Friday, September 26, 2008

Claras Camaleonicas

Hoy almorcé con mi tía Clara en uno de esos encuentros esporádicos que tenemos a través de los años. Hay razones psicológicas y policiales del por qué nos mantienen separados pero es que tener a una tía que sea la versión criolla de Auntie Mame no es nada fácil. Clara me enseñó todas las groserías que sé. Excepto “coño” que me la enseñó mi mamá. Hasta los cinco años juré que mi nombre completo era “Coño Tototé”. No hubo viernes que Clara no me raptase del colegio y me llevase, con Maltin Polar en mano, a pasarme una tarde en Playa Azul. Ella y yo solos. A reírme de la vida y a ver que todo, todo, todo, merece el epitafio de “que divertido” como dice ella. Aún cuando ella jamás entienda un chiste sino a la tercera vez que se lo cuentan.

Clara me enseñó de Historia con la leyenda de los Hermanos Pingones que eran unos maricones, que la humildad se mide con la sonrisa que le das a quien le aprietas la mano al saludarlo y que siempre hay una buena razón para tirarse peos con un fosforo y ver como la mecha azul revienta en el aire. No hay carcajada más buena – por más cochino o pirotécnico que suene – que esa. La única condición de todas nuestras tremenduras hasta el sol de hoy, es que no la acuse con mi abuela. Que se saluda al portero y al presidente con la misma alegría y el mismo cariño. Uno de los dos, no importa cual, lo apreciará en su momento.

Hoy, con Clarita mi prima (personaje que merece un post aparte) a bordo, nos fuimos caminando de mi casa a un restaurant. Clara, Clarita, yo y un camaleón que tienen como mascota, montado encima de un bonsái. El camaleón se vino de paseo porque estaban fumigando su casa. Aún cuando me comenten que el anfibio se pone nervioso al salir. Caminar la calle con bonsai en mano es medio normal. Sentarse a comer con un camaleon al lado de la mesa es digno de Dr. Doolittle. Asì de bizarro. Como si fuese el hijo menor de cualquier familia, recien salido del horario laboral del kinder.

Y mientras almorzábamos hablando de cosas que, según Clara le nutren su “cultura oceánica con un dedo de profundidad”, la gente se nos acercaba para tomarle fotos con su celular a la “iguana”, el “sapo” o – a los más ciegos- el lindo bonsái. Pero la carcajada más grande le vino a Clara cuando uno de los mesoneros gritó y dijo: “Ah caray, es que sí hay un camaleón. Disculpe señora es que alguien en la cocina me dijo que cuidado con la Camaleona y pensé que así le decían a usted.” Las carcajadas de Clara retumbaron las cúpulas.

Así es Clara: una camaleona que cambia el tenis por las clases de japonés. El canto por el pilates. La balalaika por los masajes. El fondant de chocolate por el eclaire. Pero jamás de los jamases su autenticidad. Así le cueste, algún día, la sonrisa.-

6 comments:

Bibi said...

Jeje.. todo un personaje.
Es uno de esos escritos que te conmueven, y al mismo tiempo te hacen sonreir a carcajadas...
Que bueno, que te hayas criado con alguien así.

Manuela Zarate said...

Chamo, sí yo lo amo!!! Es lo máximo. Hope some people we know can live up to the name ;)

Manuel Andrés Casas said...

ah, los tíos/tías son fundamentales para la formación de cualquier persona, te enseñan cualuier cantidad de cosas que sería políticamente incorrecto que tus padres te enseñaran, creo que es porque no tienen el miedo recurrente de que en la esquina digan "hay, pero que maleducado es el hijo de paco..."

Ignacio said...

Tu tia Clara, es LA tia Clara de toda mi generacion.

Toto said...

Es asi jejeej

Miss Alice said...

Jajajaja, yo también tengo una "Tía Clara" para reirme así...

Side comment: Toto, me encanta la primera foto!! Es bella!!

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