Monday, September 29, 2008

Dr. Chapatín

Meterse en Messenger un lunes es un franco peligro. Uno llega jeteado de un lunes de "caminante no hay camino", porque manejar en Chacao es no llegar a ninguna parte. De dar clases, pelearse en el banco y saludar a las simpatías en Ipostel para que le vendan a uno un timbre fiscal. Luego sufrir ataques de astma, mientras se busca en cuanto libro de registro exista, porque tu partida de nacimiento se perdió, la necesitas con urgencia y ningún progenitor tuvo la decencia de anotar en un baby book el tomo o el folio o la fecha de presentación. De volver a sacar plata del cajero porque lo que sacaste a las 8 de la mañana ya se esfumó entre las diligencias, las tres Coca Cola’s y la cajita de Astor Azul que no has debido comprar porque estas pensando en dejar de fumar. De atender llamadas inhóspitas para que le traduzcas una cosa legal por teléfono (¿Cómo se cobra un honorario si lo haces por teléfono?) y caminar con un humor que cambia de acuerdo a la proximidad de tu casa.

Por fin tienes un rato silencioso para ti (salvo el taladro de alguna construcción a la distancia). Te sirves una Coca Cola hasta el tope y prendes el Astorcito (a las cinco de la tarde, las promesas de dejar de fumar son banales) con la finalidad de revisar tus bellos emilios que tanto te agradan. Borras la mierda – “enlarge your penis”, “oración por la Virgen de la Caridad del Coppertone”, “Fernando Lizarraga has added you as a friend” y los encadenados “chiste buenísimo” – y te concentras en un e-mail sabrosísimo de alguien que metió la pata en un crucero o algo por el estilo. Y mientras lo lees tienes la mala costumbre de no poder quedarte quieto y te conectas en Messenger por eso de no sentirse solo en el ciber “espeis”. Craso error.

Hay diversas modalidades de conversaciones que emergen en las ventanitas del MSN, las cuales no cesan de titilar con el color anaranjado hasta que no le des la importancia VIP que se merece. En Messenger no hay numeritos como el Banco Mercantil. Nadie sabe que está en lista de espera o está siendo ignorado. Por eso la insistencia, la proliferación de emoticones y el ocasional zumbido para saber si estás ahí o si sucumbiste a la luz de la computadora cual luciérnaga en celo.

La primera ventanita es del amigo que no sale taggeado en ninguna foto en Facebook sin un vaso, quien te lanza un: “Marico, cerraron Whisky Bar por remodelaciones. ¿Qué vamos a hacer?” como si hubiese sido reclutado al Campamento "La Sobriedad". Luego viene la pana despechada, que procede a emoticar con caritas tristes que no sabe que más hacer para que el pana que le gusta, que también es amigo mío, se comprometa a echarle plomo. La ama de casa desesperada/empresaria que necesita un date para un evento black tie porque el esposo ya anunció que ni de verga, y yo soy el unico que conoce que saca ese smoking del closet como un par de boxers si le ofrecen champaña gratis.

Luego sale la ventanita del mejor amigo que tiró con la mejor amiga y no sabe como enmendar la situación y que si yo la puedo llamar a ver como se siente. Sale tambien el mafioso que te vende un artefacto cada semana, y last but not least, la Matchmaker cibernética con su clásico: “Cuentaaaaaaameeee”. Palabra código para que le confieses como te fue con fulanita, como está el guayabo, o cómo va el prospecto. Ya cuando el vomito de ventanitas te hacen perder en Word Challenge, sale la ultima. Una random que te pregunta: “¿Qué más?”. A esa la amas, y consideras implantarle un hijo porque esa por lo menos tiene la decencia o no tiene la personalidad para lanzarte un autodespecho suscitado en el fin de semana.

Honestamente, me encantaría darle las respuestas que todos necesitamos un lunes por la tarde: directas y francas. Al amigo borracho me encantaría decirle: “Dude, es lunes. ¿Quién piensa en whisky un lunes? Eso me dio a mi el jueves pasado, pero un lunes ya es pushing it”. A la despechada incomprendida: “He’s not into you”. A la que me busca como gigoló acompañante: “si me meto en un peo con tu esposo, tú me pagas la terapia”. Al Chandler que tiró con Mónica: “ya era hora”. A Michael Corleone: “por enésima vez no quiero comprarte un Blackberry” y a la Yenta Chismosa, un polite “bien” porque uno no sabe si las confesiones del Soltero de Oro generan otras ventanitas en otros Messengers lejanos. Pero no. No puedo ser brutalmente honesto, porque yo también he estado encasillado en sus apoplejías inseguras de principios de semana. Uno sabe perfectamente que el ratón moral de un fin de semana no se cura marcando tarjeta en la oficina. La corbata roja que uno se pone para alegrarse el alma, no hace milagros.

Por eso, huyo por la izquierda con un “hablamos ahorita que voy corriendo” y le cierro a Pandora su cajita de existencialismos depresivos. Es que un lunes no se puede jugar a ser el Dr. Chapatín sin fundamento. Suficiente con querer pedirle el teléfono a él y hacer una cita para ver cómo te soluciona tus propios rollos mentales, para estar preocupado por los emoticones suicidas de los demás. Es cierto. Meterse en Messenger, por lo menos un lunes, es un peligro anunciado. Los martes de mejoría, con mucho gusto se atiende como lo hacía Natalia: de ocho a nueve.-

I don’t do Mondays.
Garfield.-

2 comments:

Facility manager said...

jeje, muy bueno Yoyo, es así tal cual. Como lucièrnaga en celo, es verdad! Además no solo titila sino hace "brururú", cada vez que el o la, que está del otro lado escribe y escribe... (Tbrurú")
Voy a gregarte a fevoritos
Facility manager

Bibi said...

Jajaja.. genial!!
Tengo tiempo buscando la cura para ese ratón moral de los lunes!! Jajajaj... Saludos

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