Sunday, August 17, 2008

Una moderna Catalina de Aragón

My first attempt at fiction.-

Manuela Zárate es una mujer de esas que la gente por la calle llama “echá pa’lante”. No tiene por donde más agarrar. Viene de una familia de cuatro hermanas cuatriboleadas. Universitarias, profesionales, exitosas. Pensantes. Ciertamente aprendieron a cocinar, a poner una buena mesa, a usar el apellido de casada. “Que sepa coser, que sepa bordar” no solamente fue una canción de cuna en una casa matriarcal de la vieja Caracas.

Las hermanas Zárate entendieron desde chiquitas – ya sea porque sus padres han estado unidos por los últimos cuarenta años o por ver algún afiche de querubines setentosos predicar “Amor es…”– que la felicidad plena se encontraba bajo la figura de una pareja que las complementara. Un matrimonio sólido que no solamente estableciera las raíces para formar una familia sino para convivir con alguien que las hiciera sentir plenas. Que tres de cuatro estén divorciadas hoy en día – Manuela incluida- no es culpa de ellas (aunque una reconozca que quizás un poquito). Son los hombres los que no pueden convivir con el éxito superior de la mal llamada “raza débil”.

La Manuela se casó por amor. Desde el primer beso que le dieron en una calle mojada del barrio latino, ella sabía lo que le venía. De eso no hay dudas. No hizo falta sortija de compromiso. Ese contrato se cerró con otro beso. Esta vez en frente de toda la familia de ella, y en especial de su hermana quien fue la que organizó el complot para que la Manolita y el ahora mal llamado “Mequetrefe” se conocieran. Como toda novia caraqueña, y en especial aquella que proviene de colegio de ursulina, Manuela se lanzó a los preparativos como quien prepara la campaña del lanzamiento de una marca de vodka en un departamento de mercadeo. Vestido, comida, champaña, cura, blanqueamiento de dientes, confirmación, confesión de pérdida de virginidad, orquesta y el orgullo maquiavélico de vestir a sus amigas con la tela que daba más piquiña de Telares Maracay.

En un momento Manuela dejó sus estudios de Idiomas en la universidad para concentrarse en aplicar para estudios afuera. El Mequetrefe se iba para Houston de trabajo y ella como buena esposa, debía encontrar oficio para acompañarlo. Poco importó que el día que se casaron al Mequetrefe lo asaltaran y le robaron el reloj. Ese mal augurio no llovió en las intenciones de la ahora Señora de Mequetrefes para darse el sí ante la Iglesia y salir corriendo hacia el aeropuerto.

Houston probó ser lo que ella siempre se imaginó que iba a ser. Una ladilla. Una ciudad llena de autopistas que van y llevan a transeúntes sin que nadie se pare en el medio a tocarle el timbre y saludarla. Lo que no se imaginaba era que cuatro años después, su matrimonio se convertiría en lo mismo. Un esposo que entraba y salía de la casa sin siquiera saludarla. No fue del todo malo al principio. Lo malo comenzó con la moda de verano del 2005 en la que una camisa descotada provocó la discusión inicial.

Manuela había conocido a una amiga puertorriqueña quien la había invitado esa noche a cenar con sus respectivos esposos y aprovechó para estrenarse una blusita que se había comprado en una tarde de soledades aburridas. “Tú así no sales” le retumbó a sus oídos. Todavía lo oía horas después cuando, con la misma camisita (porque ella de altanera las tiene todas), sorbía su sopa en casa de la boricua. Así se fueron remontando las peleas. Ella sin decir nada, él criticándolo todo. Sus amigos, las conversaciones, sus arranques y sus loqueras. Cuando ya el sexo se había ido de su cama, compró un perro para acompañarse en su soledad. Y cuando el perro también huyó y un puñetazo le rosó la cara, comprendió que ella no estaba realmente viviendo. Ella sencillamente era una paciente con el corazón roto en una sala de espera cualquiera.

Se vino a Caracas con tres maletas y la cafetera bajo el brazo (“una mujer - me cuenta ella - no es nadie sin su café mañanero”). Desolada, incomprendida y lo peor para ella, separada. No fue fácil al principio. Fue ella la que le tuvo que ir a decir a sus suegros que su principito y ella (““la bruja” como me hicieron entender que era”) se estaban separando. No soltó ni prenda del golpe “porque a una mamá eso no se le hace” pero sí se cercioró de trancar la puerta de esa casa con las más grandes de las furias cuando su suegra le respondió “Mira Manuela, la verdad es que eso que tú me dices no son razones para divorciarse.”

El divorcio tardó en llegar como todo en este país. Un plumazo, tres cigarros y el acuerdo entre ambas partes de llegar a horas separadas “para no vernos” cerró el trato. Soltera otra vez. Peor: “divorciada”. Yo acompañé a la Manuela a varios matrimonios después de su desgracia. Allí estaban todas las viejas, inclinando la cabeza. Poniéndole caras de perro triste. Otras más despistadas preguntando por su esposo. Y otras, las peores, metiendo el dedo en la llaga: “Recuerdo una que me dijo una vez, ‘es que Manuela yo siempre lo supe. Tú no sirves para estar casada’”.

