Sunday, March 1, 2009

Las cuatro letras de la pena

Cerca de mi casa, hay un kindergarten que dicta cursos en las tardes. Uno de esos lugares educativos que si bien están pensados para la recreación de los niños Índigo, probablemente sean el oasis de la madre trabajadora o la madre que odia ser madre. Jamás me había percatado de él como un sitio de potencial descubrimiento hasta que presencié una escena que me llamó la atención. Caminando hacia mi casa, luego de cortarme el pelo (cambié de barbero y ahora me dejaron un corte actualizado del que otrora usase Simón Bolívar) pasé por en frente del kínder. Ahí había una mamá halando desesperadamente a un niño quien se había abrazado abnegadamente a un poste de luz. El niño lloraba desconsoladamente protestando que no quería entrar hacia el colegio. Su razón: “me da peeeena”.

Seguí mi camino pero la razón del chamo se me quedó pegada en la cabeza. Si a los cuatro años ya te enteraste que conocer a otras personas da pena, estás más o menos jodido en la vida. Si en la edad de la inocencia no pudiste ser quien realmente querías ser porque te daba pena lo que dijeran los demás, ya perdiste. Pero después me puse a pensar que, salvo contadas personas, la mayoría de los mortales somos absolutamente penosos. Tenemos la absoluta inseguridad de creer que todo el mundo nos está viendo cuando en verdad todos los demás están creyendo que todo el mundo los está viendo a ellos (incluido tú).

La teoría dice que en promedio la persona humana conoce a unas 290 personas (Bernard & Killworth). Esta cifra –calculada en 150 por el número de Dunbar– no pretende desmejorar las expectativas de popularidad de aquellos en Facebook que se apremian de sus 850 amigos. Lo que pretende especular es que el promedio de los tú a tú de una sola persona son 290. Eso significa que cada una de esas personas está en conexión con otras 290, lo que abre para el individuo originario un pool de unas 60 mil personas o más que potencialmente podría conocer a través de otras.

Ahora bien, son pocos los que van a un sitio y conocen a la totalidad de las personas (ni siquiera en tu cumpleaños porque siempre alguien trae a un coleado). Concedido los matrimonios en Caracas son una fuente potencial de pena hasta la hora del cotillón pero por lo general todo el mundo se comporta como si los demás estuviesen pendientes de uno. Yo recuerdo a una amiga a la que llevé a un sarao después de un estrepitoso divorcio y en la mitad de la fiesta me dijo: “me siento divorciada”. Le afirmé que eso era lo que decía su sentencia pero ella me dijo que no. Eran los ojos de los demás la que la hacía sentirse de esa manera. Como si toda su personalidad estuviese en tela de juicio porque las demás personas estaban ante la presencia de alguien marcada con la letra escarlata. Y esto viniendo de una persona que no sabe que la gente baila en el piso. No encima de las mesas.

Pena es presentártele a una niña, pedir un aumento de salario, decirle a alguien que no, pedir perdón. Y la verdad ni siquiera (pero hay que admitir que todo lo anterior da cosa). El problema es que fallamos en pensar que esa pena se vive con solamente una de las 290 personas a las que conocemos directamente. Las otras potenciales sesenta mil no pintan nada en tu propia pena personal. Y las demás 6.732.581.679 personas en el mundo no tienen ni la menor idea quienes somos nosotros. Ni les interesa.

Si eso es así, entonces, ¿por qué es que vemos a todo el mundo en los bares siguiendo el ritmo de la canción de moda con los pies, dándole a la mesa como si fuese un tambor particular pero solo a tres parejas pendejas que dan pena ajena bailando en un lugar en el que todos quisieran estar haciendo lo mismo? ¿Por qué nos da pena ser ellos? En algunas circunstancias crecemos. En otras, somos aquel chamo de cuatro pegado a un poste. Negado a entrar. Por una combinación de letras y emociones que deletrean pena.-

1 comment:

Bibi said...

Coincido contigo.
A mi se me quito eso, una vez que estaba con una amiga en un evento público y lo que quería hacer me daba pena, y ella me respondió "¿con quien te da pena? ¿con gente que no conoces?" Y pensé "tiene razón"
Jeje, acertado ;)

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