Tuesday, September 9, 2008

Memorias del Connubio de una Carmelita Descalza


Este cuento jamás lo terminé. Pero igual Happy Birthday and Bon Anniversaire!

Todo comenzó la noche antes después de asistir a otro casorío más, el cual fue como todos los matrimonios a los que estamos acostumbrados (polite para fue una ladilla). Solamente una pobre ebria que le dio por quedarse dormida toda la noche en un sofá a lo que Totón y los demás cuates colegiales no tuvieron más remedio que sentarse a charlar y fotografiarse con la narcótica debutante. Lo que en teoría sería un debut y despedida al matrimonio a las dos de la mañana se convirtió en que buscaron a quien escribe a las 4:30 (Alejandro mi hermano, mi chofer, se fue a Le Club y bajo la bola de disco, las espaldas destapadas y la caña boliburbujeante, hasta la responsabilidad familiar se olvida).

Llegamos a mi casa a desayunar sentados en las dos únicas sillas que quedaban en mi hogar pues todo se lo habían llevado para Galipan – como el Grinch en Navidad - y en la mesa de la cocina se encontraban ya cubiertos con papel celofán los 180 rollitos de paño que mi "querida" madre me puso a "pacientemente" doblar para que la gente se secase las manos (sprayed on con el perfume de Bibi - eso es amor, sinceramente). Del otro lado, descansaba el kit de ganchos, colitas, motrin, tampax, kleenex, Festal, dramamina, pañuelitos, rimel y Halls Mentholiptus en surtidos sabores que iban para el baño de las mujeres (mi papá opinaba que lo que faltaba era un condón).

Me tardé más en ponerme la pijama que en dormir porque precisamente a las 08 00 en hora militar, la comandante Branger (no confundir con la comandante Manuitt – la mía fue peor) ya estaba a bordo del mando con pito en la mano cual Capitán Von Trapp. Que si los chocolates, que si las velas, que si la peluquera, que si la planta eléctrica, que si el juez. En fin todo ese cúmulo de "cosas importantes" que las mothers of the bride juran que son imperativas que hubieran podido resolverse si a las tarbesianas de los años setenta las hubiesen enseñado a delegar funciones. Pero como solamente les enseñaron a comandar, la delegación se tradujo en gritos y más gritos que solamente fueron aliviados cuando la "Sra. Mariselaaaa la están llamandooo" se largó a peluquearse. Respiro y alivio a todos los sobrevivientes.

Bibi – la novia – llegó a mi casa con un cachito bajo el brazo, preguntándome si podía ir a la peluquería con ella porque ella no tenía hermana y tampoco sabía decir que no. Entendí lo de no tener hermana (un reconocimiento tácito de nuestra diferencia anatómica) pero confundido le pregunté por qué tenía que ir yo a sentarme en "the forbidden forest" (no hay nada más incómodo para un hombre que entrar en una peluquería – es como Adán dándose cuenta que está desnudo) a lo que me respondió que ella le daba pena decirle a la peluquera que no le gustaba lo que le había hecho por lo que me necesitaba con carácter de urgencia para que utilizara mis estrategias abogadísticas en tan importante decisión.

Después de una parada técnica en el kiosco – novia que no se fume un Belmont a las diez de la mañana no es novia – nos dirigimos a Yvann Esthetique. Por excelencia este antro estaría vetado para cualquier contrincante que sabe – según le dicen las revistas especializadas - que las novias se peluquean en su casa en dónde va un seudohombre que casi siempre se hace llamar Bruno (aunque en su cédula salga Maikol). Allí "Bruno" les "elabora" lo que será el primer moño que la testa de la novia ha visto en su vida – a excepción del acto de fin de curso de tercer grado "B" – pues en Caracas siempre imperará la moda de plancharse la peluca al ras, y esto del moño es como hacer la confirmación. Como mi hermana se caracterizó por ser la antinovia esta regla fue olvidada y entramos a Yvann Esthetique.

