Sunday, August 3, 2008

Bebés a bordo que nos cambian el mundo

No contentos con la sobrepoblación mundial, mis amigos se han dado la tarea de conchuparse cuerpo a cuerpo y traer a nuevos infantes al mundo. Anoche (¿fue anoche?) Anita comentaba que cada segundo se vendían tres muñecas Barbie alrededor del mundo. Si sacamos la cuenta que un año tiene 3.1556.926 segundos (gracias Yahoo!), eso equivale a que Mattel se mete en el bolsillo una chorrera de billones por las 94.670.778 de anoréxicas plásticas con sueños de superación que en teoría llegan a las manos de las que fantasean con ser Barbie Aeromoza.

En niños la cifra es más alarmante. Según la página Web Worldometers, al momento de escribir esta última letra hay 6.686.196.675 personas vivas en este instante (76, 77, 78… da miedo que hay gente saliendo y entrando por todas partes as we speak!). Solamente hoy han nacido 269.500 humanitos. Todo una fábrica de Willy Wonka en distintos colores, razas y nacionalidades. Si antes daba miedo ensardinarse en el Metro no quiero ni pensar lo que será en quince años. A la viejita no le daremos el puesto de cortesía. La cargaremos como una roquera en un concierto de Metallica pasando a la pobre vieja por encima de nuestras cabezas hasta que por fin la boten en Bellas Artes (en verdad ella quería llegar solamente a Chacaito pero se gozó el manoseo).

El primero de agosto nació mi nuevo sobrino putativo Lorenzo Andrés. Uno más de los sobrinos putativos que me añaden al currículo. Isa su mamá ha sido amiga mía toda mi vida. La coña esa me enseñó a fumar, a robarme el carro y a bailar merengue. Fue pionera en eso de comprar cigarros en las canchas de tenis del Country y decirle a Pedro que se lo anotasen como un pie de limón para que no la cachasen. Podía divisar el Bar Miami desde el Túnel Boquerón I y hacernos parar a todos, porque día de playa no era día de playa sin la botellita de guarapita. Y hoy, con una infante bajo el brazo se lanza nuevamente a la maternidad con el tronco de chamaco que parió. Toda una experta en el mundo adulto. Incidentalmente el pequeño Simba nació el día del propio cumpleaños de la madre, así que mi bello libro de fotografías que le regalé por su onomástico quedó obviamente opacado (Lorenzo: 1, Toto: 0).

Públicamente debo decir que este es uno de los primeros chamos con los que siento me voy a conectar desde un principio. No hizo nada en particular sino dormir como todos los neonatos (creo que por eso me aburren). A su hermanita mayor la trajeron rendida al cuarto. Y ver como esa chama se despertaba y conocía por primera vez al que será su compinche en juegos de piratas y el alcahueta que la va a ir a buscar a las fiestas a las que se escape, no tiene precio. Ahí si les di a los bebés su diplomita a la cuchura porque a veces hacen cosas que a uno lo hacen sentir todo Gepettoide. Muy poco característico en mi, lo reconozco.

Es que mi problema no son los bebés. Son sus progenitores. Las nuevas madres son mis enemigas públicas número uno. Se vuelven cursis, todo es rosado, su hijo SIEMPRE es el más bello de todos sin importar que Angelina Jolie y Pitt hayan decidido entrompar el Falopio, y te regañan porque esa no es la manera correcta de cargar un bebé (¿entonces para que me obligas forzosamente a cargarlo?). Son tus amigas, las quieres y todo pero te sientes como cuando en la Dama y el Vagabundo mandan a dormir a la perra afuera porque la tía no te quiere. Hablar con el papá es inútil. Ese está rascado y rimbombante con la memoria de la cámara llena de fotos sin flash porque ya la enfermera Yubi lo regañó quince veces que eso es malo para el chamo. Las enfermeras tienen más en común con los curadores de los museos de lo que uno cree.

