Thursday, February 5, 2009

Legados Californianos

Mi fetiche de entretenimiento son los premios Oscar. Desde chiquito me parecieron terriblemente interesantes y procuré investigar todo lo que podía saber de ellos. No porque defina la carrera de un actor sino porque me encanta que haya un legado histórico que se repita año a año. Me gusta contar cosas cronológicamente y poder añadir un afiche más a los films laureados como Mejor Película es algo que me entretiene cuando no puedo dormir. Trivialidades como aquella en la que solamente hay tres películas que han acaparado los cinco premios más importantes que otorga la Academia: Mejor Película, Actor, Actriz, Director y Guión: It Happened One Night (1934), One Flew Over the Cuckoo's Nest (1975) y The Silence of the Lambs (1991).

Me despierto temprano para oir las nominaciones tan emocionado como si yo estuviese optando por un premio (shit! Me acabo de dar cuenta que por eso fue que yo me desperté temprano el día que le pasó lo que le pasó a mi papá) y el domingo de la ceremonia es sagrado. No así como el rumor que creó el Junip que yo hasta me pongo un smoking. Pero sí con bastante Coca Cola. Mi enemigo número uno es TNT que se niega a pasar la transmisión sin traducción lo cual me molesta enormemente.

Por cosas de la vida, todos los meses febrero solía viajar a los Estados Unidos (ahh good times). En un aeropuerto descubrí que la revista Vanity Fair sacaba todos los años una edición de Hollywood con fotos estelares de Annie Leibovitz (big fans) para celebrar a los artistas que están en el tapete. Esa edición se convirtió en mi fetiche secreto. Escondida entre la Newsweek, la Time y las diecieste mil cajitas de Altoids iba la edición de Hollywood para mi deleite personal. De esos cuando nadie te ve.

En Yahoo! La noticia principal de ahorita era un revuelo que se ha creado por una foto digitalizada que incluyeron de Heath Ledger en Vanity Fair. Eso me recordó que es febrero y seguramente la edición ya habría salido con más fotos de Leibowitz por lo que me metí en la página Web de la revista. Encontré la meca de las fotos que me gustan. Portafolios de artistas, de edificios, de políticos y de eras pasadas. Sin la pena de tener esa revista en la mano o tener que pasar por doscientas páginas de relojes y carteras iguales para llegar a ver lo que uno quiere ver.

Terminado con las fotos de Hollywood (no tan impresionantes este año), me puse a ver un slideshow de fotografías de los presidentes de los Estados Unidos y me topé con una foto que me llamó la atención. Es una foto del presidente Hoover agarrado de la mano de otras personas para demostrar el tamaño de una sequoia roja de California. Me impresionan los árboles grandes porque siempre pienso que si pudiesen hablar, contarían las historias más interesantes. Cambiantes en sus adentros pero siempre estáticos en su locación. Los mejores testigos de lo que pasa alrededor.

Esta foto, convertida en una de mis favoritas de ahora en adelante, me trajo algo a la memoria. Cuando yo era chamo, un árbol gigantesco se cayó en mi campamento. Alguien, que no recuerdo quien, con ínfulas de cortó un pedazo del tronco y se tomó la tarea de contar los anillos para determinar la edad del mismo. Luego, pegando unas flechitas de papel, anotó los años en que ocurrieron todas las grandes guerras, así como momentos claves de los dos últimos siglos. Una dendrocronología autóctona que me dejó bizco por horas frente a ese pedazo de madera, haciendo nuevas cuentas para determinar otros momentos de la historia en los que se árbol estuvo parado. Legados estáticos de una historia cambiante. Igual que Hollywood.-

1 comment:

Carlitos Huerta said...

Me parece injusto que Leo DiCaprio no tenga ni un oscar

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