Saturday, March 14, 2009

Gritemos con Frío

Con el cuentico de que esto es un país tropical, uno se viste como si fuese a una fiesta bananera en La Habana. Cómodo, práctico y listo para resistir “la calol”. No usamos cholas de noche porque al caraqueño le encanta una media pero igualito salimos vestidos como si fuesen las tres de la tarde e hiciesen los mismos veintisiete grados de siempre. Uno se cala su frio en diciembre diciendo mariconamente que “uy que pacheco” mientras se frota los corpúsculos de Krause y escapa de la alergia del capín melao del Cerro Ávila, invadiendo a la isla de Margarita, la cual estoy convencido fue colonizada de la misma manera que advierte Eddie Izzard: “do you have a flag?”

Enero pasa y febrero es medio lluvioso pero la gente no se da cuenta porque está metida todo el día en una cola en Conferry para ver si puede escaparse de nuevo a su isla invadida en Carnavales. Todo eso muy chévere pero yo me pregunto ¿Qué carrizos pasó en marzo que todavía seguimos pidiendo que nos suban la calefacción de ñoña? Si por tradición marzo es (conjuntamente con agosto porque todo el mundo está otra vez de vacaciones en la isla de Lost) un mes de esos sin lluvia, de chemise a rayas (hasta los choros usan chemise a rayas. Fíjense en las fotos cuando los arrestan), y de volverse a enamorar de su ciudad, no entiendo el sentido de tener que cargar de arriba para abajo con un sweater. Como cuando uno va a Disney y lo primero que te empiezan a vender en el aeropuerto de Miami (o hasta en el de Moscú si saben que vas para el Musipán Capitalista) es el maldito poncho amarillo.

No entiendo el frio. Heidi era la que tenía que tener frío en ese ático con cama de paja que le puso el abuelo (child services no llega tan alto así que no importa). Sarah Palin es la que tiene que tener frío. La Bella y la Bestia que aún no logro entender como en una parte de la ciudad era primavera y cuando llegaba al castillo era la tierra de los yaks, son los que deberían tener frío. Por inconsistentes. Nosotros, que de casualidad tenemos una cobija estamos sucumbidos a mariconearnos con el “que pacheco hace este marzo vale” todo porque Al Gore tenía razón y solamente Suiza y los países escandinavos, para variar, le pararon.

El sweater es una incomodidad. Puesto es lo máximo pero cuando hace calor, los hombres no sabemos que hacer con él. Cuando no tenemos bulto o carro que sirva de condominio en la parte de atrás, los hombres estamos resignados a llevar cosas en la mano. Y no hay nada más limitante que llevar algo en la mano para nosotros. Por eso fue que hicieron el invento más grande de toda la humanidad: el bolsillo. El tema de las manos libres se vuelve un desastre cuando nos tenemos que quitar el sweater y no tenemos a la consabida nodriza (la novia) para que nos lo guarde en su cartera carry-on (el mamotreto que arrastran las mujeres hoy en día que llaman “cartera” es el colmo. Parecen todas unas bolivianas con su hijo al pecho).

Si vamos a cualquier centro comercial, nos damos cuenta que la gente no tiene idea que hacer con un sweater una vez que entra en calor. Puesto en el antebrazo es de viejo llevando a su hija al altar o quizás un maître retirado. Encima de los hombros con nudito es de tenista maricón. Amontonado por un solo hombro es de cazador que mató una ardilla; en la cabeza cual maharajá es una excusa para llamar la atención. Llevado en la mano es una falacia. Llevarlo en la mano es un trámite de quince segundos que solamente significa que estás cambiando a la ardilla Chip & Dale muerta de hombro.

Amarrado por la cintura es cuestión de idiosincrasia: por un lado están los que desprecian la técnica del amarre tapa rabo, perfectamente válida en primaria pero despreciable en la adultez porque a un imbécil se le ocurrió burlarse de un gordito diciendo que se estaba escondiendo el rabo como las mujeres con pareo (esto último merece su propio estudio científico en Venezuela). Por otro lado están los que apoyan al gordito y en solidaridad se amarran su sweater por la cintura.

Un completo desastre solamente porque marzo se niega a calentarse y nos obliga a cargar con pedazos de lana que estorban el mojo al caminar. Pobres chamos en los colegios. Amontonados todos unos encima de otro para entrar en calor mientras los obligan a pararse en un patio a cantar: “Gritemos con [frío], muera la opresión”. ¡Muera el frío es lo que es!

1 comment:

idream2 said...

LOL! It snowed here this morning again! Quit complaining... ;)

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