Sunday, November 30, 2008

Reelección en Tiempos de Hallacas

El último regalo del año, la ñapa por decirlo así, es el anuncio presidencial autorizando la iniciativa popular de recabar firmas con el objetivo de enmendar el Artículo 230 de la Constitución Nacional para consagrar la reelección indefinida. Técnicamente es viable. Según el Artículo 341, las enmiendas pueden surgir por iniciativa del Presidente en Consejo de Ministros, del 30% de los diputados de la Asamblea Nacional o del 15% de los electores inscritos en el Consejo Nacional Electoral. A los treinta días de la recepción formal de la propuesta de enmienda, el Poder Electoral debe celebrar un referéndum para que los venezolanos decidan sobre el destino de la misma.

Con casi 17 millones de venezolanos inscritos en el Registro Electoral Permanente, los partidarios de la propuesta estarían en la obligación de recoger unas dos millones quinientas cincuenta mil firmas para que la misma prospere. Eso probablemente será una tarea fácil, si damos por contado que los más de cinco millones de militantes del PSUV se avocarán – por convicción o por obligación – al llamado del Presidente Chávez. Por ello, lo más probable es que en los primeros tres meses del año entrante los venezolanos nos estemos debatiendo una vez más el “Sí” y el “No” en las urnas electorales.

La movida, a solamente una semana de las elecciones regionales y a pocos días de la amenaza del cierre de Globovisión, parece riesgosa. La pérdida de ciertas gobernaciones claves que albergan una cuantiosa suma de electores se pone de manifiesto con otro factor fundamental: el cansancio del elector. El empeño por recalentar una calle que recién ha comenzado a enfriarse en vísperas de las vacaciones decembrinas no caerá bien en la masa del electorado.

El venezolano sabe lo que es votar en diciembre, como lo prueban las elecciones que hemos tenido en esa fecha en los últimos tres años. La inmediatez con la que se quiere canalizar la propuesta de la reelección indefinida, traerá nuevamente al electorado al debate político, en medio de la cocción de las hallacas. Y, como el cucharón de acero que pone piche al caldo, la misma no le sabrá bien al comensal.

El grandísimo error que se cometerá en los próximos meses será en girar ambas campañas – la oficialista y la opositora – en torno a la figura del Presidente Chávez. Sin duda el mensaje oficial estará dirigido a buscar simpatizantes alertando que los que se niegan a apoyarlo, estarán en desacuerdo con su revolución y por ende, con él. La campaña opositora estará destinada a vilipendiarlo como un dictador que por el abuso de las vías democráticas se perpetuará en el poder. Los colores nuevamente serán un tema de discusión. Si Chávez quiere lograrlo, deberá bajar el pantone carmesí y teñirse un poco de azul. La vociferación y la altanería, particularmente con la pérdida del llamado corredor electoral, no pueden servirle en una decisión que ya probó ser rechazada en el pasado.

Hay otra forma de girar la campaña contra el rechazo de la propuesta. Generar conciencia sobre el costo democrático de permitir la aceptación de tal enmienda. El peligro no es Chávez. El verdadero riesgo es cualquier hombre que se perpetúe en el poder. No solamente es un costo histórico para Venezuela, sino también un freno en el desarrollo de nuevas generaciones que son necesarias para el tránsito político, económico y social de cualquier Estado.

Como la democracia, el socialismo puede subsistir, si es ese el deseo de la voluntad popular, siempre y cuando su esencia – y no su líder – sea sustentable en el tiempo. De no serlo, en cinco años o en cien, se derrumbará con la misma facilidad con la que fue erigida. Ningún hombre puede tener la razón todo el tiempo, diría alguna vez Abraham Lincoln. Pobre del hombre que tenga que irse a lamer sus heridas junto a Bonaparte en Santa Helena, por no haber escuchado la verdadera voz de su pueblo.-

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