Sunday, February 8, 2009

Incertidumbres de la Tía Dolores

La incertidumbre incomoda. En la política ¿ganará el Sí o ganará el No? constituye un tema que no deja dormir ni a Lina Ron ni a la encopetada forwadeadora de e-mails en cadena que dicen “por favor borre el remitente”. Término éste ultimo que me parece una falta de respeto porque uno tiene que asumir su autoría en todo lo que dice, escribe o chismea. En el noviazgo es siempre la tía Dolores y la prima gorda que se muere por ser la madrina que pregunta cada dos viernes “¿entooonces cuando es que se casan?” Y cuando por fin los tortolos se lanzan al agua, por presión, postgrado o lo menos común de todo, por amor, empieza la tía Dolores otra vez a joder el parque preguntando por la llegada de la cigüeña. La tía Dolores es de otra época y en su vida se le pasará por la cabeza que las parejas de hoy también fornican. Ella clama que es virgen, aún cuando haya parido a cinco hijos. Pero su tesis es que en cada uno de esos connatos violatorios con el marido ella no participó. Ergo, el cuentico decoroso de la cigüeña.

A los demás les encanta la normalidad. No hay nada más fastidioso que te presenten a alguien y preguntarle “¿Qué haces?” Para el que tiene que responder es un fastidio. Pasa toda la semana jugando a ser Clark Kent en una oficina, rezando que sea viernes para poder ser Superman. Y justo cuando va a un sarao, vestido de Súper y con palo en mano y cotillón en la cabeza, sale el safrisco del primo a presentarle a una que no es superhéroe los fines de semana. La pregunta, (intencionada para acabar con la incomodidad de ella) encorbatiza a Super mentalmente. Y tiene que encogerse de hombros (así le guste su trabajo) y responder “soy Abogado.” Yo no he conocido a la primera mujer que de una me pregunte, luego de ser presentados “¿Cuál es tu canción favorita?” Saber la canción pesa más en la personalidad de uno que saber que hace una persona para ganarse el pan. A menos que tú seas el que compongas las canciones que ponen en los ascensores o en la sala de espera de un dentista. Eso si es interesante de contar.

Por mucho tiempo viví la incomodidad de superar el “¿y tú qué haces?” con el “soy estudiante.” Cierto, no son muchos los que se lanzan dos carreras seguidas con muy pocos años de experiencia laboral. El temor es que eso hizo de mi un “indeciso” y un “desempleado”; palabras de alerta para todos aquellos que no están acostumbrados a ver a un hombre de veintinueve años que ¡Dios me libre! es “solteeero”. Lo reconozco, las mujeres la tienen peor que yo en este último aspecto de la soltería. El “scary age” para que se diga de nosotros que somos incasables (ojo: no es "incansable") o definitivamente maricos es 37. La de ustedes es 25, así lo nieguen. Y todas las mujeres que yo sé que me leen probablemente mentarán madre porque “eso no es así”. Pero es verdad. Desde que cumplieron 22, la tía Dolores las anda jodiendo con el tema del matrimonio. Así digan “zape”, es algo que les ronda en la cabeza desde que soplaron esa vela. Ergo, la “incomodidad” de ser alguien profesional, exitosa, ambiciosa y que sabe distinguir entre el precio de vivir los momentos de su vida cuando llegan y la infatuación infantil por el vestido de novia. Eso y de tener a la tía Dolores como tía.

Ahora que me graduo el jueves y he conseguido un trabajo, estoy en territorio neutro. Un “safe zone” porque agrado. A nadie le interesa si me gusta, si estoy contento, si es mi “dream job” o si tengo ganas de mandarlo para el carrizo. Decir que soy Gerente es lo mismo que llegar de hacer un postgrado en la Universidad de Harvard. Una confirmación que se es inteligente, estable y decidido. Siempre me he preguntado sobre que responden los actores pornográficos cuando se les pregunta “¿y tú qué haces?” Tienen un trabajo. Inteligente si se negocia un jugoso contrato. Estable si se es fogoso en la cama y decidido porque hacer una escenita de esas requiere de bolas (y de un buen par de tetas). Es el único negocio donde me imagino a la Tía Dolores -en shock por la respuesta- continuar con la conversación preguntando “¿y te gusta?” Porque ¿Qué carrizos más vas a preguntar? Aun siendo la tia Dolo, nadie se recupera de ese shock tan rápido. Los que no somos actores porno, no sufrimos con tanta suerte. Solamente una sonrisita de esas que deberían venir con globo de helio que dicen "You're one of us!" Porque decir que “no, no me gusta” es caer nuevamente en incertidumbre incomodas.

La incertidumbre incomoda. Pero a veces, la certidumbre también. El problema es que a nadie le interesa. Por eso, siempre es mejor preguntar por la canción.-

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