Thursday, October 30, 2008

EEUU vs. Venezuela: ¿Contestadora o Llamada en Espera?

Hace un par de días me llamó Mariana Attention S'il Vous Plait desde Nueva York (o como yo le digo, Westonzuela II), para ver si quería participar en un programa de radio que está organizando su universidad sobre cómo se percibe la elección de los Estados Unidos en el exterior. Esto me tiene bastante emocionado porque entiendo que van a llamar a gente de todas partes del mundo para que den su opinión sobre la cuestión.

Me falta reunirme con Zurimendi y el del ¿518? para que me den su insight sobre el tema para hablar con propiedad pero como yo lo veo, sería más beneficioso para Venezuela que Obama ganase. En términos completamente sencillos porque hablar seriamente de política aquí fastidia, la política de McCain hacia Venezuela es como la canción de Luis Miguel: “no me busques, no me llames, aunque insistas ya es muy tarde.” Es una intransigencia que si bien tiene sus razones de peso político y económico basado en principios democráticos y rentas petroleras, no conduce a más nada sino al mismo sendero por donde han venido transitando las relaciones bilaterales desde que Arbusto Jr. se montó en el poder.

Obama también ha manifestado su preocupación en torno a la dependencia estadounidense sobre el petróleo venezolano y ha criticado las el despotismo de quienes portan las guayaberas rojas pero sí ha manifestado su disposición a sentarse a conversar. La razón más que sencilla, es comprensible: la constante preocupación de la política exterior norteamericana en el Medio Oriente ha dado paso a la “invasión” y a la inversión económica e ideológica de quienes hoy – impensablemente – son nuestros principales aliados. Y si bien, la canción de Obama para con Venezuela jamás debería ser “The Boys are Back in Town”, es cierto que se hace necesario en estos momentos un dialogo franco con quienes son nuestros vecinos.

Los gritos y los insultos básicos que ilógicamente sustentan nuestra política exterior continuarán sin duda y ciertamente ninguno de los dos mandatarios bajará la cabeza en ningún momento pero por a diferencia de McCain, por lo menos la opción y la posibilidad de abrir una puerta entre “los yankees de mierda” y el “hijo de Cuba” estaría abierta para lograr un nivel de respeto, así sea en su más mínima expresión.

No creo que luego de estas elecciones veamos fotografías de ambos en la Oficina Oval ni en Miraflores, cayendóse a sonrisas. Pero tarde o temprano, los gritos deben cesar o los precios del petróleo tienen que descender (como lo están haciendo). Y uno de los dos va a tener que levantar el teléfono. Con McCain la llamada iría directamente a la contestadora pero por lo menos con Obama sabremos que a lo mucho, nos tocará una llamada en espera.-

Christ you know it ain't easy...

- Ir a una entrevista de trabajo: pan comido.
- Hablar de ti mismo por una hora: Mejor que ir al psiquiatra.
- Que te tiemble el pulso de tal manera que terminas botando la azúcar que le ibas a echar al café por todas partes y te pases la mitad de la entrevista recogiendo granitos con la manga del saco, esperando que la que otra persona no se de cuenta: Absolut Charlie Brown.-

Wednesday, October 29, 2008

Soy Borat en Mankini

¡Buenisimo el disfraz! Pero no llevo la personalidad ni de vaina.

Aquí en Venezuela no entendemos qué es Halloween; mucho menos qué es una calabaza porque aquí se le dice propiamente “auyama”. Pero igualito no nos pelamos ese bonche gringo de ridiculizarnos por una noche con un disfraz. Cualquier excusa para una fiesta es válida. Y si la fiesta llama para salirse del patrón del blue jean y la camisita arremangada, anótenos que vamos con todo. A la gente le gusta ser original. Mentira, a todos aquellos que no les da por ponerse las alitas del cotillón encima del blue jean y la camisita arremangada, son originales (nota a los y las “aliteras”: llevar las alitas sin más nada ¡Eso si es original! O ponerse las alitas de cuando uno aprendió a nadar). Hasta las que critican a esa “mujer de morales dudosas” que rondea nuestros predios sociales, gozan una bola. A fin de cuentas, el 80% se terminan disfrazando de ella esa noche.

Pensarse un disfraz no es fácil pero aquí se ha visto de todo y hay disfraces que merecen aplausos y ovaciones. Desde regaderas, Ipod’s de cartón, una copa de Martini (la cabeza era la aceituna), los novios que se disfrazan de Toy Story's quesúos, Rodolfo el reno cazado (con cuernos de verdad), el die hard fan con una réplica exacta de Darth Vader (quien posteriormente se cae a golpes con los del Enterprise), la Pata Daisy (G. Torres, no te conozco bien pero you made my night), the Naked Sushi Model y el mejor de todos de hace años: cuatro gordos que se disfrazaron de los muñequitos de Parmalat.

La idea de Halloween es reírse de todo el mundo y que todos se rían contigo. Pero ojo: la única recomendación es cerciorarse que la fiesta de Halloween sea efectivamente una fiesta de disfraces. Como yo cumplo en agosto, me daba por hacer fiestas de Halloween con la excusa de hacer un bonchecillo. Cuando cumplí dieciséis o diecisiete años organicé una pero que era sin disfraces porque en ese entonces nos jurábamos demasiado pavos como para disfrazarnos (por lo que vinimos todos disfrazados de imbéciles). En ese entonces, mi mamá invitaba a las hijas de sus amigas que yo no conocía para que vinieran a mi fiesta. Llámenlo matchmaking casamentero adolescente que obviamente no funcionó. Falló en decirle a una pobre puberta que mi fiesta no era de disfraces. Todavía me acuerdo como hasta la música se apagó cuando entró esa brujita pintada de verde como the Wicked Witch of the West y su cara de quinta finalista al ver que ella era la única disfrazada. Hoy en día eso se arregla con actitud, pero las heridas de la adolescencia tardan años en sanarse y a esa pobre niña todavía se presenta y le dicen: “¡Claro vale! Tú fuiste la brujita en casa de Toto.”


La Gorda, en cambio, odiaba disfrazarse porque nunca sabía de qué y me tocaba a mi inventarle una pinta. La primera vez la disfracé de Josefa con un uniforme que me robé de mi casa y así la mandamos a Le Club. Causó tanto impacto con su escoba, su tobo y sus zapatos de goma con plataforma que en el baño, las demás niñas les pedían a la “Señora” que si tenía una colita o un modess, jurando que era la de verdad. Se ganó una botella de champaña ella solita. Después con un novio que tuvo fueron Betty la Fea y Pedro el Escamoso y los descalificaron porque no era justo con los demás. El Junip vestido de Ganesh se ganó un viaje a Los Roques que nunca cobró (dumbass!) y yo mi celular que lo usé hasta ayer en mi homage post burundanguero a Willy Wonka que asustaba hasta con la sombra. Eso es lo sabroso; tripearte una nota de que eres algo que no eres y recordarte de ese disfraz como una noche que te la gozaste.


Después vinieron los años de las fiestas en casa de Franco que se decoraban con cuanto muerto y cuadro añejo había en mi casa. Ver a las Bauder de cigarros Belmont (con caja y todo), Mora Mora RCTV vestida de perra (she figured she was one already), a Elena Bustillos de Cruella de Vil (con perros incluidos) y a Sexilia de charro, no tenía precio. Fun times at Ridgemont High! Pero cuando Franco se largó a casarse e irse a vivir a Miami nos quedamos sin nuestra Quinta especial para fiestas y poco a poco hemos dejado de celebrar la cuestión. Pero darse cuenta que este Halloween cae un viernes, entusiasma un poco más. Aún desechando al mankini de Borat y a "Dick in a Box" como opciones, poque no tenemos TANTA personalidad como para lograrlo. Then again.... No, ni de broma. Pero de que lo celebramos, ¡lo celebramos!

Tuesday, October 28, 2008

Antídoto a los Mean Reds o De como Ela y Toto estafaron al Demon Bar

Me perturba que la gente se ría en el cine del comercial donde el niñito le dice a su papá que se sacó un veinte pirata, como la película que le regaló. Nos reímos de una cruda realidad que nos azota en donde vimos sucumbir a lugares como Video Color Yamin – conocido como el santuario de Toto – por fomentar nuestra propia necesidad por el entretenimiento rápido y barato. James Bond no ha llegado al cine (créanme, llevo el countdown) y seguro en menos de tres semanas antes de su estreno, habrá tres personas que me dirán que “es buenísima”.

Por años protesté el hecho que en mi casa se compró otro DVD por la única razón que las películas piratas no se veían en el aparato de zona única pero últimamente sucumbí a las tentaciones. Yo confieso ante el Oscar Todopoderoso que he pecado igual que el resto de la mancomunidad cinéfila. Yo también me lanzo de vez en cuando a sitios como en Plaza Las Amércias donde llevan todo el catalógo de esta temporada. Y de la próxima. A pesar de las burlas de mi familia, igual me siento mal por eso, porque no puedo dejar de pensar que si fuese parte de la INTERPOL me encantaría enjuiciar a todos mis conocidos.

Pero bueno, suficiente Pepito Grillismo con ínfulas de Inspector Gadget internacional. Mi cuento no va por salvarle a Spielberg unos dolarcillos, sino más bien en el hecho que el domingo pasado me sentí como el papá del niño pirata: ladrón sin saber que lo era. Y el lunes, cuando me di cuenta que sí estaba ponchado, me dieron esos mean reds a los que se refería Truman Capote en Breakfast at Tiffany’s. Fue una cosa estúpida y básica pero igual me dio tanto remordimiento de conciencia que no se me quitó hasta que fui a “undo it”. Que chévere que hay cosas en la vida en donde uno tiene la opción de “undo” (excelente disfraz: vestirse de tecla).

El hecho es que el sábado fuimos al Bar Endemoniado para culminar las celebraciones de Strazzavodk y la China Seijas (alias Ela, Negro y Negro, Maria Von Trapp). No digo el nombre verdadero del local porque Nina mi editora dice que yo todo lo termino puteando pero sí digo que el Demon Bar es el bar in por excelencia en estos momentos en Caracas. No porque lo diga alguna revista andrógina criolla o lo frecuente la muy chic Manolita Zarate (de “Le Divorcée” a “la más chic” en Look Caras, you’ve come a long way Manoleta!) sino porque lo digo yo. Es que se goza demasiado en esta tasca (porque eso es lo que es). Este es el único field trip en donde cruzar Mystic River vale la pena. A nadie le interesa con quien vas, ni quién eres o en que carro te montas (a fin de cuentas te paras en la calle). Te puedes disfrazar de jugador de polo como hice yo esta semana en mi investigación de los “Beaujolais” y las “Lollipops” o vas en pinta de que te tiraste el combo McDonald’s y una película dominical. No importa, con tal que goces.