El amor llegó de nuevo muchos años después. Luego que Manuela se hiciese exitosa como relacionista pública y ejecutiva de eventos. Luego que los ojos se le secasen y decidiese salir a conquistarse a si misma. Así le llegó el amor. Uno de esos que se le aparecen a las divorciadas como la vieja Befana en Navidad italiana. De sorpresa. Manuela se acaba de casar nuevamente. No todo es perfecto, no todo es comprensible. Pero Manuela no calla, Manuela cuenta.

El cuento vino hace un mes. La anulación de su primer matrimonio por la Iglesia. “Estoy en mi oficina y escucho mis mensajes. La voz del buzón de Movistar (que estoy casi segura que es Albani Lozada) me dice: Hoy. Nueve. Y. Treinta. Uno. A.M. Voz de señora: La señorita Manuela Rita de la Santísima Gloria, Zarate Mendites. Es la Doctora Padilla del Tribunal Primero en lo Civil, Moral y Prudente para hablar acerca de una cuestión en la que se le ocurrió meterse hace un tiempo. Si por favor me puede llamar al 555.6688.(…) No tenía ni idea de qué se trataba, aunque obviamente sonaba en el ambiente lo que estaba pasando. Llamo a la Dra. en cuestión quién no me puede atender porque...

- No coraasssooon [sic]. Es que la doctora está con el vicario reunida. ¿Te puedo ayudar en algo? - Eso me dijo una voz que llamaremos ministerio catolizado.
- Bueno, dígale que la llamó Manuela Rita de la Santísima Gloria Zárate Mendites. Digo yo. Pronunciando todos mis nombres para que no quede duda, ya que ella me los dejó en la contestadora.
- AAAAaaaa... Síiiii.- Contesta nuestra Santa Secre.
- "Peerrro" Soy famosa en la oficina del Vicario"- Pienso yo, que además no sabía ni que había Vicario en Venezuela (pensaba que eso sólo lo había en Inglaterra, que era una figura Anglicana).
Lo cierto es que la Santa Secre me aclara el por qué de mi fama - Es que ella estaba pendiente de decirte que estás citada para una audiencia en el tribunal. Tal día a tal hora, y sí...por este canal.-

Le digo a la Santa Secre: - Amiga pero, ¿Tú no me puedes dar más información? ¿Qué se me imputa? Te juro que no salgo a la calle con la cabeza mojada (como dicen que los Opusos prohíben eso, que voy a saber yo), yo odio el código Da Vinci, en serio, yo bailé danza Árabe pero fue en Boleíta Center y no se me veía el ombligo porque estaba medio goldita, te lo prometo. Pero Santa Secre es implacable: - No corasssooonnn. Tienes que venil a hablal con la Doctora para que ella te essplique. Sólo sé que bueno un señol ha solicitado un procedimiento en tu contra.-

Y yo caigo en cuenta. Vicario. Iglesia. Imputación. Este tipo lo que quiere es anular el matrimonio.”

Manuela cuenta que el tema de la anulación le vino como balde de agua fría. Su mamá estaba medio contenta por eso de que las mamás son medio religiosas y no se les quita la idea del vestidito blanco, pero a ella no le hace ni son ni ton. No podía ni siquiera imaginar la causa por la cual él estaba invocando para solicitar la anulación. “Ellos jamás te dicen. Te hacen el juicio por separado para ver si ambos están diciendo lo mismo y constatar que no hay incongruencias en el cuento. Pero si es por impotencia, no. Si es por falta de consumación, que me diga entonces con quien estuve yo por cuatro años, y si es por engaño, el sabía perfectamente con quien se estaba casando y yo también.”

Lo que más le duele a ella, es que quizás él se quiera volver a casar con alguien, algo que ella dice, está en su pleno derecho de hacer. “Pero firmar una anulación no te hace menos divorciado. No puedes borrar una parte de tu pasado porque la Santísima Trinidad te dice que eso no pasó.” Manuela igual piensa ir a la reunión con el Vicario. Divorciada y vuelta a casar. Así ella gracias a las obras de Dios haya conocido a quien la hace feliz hoy en día. No solamente por Ley, sino por corazón.

Manuela tiene cita con el tribunal de la Inquisición en dos semanas. Y va a ir vestida como la más moderna de las Catalinas de Aragón “a que me humillen sin que me importe”. A conciencia plena que ella sí está en pecado con la Santa Iglesia y que estará casada con el Mequetrefe hasta que uno de los dos se muera (“o el consiga su anulación porque logró comprobar que yo sí estoy loca…algo que todos sabemos”). “Yo mentiras no voy a contar. Si a alguien le puedo contar mis verdades es a un cura (…) Yo a él no lo odio y le deseo lo mejor. Pero ya basta. Lo que quiero es vivir en paz.” Éxito Manolita. Echa tu cuento como es. Seguramente Dios estará en ese momento en su coffee break.-

5 comments:

Carito said...

Tan bueno en la ficción como en la no ficción!
Definitivamente soy fan de tu blog! jejejeje

Anonymous said...

loved it!!! pero me quede con ganas de leer mas...

Toto said...

Gracias! Lo que pasa es que ahora tengo que investigar cual seria el veredicto del vicario.

eusucre said...

is this really fiction?

Toto said...

Es como Capote a fictionalized novel based on real life events

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