor con una sensacional carta titulada Querido Niño Jesús, dedicada al Barrio Niño Jesús de Catia, la norma la dictó la simpatía del uruguayo y la inteligencia de las letras leídas por la argentina. El Concurso Cartas de Amor logró convertir a Caracas en la capital del amor. Y creo que así será en los años venideros.
Yo soy fanático de este concurso porque le regala a Caracas una noche diferente. Una empresa apuesta por hacer mercadeo de una manera donde el mercadeo es lo de menos. En el Concurso de Cartas de Amor lo que está presente son diez misivas, diez corazones abiertos o rotos, enamorados o desencantados. En frente un público que aplaude, llora, ríe o se fastidia. En cuestiones de amor todo el mundo es juez. Y como todo en el amor, la que es más sencilla y sobre todo honesta es la que gana.
Un finalista extranjero perdió su vuelo por lo cual la carta Amormio abrió el concurso. No tuvimos que esperar a ver qué significa Amormio pues apenas salió la finalista Karla Mendia, ya su esposo gritaba desde el público “Amormio te amo” por lo cual concluimos que así se llaman de cariño. Le siguió Para Cuando Olvides y Ya No Recuerdes, una que no solo está brillantemente escrita para una Corina cuyo Alzheimer le hará olvidar que le ganó la batalla a su pelo el día que se dio cuenta que no lo podía domar. Corina es el alter ego de su autora Maura Sulbarán, una chica de 21 años que tiene un futuro brillante como escritora. Sin duda una de las más aplaudidas y gran merecedora del tercer premio.
A continuación vino la carta de Cal el uruguayo, sin duda mi favorita. Pero quizás fue la inocencia de José Márquez, el ganador, lo que le hizo llevarse el premio.  Es una carta de odio al barrio donde nació, de odio rotundo. Pero también lo es de un amor y añoranza por algo que ya no tiene. Sinceras fueron sus palabras luego de leer la carta donde espera volver un día a un barrio que lo reciba sin balas. Tanto así que el moderador César Miguel Rondón en un momento de sinceridad le dijo: “bueno, vamos a echarle bolas pues”.
Colores Muertos de Brian Dix fue un misterio inteligente. El público entendió que estaba dedicado a un él pero en la entrevista César Miguel insistía era para una ella. Detesté la carta Tato Elías, Por Favor. Es una carta que comienza con un regaño hasta que te das cuenta que su autora regaña a un perro por no querer a su novio. Intuí, correctamente, que era un poodle. La de Carolina Jaimes Branger, Para Tatá, María, Cheché y Adilia, ganó el premio online a la mejor carta pero me pareció que he leído mejores cosas de ella. Una carta bonita pero no tan impresionante como la que habría leído si su carta al padre de un niño especial hubiera sido la escogida.
Te Convoco de la argentina Fer Bigotti, es una cosa inteligentísima. De cuarenta palabras, solo me sabía el signficiado de veinte. Tenía ritmo, tenía de todo y por un momento pensé la cantaría. Sin duda la habría mencionado con: “no te podemos dar un premio porque no quedan más pero considérate premiada”. Y la última, Mientras Todos Duermen de Anamar González, eso fue una cosa divina. Eso es como abrir el diario de tu abuela (con el perdón a la Sra. González porque está muy joven para ser abuela) y darte cuenta que es un diario erótico. Me encantó, echar su cuento erótico frente a un público debe ser una delicia.
Diez maneras de contar el amor pero solo una forma de aplaudirla: con gusto. Por eso soy fanático de este concurso y espero con ansias que surjan más iniciativas que le regalen a la ciudad noches originales como la que se vive todos los años en el Concurso Cartas de Amor de Montblanc.
Todas las cartas están disponibles en el portal www.concursocartasdeamor.com

Monday, May 13, 2013

La cosa va mal


Tienes un problema cuando la foto más clásica del pillo Humphrey Bogart:

 
La recreas tú en la vida real sin darte cuenta:

Thursday, May 9, 2013

El Hombre Supersónico


Las alumnas de la Academia Merici me invitaron a ser el orador en el acto de apertura de su Modelo de Naciones Unidas. Pasé una tarde fenomenal allá, hablando con los distintos colegios que acudieron al evento. El reto de este Modelo es que las organizadoras le pidieron a los participantes que se imaginaran que estaban en el año 2030, algo difícil considerando que vivimos en tiempos interesantes, aunque genial porque permitía abrir paso a la creatividad. Este es el discurso que les di a los muchachos:

Imaginarme cómo será el mundo en el 2030 es difícil porque no quiero decepcionarme otra vez en esto de tratar de adivinar el futuro. Verán, cuando yo cumplí once años, mi abuela me regaló un libro llamado La Adolescencia. Este era un manual que tenía todo lo que un varón debe saber como por ejemplo a no estresarse sobre el acné, cosa que no ocurrió y a cómo afeitarse sin degollarse el cuello en el intento.
La página del libro que a mí más me gustó fue una que te ayudaba a calcular cuánto medirías a los 18 años. Era una formulita en la que ponías tu estatura actual, tu peso y el de tus padres y eso te daba un cálculo. A mí la cuenta me dio que a los 18 años mediría 1.89 de estatura. Hoy tengo 33 y mido 1.70 en puntillas. Se podrán imaginar mi absoluto miedo de predecir lo que será el mundo en el 2030.
La anécdota de la formulita suena ridícula pero en verdad no lo es. La verdad es que haber sacado mal la cuenta me ayudó en la vida. Como igualito iba a ser tan alto como Michael Jordan me concentré en otros talentos que no venían con fórmula. Abrir el periódico todas las mañanas, interesarme en saber quién era mi concejal y mi alcalde, aprenderme todas las capitales del mundo, perfeccionar el inglés, descubrir qué demonios era eso de la Internet y leer biografías de hombres con sueños imposibles. Todo eso me sirvió de nutrición.
Las biografías fueron las que más me ayudaron a comprender sobre cómo se mide un hombre. En todas las que me leí, encontré a hombres y mujeres que no fueron reconocidas precisamente por su altura sino por la grandeza de su visión. Helen Keller nació ciega y sorda y se graduó de la universidad, a Walt Disney lo botaron como caricaturista de un periódico. El archifamoso bailarín Fred Astaire conservó una nota toda su vida sobre su primera audición en la Metro Goldwyn Mayer que decía: “no sabe cantar, no sabe actuar, no sabe bailar” y los hermanos Wright, a la misma edad que tienen ustedes en este 2030 sencillamente dijeron: “vámonos a volar un avión, chico”.
Para cuando llegué a los 18 años y me di cuenta que no iba a crecer más allá de 1.70 hice dos cosas: boté el libro “La Adolescencia” y me dediqué a ser grande. La peor tragedia es la indiferencia de aquellos que piensan que no son lo suficientemente grandes como para lograr que las cosas se hagan.
Verán, el mundo no se detiene porque la gente dice que uno es muy pequeño. Al contrario, como dice Saint-Exupéry, el mundo se aparta cuando ve a un hombre que sabe exactamente hacia dónde va. Hannah y Barbera nos regalaron a todos un mundo de cómo sería el año 2000 con Los Supersónicos. Según la comiquita, para el nuevo milenio ya todos tendríamos que estar viviendo en una casa de vidrio, manejando un carro en el aire y teniendo a Robotina viendo Sábado Sensacional en la cocina a todo volumen. Ninguno de estos tres elementos se ha cumplido pero pónganse a pensar: ¿el mundo no va para allá de todas maneras? Eso se llama tener visión.
Eso vienen ustedes a hacer en este modelo de Naciones Unidas durante este fin de semana, a tener visión. El mundo en el 2030 como se los pinta su guía de estudio ha cambiado pero todavía existen las mismas visiones que la Carta de las Naciones Unidas mantiene como propósitos: mantener la paz y la seguridad internacional, fomentar relaciones de amistad entre las naciones y realizar la cooperación internacional en problemas de carácter social, cultural, humanitario y económico. 
Esto no se ha logrado completamente desde que las Naciones Unidas fue fundada en 1945. Como yo, las Naciones Unidas aún no mide 1.89. Pero eso no la ha detenido en ser el centro que armonice los esfuerzos de las naciones por alcanzar estos propósitos comunes. Eso no impide que ustedes se hagan una gran pregunta antes de entrar a comité: “¿qué tan alto es mi sueño de ver que el conflicto que voy a discutir se resuelva?”
Si alguna vez visitan la sede de la ONU en Nueva York, les ruego que entren a ver el techo del salón de sesiones del Consejo Económico y Social. No encontrarán ahí un fresco de Chagall como en el Teatro de la Opera en Paris ni tampoco un Jackson Pollock. Lo que verán es un techo inacabado, con tuberías aún descubiertas. Está hecho a propósito, mientras no se logre la paz mundial, la labor de las Naciones Unidas está inconclusa.
Quizás las soluciones que pasen en sus resoluciones este domingo no lleguen a medir 1.89 pero si ustedes son hombres y mujeres del año 2030 que tienen un sueño sabrán que la estatura es lo de menos. Si trabajaron de manera conjunta, sin atacar a la persona sino siempre al problema, y proponen soluciones novedosas a los problemas de siempre, sabrán que han contribuido a disminuir los grandes conflictos que nos aquejan. Si algo quiero que tengan claros en este 2030 es que el hombre  supersónico no es grande porque es alto, es grande porque enalteció a todo aquel que lo rodea con sus ideas.-

