Wednesday, October 1, 2008

Olvidando a Serafín Mazparrote

Quizás parte de la culpa la tenga el 1 de octubre. El 1 de octubre se empieza clases. Se agarra la lonchera, el bulto, la regla T y el escalimetro que jamás verás hasta que vacíes tu locker el 15 de julio. El 1 de octubre cargas el carro con códigos y leyes que vas sacando y tirando debajo del asiento, según venga la clase inhóspita de Derecho Administrativo. Congraciarte con los 1 de octubres, se hace justo y necesario cuando vacías el carro de leyes y amontonas chaquetas de flux hasta que no te queda ni una en el closet. Y cuando decides enrumbarte de nuevo a la universidad pero por otra autopista, guindas las chaquetas en el closet ("un misil en mi placard") y las sustituyes por tomos de Hume y Molière. He ahi en tu camino, nuevamente, como un saludo a la bandera (de ocho o siete estrellas) el 1 de octubre.

De eso me di cuenta hoy mientras estaba en mi colegio. Ahora para graduarte de la universidad te piden una copia fondo negro de tu título de bachiller, autenticado por la unidad educativa liceo sacerdotal. El fondo negro son los rayos X de las fotocopias. Si Smartmatic sacase una línea juvenil de productos para Navidad, seguramente el kit de fondo negro sería el non plus ultra al lado de la “cacctacionaria” de huellas. Aprovechando el hueco que tenía entre mis últimas clases de Butler School, me lancé hacia Valle Arriba para que me sellasen la radiografía académica.

Regresar a tu colegio es vivir una sensación surrealista. Estacionas tu carro en el mismo puesto donde esmachacabas tu Corollita rojo destartalado y apagas el cigarro porque sientes que alguien que te ve a la distancia, va a salir a regañarte. Caminas hacia el edificio inmaculadamente blanco, pensando que nada ha cambiado, pero por alguna instintiva razón te metes la camisa por dentro. Ordenes pavlóvicas de catorce años de estudio son difíciles de olvidar. Entras por la misma puerta en donde te morías por salir y te comienzan a saludar como si ayer tuvieses la camisa marrón. Desde el “Hooola Juaaaan Joséeee” que te da Evelio el guardia, un hombre que estábamos seguros había interpretado a Tacupay en Kaina, hasta el “Mijiiiito por fin nos visitas” de las recepcionistas chismosas.

Todo es estático y nada parece haber crecido ni envejecido. Solamente las placas de promociones pasadas denotan algún tipo de oxido en las esquinas. Ahí es cuando te das cuenta, que has sido tú el que se ha puesto un poco viejo. No importa que salgas media hora después con más abrazos y besos que en una travesía solitaria por un harén marroquí. Ni que te rías porque la firma del director que autentica tu titulo (aquella rubrica que llegó a tu casa bajo una nota explicita de indisciplinado por contestación protestataria) sigue siendo la misma. Ya las palmeras que viste nacer han crecido lo suficiente como para acobijar tu carro bajo una nueva sombra.

Y he ahí el miedo que te agarra valle abajo. Ahí está en tus orígenes. Llegaste a un punto en tu camino en donde no hay primeros días de clases. Hoy viviste el último día de clase de quienes ahora son tus alumnos. La única diferencia es que no estabas sentado en un pupitre tomando notas. Tú dabas las notas con tus palabras finales. Ahí entre fotos de torres caídas y mapas inflados de SIDA, les implorabas a tus alumnos que se llevasen como nota final que la cultura no tiene primeros de octubres ni quinces de julios. La cultura se vive todos los días.

¡Qué grande JJ! Vaya que te gustó que aprendieran. Por eso aprende. Aprende a dejar el bulto y la regla T. A escabullirte por puertas pequeñas para volver a salir por la puerta grande. Aprende a pisar la calle de enfrente y no mirar hacia atrás. Por ahí no está lo que buscas. Aún cuando sea cierto eso que revivimos dos cosas cada año: los impuestos y la sensación mundana de estar todavía en bachillerato.

Porque la verdad, con las dos noticias de embarazo que recibiste hoy, las casualidades del nuevo trabajo de la Carmelita, el ultimo apretón de tus mesoneros felicitándote por tu ultima clase y una estelar noche de películas, no te puedes quejar jamás del primero de octubre que hoy viviste.-

2 comments:

Carlitos Huerta said...

Serafín never added african history to his book, whats up with that?

Carlitos Huerta said...

jajaja tacupay. old school

También te puede interesar:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...