La música es la misma que está en tu Ipod – desde Josie’s on a vacation far away, Queen, la salsa que no bailas y la única internacional que fue más criolla de lo que se ha vuelto Olga Tañon últimamente: Whigfield. Tomas, bailas, abrazas y llamas a Josefa porque viste en la “esplasma” que los Tampa Bay’s perdieron y te debe plata. Lo que pagas en el Demon Bar es ridículamente barato, el saludo de los mesoneros es más efusivo que cuando te saludaban en Pal’s en tu mejor época, ves a gente que no has visto en años y lo único que se pide es pura y simple actitud de que te vas a gozar la noche. Así termines cantando Mamma Mia.

De repente mi recomendación no es buena porque hay veces que a mi me gusta lo tierrúo, pero yo gozo. Tanto que el sábado después de “salir a rumbear sin pensar en la cuenta”, intentamos pasar las tarjetas de crédito y no pasaban. Que te tiren un “refusée” en la tarjeta es el peor insulto a tu pea. Que tú y tus cuates se larguen escapados porque pasaron la tarjeta cinco veces sin balances positivos es un insulto a nuestro dios Johnnie (Walker). No fue escape correcaminos, pero de que no pagamos no pagamos y nos fuimos con el "dale, dale chola, arranca" propio de cinco pre-púberes en el robo de una Vespa, una Semana Santa aburrida en Terrazas de Guacuco.

La risa de la noche dio paso el domingo a los mean reds de Capote. A eso conclusión llegamos Ela, la homenajeada de la rumba y co-participe del “refusée”, y yo. Gozarse un sitio y encima robárselo nos quedaría muy Bonnie & Clyde de nosotros, y esos no son los personajes que queremos ser en Halloween. Te puede pasar en otros sitios en donde te tienen más confianza y no importa, vas al día sigueinte y pagas. Pero por alguna razón esta vez el pepito grillazo nos dio fuerte en la cabeza: había que ir a pagar la cuenta.

A todas estas, el remordimiento es porque queremos volver el fin que viene y el miedo era que nos regañasen y nos prohibiesen la entrada (noooo). Nos sentíamos como Jegny Carolina cuando la botaron del liceo pero había que enmendar lo malo. El lunes Ela me pasó buscando “con Roberto en su camaro” (no mentira, es que me salió Laura la Sifrina en la cabeza de repente porque el carro de Ela echa chispas cual Sierra del '88) y nos dirigimos hacia el Demon Bar. Cabizbajos como estábamos, hablamos de todos los posibles escenarios: regañada, botada, prohibición, pago penalizado o un “¿Quiénes son ustedes?” Todo podía pasar. Entramos por la puerta – los únicos en el local – y a Ela no se le ocurrió más nada que gritar “¡ayyy que bello, ya lo pusieron de Halloween!” Yeah, Ela not the time for the appreciation of interior decorating.

Los mesoneros, el dueño y la cajera sentados al fondo voltearon a vernos con cara de “yo te conozco, bandido”, lo que hizo que mi caminata fuese de Forrest Gump y la pasarela de Ela no fuese precisamente de Tropicana. Mi “Hola si buenas mire..” fue interrumpido por “Si, compadre como no la cuenta de Bs. XXX, aquí se la tenemos, disculpen que no les pasó.” El alivio de no habernos enfrentado con lo peor y que nuestro propio embargo mental de ir de nuevo al bar se había levantado fue tal, que casi que pedimos un whiskycillo ahí mismo. Sin importar que me negasen la tarjeta nuevamente mientras la cajera me enseñaba la cantidad de tarjetas, cédulas, carnets, y llaves (¿!?!?!) que la gente deja en sus loqueras. La volvieron a pasar y funcionó (thanks Bank).

Ya en el carro, Ela me dijo que los volvimos a estafar porque cree que pagamos un pelín menos de lo que debíamos originalmente pero demasiada bondad ya con eso que fuimos. No nos íbamos a devolver, cuando ya los mean reds se habían esfumado para siempre. Confesados con Johnnie Walker, amparados por el banco y congraciados con el Bar Endemoniado, podíamos regresar a la semana cotidiana en paz, sin sentirnos como el papá que compra la película pirata. A fin de cuentas, la rumba continúa en el fin de semana. Por lo menos hasta el próximo "refusée".-

Monday, October 27, 2008

The Mean Reds

“‘Listen. You know those days when you’ve got the mean reds?’
‘Same as the blues?’
‘No,’ she said slowly. ‘No, the blues are because you’re getting fat or maybe it’s been raining too long. You’re sad, that’s all. But the mean reds are horrible. You’re afraid and you sweat like hell, but you don’t know what you’re afraid of. Except something bad is going to happen, only you don’t know what it is. You’ve had that feeling?’
‘Quite often. Some people call it angst.’
‘All right. Angst. But what do you do about it?’”

—Truman Capote, Breakfast at Tiffany’s, 1958.

Sunday, October 26, 2008

The Hills are Alive

Maria Von Trapp takes the children on a
singing field trip to the Demon Bar.
Did we even pay?

Saturday, October 25, 2008

Mystic River


Mi mamá dice que los que viven en La Lagunita son unos maleducados.” Esto me lo dijeron anoche en Le Club y necesito llamar a la mamá de la que me lo dijo porque quiero cuadrar una hora de consulta con ella. ¡Es mi nueva ídolo! Hay pocos mantras que me iluminan en la vida, y que me hayan dicho eso en medio de un bullicio de gente, me confirma que uno no está tan loco como piensa. Me explico. Yo vivo en una zona pegada al Ávila. Pegadísima. No concibo montarme en un carro para ir a comprar el periódico, un pan de canilla o alquilar una película. Hablo con todos los barrenderos, los parqueros de los restaurantes y denuncié tantas veces la cantidad de choques en mi esquina que hoy mi propia madre me insulta porque el policía acostado que montaron como consecuencia, se asemeja a una muralla azteca (pero en mi defensa: 2 choques en tres años de montado, así que a las pruebas me remito).

Mi idea de vida es que se pueda salir a pie de mi casa y haya un kiosco cerca, que el señor del abasto te fíe o te cambie cheques (a las cinco de la tarde con los bancos cerrados, él es el mejor de los cajeros) y que la señora de la tintorería te devuelva a regañadientes, conjuntamente con el flux que mandaste a lavar, una bolsa plástica con siete yesqueros y lo que sobró de un cotillón que dejé olvidado en algún bolsillo. El poco francés que se habla es con el heladero de Martinica y en señas con el señor sordomudo que pasea a los siete perros de la cuadra. Esto es vida. El metro está a ocho cuadras que se caminan gustosamente y si bien, la zona se ha proliferado de comercios sifrinos, aquí se respira gente. Se maneja con gusto cuando las distancias no son caminables. A fin de cuentas la gasolinera está a pata de mingo.

El problema recae cuando te haces amigo de alguien que no vive por tú zona y sus aldeas perimetrales. Es decir, más allá de Mystic River. Cruzar el Río Guaire – Mystic River – y empezar a pasar túneles, subidas, montañas y hasta vacas para llegar a casa de otra persona, es un calvario. El problema no es manejar. El problema es manejar hasta allá. Quedarse en la cola del túnel de La Trinidad sin cigarros es como llegar por fin a Jardines Marvín y sacar la tarjetica que te manda derechito a la cárcel. La Infanta mi amiga vivía en una calle que se llama Islandia. Ir a su cumpleaños significaba hacer un paseo mental de paciencia, programar un horario, cargar el carro de cuanto CD remixeado tuvieses, y montar dos que tres Coca Colas y un sleeping bag por si acaso. A fin de cuentas, ibas para Islandia.

Salir con una niña que te gusta se convierte en un problemón cuando el love interest vive en zonas donde te tienes que poner un sweater en cierto momento. No hay nada peor que salir de tu casa, calarte una cola inexplicable (y con lluvia) a las diez de la noche en la autopista de Prados del Este, llegar a La Boyera y empezar a subir y subir y subir y subir por casas apagadas que no demuestran señales de vida hasta que por fin, con el carro a punto de recalentarse, llegas a casa de la niña en cuestión. La pinta exitosa la perdiste, la colonia que te pusiste desapareció entre el humo del tubo de escape, y el culo ni lo sientes.

La niña sale regia, ignorando tu propia travesía (y la introspección mental de “yo quiero, yo puedo, yo voy” que hiciste para llegar hasta allá). Se monta en el carro, sin siquiera darte un diplomita de “YOU MADE IT!” y de apreciar el gesto de incurrir en tierras foráneas. Sólo se limitan a decir “¿ves que no es tan lejos?” Provoca devolverlas. Todo eso, para lanzarse de nuevo por las siete autopistas, cruzar Mystic River y llegar a un bar que queda a un escupitazo de tu propia casa. No hay derecho. Porque después a las cuatro de la mañana, con unos palenques encima, tienes que volverlo a hacer todo otra vez. Te doy tu beso porque me excitaste toda la noche pero “yeah, honey this ain’t gonna work.”

Vivir lejos es una mala educación. No se le hace a alguien que “vive cerca”. Isa y Leo viven más allá de Las Marías. Y me odian y detestan porque yo jamás, en sus cuatro años de casados, los he visitado en su casa. Es que a mí me parece inconcebible que una niña, como Isabel, la que busqué toda su vida en Campo Alegre, que sabe lo que es caminar por una calle y comprar un pan de canilla que llegue calientico a su casa, se mude para algo que seguro son los restos de la Atlántida y me regañe porque yo no la visito.

Cuando la gente se presente debería decir, “yo vivo en algo que se llama Los Solares del Carmen”. Ahí tú dices “mucho gusto” y empiezas a gritar “¿Sebucán?”, “¿Los Palos Grandes?”, “¿Altamira?” a ver si aparece alguien que te entienda. Vivir en distancias separadas por un río es maleducado porque cuando a uno le dicen “estoy en el Centro Médico”, uno se monta en la Cota Mil con su ramito de cariaquito morado para visitar al enfermo. Y quedas como un pendejo, cuando llegas y te das cuenta que el imberbe que se rompió una pata imitando a El Puma, vive en La Tahona y lo que él concibe como el “Centro Medico” es el que queda en la Trinidad. ¡Joder!

