Monday, August 18, 2008

Dejemos desahogar a la Señora

A los 23 años trabajé en la Asamblea Nacional como coordinador de un grupo de interés entre Venezuela y los Estados Unidos. Trabajé de cerca con muchos de los diputados y funcionarios que hoy están en la palestra y con un centenar de otros que han pasado al olvido mediático. Una de ellas fue la Sra. Desirée Santos Amaral, primera Vicepresidenta de la Asamblea Nacional. Todavía me parece un craso error haber dejado ese trabajo. Sobre todo por ella. No es mucho lo que yo hubiese podido hacer pero es que ella es la viva confirmación de la diferencia entre hacer política y hacer politiquería y no hay nadie que se lo pueda decir de frente. Sus declaraciones públicas contra la SIP, contra los estudiantes, contra la Iglesia, contra la ONU, y hoy ante las puertas de MERCOSUR cada día dan más vergüenza.

Hoy estuvo la Diputada Santos Amaral en la Comisión de Derechos Humanos del MERCOSUR protestando a vox populi por la presencia golpista de Leopoldo López en el recinto. “`Tiene una sanción administrativa” gritaba a mares. Después se metió con un diputado del MERCOSUR cuando éste le dijo a la audiencia “dejemos desahogar a la señora", infiriendo que hasta ella tiene derecho a opinar su conciencia. Pero ella no lo entendió así. "Usted me respeta", le dijo Santos Amaral al diputado. "Yo soy una diputada como usted y me tiene que respetar. Eso es lo que venimos a hacer aquí, hacer que se respete a Venezuela." Tremendo respeto a Venezuela cuando nuestra política se ha convertido en “Bailemos con los Gorditos” de Sábado Sensacional.

Esto fue una carta que le escribí a ella el año pasado con motivo de sus arremetidas públicas con los estudiantes. Obviamente se quedó sin respuesta. Quizás debería intentar con otra carta una vez más. Hasta ahora seguimos dejando desahogar a la señora.-

Caracas, 31 de mayo de 2007

Diputada Desirée Santos Amaral
Primera Vicepresidenta de la Asamblea Nacional
República Bolivariana de Venezuela
Ciudad.-

Estimada Diputada Santos Amaral,

Reciba mis respetos por la vívida ilustración que realizó hoy con sus declaraciones sobre el supuesto plan macabro que orquestan los dirigentes políticos para encaramarse en las riendas protagónicas de las protestas estudiantiles. Su inmunidad parlamentaria le permite hacer declaraciones de este tipo, aún cuando leo sobre las funciones de los diputados en nuestra Constitución y nada encuentro sobre denunciar planes conspirativos que carcoman las mentes juveniles. Imagino que esa atribución está recogida en el ordinal 24 del Artículo 187 que reza " Todas las demás que le señalen esta Constitución y las leyes".

Haciendo caso omiso a la difusión de la información en horario infantil, pues infiero que hay veces en que el tubazo puede más que la ley, le quiero manifestar mi disconformidad, como ciudadano y estudiante que soy, con sus acusaciones sobre la manipulación de los jóvenes con los sucesos que están ocurriendo esta semana. Lo hago, porque entiendo que es mi derecho no solamente exigir de mis parlamentarios sino en cuestionarlos sobre sus acciones. Cierto, Ustedes representan la voluntad soberana del pueblo, para ello fueron elegidos. Sin embargo, no fueron elegidos para juzgar y gritar con la más grande de las rabias que nosotros los jóvenes estamos siendo cruelmente manipulados.

Las protestas estudiantiles que están sucediendo son consecuencia de una actuación que un sector de la población considera injusto. El sentimiento general entre esos jóvenes que se han reunido día a día para que su voz se oiga no es más que un clamor por el derecho mismo a ser escuchados, a que no se cercene la libertad de expresión. Se entiende, el Presidente de la República tiene una clara visión de la información que debe correr por nuestras televisoras, radios y medios impresos y así se ha dado la tarea de expresarlo al país. Pero no siempre se puede estar de acuerdo con los dictámenes presidenciales, a menos que se invente una manera de legislar nuestra manera de pensar. Hasta que eso ocurra, todavía en este país se tiene como inviolable el derecho de manifestar.

Y vaya que las manifestaciones sí han sido espontáneas. ¿Pero cómo puede Usted saberlo si ni siquiera se tomó la molestia de emplazar a alguien de su comitiva a las universidades o a las calles para ver el por qué los estudiantes protestan? Creo que hubiese sido más fácil que andar vociferando sobre un plan conspirativo político del cual francamente ni somos parte, ni nos interesa. Hubiese sido más lógico que clamar vanamente por nuestras madres que nada tienen que ver en nuestras opiniones formadas como adultos pensantes. Hubiese sido más sensato que recordar a los muertos en los días de protestas de antaño donde a diferencia del estudiantado de hoy se encapuchaban para que no les viesen las caras. ¡Aquí estamos Diputada! Niéguelo, escóndalo o tápelo la gran verdad es que ¡aquí también está su pueblo!

Soy de la opinión que la confluencia de ideas constructivas, ya sean en pro o en contra de los pensamientos de uno, son las que en mayor o menor medida nos brindan un rayo de luz en este mundo confuso de dimes y diretes. "Rectificar ¿para qué?" se preguntó Usted en su alocución. En algún momento tendremos que rectificar Diputada, de ambas partes. En entender que las opiniones disidentes (de ambos lados) no tienen la verdad absoluta en sus manos. Todos debemos entender que en este país – mientras se viva en democracia – el derecho a la disidencia y al intercambio de ideas está garantizado por las leyes que tiene Usted la honrosa tarea de redactar. Rectificar, para entender que tanto Usted como yo, como el Presidente como los estudiantes tenemos como venezolanos los mismos derechos. Creo que es mejor empezar la tarea de rectificar ahora, mientras yo por lo menos, pueda dirigirle a Usted estas líneas con la plena conciencia que estoy ejerciendo el máximo de mis derechos: el poder expresarme en libertad.-

Muy atentamente,

2 comments:

Doña Treme said...

Hubo dos cosas que no consideraste: la primera, que estos personajes no estan en la capacidad de leer más de tres líneas, incluyendo el membrete.
La segunda, aunque tratara de leerla completa, no la entendería... el arte del buen decir está muy reservado en este país.

Doña Treme said...

Alucino si cantamos el "amante bandido" en tu cumple.
Gracias por el comentario about my confussion. Besos.

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