

La idea de Halloween es reírse de todo el mundo y que todos se rían contigo. Pero ojo: la única recomendación es cerciorarse que la fiesta de Halloween sea efectivamente una fiesta de disfraces. Como yo cumplo en agosto, me daba por hacer fiestas de Halloween con la excusa de hacer un bonchecillo. Cuando cumplí dieciséis o diecisiete años organicé una pero que era sin disfraces porque en ese entonces nos jurábamos demasiado pavos como para disfrazarnos (por lo que vinimos todos disfrazados de imbéciles). En ese entonces, mi mamá invitaba a las hijas de sus amigas que yo no conocía para que vinieran a mi fiesta. Llámenlo matchmaking casamentero adolescente que obviamente no funcionó. Falló en decirle a una pobre puberta que mi fiesta no era de disfraces. Todavía me acuerdo como hasta la música se apagó cuando entró esa brujita pintada de verde como the Wicked Witch of the West y su cara de quinta finalista al ver que ella era la única disfrazada. Hoy en día eso se arregla con actitud, pero las heridas de la adolescencia tardan años en sanarse y a esa pobre niña todavía se presenta y le dicen: “¡Claro vale! Tú fuiste la brujita en casa de Toto.”
La Gorda, en cambio, odiaba disfrazarse porque nunca sabía de qué y me tocaba a mi inventarle una pinta. La primera vez la disfracé de Josefa con un uniforme que me robé de mi casa y así la mandamos a Le Club. Causó tanto impacto con su escoba, su tobo y sus zapatos de goma con plataforma que en el baño, las demás niñas les pedían a la “Señora” que si tenía una colita o un modess, jurando que era la de verdad. Se ganó una botella de champaña ella solita. Después con un novio que tuvo fueron Betty la Fea y Pedro el Escamoso y los descalificaron porque no era justo con los demás. El Junip vestido de Ganesh se ganó un viaje a Los Roques que nunca cobró (dumbass!) y yo mi celular que lo usé hasta ayer en mi homage post burundanguero a Willy Wonka que asustaba hasta con la sombra. Eso es lo sabroso; tripearte una nota de que eres algo que no eres y recordarte de ese disfraz como una noche que te la gozaste.

Me perturba que la gente se ría en el cine del comercial donde el niñito le dice a su papá que se sacó un veinte pirata, como la película que le regaló. Nos reímos de una cruda realidad que nos azota en donde vimos sucumbir a lugares como Video Color Yamin – conocido como el santuario de Toto – por fomentar nuestra propia necesidad por el entretenimiento rápido y barato. James Bond no ha llegado al cine (créanme, llevo el countdown) y seguro en menos de tres semanas antes de su estreno, habrá tres personas que me dirán que “es buenísima”.
Todos tenemos uno. Y si no lo tenemos, entonces somos nosotros. Ese amigo insoportable pero pana al fin. Pobrecito, es amigo tuyo desde la infancia que siempre creció queriendo ser alguien que no es él. Avanzado siempre en su edad. Y para cuando tuvo 29, edad sexísima, lo logró. Sólo que sus conversaciones mundanas se volvieron tan básicas y over the top que no logras entender como él se ve al espejo sin enamorarse de si mismo. Sus temas de conversación, mientras campanea un Grey Goose, son las pistas negro diamante en Whistler a las que nunca ha ido, los anteojos de mosca de Dior (mientras más se vean las letras Dior más deseable es el producto), el Technomarine; el apartamento en Gstaad de María Mercedes González Iñarritu al que van a ir a quedarse porque “se lo prometimos a la Tía Nieves”, la nueva moto de Paquito, el yate del papá de Yogui, la muerte a Paul Oakenfold por quien sabe que razón, y “berro es que Chavez de verdad que es un asco”.La Chica Bond infló sus narices: - Carolina del Carmen Sampierre Monteverde.
- Ah muy bien. Y ¿tú papá y tú mamá quiénes son?
- Mari y Jorge
- ¿?¿?¿?
- María de Lourdes Monteverde y Jorge Henrique Sampierre Sánchez
- Ahh, siiii como no. Yo soy intima de ellos [mojonera]. Cuéntame, ¿estás por graduarte del colegio? ¿Qué quieres estudiar?
- Estoy pensando estudiar arte.
- Ah, te interesa el arte. Hmm. Muy bien. A ver vamos a hacerte un pequeño test a ver si sabes de arte. ¿Dónde queda el MOMA?
- En Nueva York.
- ¿Y el National Gallery?
- En Londres
- Muy bien, ¿y el Hermitage?
- En San Petersburgo.
- Ah, esa estaba difícil. ¿Y el Louvre donde crees que queda?