Sinceramente. Es el colmo continuar con amistades lejanas o potenciales romances que se basan en “pero si no es tan lejos.” El amor y la amistad conquistan distancias; eso es cierto. Pero hay que pensarse mucho en eso de salir con alguien que vive más allá de Mystic River.-

Friday, October 24, 2008

I wanna be Bob Dylan

You know how you spread good in the World and good gets back to you? No, we would not know, would we? Because I don't even know if it was good in the first place. But I did something. A while back. Something. Without thinking. And it came back to haunt me. And it was so perfect that it scared me. For a moment. But now, alone, it scares me again. Non, je ne regrette rien... or do I? Time. How you punish me. Hootie why'd you leave with the one hit wonder? We counted on you for wisdom. Yet, time stands. Ticking. We can't all be Dylan's can't we? Or do we all need to watch the black haired Flamenco dancer to realize that Life is funky. Well, isn't it? Oh so you really have the answer? I'd like to know. It just can't all be all about Norwegian Wood. Birds must fly. Eventually. Y el Condor pasa. And we would all like to be there to see it soar. Even if just for a moment. Fire will always bring it back. That, we know.-

Thursday, October 23, 2008

Borat Texting Ping Pong

MAC from ¿518? and Toto from the Mad Hatter texting from different traffic jams in the city:

M: We should go have visky tomorrow, yes?
T: Ya, we should.
M: Yes, happy Thursday I go out school early.
T: Ah no learning of skinning rabbits and raping vomen in university?
M: No, tomorrow is just disco dancing and ping pong.
T: Or perhaps roller skating and later, how you say in American? Canasta.
M: I sink knitting and Rummy Q is better.
T: Scuba diving in kitchen sink and Georgian monopoly.
M: Play with G.I. Dimitri and Put the Tail on the Platypus.
T: Chase the moose and drown bastards.
M: Burn fence and shoot the prostitutes.
(......) Much later,
T: Dude, let’s just invade the damn village.
M: Ve ransacked it last veek.
T: True. Game over.-

Wednesday, October 22, 2008

Seguimos siendo como Linus

Anoche en casa de It’s Good to Be nos reunimos los colegas. Éramos ocho pero con esto de las barrigas, la cuestión se multiplica pues las tres mujeres estaban en estado (una a punto de explotar, una con cinco semanas y la otra de tres meses, negada a aceptar que va a ser madre). La verdad es que ya yo me rendí y acepté que ahora tengo una chorrera de sobrinos regados por el mundo. Con tal que me dejen fumar en una esquinita, yo estoy chévere. Jugando carritos con uno de los chamos (este si ya está nacido), me di cuenta que no soltaba una cobijita que se había traído consigo. Uno de esos pañitos de algodón blancos que Dios sabe por dónde ha sido arrastrado. Con la cobijita hicimos de todo: le inventé que era una montaña de nieve por donde pasear el carrito, después jugamos al fantasma y a los trucos de magia. El juego duró hasta que se me ocurrió ponerme la tela como Osama y con mi nariz de califa, logré asustar al chamo. So much por dárselas de payaso.

Después de un rato el chamo se acostó al lado mío en el sofá, arropándose con la cobijita para más o menos dormir. Eso de siesta cuando la gente grande dice “coño” no le apetece ni al más imberbe de los bebés. Pero yo lo veía con esa cobija y pensaba que eso es sencillamente un objeto con el cual él se siente cómodo. Y todos tuvimos de chiquitos algo con el cual nos sentíamos seguros. Algo que huele a casa, aún cuando estamos lejos de ella. Ya sea una almohadita, un chupón o un par de pistolas de vaqueros (se han visto casos), los niños le hacen honor desde temprana edad al lema de esa tarjeta de crédito que reza: “nunca salga sin ella”. Ya de grandes, nos acordamos de ese peluche o esas sabanas de colores que nos acompañaban a todas partes. Nuestro propio Puff the Magic Dragon, sea lo que fuese, agarrado fuertemente de una mano mientras le dabamos la otra –achocolatada y llena de escombros en una era pre-Purell – a nuestra mamá.

Revisando un par de fotos que he tomado últimamente me detuve en una que tomé de mis zapatos. Para que yo me compre un zapato tiene que ser porque los otros se me rompieron o, como suele suceder, me los botan en mi casa. El par que tengo los uso todos los días. Me encantan porque son propiamente míos. Son quien soy; quien yo quiero ser ese día. Sin trenzas que se desamarran ni lenguas de Velcro porque ya no estamos para ponernos zapatos de Mazinger Z (aww). Prácticos, cómodos, sucios, campamenteros. Eso zapatos son mis pantuflas adonde quiera que vaya, no importa cuántas mujeres me hayan criticado por ellos. No sé si me dan una sensación de seguridad pero son tan una parte esencial de cómo me visto y como camino que no es mucha la diferencia entre ellos y lo que siente el chamo por su cobijita.

Es que las cobijitas no cesan de existir a medida que crecemos. Los que somos "grandes", no dejamos de continuar con esa manía de aferrarnos a algo para sentirnos seguros. Hay gente que no puede concebir la idea de apagar un celular. Ni en el cine ni mientras duermen. Una estampita, un cuaderno, una foto o una medalla con las que nos identificamos plenamente y nos recuerda a algo. O nos hace pensar en algo. Mi mamá puede morir si sale de su casa sin el estuche de maquillaje, mis hermanos sin los anteojos de sol, y varios que conozco no les cabe en la cabeza que yo no use reloj. Cosas materiales a las que nos apegamos por costumbre porque en su momento nos parecen útiles hasta que llegue otro objeto que derrumbe el paradigma de su seguridad. Estamos muy lejos de cobijitas y chupones, pero la verdad es que estamos más cerca de ellos de lo que creemos.-

Tuesday, October 21, 2008

¿Se puede empacar el orgullo?

Estoy seudo aplicando para un trabajo que me ha llamado la atención desde que tengo veintiséis años. Eso es correcto: seudo. Porque de aquí a que verdaderamente mande la aplicación, las cucarachas dirán “bueno ya es como hora de extinguirnos de una buena vez”. El problema, por primera vez, no soy yo sino de la organización. Pasaron años en desacuerdo sobre si lanzaban el programa para el año que viene. Luego, Venezuela no apareció como país representado al año siguiente. Este año, me mandaron a esperar para “después de agosto de 2008”, en letras rojitas. Por fín, a finales de octubre, se dieron cuenta que ya no es agosto y abrieron las candidaturas. ¡Faltaron las señales de humo!

Rellenar la planilla de inscripción es fácil. La dirección es mi casa pero la dirección donde me vas a enviar las comunicaciones es un P.O. Box que compartimos la mitad de mis conocidos y yo porque si me llegas a aceptar y me mandas una carta, verdaderamente no van a existir las cucarachas. Estado civil: viuoltero, porque a pesar de todo, sigo medio enguayabado. Estudios: dame otra hoja por favor; experiencia: desde promotor hasta abogado. Actividades extracurriculares: ver anexo mi estado de la tarjeta de crédito. ¿Cómo puede probar Usted que habla ingles?: teléfono de Miss Salgo, mi first grade teacher (hi Miss S!), todos los book reports de “The Great Gatsby” que le hice a La Gorda sin haberme leído jamás el libro y un diploma que conseguí de Kinder que dice “Juan can count to ten!”

Toda esa parte es facilita. Lo difícil es cuando vienen las preguntas de ensayo. A mí la verdad no me ha sido difícil eso de escribir un ensayo. Pero cuando de la respuesta a la pregunta concreta depende tu futuro, no te la puedes dar como las misses y decir que con ese postgrado piensas ayudar a todos los niños del mundo. La clave está en pensar – y esto es free advice para los próximos que me pidan ayuda en esto – que hay 10,000 imberbes como tú queriendo aplicar para el pupitre 27-8 del salón A-512 de la Escuela de Derecho de Oxford. ¿Qué te diferencia a ti de los demás imberbes? ¿Por qué vale la pena que tú hagas ese postgrado o apliques a ese trabajo? Mucha gente no entiende esto, no he descubierto el por qué, pero por primera vez en la vida tienes que escribirte (y describirte) como si fueses la persona más sexy del mundo. Para mí, sexy es una persona que sabe exactamente lo que quiere y sabe que tiene todo para conseguirlo. No vale ser como alguien dijo alguna vez de alguna prostituta: “she’s fabulous, but forgettable.” Ser olvidable, es perderte del juego en el intento.

Pero la verdad es que contestar la pregunta adecuadamente es difícil. A mí me toca responder: “¿Qué logro personal le ha producido a Usted una sensación de orgullo?” Tengo días pensando en lo que voy a escribir y en lo que verdaderamente quiero escribir. Porque de escribir basta y sobra con describir la sensación que sentí al ver al Maracucho parándose a recibir un premio. Sorry Maracuch, siempre te pintamos como si fueses un retrasado. Pero es que de verdad ese momento resumió absolutamente todo. Eso fue “Meet the Titans” se coje a “The Great Debaters” y termina con una moqueada de “August Rush”.

Eso es lo que debería escribir. Ahora, lo que quisiera escribir - sin que tenga mucho sentido porque escribo sin pensarlo mucho - sería algo como lo siguiente:

"Mire, orgullo, orgullo personal se tiene que achantar unos añitos porque yo me imagino que el día que yo cargue a un chamo que sea producto mío, ahí verdaderamente voy a sentir esa sensación que Usted me pide. Ahora, si no se valen trances a futuro, bueno mire poder hacer una maleta sin que se me arrugue la ropa es algo de lo que yo estoy orgullosísimo. No hay nada más fastidioso que andar por la vida arrugado, por lo que hay que saber meter las cosas que uno va a necesitar en el futuro con precaución.

Porque esa maleta que me he empacado en la vida señor, ese orgullo que yo llevo por dentro, me ha dado un par de traje de baños con el que he podido enseñarle a alguien a lanzarse de cabeza a un rio. Y enseñarle algo a alguien, sobre todo como ubicar la cabeza, es lo máximo. Esos mismos trajes de baños me han llevado a lanzarme en benji, lo cual constituye todo un acto de introspección a la hora de hacerlo. Lanzar piedras encapuchado con blue jeans, no tanto. Es que esconderse detrás de una camiseta sudada no da la misma sensación que protestar públicamente pero ese temita está como trillado en una tierra en donde todos nos juramos héroes, por lo que no creo que mi orgullo personal vaya por ahí. Y tampoco cuenta eso de tener un millón de amigos en Facebook, señor porque eso lo único que prueba es que aquí en Caracas a uno le encanta sacar de su maleta una pijama y sentarse a gozar de la criticadera. ¡Vaya si yo le contara!

Sacar de la maleta un par de zapatos de gomas y subir a Sabas Nieves haciendo el mismo tiempo que cuando tenía quince, da una sensación de orgullo paradisiaca [mojón: son dos minutos más, pero el que se lee el ensayo no sabe eso]. Y ponerse un blazer, sabiendo que lograste que todos tus panas se pusieran de acuerdo para por fin salir a una discoteca sin pensar en los chamos, vale más que darle una planchada de vapor. Más aún si insisten en tomarse unos shots con llamas. Es que nada de la indumentaria formal vale en esta vida señor, si no se saca de la maleta la actitud que uno lleva por dentro. Animar un matrimonio en Caracas uno solo, no está fácil. Tampoco lo es sacarse un pasaporte. Porque cuando uno se desanuda una corbata después de defender una tesis o sale de una cola de tráfico un lunes a las seis de la tarde, no puede sino sentir eso: orgullo de poder volver a meter la corbatica en la maleta. Y si no es orgullo, entonces es un alivio. De esos efervescentes como el Alka Seltzer.

