Tuesday, November 25, 2008

La Verdadera Operación Morrocoy

Mi sueño la noche anterior es que ya me había calado la cola infernal, ya había votado y había perdido. Sueños oníricos que apuntan hacia el pesimismo pero en este país uno nunca sabe. Que lo diga mi papá que votó por un candidato y le salió el rojo rojito. No hay Eufitosis que le pueda sacar de su arrechera pesimista que votó por el proceso revolucionario. El sonido de la diana, los cuales este año se fueron un poco más folklórico, con fosforitos y petardos, se confundió en mi sueño con alguna cadena nacional celebrando algo pero que no sabía qué. Así tendremos los nervios en este país que el Señor Presi encontró la manera de meterse en nuestro ciclo nocturno.

Me desperté como aquellos que no duermen bien, desayunando rápido porque uno cree que le van a cerrar la cola o que va a perder su chance. No me acuerdo si me bañé pero lo que si estoy seguro es que salí como el más iluso de los venezolanos. Tenía que trabajar con el movimiento estudiantil y llamé a mi jefe supremo a decirle que en veinte minutos votaba y me iba para allá. Cinco horas y media después, seguía en la cola y el jefe ya no sonaba en el teléfono tan simpático como a las primeras horas de la mañana. Yo me levantaba la camisa y veía que el Sol inclemente al que le había rezado como los egipcios para que brillase, me había regalado senda quemada de portu. Eso me pasa por no hacerle caso a mi madre que sale como Barbara Blade a hacerme pasar pena con “Tooootooo ponte Coppertone en la calvaa”.

Como todos en la espera, me hice panas de mi escuadrón. Léase aquellos en la cola de las cédulas que terminan con 2 como la mía. Votar en Los Palos Grandes es cheverisimo porque no importa el resultado, todo el mundo siempre está arrecho. Por el sol, la cola, Tibi, o porque el heladero se le acabó el Bati Bati. Nuestro enemigo número uno en el centro es un negrito que sale todos los años a arreglar las colas. Siempre está ahí; tanto que creemos que viene metido en una de las cajas de cotillón del CNE porque no se pela estar ahí arreglando las colas en una elección. Así sea de madrina de concejal. Su buen humor asusta pero la impaciencia de nosotros siempre pudo más.

Por supuesto mi cola se movía tres centímetros cada media hora. Esto contado por una aficionada a la metrología de la que me hice pana en la fila de al lado y a la cual le perdí todo el respeto cuando ella terminó avanzando seis centímetros más que yo en un momento dado. ¿Y quién pagó la rabia de mi cola? El negrito faramellero que nos contaba. Pero en buena lid, nos mantuvo ordenados.

Ya por fin metido en el centro pasé por la capta huella. Josefa sempre dice que por culpa de la huella, la van a deportar porque ahí debe salir que es terrorista. Pues le salió el tiro por la culata porque sí la deportaron. A otro centro. La mandaron para Petare por un supuesto cambio que ella hizo, la cual ella niega y eso provocó angustia en el centro pues la pajarraca se dignó a vociferar que la habían ultrajado y se me acercó para que le diese otra chuleta porque la habían cambiado de votar por el Compae Grate al Compae Ocariz y eso cambiaba el chuletón. Ahí la vi salir del centro, mientras me indicaban mi mesa. La número 9.

La número 9 resultó ser peor que Saddam Hussein esperando porque San Pedro le abra las puertas. Descubrí, porque todos los años se me olvida, que mi centro electoral es el centro con mayor afluencia de personas de la tercera edad en Chacao. Ergo, el geriátrico, las negadas a ser de la tercera edad, los yuppies y yo. Es muy sabroso ver a los viejitos todos con sus bastones y su pelo morado entrar a votar. A algunos se aplauden porque es un milagro que estén ahí. Por supuesto uno es decente, como en el metro y le da el puesto para que ellos voten primero. El problema está cuando viene la manada de viejitos como si estuvieran en las Olimpiadas de la Risa y pasan y pasan y pasan y pasan. Tantos pasan, que uno se tiene que sacar su cedula a ver cuando fue que nació a ver si ya constituye alguien de la tercera edad (Harvard People: NO I’m not that old).

Es una cosa dejar pasar al viejo pero es otra que el acompañante se ponga en el momento que el viejito va a votar a explicarle cuales son los candidatos. Eso me tenía a mí y a mi escuadrón vociferando cuando me pusieron a otro viejo en frente mío y yo dije “bueno pero éste y ya”. El pobre señor se volteó a decirle a la organizadora de las filas: “Pero yo no quiero causarle disgusto a nadie. Si el señor está molesto de verdad yo espero pero es que el dolor de la operación no lo aguanto.” Eso acongoja a cualquiera por lo que le pedí perdón al señor, y lo mandé a sentar prometiéndole que me ocuparía de él. Eso me pasa por hablón. Ahora que lo pienso, no me acuerdo del señor…

¡POR FIN! Entré a votar. Ya listo haciendo una de esas firmitas nerviosas porque mi firma egocéntrica de John Hancock no cabe en el cuaderno, me dijeron que tenía que ayudar a un viejito a votar. Joder! Yo quiero votar. Pues me callaron la boca otra vez, ya que resultó ser un señor italiano de esos que juras son San Nicolás, de lo amables que son. Y uno se siente como una plasta por no querer contribuir. Tras el biombo me sacó su chuletica. “Por Ramón Muchacho, caballero le pido encarecidamente.” Ahí le indiqué todo lo que iba a hacer yo, donde iba a marcar y todo. Me imagino que el señor pensó que le iba a robar su voto pero de verdad eso fue como un momento Kodak de Feliz Navidad entre el señor y yo. ¿Ves lo que hace la tercera edad? Le agua el guarapo hasta al votante que más se ha quejado en la cola.

Yo voté luego en menos de treinta y cinco segundos. Con firma de que ayudé a otra persona y todo. La gente de las colas me veía como un extraterrestre con mi dedo morado y yo los veía a ellos con cara de VIP. No importa que tan iguales seamos el día de la elección. El que ya votó siempre es superior. Que lo diga yo que quería cortarle el dedo morado a todos lo que me acompañaron en la cola y salieron una hora antes que yo por no estar en la Mesa 9. Me suena el celular y está mi papá en la otra línea (que tiene 58 años): “¡Que arrechera. Una neonata me acaba de preguntar que si soy de la tercera edad! ¿Tú has visto que insulto?” Yo le respondí: “Papá como están las colas, agarra un bastón y asume tu barranco. La verdadera Operación Morrocoy, no es la falta de maquinas, ni el cuaderno, ni las capta huellas. Son los viejitos de la tercera edad. Si no puedes contra ellos, úneteles.” Hasta que el CNE no discrimine y haga cuadernos para los viejitos, para allá es que vamos todos.-

P.D. Al señor italiano al que ayudé a votar. Jamás leerá esto pero le doy las gracias porque en verdad me encantó ayudarlo. ¡Fue totalmente un Momento Kodak!-

1 comment:

PebbLes said...

A mi siempre me pasa lo mismo en mi centro en Baruta siempreeee pero siempreeee en mi mesa abunda la 3er edad, este año fui hacer la cola como a las 4 porque la cola no me la iba a calar y veo justo donde hay más gente era la mesa 11 obviamente la que me tocaba, me fui a comer pizza luego helado llegue como a las 6:20 y estaba en el mismo lugar que cuando me fui... al final terminé votando como a las 7:30, pero sin hambre ni sol... jeje Todo por el codiciado dedo morado.

Saludos

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