Aquí la Chica Bond no podía soportar más las imbecilidades de la señora. Infló sus narices aún más y dijo lo siguiente:
- Bueno, tú abres las cortinas del apartamento de mi abuelo y ahí desde la ventana lo ves.
Hoy en día la señora no saluda a la Chica Bond.-

Hay días que son de Mary Poppins en crack. Ayer fue uno de ellos. Esas tardes en donde no te basta esperar a la juerga de la noche sino que tienes que salir a gozarte el día. Hace tres semanas, Miss Alice publicó en su blog una lista de órdenes que Eleanor Rigby debía seguir al pie de la letra para tener un feliz cumpleaños. Una lista llena de trivialidades mundanas como tomar agua de una manguera, sacarle la lengua a un extraño, lanzarse a una piscina con ropa, abrazar a alguien que se auto confiesa “inabrazable”, y no pararle a las alergias ni a la dieta y comerse esa pizza con doble queso.
Pero todas sus angustias de doña post-adolescente se le borraron cuando le entregamos una bolsa de regalo usada para que ella pudiese “romper papel de regalo como se debe” según decía la lista. Adentro, estaba simplemente la lista de cosas que teníamos por hacer y así, oyendo “Naaa cigüeña bababaristbaba” del Rey León (había que aprenderse una canción imposible), nos encaminamos a tener un gran día. Nos fuimos primero a la comarca de los Acedo en donde seguramente habría alguien que odie el contacto humano and sure enough there was. Manuel hizo su parte de cavernícola odioso con tanto gusto que se merece cien abrazos más.
Después, nos paramos en una panadería para cumplir cuatro cosas: hojear revistas de corazón porque no se podía hablar de política, comer chocolate negro, soplar una torta de cumpleaños, y lanzarnos una pizza (esperando que la cara de E.Rigby no se brotase de la alergia que le da la masa). Cantando cumpleaños a todo pulmón, se nos unió otra mesa en donde estaba otro cumpleañero. No se nos ocurrió decirle que nosotros estábamos celebrando un fake birthday pero ahí abrazamos a todo el familiero igual como si fuésemos de toda la vida.
De ahí nos fuimos al San Ignacio donde procedimos a regañar a la piloto Miss A porque ella se niega a bajar hasta roca madre a encontrar un puesto (women!). Hablando francés, y sacándole la lengua a guardias extraños, observé desde la ventana de una peluquería como a E.Rigby le pintaban la uña del dedo de la paloma del color más funky que había.
La próxima actividad la hicieron Miss Alice y Eleanor solas porque yo decidí sentarme a contemplar la tarde (termino cursi para decir que me quería fumar un cigarro). Se montaron en un ascensor y marcaron todos los pisos, en donde procedieron a contarse un secreto que no se habían contado, voltearse y flashear a toda la ciudad, y reírse con la carcajada más grande del mundo (que no es fácil). Yo mientras tanto me encontré con un amigo, el cual se las presenté cuando bajaron y Miss Alice le pidió que si podía darle un beso a Eleanor Rigby, como ordenaba la lista. El amigo sintiendo la pronta presencia de su novia, educadamente declinó la oferta. Llamamos a Tommy que no había llamado a E.Rigby el día de su cumpleaños para insultarlo según las ordenes; we doodled and drew y tratamos de jugar Monopolio en Tecniciencia pero con todos los libros y juegos forrados como maleta niche en aeropuerto nos fue imposible.
Ya listos para partir quedaba solo una cosa que podía hacerse en el centro comercial: fuck beauty parlors. Mi idea era que Rigby le pintase una paloma, lo más discretamente posible. Pues el demonio le entró y con todas las ínfulas de vengadora por los kilos de cera en las piernas, procedió a sacar los dos dedos y mentarle la madre al local. Lo cómico es que fue justo en la peluquería de abajo donde transitan los carros y los peatones y todo el mundo juraba que era con ellos. Desde el que secaba el pelo, hasta el taxista, hasta el tipo del kiosco y las mamis peatonas empezaron a gritarle “eyyy eyy ¿Qué te pasa?” Yo huí por la izquierda pensando que la Rigby se había metido demasiado en el personaje pero valió la pena estar ahí para ver la incomprensión humana de la arrechera de esta niña.
Nos faltó tocar el piano, lanzarse a la piscina y que E.Rigby le diese un beso a alguien. Rigby dio algunas sugerencias sobre este último punto pero Miss Alice, como la mejor de las madames, tenía otros planes en mente. No se dio por cuestiones de tiempo pero si hay alguien afuera que anda tras la B-Dark le alertamos: ¡solo le faltó ese beso! Mientras pagábamos el ticket perdido y veíamos las fotos, no podíamos parar de reírnos. ¿Quién hubiese pensado que algo tan mundano como una lista de cumpleaños nos regalase, por un par de horas, el mejor de nuestros días?
