Monday, February 16, 2009

Mañanas en Éfeso

Esta mañana descubrí que la única persona que no se despertó triste fue mi papá. Él, como todos los días, estaba viajando por el mundo en uno de sus viajes psicodélicos. La ha tomado por ahí. Cocinar salchichas en Viena o comer langostas al termidor a bordo de un barco por el Mar Egeo.

Hoy, como de costumbre, me desperté y fui a su cuarto para saludarlo. Estaba en su cama con la enfermera preparándose para bañarse. Cuando me vio, puso una de esas sonrisas de aventurero y me dijo: “Toto. Imagínate. Hoy voy a rescatar a unas personas que están en Éfeso.” Eso es otra cosa. Conjuntamente con sus viajes, le ha dado por las causas perdidas. Un día puede ser sobre algún papá que dejó de alimentar a sus hijos. Otro, es una niñita en Auschwitz. Esta mañana eran unos turistas atrapados en la Biblioteca de Éfeso. “Que chévere papi. Me baño y te acompaño”, le dije. “Dale –me respondió- apúrate que yo te espero.”

Me desayuné con calma, pues por lo general el destino en el pasaporte de su mente varía rápidamente. Por eso me sorprendió cuando volví un par de horas después y siguió con su cuento del Éfeso. Los turistas habían sido rescatados pero habían llegado unos más. Por eso él no podía armar el rompecabezas que yo inútilmente trataba de hacer (los odio) porque tenía que volver a Éfeso por si acaso pasaba algo. Un paso momentáneo por la Place des Vosges lo distrajo pero cuando asomé la cabeza para verlo hacer sus ejercicios con la fisioterapeuta me lanzó la misma sonrisa de explorador para decirme: “¡Mira Toto. Me estoy poniendo fuerte para ir a rescatar a los turistas de Éfeso!”

En la tarde, con el arsenal de visitas, le dijo a mi mamá que lo vistiese y le pusiese bastante agua de colonia. Allí en medio del entretenimiento que había bajado para “no molestar” (palabra elegante para echarse un cigarrito), decidió aventurarse fuera de su cuarto caminando a ver que tal le iba. La andadera jamás pisó el piso y llegó a la ventana de la biblioteca con la misma calma que llega un pecador a su banco luego de confesarse. Ahí vio su jardín, se emocionó con su araguaney que no florea y me hizo jurarle ochenta veces que yo no le estaba escondiendo los cigarros (eso y una botella de vino: big issue).

De vuelta a su cuarto y sentado en su silla con la pierna cruzada dio nuevamente la sonrisa tremenda al oír a su hermano decirle lo bien que se veía y lo bueno que había caminado. Al verme, sin embargo, la sonrisa se cuajó y puso cara de confuso. “Toto –me dijo- esta mañana yo te conté algo.” “Sí papá que estábamos en…” “No no -me interrumpió- Tú no estabas ahí, sino que yo te lo conté”. “Ajá y ¿dónde estabas tú papi?” Me vio por varios segundos como si no pudiese creer lo que iba a decir. Se resignó y dijo “En Éfeso.”

Yo le contesté feliz como maestro de Kinder. En verdad no es normal que se acuerde de estas cosas. Lo que no me esperaba era lo que me dijo después: “Toto pero yo me acabo de dar cuenta de una cosa. Es imposible que yo haya estado en Éfeso esta mañana.” Le pregunté que donde creía que estaba y me respondió: “Por eso. Yo estoy en mi cuarto en Caracas. Es imposible que yo haya viajado. Y a veces digo cosas que yo sé que son loqueras y tengo una confusión horrible.”

No lo podía creer. ¡Momento lucido! Reconocimiento de espacio y tiempo, cosa que no había hecho. De la manera más rápida que pude y conteniendo las lagrimas, le conté lo que le estaba pasando. Probablemente le aseguré estaría en Paris o en Kioto en cinco minutos pero que lo importante era recordarse de volver a conectar todo lo que pasaba en su alrededor.

“Toto, ¿así como tú y la burundanga que no sabías dónde estabas?” “Exacto papá. Igualito. Por eso no te sientas mal si dices cosas locas. Lo importante es que aprendas a reconocer donde estás ahorita. Y así va a ser un poquito más de tiempo. No te preocupes si hoy viajas a Moscú.”

Mi papá volvió a darme una sonrisa de explorador. Con un simple “Ok” se quedó tranquilo. Ya en la noche había vuelto a viajar a otra parte pero no me importó. Fue la primera conversación que tuve con él en donde me di absoluta cuenta que ese explorador volverá a su tierra algún día. Son tantas las cosas que ya sabe hacer, que los viajecitos que haga en donde goza, bien valen la pena. Porque ya señales da que vuelve. Así mañana haya decretado zona segura para los turistas en Éfeso.

Dad con Nelly feliz viendo la tarde de hoy

2 comments:

marimarval said...

Se me aguaron los ojos con esto Toto.

Demasiada razón para estar mas que feliz! Im very happy for you!

Toodo lo mejorrrr... que siga mejorando! Pero déjalo quieto que en Éfeso te aseguro se está más feliz que aquí ahorita... He should get to be happy now!

Pa' realidad de enmienda, nosotros aquí...
Un beso y congratss!

E.Rigby said...

(snif snif)

Besos al viajero :)

También te puede interesar:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...