Wednesday, February 4, 2009

Not just a cake

La vida está llena de misiones. La mía es encontrar en Caracas tres cosas: la mejor sala de cine, la hamburguesa perfecta y una torta de zanahoria con bastante crema que sepa exactamente como uno se la imagina antes de probarla. Las dos primeras ya han encontrado su nicho pero la segunda, al menos comercialmente, sigue siendo un misterio.

La más perfecta de todas vino una vez a mi casa gracias a una señora a quien mi familia le hizo un favor una vez. Una torta de zanahoria tan suculenta que la crema se derretía en la boca. Era como cuando uno era chiquito y te daban la paleta con la cual habían batido un chocolate para que te lo terminaras. Con dolor de barriga y todo eso era un sencillo momento Kodak cuya sensación infantil fue capturado perfectamente por Pixar en la cara del crítico Anton Ego, luego de comerse su ratatouille en la película homónima. Así era esta torta de zanahoria.

Esta tarde por fin convencimos a mi mamá que dejase a mi papá con una enfermera en la clínica para que ella pudiese dormir una noche completa y tranquila y así recargar las pilas. No ha sido fácil para ninguno de nosotros ver a mi papá como está porque él siempre se encargó de todo. El siempre ha sido como uno de esos hombres que los sueltas en una jungla con solamente un Q-Tip y te construyen una casa digna de Jimmy Alcock. Lo que ignorábamos es que seguramente la idea de montar la casa de esa manera, le hubiese venido de mi mamá. Ella no hubiese soportado mandar a mi papá solo a una jungla y se hubiese encaramado su taparrabo de Jane (y su polvo porque eso para ella es su roca de Gibraltar) a "inspeccionar" la obra.

Mi mamá ha sido tal muleta para mi papá en estos días, quedándose todas las noches en la clínica, respondiendo a las miles de llamadas que nos hacen (que once again…son de autógrafo) y hasta pagando cuentas que antes ignorábamos debían ser pagadas, que lentamente colapsa. Y esta noche pensamos que era mejor verla dormir en una almohada conocida. Tranquila. Porque a ella la necesitamos tanto como a él. Zafarla de la clínicia fue peor que ponerle Krazy Glue al Velcro pero a la final logramos montar a la señora y traerla para su casa.

Aún así cenamos en silencio. Cansados. Agotados es la palabra del día. Se imaginarán el cambio de caras en nuestras propias mentes de Anton Ego cuando Josefa nos puso delante de nosotros LA torta de las tortas de zanahorias. Nuestras sonrisas fueron como un aceleramiento de once meses hasta llegar a la Navidad. Un remake autóctono de ese chamito en You Tube que no puede con su Nintendo Sixty Fouuuuuuuuuur!!!

La misma señora que alguna vez nos agradeció trayéndonos una torta por algún favor que le hicimos, repitió el mismo regalo. Y sin saberlo, se convirtió en el San Nicolás de los Aguerrevere. La cara de felicidad de mi mamá mientras se comía esa torta y decía "que torta" fue uno de esos momentos estelares en donde por fin la pude ver y pensar "she's so happy!" Lo que fue simplemente una torta, en verdad fue uno de esos momentos de familia en donde solo faltó la nieve y alguna música cursi. Tiren a Campanita ahí. también. No tiene nada que ver pero bueno Campanita era medio cursilona a veces. Esa misma sensación, con una simple torta, fue la que sentimos esta noche. Una torta que trajo de vuelta una sonrisa que tenía días sin verla en la cara de mi mamá.-

Most grateful to Anabella G. the incomparable Carrot Cake Lady!

3 comments:

Carito said...

Quiero torta de zanahoria! Mi mamá hace una que yo creo es genial, pero tal vez no soy muy objetiva!
Espero además que tu papá este mejor! Un abrazo

Eva said...

Toto,
te recomiendo tambien la torta de zanahoria de Antigua. He buscado esa misma torta que tu dices por todos lados y la consegui ahi... Asi que cuando no consigas a Anabella, puedes pasar por ahi un segundo y llevarte tu pedazo.

Toto said...

Un millón! Gracias por el tip!

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