Así es. Así me siento. No hay derecho que tengo marcando los días en el calendario para hoy y no puedo ir. El infernal tráfico me dejó metido en un carro por media hora entre mi casa y la cuadra contigua. Por cierto, a las estaciones de radio antes de la cadena presidencial: ¿no hay otra canción en su Ipod que no sea "Absurda Cenicienta"? Cuatro veces la pasaron como si ese fuese el himno de todos los conductores que saben que no van a llegar a tiempo a nada. 
Robin fue divisado una tarde en que la Clonquis (dueña de la Chuna) vio desde Outback Steakhouse a un “tipazo” como lo definió ella. Salió corriendo como una fan de Servando y Florentino a cazarlo, dejándonos al Junip y a mi atónitos que la Clonqs fuese tan frontal en la caza de hombres (“that whore, Anne Boleyn”). Cuando volvió, llegó extasiada. Se había conseguido el teléfono de Robín. “Hood?” preguntó el Junip. "No, bobo" dijo la Clonqs y sacó su BB para enseñarnos la foto que le tomó: “Miiiiren que bellooo.” No era un tipo lo que había cazado. En la foto salía retratado un beagle con la porte que ella quería para cuando su Chuna cumpliese la mayoría de edad (termino cursi de la raza humana para poder desvirgar a nuestras perras).
Un año exacto después, la fecha de copulación se dio. Como la corte en Versalles, los respectivos dueños de la Chuna y Robin se reunieron frente a la cámara del Rey – el vulgar jardín – para dejar que sus retoños se conociesen. Por lo general, la gente deja a los perros “do their business”, pero mi familia no es como las demás familias. Nosotros no creemos en eso de que uno no tiene vela en este entierro. Para eso, siempre nos llevamos nuestra propia linterna. Y así mientras Robin se montaba encima de la Chuna, y ésta lloraba despavorida como la violación de las Ursulinas, el tras bambalinas humano sucedía.
Mientras la abuela de Cúa, sabia como es ella, gritaba desde la más alta torre que a los perros no se les puede ver cuando tiran porque no sale la camada correcta, la prima Coqui quien también está en estado, se alegraba porque su hijo y la de la Chuna iban a ser BFF’s. A Cousin Gus se le grababa todo el episodio por BB, pues las llamadas desde Nueva York para saber como iba la cogida eran cada vez más insistentes. La Tía Mamá creaba el ambiente, atenuando luces y sacando cuentas de cuanto se iba a meter con la camada de ocho (la Tía Mamá saca cuentas para todo. Con corchetes y demás). Amelia, la cocinera, preparaba tequeños para el dueño de Robin, quien se vio forzado a quedarse so pena que los Locos Addams le pusieran la mesa de espagueti a su perro y si el Tío Papá no hubiese estado en la oficina, seguro le pone un poco de Barry White para amenizar el asuntacho.
Finalizado el acto después de tres intentos, la familia salió corriendo a congratular a La Chuna como novia en sinagoga. Poco importaba que el Robin siguiese pegado cola con cola, muerto de dolor. El descorche de botellas por el connubio no tuvo nada que envidiarle al anuncio de cualquier primogénito en la familia. Al Robin lo despacharon más rápido que inmediatamente, y a la Chuna le sirvieron el mejor steak tartare de la ciudad. Para diciembre bajo el lazo de moaré del pino (todo un clásico que ya comentaremos), esperaremos a la camada en una noche de narices frías. No son los resultados de las elecciones lo que esperamos con ansias. Más bien si tanto puje por una noche de sexo valió la pena.-
The 7th Sistah!
Lawrence of Arabia (1962) had to be watched in two nights. That’s just how long it is. Yet the duration of the film makes up for the fact that we, the popcorn munchers, are viewing a film that stands the test of time and constitutes an epic by its own right. How strong an epic can be told when we watch it a second time. Once seen the first time, it takes another sitting to let all of its grandeur sink in.
No importa que la Bolsa de Nueva York haya caído, que los petrodólares ya no dan para mucho con la baja del petróleo o que la Vinotinto cayó ante Brasil. Ya hablaremos sobre eso de que el Señor Presidente no le va a dar ni medio a los estados que sucumban al pitiyankismo, y de cómo es necesario, no, no, imperativo, que Tina Fey mande a secuestrar a Sarah Palin por los próximos cuatro años y se convierta ella en la vicepresidenta (U.S. politics would make MORE sense).
Eclesiastés 3:1-8
Villa Planchart
El jueves que viene estaré en una fiesta en esta casa. Con gusto, la podré borrar de aquellos lugares del mundo que siempre he querido visitar. A la Coleccionista de Cachivaches téngalo por seguro que tomaré nota y reportaré diligentemente.-