Thursday, November 20, 2008

The Last Brownie


Estoy en un estado de buen humor tan ridículo que borda en lo cursi. Despertarse de buen humor es fatídico para la tarde porque siempre cae una lluvia de pesimismos. Aún así, en esta mañana de jueves sin novedades, mi cabeza ha estado tarareando el tema de los Piratas del Caribe como si me estuviese embarcando hacia una aventura en el más allá de los confines de la tierra. ¿Ven que el buen humor es cursi? No sé si es porque anoche tuve una de esas corridas de confesiones sabrosas, en donde la cuenta se paga tres veces porque nadie se quiere ir.

De mis colegas casi nunca hablo en este blog, y la conversa de anoche se centró en ese rechazo mío hacia ellos. La verdad es que ha sido difícil para mí relacionarme con ellos a medida que pasa el tiempo porque el sendero que yo escogí me llevó a vivir una vida distinta. Todos con hijos, negocios o potenciales cuentas de retiro y yo –gustosamente- empezando a vivir profesionalmente. Y mi inseguridad siempre ha sido esa, ¿qué aporto yo en un mundo de adultos cuando hacer dos carreras en este país te regresa a tener 23? ¿Qué puedo contar yo cuando todos son presidentes de algo y a mí me botan de una entrevista por sobrecalificado (tres veces), precisamente por no tener 23?

Eso comenzó una ronda de “the last brownie”. Siempre lo hacemos. Copiado de Notting Hill, los colegas siempre comparamos historias y nos echamos nuestros cuentos más patéticos sobre nuestras patéticas vidas. Lo cómico es que yo jamás gano (¿o pierdo?). Estoy siempre en el average de todos los bateadores. (Bootylicious suena en mi Itunes jajaja). Es curioso esto de la admiración y la envidia sana. Todos nos terminamos confesando el porque nos envidiamos el uno al otro. Ya sea porque uno zarpa el sábado para la India en el trabajo de todos nuestros sueños, o porque otro está montando el negocio del cual habló desde que tenía diecisiete o porque la otra es mamá, pero no se contenta con ser simplemente eso y por eso es la abogada más arrecha de todas. Pero lo mejor es la confirmación que ninguno de nosotros sabe con absoluta certeza, lo que está haciendo en la vida, en donde todo lo nuevo da miedo porque no se conoce. A fin de cuentas nadie se entrenó para ejerecer la política, o el arte del servicio…o la maternidad.

Son noches que se acaban muy rápido cuando las confesiones embotelladas afloran pero son buenas para el alma. El futuro no se ve tan oscuro cuando lo ves desde la óptica del "last brownie". Honestidades poco banales que salen a flote sin prejuicios. Confesiones con curas que no se esconden tras una cortina. Que te miran a la cara y te sacan lo peor de ti, porque tú les has sacado lo peor de ellos. Ese brownie vale más que la terapia desconocida. Ocho personas sentadas alrededor de una mesa conversando sobre cosas que no dirían en una pista de baile. Una confirmación de tu propia realidad y tu propia existencia hacia un futuro incierto que se vive como si tuvieses veintitrés pero se piensa y se actúa como debe ser. De veintinueve.

El pasado no se niega. El presente se controla. Y lo que viene, sabiendo que puedes ser quien quieras, da miedo. Pero se sonríe. Con sonrisas de gancho ante lo oscuro. Porque no eres el único que no lleva la linterna. Pero siempre, como te lo recuerdan, tienes el yesquero. Y saber eso, well that’s just fuckn’ fantastic.-

4 comments:

idream2 said...

That last paragraph! Ufff... so good.
Thanks again for sharing. :)

Bibi said...

Me hacía falta leerte!!! genial como siempre!!!

Doña Treme said...

Again, quiero robarte la frase... es cierto, el pasado no se niega. Pero solo Dios sabe que rico esta este presente!

Maru Menendez said...

Toto, está buenísimo, me encanta, ves a lo que me refiero….! me muero de la envidia, yo quiero escribir así…..;)
Maru

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