Wednesday, October 22, 2008

Seguimos siendo como Linus

Anoche en casa de It’s Good to Be nos reunimos los colegas. Éramos ocho pero con esto de las barrigas, la cuestión se multiplica pues las tres mujeres estaban en estado (una a punto de explotar, una con cinco semanas y la otra de tres meses, negada a aceptar que va a ser madre). La verdad es que ya yo me rendí y acepté que ahora tengo una chorrera de sobrinos regados por el mundo. Con tal que me dejen fumar en una esquinita, yo estoy chévere. Jugando carritos con uno de los chamos (este si ya está nacido), me di cuenta que no soltaba una cobijita que se había traído consigo. Uno de esos pañitos de algodón blancos que Dios sabe por dónde ha sido arrastrado. Con la cobijita hicimos de todo: le inventé que era una montaña de nieve por donde pasear el carrito, después jugamos al fantasma y a los trucos de magia. El juego duró hasta que se me ocurrió ponerme la tela como Osama y con mi nariz de califa, logré asustar al chamo. So much por dárselas de payaso.

Después de un rato el chamo se acostó al lado mío en el sofá, arropándose con la cobijita para más o menos dormir. Eso de siesta cuando la gente grande dice “coño” no le apetece ni al más imberbe de los bebés. Pero yo lo veía con esa cobija y pensaba que eso es sencillamente un objeto con el cual él se siente cómodo. Y todos tuvimos de chiquitos algo con el cual nos sentíamos seguros. Algo que huele a casa, aún cuando estamos lejos de ella. Ya sea una almohadita, un chupón o un par de pistolas de vaqueros (se han visto casos), los niños le hacen honor desde temprana edad al lema de esa tarjeta de crédito que reza: “nunca salga sin ella”. Ya de grandes, nos acordamos de ese peluche o esas sabanas de colores que nos acompañaban a todas partes. Nuestro propio Puff the Magic Dragon, sea lo que fuese, agarrado fuertemente de una mano mientras le dabamos la otra –achocolatada y llena de escombros en una era pre-Purell – a nuestra mamá.

Revisando un par de fotos que he tomado últimamente me detuve en una que tomé de mis zapatos. Para que yo me compre un zapato tiene que ser porque los otros se me rompieron o, como suele suceder, me los botan en mi casa. El par que tengo los uso todos los días. Me encantan porque son propiamente míos. Son quien soy; quien yo quiero ser ese día. Sin trenzas que se desamarran ni lenguas de Velcro porque ya no estamos para ponernos zapatos de Mazinger Z (aww). Prácticos, cómodos, sucios, campamenteros. Eso zapatos son mis pantuflas adonde quiera que vaya, no importa cuántas mujeres me hayan criticado por ellos. No sé si me dan una sensación de seguridad pero son tan una parte esencial de cómo me visto y como camino que no es mucha la diferencia entre ellos y lo que siente el chamo por su cobijita.

Es que las cobijitas no cesan de existir a medida que crecemos. Los que somos "grandes", no dejamos de continuar con esa manía de aferrarnos a algo para sentirnos seguros. Hay gente que no puede concebir la idea de apagar un celular. Ni en el cine ni mientras duermen. Una estampita, un cuaderno, una foto o una medalla con las que nos identificamos plenamente y nos recuerda a algo. O nos hace pensar en algo. Mi mamá puede morir si sale de su casa sin el estuche de maquillaje, mis hermanos sin los anteojos de sol, y varios que conozco no les cabe en la cabeza que yo no use reloj. Cosas materiales a las que nos apegamos por costumbre porque en su momento nos parecen útiles hasta que llegue otro objeto que derrumbe el paradigma de su seguridad. Estamos muy lejos de cobijitas y chupones, pero la verdad es que estamos más cerca de ellos de lo que creemos.-

5 comments:

Junip said...

Possibly the ugliest shoes EVER!!!
my sticky sticky shoooooes, why they stick on meeee... baaaabyyyy!!!

Carito said...

Toto siempre y cuando no abraces a ese zapato como el niño a su cobijita no hay nada de que preocuparse... si te dan ganas de abrazar al zapato y dormir con él enntre los brazos, tal vez es hora de tomar medidas! jejejeje...
Por cierto me dejas pensando en las cosas a las que yo me apego!

Doña Treme said...

Primero: estaran medio jodidos, pero se ven bien... me los imagine peores.
Pero lo que me dejo pensando fue, cual fue mi cobijita de chama. Hoy dia te puedo hablar de tantos apegos, como la BB (no se por que es femenina, pero ya me lo han machacado hasta la saciedad), el ipod, el cintillo que uso en el anular... pero no puedo recordar algun apego de la infancia!
Tengo tarea para el weekend!

Bibi said...

Jajajaja....
Muy cierto, las cobijitas no cesan!!
Me diste en que pensar ;)

Anonymous said...

Totalmente identificada! Lo peor es q no solo tengo nuevos apegos,sino q todavia tengo mi almohadita from back in the days hahaha-worst part: no puedo dormir sin ella!

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