Tuesday, February 24, 2009

Toto va al Zoo

Cuando yo era chiquito, tenía una colección de libros sobre Teo. Teo hacía de todo. Era la versión literaria de la Barbie sin llamar a la interpretación subliminal de la anorexia perfeccionista. Teo iba al zoo, se montaba en un avión, iba de compras, iba al colegio, se enfermaba. Teo iba al campo, celebraba su cumpleaños y hacía un disfraz. Uno gozaba con Teo porque la que ilustraba los libros se fajaba en meter mil y un detalles. El cuarto de Teo estaba lleno de cosas que había en mi cuarto. Teo se metía en problemas al igual que yo. Teo era la persona que yo era en contraposición a la persona que yo quería ser: Man-At-Arms.

Cual Jackie Paper con Puff the Magic Dragon, poco a poco fui dejando a Teo a un lado para concentrarme en Archie y su pandilla. Riverdale fue para mí, mi cuidad. Torombolo era mi pana y jamás entendí porque Archie se desvivía por Betty cuando Verónica venía con todo. Sin contrato pre-nupcial. Pero, como Teo, poco a poco, Archie se fue quedando atrás. Ya no eran los problemas del carro ni quien “cortará el césped antes de ir a la nevería de Pops” (la versión española era muy cómica). Archie se convirtió en esa niñita que John Nash veía en sus esquizofrenias. El problema de Archie conmigo es que jamás terminó de graduarse. Yo me había vuelto grande. Archie se quedó por siempre en quinto año.

Cuando uno es grande son pocos los héroes con los que uno sueña ser. Si bien el Maracucho se rige por Holden Caulfield y Manolita no ha encontrado mejor heroína que Madame Bovary, el estrés de nuestras vidas nos deja poco tiempo para reflejarnos en arquetipos ficticios. Más bien, nos concentramos alrededor de libros de auto ayuda que nos cuentan historias para no pegarnos un tiro un lunes a las seis y media de la mañana antes de salir al trabajo. Por eso es que Paulo Coelho y Robin Sharma son un hit en las librerías. Atticus Finch no pega siendo un monje que vendió su Ferrari. Para empezar, Atticus jamás hubiese tenido un Ferrari.

Vivimos en eras rápidas en donde la imaginación se mide por el poder de las ventas de una marca de alcohol. Un zoológico de vallas que nos ofrecen ser el solitario hombre Marlboro o actitudes de vida que son “very Mario”. Poco se atribuye a personajes literarios que forman o deforman una zoociedad. El problema es que no leemos para inspirarnos. Total, Sal Paradise consiguió una cola hace décadas. Ulises, llegó a su casa. No tenemos tiempo de vernos reflejados en los errores que comete Edmond Dantes y no podemos saber que Montecristo no se queda con Mercedes al final del libro. Es más fácil ir al cine a ser engañados por cambios de historias (Dantes y Merce en una del Día de los Enamorados mientras sale la palabra "Fin"). Es más entretenido conectarnos online a ver qué están haciendo Brad y Angelina un martes cualquiera a las seis de la tarde. De repente y por casualidades de la vida, Maddox también podría estar en el zoo.-

1 comment:

La Chica Bond said...

Me encanta este post mi Toston. Pero notese que JAMAS mi Edmond Dantes hubiese podido quedar con la cualquiera esa de Mercedes, por eso casi demando a Cines Unido y a Warner cuando vi la pelicula de quizas mi libro favorito y vi que me habian cambiado vilmente la historia. Just to comment pues, besos grandes y yo tengo todavia guardado mis libros de Teo la prox vez q vaya a Ccs los vemos

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