En medio de ese trance cotillonero infantil, terminas una visita de quince minutos que parece un día completo. Sales de ahí obligado. No porque te botaron sino porque la nueva madre sin tapujo alguno se saca “el seno” y a uno le da como pena la cuestión. ¡Tanto cubrirselos para que nadie se las viera que ni siquiera te daban ni un peek cuando se las operaron a los quince y paf! Tienes un carajito y eres una nudista pública. Desconcertado al ver el pezón, sales de ahí con el regalito de “Thanks for Visiting Me!” bajo el brazo sin saber de verdad que hacer con eso (con el regalito y con el hecho que le viste las tetas a tu amiga).

Y de los días de clínicas pasas a formar parte de una serie de eventos infantiles. El resto de la vida se vuelve una maraña de regalos con papel de Meteoro. Enratonado como estás te obligan a despertarte en la mitad de la noche (9 de la mañana) para asistir un domingo al bautizo del nuevo cristiano que no se ve de tanto faldellín de plumas con el que lo ahogan. Pero son tradiciones y si ese fue el vestidito que usó el primo del primo del tío de Simón Bolívar, entonces todas las generaciones masculinas posteriores deben sufrir su primer acto oficial vestidos de drag queens. Y así te pasas todo el día. Moncheandote una reina pepeada y campaneando una Coca Cola porque ni loco te puedes tragar el whisky que te ofrece el mesonero. Ahí bajo el Sol inclemente te das cuenta como va a ser tu futuro. Enrique y Ana reloaded.

Si los matrimonios te obstinan porque sabes que después de Whigfield viene la canción de Right Said Fred, la inclusión de los hijos de tus amigos en tu vida te traerá siempre las mismas reunioncitas. En la noche, tempranito, sentado en la terraza con la mano del cigarro sacada cual extremidad suicida porque “Alejandrito es alérgico”. Te vuelves experto en Barney y en Baby Mozart. Sabes exactamente cuales maternales están in y le tienes que recordar a la mamá como es la canción del Día del Árbol porque Paolita tiene el acto y es el Araguaney principal.

Olvídate de los viernes. Todos los papás se tatúan “Estoy cansado” en la frente, como si nadie más estuviese jeteado por los días de 8 a 5. Los dejas de ver porque sin quererlo te conviertes en Joey. O en un Chandler pre Mónica. No importa si te estás acostando con trescientas mujeres o no. Sencillamente eres “odd” porque tu no tienes a tu Cabbage Patch Kid debajo del brazo. Pero siempre vuelven. Tarde o temprano siempre hay una llamadita de “A Sebastián lo dejamos con mi mamá”. Y ahí a las noches de desnalgue. No tú. Ellos. Una orgía de extásis así sea bañados en cotufa en un cine con una película C-16. That’s just life. Bebés a bordo que nos cambian el mundo. Por los momentos. Hasta que yo sucumba a la experiencia.-

Población mundial al momento de terminar esta nota: 6,686,206,937.

5 comments:

AMZubi said...

Dios mio! Y pensar que tu aún no estas presiondo para ser papá!!!!! Los niños son un tema; un modo de vida; una filosofia!
Cuando yo sea madre y me ponga más cursi de lo que soy, por favor, acuerdame que antes del bebé yo tenia personalidad propia!!!

mariana said...

O tu escribes full lento, o la gente has sex non stop! 300 personas más en 20 líneas.
Excelenteeee post!

Maria Buroz said...

Me sentí demasiado identificada con tu amiga Toto!!! Imaginate a mí de mamá!!!! otra experta en Bar Miami... me dió hasta miedo... será que podré o me convertiré en otra persona???

Toto said...

Yo creo que si podemos Buroz. el problema es que no nos convirtamos en los neonazis rosados que tratan a convencer a todo el mundo que tengan bebes cuando ellos los tienen. La Campaña Admirable del Infantilisimo!

Anonymous said...

Bueniiiisimo....
Yo ya soy “odd” porque no tengo un Cabbage Patch Kid debajo del brazo.
Ahora mis rumbas pasaron de amaneceres a reuniones caseras de 8 a 12 pm.

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