Tuesday, May 7, 2013

Confesiones de un Apátrida


 
 
Me gustaría que nos volviéramos a llamar República de Venezuela. No estoy en contra de los ideales bolivarianos pero me parece que es más fácil simplificarnos la existencia. Escribir “Ministerio del Poder Popular para los Asuntos Exteriores de la República Bolivariana de Venezuela” cuando simplemente se puede decir “Ministerio de Asuntos Exteriores de la República de Venezuela” es cónsono con la modernidad de una era Twitter que solamente nos permite 140 caracteres. La solemnidad no implica progreso.
Para calmar la lucha entre los llamados “siete-estrellistas” y los “ocho-estrellistas”, yo le cosería 23 estrellas a nuestra bandera. Somos una nación retrasada y debemos adaptarnos finalmente a la idea de que somos un cúmulo de estados federales y no provincias rodilla en tierra. La única bandera por la cual los venezolanos debemos estar en desacuerdo es la cubana que ondea sin razón en el Panteón Nacional junto a las otras de aquellas naciones que liberó Simón Bolívar.
Me encantaría que el Estado venezolano le diere un reconocimiento a la suspicacia infantil de Rosinés Chávez. Solo una niña puede dar cuenta que los caballos no corren con la cabeza hacia atrás. Pero en todo caso, los que tienen que tener la cabeza hacia adelante somos nosotros los ciudadanos, y no un caballo blanco. Ahí radicó el error del Presidente Chávez. Cambió el pasado para que le sirviera a su presente. La imagen del nuevo Bolívar es irreconocible. El Gobierno lo sabe, el buhonero lo sabe, Bolívar lo sabe.
Cambiaría el horario. A nadie en Venezuela le benefició tener un reloj que apuntara sus flechas hacia las 5:30 de la tarde cuando el cielo estaba más oscuro que la ficha policial de un pran. Me sinceraría con el Bolívar y admitiría que jamás fue fuerte. Casi diez años de CADIVI para terminar en un SICADiato así lo comprueban. No tiene nada de malo admitir los errores del pasado. Por eso dejaría la consigna “no volverán”. Lo que no tiene que volver son errores que fueron malos desde un principio. No volverá el hacer mercado en siete sitios solo porque no se consigue harina. No volverá el conformismo.
Le daría las gracias a Jacqueline Farías por llevar su corona en un cargo caprichoso y dejaría que Antonio Ledezma tomara las riendas de la capital. Caracas necesita con urgencia un plan serio de seguridad y tránsito. Jacqueline Farías no lo logró. Me encantaría que le dieran la oportunidad –y los reales- a la persona que fue elegida por los votos del pueblo para hacerlo. Eliminaría también todo tipo de cadenas. Es mentira que si no se encadena el pueblo no se entera. El Presidente Obama anunció la muerte de Osama Bin Laden sin encadenarse y hasta el primo de Bin Laden escondido debajo de una piedra se enteró. Cuando es relevante, los medios siempre cubrirán la noticia.
En vez de un par de tetas nuevas o un celular, le regalaría un buen libro de Educación Familiar y Ciudadana a cada uno de mis compatriotas. Llegamos a un punto en que no nos podemos echar que estamos orgullosos del Metro de Caracas. La pregunta de si es más fácil pedir permiso o pedir perdón es incontestable hoy en día porque nos acostumbramos a empujar y a oír cosas como “te vas a tener que calar tu cola”. Si acaso nos tenemos que calar algo es el respeto. Es completamente rescatable, por cierto. Solo es cuestión de no tolerar que alguien nos diga “chico” o “papi” o “mi rey”.
Son éstas las confesiones de un apátrida. Alguien que piensa que lo peor que se le puede hacer a un colectivo es quitarle su identidad, su horario y sus valores y que aún no es muy tarde para su enmienda. Me hará menos venezolano el admitirlo pero quien no señala los errores sencillamente no progresa.-
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