Quizás el gorrito no lo lleve en la maleta porque lo llevo en la cabeza. Señor, Usted no se puede imaginar lo que es aprenderse “We Didn’t Start the Fire” y saber exactamente de qué se trata cada evento que ahí se canta. Tanto como aprender a balancear cuentas en Excel. La mitad de la gente que lo pone en su curriculum no tiene idea, créame. Navegar un barco con las cholas que meto me parece chévere, pero me contento más cuando termino de subir la subida de Los Naranjos y me puedo poner mi sweatercito. Doblarse las piernas como un Buda en yoga y salir corriendo en carrera podría contar como orgullo, pero la verdad es que ya me está doliendo y meter el Ben Gay en el bulto es algo que siempre se me olvida.

Agarrar unos shorts y jartarse una pizza margarita uno solo es algo de lo que me siento orgulloso. Y para mí no es fácil porque yo soy flaquito. Eso de comerme tres arepas en Gran Horizonte a las cinco de la mañana, como los demás (y las demás) no puedo hacerlo pero si Usted me manda un e-mail y me dice que con eso entro, yo le juro que me atraganto y me convierto en paté. Poder echar una conversa honesta con la mamá y el papá de uno en una playa en Margarita, con un paño mojado envuelto en la cintura, es como saber que tienes toda la música que quieres en el Ipod. La sensación es exactamente la misma: placentera porque sabes que vas a estar entretenido de alguna manera.

Y llegar por fin de mochilero con tres mudas a la Gran Sabana o subir el metro y ver Paris con tus reales, ay señor yo sé que otro le diría que comprarse el Bulgari fue lo mejor que hizo con sus dinero pero cuando yo subí esas escaleras y llegué al Boulevard de Víctor Hugo, mire ni Thomas O’Malley fue tan feliz, el saber que por fin había logrado mi sueño. ¡Eso, señor! ¡Ese es mi orgullo personal! Poder hacer una maleta, sin arrugarme los planes y escaparme por ahí a ver y descubrirme. Porque no hay nada que me dé más orgullo que ver por la ventanita del avión cuando uno llega a Maiquetía a su tierra amada y querida. Ves puro rancho, pero da la sensación que estás en casa. Y señor, los chechenos no tienen casa, por lo que se podrá imaginar lo orgulloso que uno se tiene que sentir que sí la tenga. Así me devuelva a la mía con la maleta toda arrugada porque no me caben los recuerdos que traigo adentro".-

¿Ganó la unidad?

El pasado domingo hubo una consulta para escoger un candidato unitario en el municipio Chacao. Yo no asistí porque desde un principio me molestó la sola idea de tener que hacerlo. Me llamaron varias veces ese domingo para que “no se me olvidase votar” y a todos les di la misma respuesta: “es que no se me va olvidar votar, el 23 de noviembre”. Algunos me entendieron, otros trancaron el teléfono y otros – los que saben que yo no me pelé ni las parlamentarias porque en ese momento eso de no votar sí me pareció un error – me preguntaron por mis razones.

Mi problema es que ando molesto con Chacao. Si en algún municipio todavía tenemos el poder de escogencia, es precisamente éste. Si en algún municipio en Venezuela no tenemos que preocuparnos por escoger a dedo a algún Mesías que nos venga a salvar, es éste. Venga quien venga, lancéese quien se lance, aquí todavía podemos vivir ese conceptico ultrajado que se llama la democracia. Porque no estamos ante peligros inminentes como en otras latitudes del país donde no se puede competir libremente con una maquinaria revolucionaria. Aquí caben los espacios para todos, venga la Barbie, el Muchacho con los afiches de Pert Plus, "Lina"ana (amiga que photoshopeo te echaron en los carteles) o el señor Hegemonía. Y, el 23 de noviembre podremos escoger dentro del abanico, a aquel candidato cuyos ideales y valores se asemejen más a los nuestros. ¿Qué otra alcaldía o municipio de este país se puede ufanar de tanta libertad de ejercicio? Pobres aquellos que no tienen esa opción.

El pretender escoger a un candidato de unidad en este municipio no es una solución. Es una hegemonía. Y nos batimos contra el suelo cada vez que nuestro Señor Presidente nos habla de pluralidades porque sabemos que estamos ante una de las hegemonías más grandes de América Latina. Se tiene la decencia de no referirse a aquello como monarquía, porque hasta en los otros bandos suena a "oligarquía". Y si de oligarquías estamos hablando, entonces es ese el problema en Chacao. El grandísimo problema de Chacao es que sus más altas autoridades no están dispuestas a perder la alcaldía. ¿Y quien dijo que la pierden? ¿O es que apelaron a los índices de brutalidad ciega para saber que aquí no se pierde nada? Gracias a Dios tenemos materia gris con que pensar y saber distinguir lo que es bueno y lo que es malo.

Los candidatos que están en la palestra tienen todos los errores del mundo. Algunos reprochables y otros perdonables. Pero todos tienen planes constructivos que comulgan con lo que un vecino de Chacao quiere para si mismo. La cuestión está en escoger al mejor ¡Por eso vivimos aquí! Los vecinos que no asistimos el domingo a la consulta “por la unidad” no votamos por ir en contra de Emilio Graterón y aquellos que comulgaban con la idea de escoger a un candidato único. Nos abstuvimos porque asistir a votar era decirle NO a la idea de la democracia la cual hemos mantenido en todos los años que tiene este municipio de creado.

Es una farsa leer el periódico hoy y ver que la propaganda alusiva al tema se ufana que el 76% votó por Graterón y que “Chacao decidió” el domingo pasado. Una elección de padrino de promoción en una cafetería. Digamos las cosas como son. Las seis mil personas que asistieron tienen su merito porque creyeron en eso de la unidad. Pero hubo otros setenta y un mil electores que no asistieron. Pudo haber sido la ignorancia o la falta de interés pero creo que más peso tuvo la falta de convicción con la idea de escoger a un Mesías para medirse contra si mismo. Y con esa idea no se juega. Por lo menos no en este municipio. ¿Que con ello se demuestra que en Chacao no hay unidad? No. Lo que se demuestra es que hay pluralidad. Y mejor vivir en un país donde todas las ideas sean aceptadas, que someterse a hegemonías- independientemente de la intención que tengan.-

Monday, October 20, 2008

Sunday, October 19, 2008

En una fiesta anoche

- Yo soy amigo de todos los insoportables de Caracas. Es la única gente que me cae bien.
- ¿Chamo, y cómo te caigo yo?

Scavenger Saturdays

Hay días que son de Mary Poppins en crack. Ayer fue uno de ellos. Esas tardes en donde no te basta esperar a la juerga de la noche sino que tienes que salir a gozarte el día. Hace tres semanas, Miss Alice publicó en su blog una lista de órdenes que Eleanor Rigby debía seguir al pie de la letra para tener un feliz cumpleaños. Una lista llena de trivialidades mundanas como tomar agua de una manguera, sacarle la lengua a un extraño, lanzarse a una piscina con ropa, abrazar a alguien que se auto confiesa “inabrazable”, y no pararle a las alergias ni a la dieta y comerse esa pizza con doble queso.

A mí se me ocurrió que sería una tremenda idea, el gastar las horas de un día completo haciendo todo lo que estaba escrito en la lista. El catch era tomarnos una foto de cada cosa para así poder regalarnos el recuerdo de un día genial. Con la complicidad de Miss Alice, la cámara de Miss Alice y la piloteada de Miss Alice (antier me dijeron: “Toto es tan vivo que siempre busca que lo manejen”), procedimos a tocarle el timbre a la ex–cumpleañera y secuestrarla. E.Rigby abordó el batimovil de mala gana, pues la habíamos buscado en el momento en donde estaba “más ocupada” (seguro haciendo pócimas o conspirando contra el mundo) y decía no tener tiempo de nada.

Pero todas sus angustias de doña post-adolescente se le borraron cuando le entregamos una bolsa de regalo usada para que ella pudiese “romper papel de regalo como se debe” según decía la lista. Adentro, estaba simplemente la lista de cosas que teníamos por hacer y así, oyendo “Naaa cigüeña bababaristbaba” del Rey León (había que aprenderse una canción imposible), nos encaminamos a tener un gran día. Nos fuimos primero a la comarca de los Acedo en donde seguramente habría alguien que odie el contacto humano and sure enough there was. Manuel hizo su parte de cavernícola odioso con tanto gusto que se merece cien abrazos más.

Después, nos paramos en una panadería para cumplir cuatro cosas: hojear revistas de corazón porque no se podía hablar de política, comer chocolate negro, soplar una torta de cumpleaños, y lanzarnos una pizza (esperando que la cara de E.Rigby no se brotase de la alergia que le da la masa). Cantando cumpleaños a todo pulmón, se nos unió otra mesa en donde estaba otro cumpleañero. No se nos ocurrió decirle que nosotros estábamos celebrando un fake birthday pero ahí abrazamos a todo el familiero igual como si fuésemos de toda la vida.

De ahí nos fuimos al San Ignacio donde procedimos a regañar a la piloto Miss A porque ella se niega a bajar hasta roca madre a encontrar un puesto (women!). Hablando francés, y sacándole la lengua a guardias extraños, observé desde la ventana de una peluquería como a E.Rigby le pintaban la uña del dedo de la paloma del color más funky que había.

La lista también decía “try on a killer dress” pero decidimos que era mejor probarse el peor vestido de todos. Montándole un cuento chino a la señora de la tienda, le dijimos que la niñita Bernárdez (aka E.Rigby’s nombre de la jai) estaba buscando un vestido que le “resaltase el busto” para el civil de su hermana en un mes. E.Rigby no se tripeó mucho esta parte porque le sacamos un vestido digno de Miss Peninsula de Paraguaná pero debo decir que Miss Alice jugó su papel a la perfección: “gooorda, regio!” y tomándole fotos para que “tu mami lo vea porque te queda fantabuloso.”

