Wednesday, November 26, 2008

Cuestiones de Agenda

Jamás he tenido una agenda. Soy lo suficientemente cumplido para saber cuándo cumple la gente a la que quiero, el aniversario de mi papá y mi mamá, la fecha de mis graduaciones, el día de la burun y el día de mi primera comunión (éste último porque en esa fecha, trece años después gané en Harvard y se murió mi abuelo en el mismo día). Hay datos que me vienen a la memoria como eso que la ONU le dio a Saddam Hussein hasta el 15 de enero de 1991 para retirar sus tropas de Kuwait, punto que le recuerdo a mi amigo Franco todos los años pues también cumple en esa fecha. Si tengo una entrevista, cita con el médico, el dentista o un matrimonio siempre me acuerdo con tal que sepa del mismo una semana antes. No me acuerdo de los números de los cuartos de hotel en los que he estado, aún cuando me puede venir algo a la memoria si llego a un piso específico. Todo eso sin necesidad de anotar nada en una agenda.

Reconozco que para un hombre esto es una ventaja porque nosotros andamos con lo mínimo necesario en nuestros cuerpos. Me estoy sentando a escribir esto y me he sacado de mis bolsillos el celular, las llaves, la cartera, la caja a medio fumar, dos yesqueros (uno me lo robé flagrantemente), un bolígrafo, tres papelitos de aluminio arrugados de unos Kisses que me regaló Coro y una cuerdita con la que estaba jugando esta mañana. No llevo más nada encima. Ni anteojos porque Ray-Ban jamás se ha dado a la tarea de estudiar a aquellos casos de hombres con narices kilométricas. Así de básico.

Pero hoy, hubiese deseado tener una agendita. Tengo toda la semana emocionado porque iba a ir a una charla de una señora sobreviviente de Auschwitz. Es un tema que me apasiona por cuestiones de historia y de relaciones humanas pero por cuestiones de la vida, jamás he conocido a nadie que pasó por esos horrores. Me pasé toda la mañana pensando en eso, leyendo sobre el tema y pensando en una posible pregunta que me gustaría hacerle a la señora. Todo el día esperando para las 3:30 cuando iba a ser la charla.

Coro, recién llegada de Nueva York, me llamó a pedirme la cola para “rasurarse la cepa de vellos”. Como tenía quince minutos de sobra, la fui a buscar pero solamente le di un abrazo porque quería conseguir un buen puesto. Llegué a la Universidad (donde era la charla) y caminé hasta al auditorio. Ahí ví una manada de gente saliendo y pensé que seguramente había otro acto previo a éste. Para mi desgracia no fue así. Resultó ser que la charla era a las 2:30 de la tarde y ya se había acabado.

Mi decepción de ultratumba ni siquiera se mermó con oír a la señora hablar de manera informal (esos momentos cuando los oyentes abordan a los foristas luego de que culmina una charla). Yo quería rebobinar el tiempo. Todo por una cuestión de no leer bien la hora, de emocionarme, de planificar mi día en torno a ello para no ver más que a una señora a la que me provocaba invitarla a un café para que me contase todo a mí solamente. Nina mi editora que se encontraba en la audiencia no ayudó con nada al acercarse hacia a mí con los ojos aguados y decirme: “Toto, todos mis amargues se acabaron con esta charla.” ¡Encima de histórica fue inspiradora! Decepción total.

Así que mi post no va dedicado a algo en el que tenía altas expectativas por escribir. A Nina le dejo la primicia de hacerlo y que todos los que nos leen en la “parlanta del mas jater” y “arroba ninas” puedan conocer de cerca las experiencias de esta señora. A mi solamente me queda salir a la Tecniciencia en búsqueda de una Agenda Astro lunar para el 2009. Ahora sí que me niego a perderme en el mundo. Ni siquiera en el astrológico.-

p.d. A los que le interese el tema del Holocausto: el libro “Night” de Elie Wiesel. Altamente recomendable.-

1 comment:

Anonymous said...

¿donde fue esto?

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