Wednesday, October 29, 2008

Soy Borat en Mankini

¡Buenisimo el disfraz! Pero no llevo la personalidad ni de vaina.

Aquí en Venezuela no entendemos qué es Halloween; mucho menos qué es una calabaza porque aquí se le dice propiamente “auyama”. Pero igualito no nos pelamos ese bonche gringo de ridiculizarnos por una noche con un disfraz. Cualquier excusa para una fiesta es válida. Y si la fiesta llama para salirse del patrón del blue jean y la camisita arremangada, anótenos que vamos con todo. A la gente le gusta ser original. Mentira, a todos aquellos que no les da por ponerse las alitas del cotillón encima del blue jean y la camisita arremangada, son originales (nota a los y las “aliteras”: llevar las alitas sin más nada ¡Eso si es original! O ponerse las alitas de cuando uno aprendió a nadar). Hasta las que critican a esa “mujer de morales dudosas” que rondea nuestros predios sociales, gozan una bola. A fin de cuentas, el 80% se terminan disfrazando de ella esa noche.

Pensarse un disfraz no es fácil pero aquí se ha visto de todo y hay disfraces que merecen aplausos y ovaciones. Desde regaderas, Ipod’s de cartón, una copa de Martini (la cabeza era la aceituna), los novios que se disfrazan de Toy Story's quesúos, Rodolfo el reno cazado (con cuernos de verdad), el die hard fan con una réplica exacta de Darth Vader (quien posteriormente se cae a golpes con los del Enterprise), la Pata Daisy (G. Torres, no te conozco bien pero you made my night), the Naked Sushi Model y el mejor de todos de hace años: cuatro gordos que se disfrazaron de los muñequitos de Parmalat.

La idea de Halloween es reírse de todo el mundo y que todos se rían contigo. Pero ojo: la única recomendación es cerciorarse que la fiesta de Halloween sea efectivamente una fiesta de disfraces. Como yo cumplo en agosto, me daba por hacer fiestas de Halloween con la excusa de hacer un bonchecillo. Cuando cumplí dieciséis o diecisiete años organicé una pero que era sin disfraces porque en ese entonces nos jurábamos demasiado pavos como para disfrazarnos (por lo que vinimos todos disfrazados de imbéciles). En ese entonces, mi mamá invitaba a las hijas de sus amigas que yo no conocía para que vinieran a mi fiesta. Llámenlo matchmaking casamentero adolescente que obviamente no funcionó. Falló en decirle a una pobre puberta que mi fiesta no era de disfraces. Todavía me acuerdo como hasta la música se apagó cuando entró esa brujita pintada de verde como the Wicked Witch of the West y su cara de quinta finalista al ver que ella era la única disfrazada. Hoy en día eso se arregla con actitud, pero las heridas de la adolescencia tardan años en sanarse y a esa pobre niña todavía se presenta y le dicen: “¡Claro vale! Tú fuiste la brujita en casa de Toto.”


La Gorda, en cambio, odiaba disfrazarse porque nunca sabía de qué y me tocaba a mi inventarle una pinta. La primera vez la disfracé de Josefa con un uniforme que me robé de mi casa y así la mandamos a Le Club. Causó tanto impacto con su escoba, su tobo y sus zapatos de goma con plataforma que en el baño, las demás niñas les pedían a la “Señora” que si tenía una colita o un modess, jurando que era la de verdad. Se ganó una botella de champaña ella solita. Después con un novio que tuvo fueron Betty la Fea y Pedro el Escamoso y los descalificaron porque no era justo con los demás. El Junip vestido de Ganesh se ganó un viaje a Los Roques que nunca cobró (dumbass!) y yo mi celular que lo usé hasta ayer en mi homage post burundanguero a Willy Wonka que asustaba hasta con la sombra. Eso es lo sabroso; tripearte una nota de que eres algo que no eres y recordarte de ese disfraz como una noche que te la gozaste.


Después vinieron los años de las fiestas en casa de Franco que se decoraban con cuanto muerto y cuadro añejo había en mi casa. Ver a las Bauder de cigarros Belmont (con caja y todo), Mora Mora RCTV vestida de perra (she figured she was one already), a Elena Bustillos de Cruella de Vil (con perros incluidos) y a Sexilia de charro, no tenía precio. Fun times at Ridgemont High! Pero cuando Franco se largó a casarse e irse a vivir a Miami nos quedamos sin nuestra Quinta especial para fiestas y poco a poco hemos dejado de celebrar la cuestión. Pero darse cuenta que este Halloween cae un viernes, entusiasma un poco más. Aún desechando al mankini de Borat y a "Dick in a Box" como opciones, poque no tenemos TANTA personalidad como para lograrlo. Then again.... No, ni de broma. Pero de que lo celebramos, ¡lo celebramos!

3 comments:

Anonymous said...

no fue ricardo torres, fue gonzalo torres

Toto said...

Gracias. Yo sabia que algun Torres habia sido.-

Doña Treme said...

Aun guardo tu foto de Wlly Wonka... yo amé ese disfraz.

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