La próxima actividad la hicieron Miss Alice y Eleanor solas porque yo decidí sentarme a contemplar la tarde (termino cursi para decir que me quería fumar un cigarro). Se montaron en un ascensor y marcaron todos los pisos, en donde procedieron a contarse un secreto que no se habían contado, voltearse y flashear a toda la ciudad, y reírse con la carcajada más grande del mundo (que no es fácil). Yo mientras tanto me encontré con un amigo, el cual se las presenté cuando bajaron y Miss Alice le pidió que si podía darle un beso a Eleanor Rigby, como ordenaba la lista. El amigo sintiendo la pronta presencia de su novia, educadamente declinó la oferta. Llamamos a Tommy que no había llamado a E.Rigby el día de su cumpleaños para insultarlo según las ordenes; we doodled and drew y tratamos de jugar Monopolio en Tecniciencia pero con todos los libros y juegos forrados como maleta niche en aeropuerto nos fue imposible.

Ya listos para partir quedaba solo una cosa que podía hacerse en el centro comercial: fuck beauty parlors. Mi idea era que Rigby le pintase una paloma, lo más discretamente posible. Pues el demonio le entró y con todas las ínfulas de vengadora por los kilos de cera en las piernas, procedió a sacar los dos dedos y mentarle la madre al local. Lo cómico es que fue justo en la peluquería de abajo donde transitan los carros y los peatones y todo el mundo juraba que era con ellos. Desde el que secaba el pelo, hasta el taxista, hasta el tipo del kiosco y las mamis peatonas empezaron a gritarle “eyyy eyy ¿Qué te pasa?” Yo huí por la izquierda pensando que la Rigby se había metido demasiado en el personaje pero valió la pena estar ahí para ver la incomprensión humana de la arrechera de esta niña.

Nos faltó tocar el piano, lanzarse a la piscina y que E.Rigby le diese un beso a alguien. Rigby dio algunas sugerencias sobre este último punto pero Miss Alice, como la mejor de las madames, tenía otros planes en mente. No se dio por cuestiones de tiempo pero si hay alguien afuera que anda tras la B-Dark le alertamos: ¡solo le faltó ese beso! Mientras pagábamos el ticket perdido y veíamos las fotos, no podíamos parar de reírnos. ¿Quién hubiese pensado que algo tan mundano como una lista de cumpleaños nos regalase, por un par de horas, el mejor de nuestros días?

The Plotters of the Day: Mischief managed!

Saturday, October 18, 2008

Thursday, October 16, 2008

Absurdidades

Así es. Así me siento. No hay derecho que tengo marcando los días en el calendario para hoy y no puedo ir. El infernal tráfico me dejó metido en un carro por media hora entre mi casa y la cuadra contigua. Por cierto, a las estaciones de radio antes de la cadena presidencial: ¿no hay otra canción en su Ipod que no sea "Absurda Cenicienta"? Cuatro veces la pasaron como si ese fuese el himno de todos los conductores que saben que no van a llegar a tiempo a nada.
Después de hablar carro a carro con la vecina de al lado (a alguien hay que caerle), decidí tomar la retaguardia y devolverme a mi casa para esperar que el tráfico "bajase". Craso error. Dos horas de ver por mi ventana a los sufridos conductores cornetear como si eso hiciese un efecto mágico.Consideré incluso abrir un kiosco de mamón y jugo de tamarindo como cuando uno era chamo pero decidí cancelar mis dotes de microempresario.

Harto ya de la espera, y viendo que la cola ya no me estaba trancando el estacionamiento, me volví a poner mi corbata. ¡Oh sorpresa! Mi carro se quedó accidentado a los diez nanosegundos de caer en la misma cola de tráfico. Con el flux estrujado y la corbata llena de grasa, pude retroceder la carcacha (porque hoy el apelativo de carro no te lo mereces) y a duras penas logré estacionarlo de nuevo en su puesto. Así que aquí me encuentro. Escribiendo imbecilidades. Porque no tengo más nada que hacer sino lamentarme que me perdí de ver a la Villa Planchart.

Hay que hacer algo urgente con el tráfico de esta ciudad. Ahora que lo pienso, la Cenicienta era tremenda gafa. Cualquiera se hubiese montado en un taxi y se hubiese ido al bonche, escapada. Por lo menos ella no vivió en Caracas donde los ríos de tráfico hacen que hasta un taxi sea completamente pointless. Y uno aquí pelándose su bonche porque son las nueve, el evento dura hasta las diez y todavía, a lo lejos, se oyen las absurdas cornetas.

Someday Villa... someday.-

My Role Model

Anoche, entre el ir y venir de los vinos, salió a relucir este cuento. Un Don de unos setenta años esperaba diligentemente con su nieta en el estacionamiento del Centro San Ignacio a que uno de los carros saliese para él tomar su puesto. Ya preparándose para estacionar, una de esas mamirruquis abusadoras se aprovechó de la lentitud del viejo y flagrantemente le robó el puesto.

El señor bajó su ventana con cara de incredulidad mientras la señora se bajaba de su carro. Al ver que el don estaba molesto, la señora se le rió en su cara y le dijo “Ay papá, bienvenido al país de los vivos”. El viejo, ni corto ni perezoso, adelantó, puso su Mercedes en retroceso y con todas las ínfulas de Rambo aceleró, chocándole el carro a la señora. Volteando a ver la cara de quinta finalista de la abusadora, el señor le dijo: “Se equivoca, Señora. Bienvenida al país de los ricos.”

Yo quiero ser él cuando sea grande.-

I Saw the Sign

Señal que la salida de un matrimonio en Caracas es mejor que su llegada.
Señor Director disponga Usted de las cámaras.-

Wednesday, October 15, 2008

Of Spaghettis and the Bella Notte

La Chuna es una perra. Literalmente. Llora, chilla, se queja, siempre busca que la consientan y le da celos cuando uno juega con otras perras. A diferencia de las humanas que conocemos que incurren en este tipo de comportamiento, la Chuna es una beagle. Que ella se jure la encarnación tridimensional de la perra de los Darling en Peter Pan (la que servía el remedio) ya es otra cosa. Llegar a casa de mis primos y ver a esa cosa peluda, llorar de la emoción que llegaste como si fueses Sting, no tiene precio. Las sobadas rigurosas en la barriga y posteriores susurros en su oreja de cómo ella es “la perra más belliba del mundo” la hacen creer que ella es la más intrigantes de las Odaliscas. O una consentida como la Olimpia de Manet.

Mis primos se han pasado en el consentimiento. Gorda como está por exceso de galletas y falta de ejercicios, ya no puede volar hacia las ventanas como otrora hiciera cuando un carro se aproximaba. Ahora solo sube las patas en el sofá en que te sientas, en la esperanza que le susurres algún chisme al oído. Porque estamos convencidos que la Chuna oye. Y juzga. Nada tiene que envidiarle a las conversaciones humanas que se suscitan en el camino al baño de damas de un matrimonio en La Esmeralda. Ella sabe quién es fiel y quien se desvive por ella. Se siente sexy, sin saber en su pensamiento perruno, que así lo llamamos nosotros los humanos.

Los perros no tienen momentos especiales. Su día se traduce en acostadas en camas, sobadas ocasionales, paseos apurados y merodear la cocina en la espera de su almuerzo. Los humanos, la raza más niche del reino animal, insistimos en que esto no es tan así. Allí están los casos de perros disfrazados con chaquetas de Harley Davidson (concedemos, estos casi siempre se los ponen a un desafortunado pug), sweatercitos y sombreros de Party Depot para celebrarle el cumpleaños a la bella “Pelusa”. La época del Mundial constituye momentos de tensión para la raza canina. Adornados con bandanas alusivas al equipo del momento, son relegados a segundo plano mientras su dueño grita despavorido a una caja que hace ruido. Ellos menean la cola cuando oyen algo como “goool” pero con el tiempo aprenden a aborrecer el nombre Messi. Después están los poodle. Genero en el cual preferimos ni comentar porque pueden ser heridas algunas susceptibilidades.

El único momento especial, creemos nosotros los humanos, es cuando perras como la Chuna están listas para casarse. Esto lo decidimos nosotros, sin importar que la perra tenga seis meses fornicando con la almohadita de la abuela Margot. Claro, siempre está la mamirruqui de las perras. Esa no espera a que Anita la de "Los 101 Dálmatas" se tope con Roger. Esa se pega a una reja y copula con el primero de los vagabundos que ronde la comarca. Pero por lo general, los humanos tenemos el poder de la castidad de nuestros tesoros.

La revista Estampas está plagada de anuncios de “Bobby busca novia” o “Kitty busca compañero”. Una amiga de mi papá dice que desde que los sociales se ennicharon, estos clasificados y las esquelas de entierros son las únicas columnas que merecen la pena ser leídos. Escritos con esmero, venden al perro macho como un ser activo, viril y participativo que se asemeja a los clasificados del gigoló de turno. Las perras por lo general, no las venden tan prostis. Cariñosa, coqueta y juguetona son los términos más empleados (sí, mentira es medio prosti la cuestión).

Robin fue divisado una tarde en que la Clonquis (dueña de la Chuna) vio desde Outback Steakhouse a un “tipazo” como lo definió ella. Salió corriendo como una fan de Servando y Florentino a cazarlo, dejándonos al Junip y a mi atónitos que la Clonqs fuese tan frontal en la caza de hombres (“that whore, Anne Boleyn”). Cuando volvió, llegó extasiada. Se había conseguido el teléfono de Robín. “Hood?” preguntó el Junip. "No, bobo" dijo la Clonqs y sacó su BB para enseñarnos la foto que le tomó: “Miiiiren que bellooo.” No era un tipo lo que había cazado. En la foto salía retratado un beagle con la porte que ella quería para cuando su Chuna cumpliese la mayoría de edad (termino cursi de la raza humana para poder desvirgar a nuestras perras).

Un año exacto después, la fecha de copulación se dio. Como la corte en Versalles, los respectivos dueños de la Chuna y Robin se reunieron frente a la cámara del Rey – el vulgar jardín – para dejar que sus retoños se conociesen. Por lo general, la gente deja a los perros “do their business”, pero mi familia no es como las demás familias. Nosotros no creemos en eso de que uno no tiene vela en este entierro. Para eso, siempre nos llevamos nuestra propia linterna. Y así mientras Robin se montaba encima de la Chuna, y ésta lloraba despavorida como la violación de las Ursulinas, el tras bambalinas humano sucedía.

Mientras la abuela de Cúa, sabia como es ella, gritaba desde la más alta torre que a los perros no se les puede ver cuando tiran porque no sale la camada correcta, la prima Coqui quien también está en estado, se alegraba porque su hijo y la de la Chuna iban a ser BFF’s. A Cousin Gus se le grababa todo el episodio por BB, pues las llamadas desde Nueva York para saber como iba la cogida eran cada vez más insistentes. La Tía Mamá creaba el ambiente, atenuando luces y sacando cuentas de cuanto se iba a meter con la camada de ocho (la Tía Mamá saca cuentas para todo. Con corchetes y demás). Amelia, la cocinera, preparaba tequeños para el dueño de Robin, quien se vio forzado a quedarse so pena que los Locos Addams le pusieran la mesa de espagueti a su perro y si el Tío Papá no hubiese estado en la oficina, seguro le pone un poco de Barry White para amenizar el asuntacho.

