Friday, August 15, 2008

Untold Stories of New York

La frase “untold stories of New York” salió a colación esta mañana durante un entierro. No es mucho lo que puedes hacer después de darle el pésame a una persona sino conversar. Eso, echarte tres cigarritos, abrazar a la amiga de vez en cuando y tomarte la misma sopita que te sirven las Morticias. Pero eso de conversar en los entierros da para todo. Así sea comentar sobre la horrenda pantallita a colores que te anuncia las capillas donde yace la persona que está haciendo su check out de la Tierra. Una completa insensatez de publicar los nombres y horarios como si estuvieras yendo al cine. Faltan las cotufas y que la pantalla diga "Agotado" (que me imagino es cuando meten la urna en el foso).

Ahí estábamos esta mañana. Cinco amigos disfrazados de gris plomo. Algunos que tengo tiempo que no los veo; otros que los veo siempre. El small talk fúnebre se traduce en un catch up sobre la vida del otro y los ocasionales chistecitos. Mentira, ocasionalmente es una falacia. Siempre salen los chistecitos y las anécdotas cómicas. La incomodidad de estar en ese sitio nos pone a todos nerviosos y siempre sale uno que rompe el celofán con una carcajada que ocasiona miradas de viudas tristes. Así salió una de las conversaciones sobre la vida en Nueva York.

Por alguna razón, todos tenemos un cuento que echar de esa ciudad. Así no hayas ido, tienes algo que contar. Nueva York, ahora que lo pienso, es un tema perfecto para esos speed daters. Da para cualquier tema de conversación: plays, calles, la vida bohemia, el arte, el Dow Jones, los precios de alquiler, las alcantarillas, el metro y hasta Naked Cowboy (quien demandó recientemente a M&M’s por un comercial en el que hicieron un spoof del vaquero en calzoncillos). Told or untold, everybody has a New York story.

Uno de mis favoritos que no se donde salió ni quienes son las protagonistas pero sé que se contó en mi casa es el siguiente: Tres viejas viudas, de esas que juegan naipes todas las tardes y que tiene el pelo morado de tanto tinte rojo cobrizo que le ha echado algún peluquero llamado Marius, deciden irse de viaje para Nueva York. Con las maletas hechas y la infaltable Michelin bajo el brazo zarpan para quedarse en una suite del Waldorf Astoria. El único inconveniente es que uno de los hijos de la señora le advierte que Nueva York es demasiado peligrosa y que tienen que tener muchísimo cuidado.

Asustadas como se vuelven las viejas con las vicisitudes de la vida, deciden no abandonar jamás el cuarto de su hotel. Allí pasan días encerradas, viendo simples vistas por la ventana pero no salen por eso del culillo. Una tarde, la más lanzada de todas decide que ella no puede más y que ella necesita salir a echarse un palo. Las otras dos la ven con cara de tragedia a lo Medea pero consienten en que no le va a pasar nada. Se enjoyan y se minkean y salen a hit the town, medio asustaditas pero con el tembleque que le da a uno cuando se muere por tomarse algo.

Las tres viejas se montan en el ascensor hablando de lo que van a hacer, cuando de repente se abre la puerta. Se montan tres negros, dos fornidos musculados en flux y uno flaquito. Temerosas las viejitas comienzan a rezar Ave María Purísima porque el ascensor vaya rápido cuando la puerta se cierre. Ya montados todo el combo, uno de los negros le dice a la que está al lado de los botones, “Down”. La locura. Las tres viejas se lanzan al suelo gritando “nooooooooooo” y empiezan a lanzar las carteras y las sortijas como el mejor de los asaltos. Llegan a Planta Baja y salen corriendo: “Nos asaaaltaaarooon!”. Van hacia el Concierge quien muy amablemente se ríe y les dice: “That was Eddy Murphy. The actor.” La conclusión: al actor le dio tanta risa el incidente que les pagó una semana más de estadía en el consabido hotel. That’s New York. Slapstick Madness in every corner.-

3 comments:

Doña Treme said...

Leerte, es uno de mis placeres hoy día. Es deliciosa la forma en que cuentas las cosas y, si te imagino contándolas pues me muero de risa.
El cuento de las viejitas me parece tan familiar salvando las distancias...
Te prometo que no te mandaré un mensajito de happy birthday por feisbuk el dia de tu cumple!

eusucre said...

JEjejej...
yo creo haber oido esa historia! I swear! jejeje

Daph said...

Heyy eso fue la abuela de un amigooo!! Jajajaja que risaaaa! *Aunque, si mal no recuerdo, el cuento era algo distinto...* La verdad, es que este cuento es GENIAL...

Casi, casi como uno (bastante famoso creo) de una señora y el moto-taxi en Caracas...
Sabes, ese donde la pobre doña (desconocida, pero que paso a la historia) decide correr el riesgo de montarse por primera vez en su vida en una moto para poder llegar a tiempo y, mientras esta en el trafico aferrada por su vida al moto-taxista, éste decide asaltar a un señor que esta de primero en el semáforo en una camioneta con el vidrio abajo. Al cambiar la luz, el tipo de la moto arranca para perder a la camioneta metiendose por entre los carros, y ella no sabe si soltarse o terminar de exprimir al hombre. Al llegar a su destino, dispuesta a darle la cartera completa, el moto taxista se voltea y, al ver la cara de pánico, le dice "Son quince Bolívares, Señora. No se preocupe, a usted no la voy a asaltar, solo le cobro la carrera. Yo soy todo un profesional en mi trabajo. Lo otro... bueno, eso fue pa' resolverme, porque, usted sabe como están de duras las cosas estos días..."

*Para que veas que Caracas no es aburrida ;) *

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