Monday, March 2, 2009

El Souvenir Niche

Soy muy dado a coleccionar cajas de fósforos, soldados de plomo y recuerdos en papel. Pero una de las cosas que más gozo es recibiendo regalos que comúnmente denomino “el souvenir niche”, regalos inútiles que me traen mis amigos cuando regresan de viaje. La idea del souvenir niche surgió una de esas noches en las que me despedí de mi amigo Olek. Por razones de trabajo, Olegario estaba todas las semanas en una ciudad diferente. Suena emocionante pero cuando solamente te dan dos días (cada quince días) para regresar a tu casa y ver a tus panas (y bueno que si a tu papá y a tu mamá), el viaje se vuelve parte de una rutina que se asemeja más a un pasaje en alguna buseta llamada Azucena. Me imagino que estaría rascado o quizás un poco picado que a mí ni siquiera mi abuela me trae un sweater pero la frase “tráeme un souvenir niche” se convirtió en un ritual de tradición que ya se amontona a decenas de artefactos inútiles de alguna ciudad remota.

Al principio fueron llaveros o calcomanías. Baratijas comunes que se compran en cualquier aeropuerto que se respete. Con el tiempo, el nivel de regalo ha “mejorado” en su nichismo. Es decir, mis amigos se han dado a la tarea de encontrar tesoros inservibles que no solamente produzcan risa al momento de reglarlo, sino que sirvan de cuento posterior para comentar “mira lo que me trajo la Fren”. Deleites sencillos que guardo en una parte de mi cuarto a sabiendas que en alguna parte del mundo, alguien se cagó de la risa y se acordó de mí.

Estos son algunos de mis favoritos:

El imán egoísta: La Fren se fue a vivir a Kansas. Porque se largó a Kansas pudiendo trabajar en las torres de Kuala Lumpur, nadie lo sabe pero el mundo es así. Obviamente, hasta las papeleras en Kansas hacen referencia al libro de Baum pero este imán me gustó porque es exactamente lo que habría hecho cualquiera si descubre que un par de zapatos te llevan adonde sea.

La silla playera: Camilo me trajo esto en una de sus visitas de Alemania, país donde vive. Completamente inservible pero a la vez un recordatorio histórico del lugar donde viene. Su idiosincrasia la comprobamos viendo la película "The Reader" en mi casa. En una de las escenas llevada a cabo en la playa, salen un centenar de estas sillitas en vivo y en directo, provocando que mi mamá gritase: "mira tú sillaaa". Por ello, me complace decir que el Camilín me trajo una baratija autóctona y no un ornamento digno de La Pequeña Sirenita de Disney.

El Beefeater londinense: Esto me lo trajo Roche Bonche hace siglos pero en verdad dejó de ser un souvenir niche para pasar a ser la inspiración detrás de una colección de soldados de plomo que tengo actualmente. Desde que viví en París hasta ahora, he amasado una colección de más de noventa soldaditos de distintos regimientos y lo más sabroso es que hay gente (especialmente mi papá) que saben de mi colección y me han traído soldaditos de Moscú, Buenos Aires, Lyon y otros sitios. Un solo muñequito inservible empezó una colección que me ha dado nota cuidar, estudiar y conservar para cuando tenga a mis chamos.

Parte de mi colección. De hecho si ven la película "Miranda" de Diego Rísquez, hay una escena en dónde Luis Fernández, quien encarna a Francisco de Miranda, sale jugando con algunos soldaditos. Esos todos son míos.

El huevo toma tiempo: Esto sí me dio demasiada risa. Me lo trajo Caro desde Nueva York. No sirve para nada, salvo para jugar papelitos.

El yesquero pavoso: Esto sí es lo mejor que me han traído Olek y Gaby. Directo desde Singapur, el yesquero tiene la modalidad, encima de ser horrendo, que al abrirlo toca la canción "My Heart Will Go On" de Celine Dion. No contento con eso, la llama que produce se vuelve verde dragón. Definitivamente uno de los productos más feos jamás producidos por el hombre pero que más risas ha traído (no sirve para nada en dates. Al día siguiente de haberles prendido un cigarrillo, jamás contestan la llamada).


Así que donde quiera que estén, adonde quiera que vayan, estén atentos de esos vendedores a quien nadie les compra nada. Toto quiere algo de ahí. Debe ser algo pequeño, ilógico y completamente risible. Hay tantas cosas en la vida que dan risa y nadie está pendiente de ellas.-

3 comments:

Mariale said...

Toto, como siempre...me encantó!!! Ya veré que mas te encuentro en Kansas!!! por lo pronto cuenta con Toto Perez! :)

idream2 said...

Tots, Creo que el reloj de caro debe medir el tiempo en que se cocina un huevo sancochado... Just something to check! ;)

Facility manager said...

Tengo algunas cosas para tu colección; cuando nos tomemos algun cafe
Saludos,
Alberto

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