Finalizado el acto después de tres intentos, la familia salió corriendo a congratular a La Chuna como novia en sinagoga. Poco importaba que el Robin siguiese pegado cola con cola, muerto de dolor. El descorche de botellas por el connubio no tuvo nada que envidiarle al anuncio de cualquier primogénito en la familia. Al Robin lo despacharon más rápido que inmediatamente, y a la Chuna le sirvieron el mejor steak tartare de la ciudad. Para diciembre bajo el lazo de moaré del pino (todo un clásico que ya comentaremos), esperaremos a la camada en una noche de narices frías. No son los resultados de las elecciones lo que esperamos con ansias. Más bien si tanto puje por una noche de sexo valió la pena.-


The 7th Sistah!

Tuesday, October 14, 2008

Referencias disponibles previa petición

Hoy fue la graduación de la I Promoción de Mesoneros en el curso de instrucción y aprendizaje para el mejoramiento del servicio, en el que he venido trabajando como profesor de Cultura General. Fueron tres meses de hablarles a mis estudiantes de historia universal y de todos los fun facts que se me pudiesen ocurrir para interesarlos a aprender más sobre todo. Mi jefa dice que solamente me faltó hablarles de Quidditch y de mecánica. El acto de graduación fue mejor que el mío en el colegio. Presentaciones, discursos, diplomas, y hasta guest speakers al mejor estilo J.K. Rowling sobre las oportunidades de ofrecer un buen servicio en Venezuela.

Me encantó que a los graduandos no los llamaban solamente por su nombre, sino que daban unas palabras sobre las cualidades que esa persona tenía o había aprendido durante el curso. Al final dos de los mesoneros se llevaron el mejor premio de todos: una escultura en forma de estrella simbolizando lo mucho que se habían destacado en el curso, y una estadía en un hotel en Madrid para aprender más sobre el negocio del servicio. ¡Quisiera yo haberme ganado ese pasaje a España!

Por alguna extraña razón me entró una sensación que ya he vivido en momentos anteriores y que había olvidado por completo. El último día de campamento, cuando ya me había despedido del último mocoso viéndome por la parte de atrás de una Wagoneer y el final del acto de ceremonias en Harvard cuando ya mis chamos estaban arriba en sus cuartos celebrando sus triunfos y yo afuera en la calle, fumándome mi mini cigarro de éxito. Es una sensación de orgullo y de incertidumbre. Mi trabajo ciertamente ha terminado, y creo que lo hice bien. Pero no puedo dejar de pensar, sin ser nostálgico, que me va a hacer falta.

De repente es la costumbre o el hacer cosas que te encanten hacer. Y eso me pasa con frecuencia. Todo lo que he amado hacer en la vida se acaba demasiado rápido. Lo inusual fue que esta sensación de hoy, la viví con un trabajo de “gente grande” y no una actividad extracurricular universitaria de generación de talentos o un deseo adolescente de caminar en cholas por un bosque y poder enseñarle el valor del aprendizaje a unos chamos.

Lo sentí recogiendo unas cajas después del brindis y lo sentí cuando cada uno de mis alumnos se acercaba para decirme algo o intercambiar números para llamarme “para lo que sea”. Inseguros de no volver a vernos, incapaces de saber si lo que aprendimos fue algo más que cultura un martes cualquiera, pero felices porque lo que fue un aprendizaje para ellos, para mí fue un logro. Que esa misma sensación la haya sentido en un campamento o en una noche en Boston, me perturba. Is this me still being a kid or can you really feel these things when you grow up?

Ahora, porque no decirlo, me siento agobiado. En espera de la materialización de nuevos proyectos que vienen en un futuro próximo, me encuentro en desempleo. Porque a esta edad, no se le puede llamar “vacaciones” a algo que no es. Y me aterra encontrar un trabajo de matas plásticas y luces de halógeno que no me permitan experimentar esas sensaciones. Bumeran y Perfilnet andan en la búsqueda de analistas contables que maximicen ventas, no de contables analistas que maximicen aprendizajes. El trabajo de gerenciar, coordinar e instruir a otras personas mediante la comunicación y la escritura está allá afuera. ¿Por qué, entonces, no puedo encontrar el clasificado en donde está?-

Manolita and Toto at Tea

Scenario: Manolita thanks Toto for the millionth social connection related favor he has done for her since they met in the yonder years of the Paleozoic Era.

MZ: ¿Qué haría yo sin ti?
T: You would ultimately succumb to the unfathomable depths of alcoholisms.
MZ: (ponders for a while)....You know? That would be terrible. Not because of illnesses and moral implications, but because I am such a boring drunk.

What I learned today: I appreciate honesty in all my women.-

How to watch Lawrence of Arabia

Lawrence of Arabia (1962) had to be watched in two nights. That’s just how long it is. Yet the duration of the film makes up for the fact that we, the popcorn munchers, are viewing a film that stands the test of time and constitutes an epic by its own right. How strong an epic can be told when we watch it a second time. Once seen the first time, it takes another sitting to let all of its grandeur sink in.

I sat down to watch the movie knowing absolutely nothing about T.E. Lawrence nor of the events that surmounted his greatness. As such, the empowering soundtrack and the complexities of Peter O’Toole’s character made it difficult for us to understand the plot. Not to mention being awestruck by the arid scenarios and the immeasurable amount of extras, camels, horses, two lambs and one woman (yes one nurse with no dialogue). This is not a love story nor a romantic expedition. This is an action packed adventure of a stranger in a strange land who decides to make the conquest his own. And the complexity that evolves throughout the plot is that one is enraptured by the transformation of Lawrence as he goes from unabashed cockiness to famed greatness and from then on to humiliation, resignation, triumph and obscurity.

There is a great piece of dialogue in the scene that we thought greatly explained the complexity of Lawrence’s personality.

T.E. Lawrence: I killed two people. One was... yesterday? He was just a boy and I led him into quicksand. The other was... well, before Aqaba. I had to execute him with my pistol, and there was something about it that I didn't like.
Allenby: That's to be expected.
T.E. Lawrence: No, something else.
Allenby: Well, then let it be a lesson.
T.E. Lawrence: No... something else.
Allenby: What then?
T.E. Lawrence: I enjoyed it.

It is highly recommended that the film be watched after reading a small synopsis of the plot, so that one doesn’t worry about the names and the historical context and may concentrate on the sceneries and the superb dialogue. If you can see a map beforehand it will also solve much of your problems because most of the times we just followed Lawrence around like as we were following Moses to the Promised Land. Or have someone like Igor, who actually knows about the Middle East, sit down and watch it with you. He does not mind you pausing the film every five minutes to ask why the hell are they going to Azkaban (Aqaba). It is also amazing how the film is cut, be it through visual images or through overlooping sound from the next scene. There is a scene when O’Toole blows a match and the scene cuts directly to the rising Sun in the Arabian desert. We see many of them these days (think of the opening sequence of “The Lion King” when the song “Circle of Life” ends and it cuts directly to the opening title). Yet, as I understand it, this was one of the first times this technique was actually employed.

Do make sure you watch the documentary of the making of the film afterwards. It gives us amateur viewers a glimpse of what the director had in mind, the importance that the film was restored to its original length and the explanation of the turmoil’s that Lawrence passed through (he shied away from fame, but could not live without it, to paraphrase a comment made) and the necessary lesson that we remember this man, not for what he was to ultimately fail to achieve. Rather, why he failed in doing so. For the recurring theme in the film, regardless of understanding the plot, is to ask ourselves who is this Lawrence of Arabia? We are given so much of his personality, that we must figure out by ourselves what was really his greatness and what was really his failure.-

p.s. Moi welcome to our Popcorn Movie Nites!

Monday, October 13, 2008

El Mundo está de Pésame

No importa que la Bolsa de Nueva York haya caído, que los petrodólares ya no dan para mucho con la baja del petróleo o que la Vinotinto cayó ante Brasil. Ya hablaremos sobre eso de que el Señor Presidente no le va a dar ni medio a los estados que sucumban al pitiyankismo, y de cómo es necesario, no, no, imperativo, que Tina Fey mande a secuestrar a Sarah Palin por los próximos cuatro años y se convierta ella en la vicepresidenta (U.S. politics would make MORE sense).

Ahora, en estos momentos de emergencia mundial, hay que hacer un llamado al Consejo de la Seguridad de la Organización de Naciones Unidas para que emita una resolución en contra del hombre que todos quisimos ser alguna vez, después de James Bond. Hugh Hefner, el magnate de la revista Playboy confirmó ante los medios que había terminado su relación con su novia principal, Holly Madison.

Holly, "archifamosa" por su interpretación de una rubia tonta (es decir, ella misma) en el reality show "Girls of the Playboy Mansion", fue la novia principal de Hefner. Junto a ella, abrazando el lánguido paquete (y el uso de la piscina) estaban las otras dos novias de Hef, Bridget y Kendra. Move over Brad and Jen, los Bennifer y aquel tiempo aburrido en las noticias cuando Paris Hilton decidió que Nicole Ritchie ya no era más su amiga. El hecho que a Holly la empaqueten y la manden de vuelta a su tráiler en algún pueblo de Omaha, nos quita a todos los televidentes el derecho a ver eso que se llama “good-bad TV”.

El programa es malo, malísimo. Pero no puedes dejar de seguir las peripecias de las conejitas en pijama. De saber que Hef sigue vivo y coleando aun cuando el final de la serie probablemente termine con su entierro. La salida de la Holly nos va a obligar al zapping del control remoto para caer en lo inevitable: programas como “Flavor of Love” o “I Love New York”. Las Conejitas por lo menos sabíamos que vivían una vida de fantasía millonaria. Estelares fiestas de Halloween o piscinadas con 300 catiras. Alguna vez todos (y algunas todas) hemos fantaseado con bajar a la gruta de la piscina en la mansión Playboy a ver como es la cosa. Y los que no, mienten.

En otros programas también hacíamos nuestras concesiones de la televisión basura. A Jessica Simpson en "Newlyweds" se le perdonaba absolutamente todo (“Nick do buffalo have wings?”) porque estaba explotada de buena. Cuando salió "The Bachelorette" lo vimos todo porque la catira que la mandaron pa'l carrizo en la primera temporada se merecía que hasta Ban Ki -moon le propusiese matrimonio. Y dejamos de ver E! Entertainment cuando nos quitaron a Giuliana di Pandi porque a algún empresario humanitario se le ocurrió decidir que en Latinoamérica nadie habla ingles y nos lanzaron a Daniella Kosan para intentar pronunciar nombres gringos con acento wannabe (Kevin Federline como si fuese Phhhederlaiiins). ¡O hablamos bien el español, sin intentar sonar neo cosmopolita o nos devuelven a la di Pandi! (we miss her).

