Wednesday, March 4, 2009

No soy Bogart

Prendí un cigarrillo justo después del desayuno. Otro vino después de leer el periódico. Uno más que le pedí a mi papá cuando lo lleve a pasear por la mañana para acompañarlo. Después del almuerzo vino el de la sobre mesa, dos en la tarde y uno en camino hacia el Rey David a comprar la cena. Ayudé a mi papá a acostarse y me fumé uno. Viendo un documental sobre las fotografías de Annie Leibovitz me fumé tres. El penúltimo (pues estoy seguro viene el de las buenas noches) me lo acabo de fumar en la cocina acompañando a la perra hasta que se quedase dormida. Doce cigarrillos en un día. Trece porque no voy a mentir.

No está mal para alguien que se fumaba diecinueve al día. Pensándolo bien, ni sé cuantos me fumaba. Solamente me acuerdo que cuando tenía diecisiete me fumaba exactamente siete cigarros. De ahí en adelante, cuando prendí el “insólito” cigarrillo a las seis y media de la mañana en rumbo a la Católica, me dejó de importar. Total, podía fumar a mis anchas en el salón de clases, respondiendo exámenes, en cualquier cola de tráfico y hasta encerrado en mi baño. No hay aeropuerto en el mundo donde no sepa exactamente donde queda el saloncito de fumar. Ese con gente que estoy seguro que las contratan para que se pasen el día ahí y te den más asco. Tal es mi desespero por fumar que jamás he podido llegar a una fiesta oliendo a agua de colonia. Al momento de montarme en mi carro, regio con corbata planchada y olor a afeitado inmediatamente, inauguro la noche con un cigarro.

Jamás he querido dejar de fumar. Ni siquiera cuando me cambié de marca. Mi cuento del Astor Azul viene porque quería comprarme la marca que menos me gustaba en el mercado. Barato mojón. La flema del día siguiente que me dejaba el Marlboro Rojo no me dejaba ni respirar. El Astor ganó porque era la marca que podía fumar los domingos de ratón. Aún hoy en día no puedo pasar una cajetilla completa de Marlboro sin que mi cuerpo colapse al día siguiente. Y aún así fumo. Porque los Astor, me engaño, no me hacen nada.

Desde el principio del año me puse como meta dejar el hábito de fumar. Mi meta era que para el 21 de agosto, día de mi cumpleaños, yo no debería estar fumando. Con lo de mi papá la fecha se ha acelerado por varias razones. La primera es porque ha roto el mito de mis costumbres. Yo creía que jamás podría escribir nada sin tener una cajetilla de cigarros al lado. Heme aquí. Dos semanas de blog posts, e-mails, investigaciones, FB sin fumarme siquiera un cigarro en la biblioteca. Una regla auto impuesta (y extendida a todos los miembros de la casa) que no se fuma arriba. Por supuesto, bajo. Me echo mi cacho afuera en el jardín pero ya no son siete los cabos que tengo en una sentada de dos horas al lado mío. Dos cigarritos. Uno después.

La segunda y odio escribir esto, es que me he convertido en el drug dealer de mi papá. En teoría, él no debería fumar; de hecho pasó un mes completo, entre terapia, clínica y recuperación inicial que no fumó. Pero para él, lleno de lagunas mentales y confusiones, ese mes no pasó. Para mi papá el último cigarro se lo fumó hace un día cuando en verdad ha pasado un mes. Y yo entiendo perfectamente lo que es eso. Con la burundanga, estuve clavado a un suero en una clínica por tres días. Iracundo como estaba yo solamente pedía que me dejasen fumar. Era mi único deseo. Sin importar que medicamento decía “te vas a morir si…” o el doctor “Ud. Ya no fuma”. Lo único que recuerdo de todos mis delirios es que yo necesitaba fumarme un cigarro. Mi papá hizo eso por mí. Abrió las cortinas de mi cuarto en la clínica, me dio un cigarro y me dijo “termina de fumártelo de una buena vez”.

No es el acto bondadoso más grande del mundo, ni la razón por la cual me quiero acordar de mi papá cuando sea grande pero entiendo ahora la angustia del momento. Porque lo vivo en carne propia cada vez que le tengo que dar los cinco cigarros “prescritos” para evitar que el señor se pegue un tiro de la ansiedad. Aún cuando suene legendario decir que yo fumé en una habitación de la Clínica el Ávila, viendo la montaña con el culo descubierto por la pijama de hospital y las enfermeras dando tumbos a la puerta. Very rock star moment en mi vida.

Pero el sentimiento de drug dealer no se va “quitándole” su ansiedad con el beneficio de complacerlo. Pasamos de convencerlo que nadie fumaba (de hecho nadie fuma, sino escondidos), a explicarle que él ya no fumaba (cuento que no se creyó ni en la terapia) a ver con horror en un paseo en carro como abrió la guantera y encontró “my precious” y lo prendió (con los siete yesqueros que había recolectado en su camino por la casa) sin que nadie en el carro se percatase hasta que fuese muy tarde (arrancárselo fue peor que el Holocausto completo), a hablar con el médico sobre el problema.

