Wednesday, December 17, 2008

Navidad Revolutionary Style

No puedo dejar de pensar que la Navidad es igual a la política venezolana. Las calles enteras están rojas rojitas, el naranja masista y el azul pptista se focaliza en el río de luces del Guaire, mientras que lo único copeyano (las hallacas) se esconden en las casas dentro de una nevera blanca adeca. No entendemos entonces porque la tolda oficialista reniega de la Navidad como una imposición imperialista.Si hablamos de la imposición de colores sublimes, entonces el Señor Presidente le debe una visita a la Coca Cola Company. ¿Cómo es posible que el PSUV y San Nicolás, cuya concepción estética moderna se la debemos a la pluma de algún creativo de la marca del refresco, se identifiquen con el mismo color y aún así se contraríen? Es un máximo valor agregado que los colores navideños sean los mismos que el gobierno. Si la Navidad fuese verde color tortuga Ninja, Movistar se estaría dando banquete.

Nuestra tesis es que la falta de comunión de los adecos con la Navidad tropical, nos costó la mal llamada cuarta república. El color blanco en Navidad no vende en estos predios locales. El blanco fomentaba el sifrinismo de hacer el “swoosh – swoosh” en las pistas de esquí de Vail, con celebración del veinticuatro rodeado de billeteras con travelers checks y un pavo del Publix. El rojo rojito la tiene más fáciles en estos tiempos de austeridad. Nadie, salvo los beaujolais, tienen real o cupo de viajeros para salir a celebrar una Navidad mayamera con flamingos rosados y HBO. Aquí nos quedamos la mayoría, vestidos de rojo rojito. Ya sea por comunión con el partido o porque estamos enfermos del capín melado y tenemos que empercharnos con el sweater de angora escarlata. La sonrisa y el buen humor no se pierde, aún cuando estemos pagando precios irrisorios por un pan de jamón. No tanto así con la hallaca. La Vía Apia se ha portado bien con sus precios.

Ya que estamos todos, aprovechan con las cadenas pero ni una ha sido para hablar de la Navidad, sino para lo que el Señor Presidente quiere que le traiga San Nicolás: dos bolas navideñas que no se rompan en reelecciones posteriores. No entendemos entonces porque el canal de televisión VIVE alerta contra la tala de árboles navideños diciendo que estamos contribuyendo con la deforestación mundial.Si yo fuese el jefe de comunicaciones corporativas del PSUV, ordenaría la plantación de más árboles, los tiñería todos de malva y disfrazaría al Señor Presi de San Nicolás (así no le guste) para que los regalase a los que están arrechos con él por eso de la reelección, en un Especial Mega Mezcalero. Como bono promocional, la compra de una estrella dorada para ponerla en el tope que diga en escarcha “Chavez 4-Ever!” Tampoco nos podemos poner fantasiosos en pensar que el mensajito de la estrella diría: “Paz a todos”. Esa estrategia de mercado la usó Jesús y miren como terminó Él.

Mientras eso no pase, los venezolanos atiborran los centros comerciales en un frenesí por conseguir la percha del 24 y la pantaleta amarilla del 31. La demostración es puramente capitalista, con la entrada en el juego de absolutamente todos los consumidores de este país. Desde los boliburgueses hasta el Joe the plumber criollo. Los beaujolais (que tienen pasaje para el 26) y los de familia decente. Hasta Liz la cantante, la única que verdaderamente se puede llamar oligarca en este país luego de su matrimonio, está metida en el mercado comprando sus doce uvas. Esto no es porque el reconcomio miserable del capitalismo nos hace a todos consumistas ignorantes que traicionan a un pueblo con una pasada de tarjeta de crédito. Nada más cierto que lo que nos mueve a comprar en esta época es la intención de agradecer. Así sea capitalista el jingle. Si no que lo diga la única persona en este país que va a necesitar rehabilitación mental cuando llegue enero: la niña forra regalo que ponen a la salida de las tiendas.

Esa pobre cristiana puede dar fe que el socialismo, si alguna vez se asomó en Venezuela, huyó despavorido con la facturación de las tiendas Esperanto en diciembre. Pues aún, con cincuenta años de democracia (insistimos en esto), la canción más escuchada – sin distingos políticos – es aquella que no tiñe arbolitos de rojo. Lo que tiñe son las campanas y “el sonar del cañonazo que me hacen pensar mucho en ti, amigo que quiero darte un abrazo”. Eso sí es una revolución indefinida.-

No comments:

También te puede interesar:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...