Una hora después – "ya va mamita que le seco el cabello a la señora, le hago las uñas a la joven, me tomo un negro y voy contigo" – la novia, un poco turbada por merecer tan innoble trato como lo es la espera, se sentó en la sillita plástica. Yo un poco incómodo por estar en presencia de la toilette de cinco Venus a mi alrededor cuyas caras se escondían detrás de una Vanidades del año 97, me senté detrás de ella. El bullicio de los secadores de pelo y de los cuentos peluqueriles se convirtió en el silencio de los inocentes cuando la peluquera de Bibi le preguntó - "¿Qué te hago mamita para tu boda?" y la novia muy inocentemente respondió – "No sé, sorpréndeme". Como las Rockettes en Broadway, las portadas de Vanidades se vinieron abajo. Mis cinco idealizaciones de Venus esfumadas, ahora tenía a cinco Doñas Florindas al ataque, sorprendidas por la respuesta de la novia. Entendiendo que estaba en territorio enemigo pero no contento con ver a mi hermana humillada, le subí los ojos en el espejo. Bibi entendió el mensaje y respondió asertivamente "Quiero una crineja". Las Vanidades nuevamente se subieron. Todo en calma.

Hora y media después, la transformación de María Magdalena (carrera en el medio y ondas en la espalda) a Pocahontas (dos crinejas a los lados) a la Princesa Leia (dos cinammon rolls atados a la nuca) a la Novia más bella dieron sus resultados. A mi ya me habían botado de la peluquería hace siglos enviándome a labores mundanas como comprar café, papitas y la revista Tú. Tarea que con alivio hice. Pagué la peluquería – novia que no tenga plata el día de su matrimonio no es novia – y monté a la encrinejada en el carro. - "Odio lo que me hicieron y no dijiste nadaaaa; estoy horrenda". Un Belmont, una Pepsi Light y una llorada con mi mamá después, le aseguraron a la novia que en efecto era la Novia más bella. Ocho phanelopsias verdes taparían la crineja una hora después por lo que mis reales se perdieron bajo la flora y la fauna.

¡Vamonos, vamonos! Que no llegamos! Un chofer de esos contratados hace más de dos siglos dio luz verde para montar a la Novia, al vestido recién planchado pues a nadie se le ocurrió que los vestidos guardados se arrugan, a la Comandante y a Josefa con caminero en mano para llevarlas a Galipán. Lo que nadie había previsto en el itinerario era como se iba el gran Toton al matrimonio. "Bueno resuelve Toto, ve a ver como haces" respondió la que me dio a luz. Y con eso arrancó la "tanqueta nupcial". Cinco minutos después la tanqueta volvió (a la niña se le había olvidado tomarse las pastillas anticonceptivas, importante en estos tiempos de lunas de miel). Pero nuevamente arrancó – quitándome en el camino mis cigarros y mi Coca Cola que merecidamente me estaba tomando, dejándome ahí "viendo como resuelvo".-

5 comments:

SL said...

Terminalo!!!

Carito said...

O tú eres un hombre muy acontecido con una vida muy divertida o tienes una imaginación del carajo!... no entiendo cómo te pasan tantas cosas divertidas, mientras otros andamos pseudo muertos entre la oficina, el postgrado, y la cama (y la cama para dormir, ni creas que pasa algo divertido en ella)....
En fin! me alegra que te pasen o te inventes tantas cosas, al menos nos diviertes!

Maria Buroz said...

Toto esto no continua???? suplico segunda parte

Doña Treme said...

Tengo una duda existencial: ya no se si somos parientes porque mi mamá tiene otra hermana (AKA tu mamá) o si tengo una hermana muuuy mayor a mi. Es su clon! Jajajajaja

Toto said...

No Buroz jamas lo terminè. Y si lo termino ahora seguro invento jejeje

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