El pésame que sentimos los televidentes es que ahora no hay vuelta atrás si la decisión está tomada de despellajar a la First Bunny. Ahora nos tendremos que acostumbrar a ver a New York -con su bello tatuaje de su nombre implantado en su “seno” izquierdo de mentira- escoger a unos tipos que probablemente los sacaron de Guantánamo y encima calarnos a la única mamá del mundo que no ha debido parir (ni alimentar el estrellato de su hija). “I Love New York” nos vende la fantasia ghetto del nuevo riquismo. Es real sin educación, silicona desproporcionada y mucha malla de gangster puesta en la cabeza de los pretendientes. De Flavor Flaaaave ni se habla. Una mujer que esté dispuesta a ponerse un reloj talla XXL para salir con un barrendero no merece ni nuestro respeto, ni nuestra audiencia.

Por lo menos cuando estaba el programa "The Surreal Life" podíamos entretenernos porque nos concentrábamos en aquellos B-actors que alguna vez estuvieron en la cúspide. Ya sea porque no pudimos con todo lo que hacía Adrien Brody o que Janice Dickinson, aunque sea una loca desquiciada, sería alguien con la que saliéramos en una noche de juerga y lo negaríamos el día después. Es oficial entonces. La televisión ha muerto con esta terminada entre Hugh y Holly. Y el mundo se debería acongojar y pedirle a los productores que habiliten las líneas telefónicas para “demand a recount”. Nos pueden meter a Simon Cowell y todo, no nos interesa mucho. Con tal que la Puffin pueda volver a pasear en los jardines de la Mansión Playboy. Si Angeline Jolie puede ir por el mundo adoptando cuanta criatura hayan dejado en una cestica frente a la puerta de un orfanato, Hefner puede pedirle a Holly que regrese. Bring her back! El mundo, caótico como está, merece al menos ese placer de ver la mala programación que deseamos ver.-

Engimas del lenguaje

¿De dónde demonios salió el término “más fiiiino”? Me encuentro con una conocida quien se está iniciando como actriz en el mundo de las novelas.

- Oye, te acabo de ver en las promociones de la novela.
- Siiii vale, ¡más fiiiiino!

Joder. Ahora cuando la mucama en vestidito de mujer fácil salga de un estado de coma y descubra que en realidad es la hija secreta del personaje interpretado por Raul Amundaray y por lo tanto heredera de todas las acciones de la Empresa Luján, va a ir directo a besarse con su enamorado imposible que resultó no ser su hermano gemelo y exclamar: “¡Más fiiiiino!”

Todo tiene su tiempo

Hace un par de días fui convidado por mensajito de texto a una fiesta para conocer a un bebé y comer shawarma. No sé que era más largo, el nombre de la criatura o la palabra “shawarma” pero me figuré que no podía ser mala la combinación. El procedimiento en estas ocasiones es el siguiente. Vas, saludas a la mamá y le dices que está estupenda. No importa si tiene puesto una ruana de Soledad Bravo. Le tienes que decir exactamente esa palabra.

Luego te arrastran literalmente adonde está el coche para que veas a la Repollito con pilas y lances tu juicio sobre su innata belleza. No importa que sea igual a todos los bebés. O que por alguna extraña razón tenga un bigote. Alguna imprudencia de tu parte puede costarte la amistad. Lo que sí no hay rollo es en comentar sobre la gordura del bebé. La edad neonata constituye el único momento en la vida de una mujer en donde es perfectamente protocolar y casi requerido, decir que es la “gorda más linda” que se ha visto en Caracas. Así es la vida.

Te preguntan si la quieres cargar y los ves como si fueras Wall-e, huyendo por la izquierda diciendo que no has saludado al papá. Ese da más alivio. Un abrazo fuerte de compadres quien te lleva directamente al barcito donde están los whiskys. Por fin algo que conoces. Por fin algo que puedes cargar como Dios manda. El papá te puede hablar de depresiones post parto masculinas, de cambiaderas de pañales y de la nueva tecnología Ferrari en los coches. Tú asientes contento, haciendo preguntas concretas y completamente ininteresantes. Pero sabes que en menos de dos minutos y medio ya es correcto preguntar “¿y qué tal el trabajo?”

Después de ahí el ritual de conocer ha concluido. Ya es una fiesta cualquiera porque cumpliste con todos tus deberes y pasas a divisar el área social. En este tipo de fiestas hay tres subgrupos: Sentadas en el sofá de la terraza, están las próximas madres con barrigas como pufs a las que le huyes. En la mesita de la izquierda languidecen abuelos y familiares way beyond their bedtime que los saludas con cautela porque si no te arrastran en el cuento detallado del parto. Y ahora con las benditas camaritas en los celulares, el parto es de película. Luego y finalmente, caminando en círculos como las gallinas, porque hay conversaciones que no ameritan quedarse mucho tiempo, está la gente decente: los que vinieron porque le ofrecieron shawarma.

En esos sub círculos estamos todos: los solteros, los divorciados, los que ya cerraron la fábrica y el soltero confirmado con novio en Madrid. No tenemos nada que ver con “pañales, placentas y pezones”, como dice mi amiga Manuela Zarate, pero vinimos para celebrar la obra viviente de dos buenos amigos que hasta hace dos años estaban tumbados en una playa contigo hablando de irnos de mochileros otra vez a los treinta años. Su felicidad por el nacimiento del cigoto constituye nuestra miseria que el plan se tumbó.

Nos acompañan también una especie rara del género venezolano: la pareja de recién casados que, por los momentos, no quiere tener bebés. Esos están fresquecitos de la Iglesia. Colorados por la luna de miel en una playa en Tahití. O en un time sharing si el sarao fue con cofre. La novia ni siquiera ha ido a buscar la lista en Iskia que le dice cuanto fue que se metió con la inversión que le hicimos para montarle su casa para luego proceder a cambiar todo. Así de recién casada está. Yo por lo menos todavía me creo que la tacita de Limoges que me fajé a comprarle no ha sido intercambiada por crédito en Niní y Amalia.

Nosotros los solteros sabemos lo que es ser marginados con el bendito temita de cuando nos vamos a casar. Siempre hay una Tía Esther que fastidia parejo con la preguntica. Pero los recién casados que están pelando la bola izquierda porque el capital se fue en la lavadora, la tienen peor que nosotros. El nuevo esposo no ha devuelto el frac cuando la misma Tía Esther empieza con el cuentico de “¿y cuándo es que ustedes van a tener un bebé? Joder, Tía Esther. Por eso los recién casados que le huyen momentáneamente al “bebeazgo” nos necesitan de backup. Nosotros le confirmamos que es perfectamente entendible eso de aprender a planchar y cambiar bombillos sin tener que armar una cuna en el taxi de Maiquetía, luego del viaje de la luna de miel. Con tal de que no nos hablen de ollas –tema predilecto entre los recién casados- los apoyamos en su celibato reproductivo. Sin presiones ¡Cuando venga el chamo, pues comeremos shawarma!

El temita de las presiones en Caracas es grave. Nuestro problema es que somos extremadamente básicos. Alguien en los años cincuenta se leyó algún cuento en Selecciones de “hombre estudia, se casa, trabaja, cría hijos y se muere feliz” y se lo pasó a las próximas generaciones como la hemofilia de la Reina Victoria. Y si bien todos queremos ese cuentico de hadas al final del día, no nos viene a todos por igual. Ni en el momento exacto. No hay nada peor que te pregunten “¿y qué vas a hacer después?” Una pregunta que se cala el estudiante con la toga puesta, la novia con la corona de plumas del cotillón, el nuevo MBA de Harvard y la nueva gerente de la cocina de su apartamento. Hay gente que no les basta con que tú estés viviendo tu momento estelar. El apremio por el futuro es una constante en cualquier conversación de sarao. El reloj de la Tía Esther es una bomba en tu contra. ¿Y qué vas a hacer después? Amiga, tomar.-

To everything there is a season,
a time for every purpose under the sun.
A time to be born and a time to die;
a time to plant and a time to pluck up that which is planted;
a time to kill and a time to heal ...
a time to weep and a time to laugh;
a time to mourn and a time to dance ...
a time to embrace and a time to refrain from embracing;
a time to lose and a time to seek;
a time to rend and a time to sew;
a time to keep silent and a time to speak;
a time to love and a time to hate;
a time for war and a time for peace.


Eclesiastés 3:1-8

Sunday, October 12, 2008

Las Resistencias

Mi horóscopo de hoy dice literalmente lo siguiente: “te pedirán un favor especial, no te involucres en asuntos sentimentales de amigos porque puedes salir con las tablas en la cabeza”. Eso está bien. Lo que me da risa es que prendo mi celular y hay tres mensajes de texto de tres personas distintas hablándome de una relación en potencia o en extinción. Uno de alguien que está pensando echarle plomo a una niña y no sabe si ella está pendiente, otra que anda como Karina “y si me dice que él también se fijó en mí” y otra que me pregunta si yo tendré amigos solteros para sacarla de la mala racha. No me preocupan tanto los dos primeros. La que si me preocupa es la ultima que hasta un domingo quiere juerga.

No creo en los horóscopos. El mío siempre dice que voy a chocar o que algo curioso me pasará con una escalera. Pero esto de despertarse y jugar al Dr. Chapatin con ese warning, es un presagio que es mejor no gastar la fuerza de mis pulgares y mandar el correspondiente mensajito de texto a las respectivas personas: “échele plomo”, “he’s not into you”, y “mamita, el único soltero que queda soy yo”. El Día de la Resistencia bien se merece su nuevo título revolucionario. Es mejor resistirse a prender velas en entierro ajeno. Por lo menos hoy. A final de cuentas, no te están buscando a ti para salir. Eres simplemente el manager de la Banda del Club de los Corazones Solitarios. La versión masculina de Estelle la de Friends. Sin honorarios. Y sin Joey.

Así que amigos de la comarca, discúlpenme. Pero hoy no se labora. Si a alguien hay que echarle la culpa es a la astrología. O a Cristóbal Colón. Echarle la culpa a él por todos nuestros males siempre es divertido.-

Saturday, October 11, 2008

Whatever Happened to Acacias Lonely?