Aún así con las pastillas para dejar de fumar, el habito continúa. Y odio que cuente los cigarros y me diga “me falta uno para completar” y que me pida más y que de las 30 conversaciones diarias, 10 sean sobre el cigarro. Porque detesto verlo fumando. Es verlo tirado en ese carro otra vez. Cada vez que prende uno. Pero yo no soy él. Yo no puedo cambiarlo a él. Y tampoco quiero cambiar por él. Si lo hago es por mí. Hubiese cambiado por él y le hubiese clavado en la tarjeta las pastillas que me compré. Si dejo de fumar es por la arrechera que me da el haber pagado lo que pagué por ellas.

Mañana empiezo el tratamiento. No sé si funcione y no me importa mucho pero es la primera vez que estoy consciente en que estoy tratando de dejar de fumar. Mentira, es la primera vez que estoy dejando de fumar. Supuestamente sigues fumando con las pastillas pero tienes que ponerte una fecha límite próxima para dejar de fumar. Esa la tengo pero me la mantengo para mí mismo. No vaya a ser que salga una fanática antitabaquismo a hacerme una cacería de brujas por no cumplirla. Y lo único que va a lograr es que la asesine y luego me fume un cigarro en celebración ("with a nice Chianti…").

De mis hábitos ordinarios los tengo claros. Para mí, no hay mejor cigarro que el primero en la mañana y el de las buenas noches. Esos quizás son mis impelables. Con los que no puedo vivir. Vaya trifulca mental la mía estar en mi casa de noche sin ningún cigarrillo. El patetismo ciertamente llega a fumarse las colillas. Peor aún es la jugada al tesoro escondido: ir por todos los flux que están guindados en el closet y revisar los bolsillos. Si eso no sirve, desmantelar las carteras de mi mamá. En casos extremos, toque de puerta olímpico a Josefa. Hasta en eso soy maleducado.

Lo que no tengo claro es con las salidas fuera de mi casa. Me asusta heavy la noche. Me da un miedo terrible ir a un sitio y no tener una caja en mi bolsillo. Siento angustia no tener cigarros. Pero bueno es martes. Vamos por partes, piano piano. Si sirve, éxito contaré mis historias. Si no sirve, también. Lo bueno es que por primera vez tengo la motivación, las razones y las ganas.

Da burda de miedo.... What if I fail? No, no ¿qué pasa, Totón, si en verdad ya no fumas? ¿Quién carrizos serías? Heavy shit!

6 comments:

Pedro said...

Champix? Si sirve. Tienes que dejar de fumar una semana después de empezar a tomarlas.

Al principio no notas mucho la diferencia, pero va a llegar un día en que van a ser las 9pm y no te has fumado un cigarro. Y no te habías dado cuenta. Por lo menos eso me pasó a mí. Luego te fumas uno, y cuando vas por la mitad ya no te provoca más.

Mientras estuve tomándolas se me hizo fácil no fumar, aunque lo seguía haciendo cuando me echaba palos. Para mí no fumar cuando bebo siempre ha sido lo más dificil. Pero bueno, cada quien tiene su cigarro díficil de dejar. En tu caso el de la mañana. Yo muuuy rara vez fumaba mi primer cigarrillo del día antes del mediodía, y aun así no tenía problemas para fumarme una caja en lo que quedaba del día. Y si salía una noche hasta las 5am, facilmente me podía fumar otra.

Cada quien se pone una meta; la mía era sólo fumar uno que otro cigarrillo chuleado cuando bebiera. Dejé de tomar las pastillas hace como dos mes (las tomé por 2 meses), y no voy a negar que estoy fumando más (o más bien, estoy bebiendo más, así que por ende fumo más).

Toto said...

Vamos a ver que tal me va. Hoy empecé y la verdad fumé más que ayer pero me pasa que cada vez que prendo uno pienso en la cuestión. Ya reportaré. Gracias por tu experiencia.

Valentina R said...

Baby Steps Scooby! You can and you will do it!

La Chica Bond said...

YES WE CAN!!!!!!! Estoy segura que lo vas a lograr mi Toston, good luck and I am very proud of you for doing this
Xoxo

Anonymous said...

Porfavor deja de fumar!!!
Si dejas de fumar te regalo un chocolate... te parece?

Yrving said...

Good point! Yo fumaba como loco, me di cuenta que me estaba convirtiendo en "Nicotine's Bitch" muchos amigos dicen que es una de las cosas mas dificiles de hacer, yo deje de comprarlos y evitar stress. Trata de no pensar en cigarros. Suerte!

Yrving

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