Esta fue mi reacción confusa al ver que sus siglas no corresponden con el nombre que me diste. Te quiero, tonta. Te borré completamente de mi vida. Pero aún y eso chica, espero que seas feliz.-

Friday, October 10, 2008

Emoción Arquitectónica

Villa Planchart

El jueves que viene estaré en una fiesta en esta casa. Con gusto, la podré borrar de aquellos lugares del mundo que siempre he querido visitar. A la Coleccionista de Cachivaches téngalo por seguro que tomaré nota y reportaré diligentemente.-

Thursday, October 9, 2008

Addendum al post anterior

Una fan de este blog le escribió a mi amiga Ela en su Blasberry: “Mana estoy llegando a Mayami. Estoy picada porque cuando aterrizó el avión, nadie aplaudió.” Si el Blackberry sirve para dar mensajes tan importantes y de relevancia revolucionaria como ese, entonces bienvenidos sean.-

Wednesday, October 8, 2008

No asuman...

Que porque ustedes, la raza aria tiene Blackberry, todos los demás tenemos uno. Este mensaje de Facebook me llegó hoy. Si por casualidad lees mi blog, perdón. Simplemente te uso como ejemplo. Te pondré de nombre Gumersindo para esconder tu identidad. Si yo sé, Gumersindo es un nombre desafortunadamente fatal pero no fui yo. Fue mi mente que se imaginó que tu papá se llamaba Gustavo y tu mamá Mersinda. Tranquilo, en mi mente también vas al psicólogo por eso. En tres capítulos tendrás una sesión terapéutica cabilla. Te lo prometo.

El hecho es que Gumer, como le dicen sus panas, me dijo lo siguiente: “Gracias bichin!!! Cualquier vaina estas súper invitado a una reunión en casa de mi novia esta noche... mi pin cualquier vaina es XXXXXX...gracias por estar pendiente un abrazo. Yo te quiero Gumer pero no voy a ir porque me siento insultado. Y te lo prometo, no es por ti. Sino que me obligas a comprarme un aparato de esos para poder “pinearte” (¿ya esto es una palabra?) y saber donde vive tu novia porque yo no tengo idea.

Es como cuando pides una Coca Cola en un restaurant y automáticamente te traen un refresco de dieta. Los que no somos blacberiqueros o misses o gordos, nos hemos visto marginados. A no asistir a cumpleaños por imposibilidades de comunicación o a poner cara de imbécil y que “ayy señor, yo lo que quiero es una normal” y ver como el mesonero te retuerce los ojos pensando “este carajo sí es imbécil”. ¿Cuándo fue que los que estábamos felices en un mundo en donde éramos la norma, nos convertimos en la marginada excepción?

Y sé que estoy monotemático con el monotema monoteimizado del Blackberry. Pero es que me da material para blasfemar en contra de su pueblo. Así salga perdiendo yo siempre. Lo peor es que sé que en la próxima tómbola de rifa que contribuya para ayudar a la Fundación de los Amigos del Turpial Colorado con Cáncer me voy a ganar uno. Y ahí Gumer me vas a tener que ofrecer tu sesión con el psicólogo. Hoy por ti, mañana por mí. Tal es el poder de asumir cosas que no son.-

Una nueva raza

Saliendo de mi casa, me encontré con esta calcomanía pegada en la parte de atrás de un carro estacionado en mi cuadra. Yo quiero saber más de este "Solteras Club" porque tengo varias preguntas sobre su membrecía (sí con “c”. Esa es la forma correcta de escribir esa palabra). La primera es saber quién es su presidenta. La segunda es conocer el rango de cobertura. Si es municipal estamos a salvo, pero si esto se hizo en campaña a nivel nacional, pues estamos jodidos. Lo otro que quisiera saber es si lo que se está dignificando es la soltería confirmada o el que te hayan jodido en la vida. ¿Qué es lo que ya no duele? ¿Qué ya no te joden o que no estás teniendo sexo? Porque poner algo así en tu carro es como los tatuajes. Removibles pero dejan cicatriz. Y en algún momento si la conductora se decide disfrazar de mujer cazadora de pareja, va a tener que dar una honesta explicación cuando se vaya de casa del cuerpito el día después.

Es que esta calcomanía no es como las señalizaciones de “Bebé a bordo” de los años ochenta. Ese por lo menos tuvo la decencia de venir con un chupón en la ventana que podía removerse si la madre soltera (o la casada) quería esconder su rol de cuida retoño si la ocasión lo ameritaba. Esta calcomanía de Playboy femenina no. Es una manifestación pública del abandono definitivo de la raza masculina en sus vidas o del placer sibarita carnal sin derecho a conversación o compromiso posterior. Por eso es que quiero hablar con la presidenta porque no entiendo la misión del club. ¿Son Comehombres Cuaimatizadas o simplemente Comehombres a secas? No vaya a ser que nos topemos con su raza en algún momento y después del abandono post one night stand, que imagino es lo que buscan, Ustedes no tengan derecho a protestar porque se contradicen con su lema: “ya no me duele”. Por lo menos hasta que se compren un carro nuevo o se desbarnicen las uñas rasgando la calcomanía.-

Tuesday, October 7, 2008

Pensando en Alto

Pienso que la gente debería hacer más fiestas. Derrocharse todo su dinero en esa rumba Polar Ice que siempre quisiste tener a los dieciocho años. Con el Catamarán Rumbero incluido. Criticable. Niche. Pero memorable. Una fiesta temática de los Mini Pops o de Carrusel. Con una Maestra Ximena que funja de stripper. Bastantes shots de algo con granadina o una whiskyzada boliburguesa para ver qué es lo que se siente.

Pienso que la gente debería dar más abrazos. Todavía me acuerdo como los hombres nos dábamos la mano a los quince años: apretón, sube la palma pegando los pulgares y apretar la mano otra vez. ¡Qué pérdida de tiempo! Debería haber una ley que obligase a aplicar la máxima “compae venga un abrazo” todos los días del año. Pienso que los first dates deberían empezar con darse un pico. Así nos ahorramos una chorrera de tiempo y de pensamientos enrollados durante la cena. Pienso que las mujeres no deberían usar cartera. Serían más felices si no tuviesen un U-Haul de bulto. Pienso que la gente debería comer más gelatina. Prohibir la Coca Cola de dieta, declarar al tequeño patrimonio nacional. Tomar más vitamina C. Leer la mancheta. Abrazar a su dentista. Pienso que hay que decirle a Valentina Quintero que saque una guía de lugares fugaces a donde ir cuando sencillamente quieres seguir manejando. Pero que ésta sea verdaderamente de bolsillo.

Pienso que la gente más feliz son los mariachis de una esquina en Las Mercedes. Aunque los deteste a muerte cuando se presentan en una fiesta. Como los payasos. O los zanqueros. Pero entiendo que ellos también, deben ganarse la vida. Pienso que todo el mundo debería perderse por un día. Y tener el día más gratificante de su vida. Sin contárselo a nadie. Así haya bajado a Catia La Mar a un orfanato o se haya pasado todo el día en la Joyería Rio. Es su día. Pienso que todos deberíamos tener una bicicleta o un Stick-in Bulb. El que nos haga más feliz. Pienso que las misas deberían ser participativas. Que los curas deberían tener Facebook. Y saber lo que hacen sus feligreses en la semana. Para así preparar un discurso que nos pegue. O que nos motive. No todo tiene que ser un regaño.

Pienso que jamás hemos debido dejar que Guillermo Dávila dejase de cantar. “Sólo pienso en ti” debería ser remixeada en reggaetón. Hay una generación completa que se perdió de saber lo que es “ponerme a pintarte”. Pienso que hay películas en el cine que ameritan un foro posterior. Que se pare alguien inteligente y comente sobre lo que acabamos de ver. Es el único momento donde verdaderamente no tenemos que hablar de política y lo desaprovechamos en un banal intento por evadir la cola de un estacionamiento.

Pienso que los curriculum no deberían ser estándar. Deberían reflejar lo que uno es a las tres de la tarde. Cuando la jornada apremia y lo que queda son los burros dormidos. A ver como haces tú la diferencia. Pienso que jamás hay que pedir perdón por un beso. O por decir lo que piensas. Ambos son honestos y la persona lo sabe. Pienso que la perfecta receta de brownies es aquella a la que le ponen leche condensada. Si te vas a tapusar de azúcar, entonces go all the way. Pienso que los que dicen que son apolíticos deberían ser fusilados. De una. Sin "Carta de Derechos Humanos". El ser más irresponsable es aquel que no tiene valores y pensamientos políticos. No importa el país donde viva o la profesión que ejerza.

No pienso que el Señor Presidente tenga la culpa de todo. El guevón que se come la isla en la Cota Mil para ganarse el paso más rápido hacia Guarenas también la tiene. Pienso que los medios deberían dejar de hablar de Carolina Herrera como nuestra máxima venezolana. Ese premio se lo merece el señor taxista de sesenta años que te conversa sabroso en un tráfico lluvioso. Así la Carola tenga su merito. Pienso que lo único verdaderamente capitalista de este país son las listas de matrimonio. Pienso que deberían volver los patines de cuatro ruedas. Cuando llegaron los de línea, la gente dejó de patinar. Eso de frenar con el piecito maricón cual ballet daba más sentido. Y ahora que los niños andan por los centros comerciales deslizándose con un zapato que tiene una rueda, pienso que las compañías deberían hacerlo en tallas grandes. Por lo menos yo caminaría más feliz por la vida.

Pienso que el flux debería desaparecer de la jornada de trabajo y ser sustituido por guayaberas. O camisas hawaianas. Salvo en la Asamblea Nacional. Esos sí deberían darle dignidad al cargo. O por lo menos la seriedad que amerita representarnos. Pienso que el tráfico se debería parar solamente cuando vuelen cuarenta guacamayas por encima de los carros. Es el momento más bello del día. Y más de la mitad se lo pierde por estar subiéndole el volumen a la radio para oír a Alejandro Cañizalez decir lo que ya sabemos. Es más, pienso que a Cañizalez también le deberían dar un premio. Por no negarse a seguir llamando a que tapen los huecos. Y el otro premio se lo deberían dar al señor que crió a las guacamayas y las dejó volar por Caracas. Y que imbécil el otro señor que las está agarrando para que idiotas como los caraqueños nos las compremos inocentemente y las pongamos en jaulas.

Pienso que Maite tiene razón. A veces hay que preguntarle a la gente que como están esas barras. Que el dar las gracias al parquero es imprescindible. Hasta en la peor de tus noches. Pienso que hay dos cosas necesarias en esta vida: el desodorante y un diccionario. El primero es el requisito fundamental para que te soporten los demás. El segundo es esencial para soportarte a ti mismo. Pienso que la felicidad se tiene que medir en constantes “te quieros”. Así suene marico. Es que hay días en que ves que bajan a alguien por un hueco y piensas. Ahí SI PIENSAS que no te alcanzó a decirlo lo suficiente. Ni siquiera a los que se abrazan ahora contigo.-

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