Wednesday, April 15, 2009

Amor Renovable

Cumplieron treinta y cinco años de casados el sábado pasado. Rutinaria felicitación, regalito de él para ella, almuerzo, cena con sus hijos, beso, él se acuesta, ella ve televisión. Celebraron sus quince años de casados hace un mes. Dejaron a los chamos con la tía, viaje a Europa, recorte en Hermés por culpa de CADIVI, cena en L’Ambroisie, hacen el amor, él lee a Dan Brown, ella, a de Beauvoir. Cumplieron diez años de casados. Cita en la peluquería. Mensaje en el Blackberry: “Reservé en Aprile 9:00 p.m. Te adoro”. Él llega corriendo de la oficina a vestirse. La sorprende a ella acostada. Con el único peluquero en Caracas que no es pato.

Llegaron por fin a los cinco años de matrimonio. Llamada de la pegada del cortejo que se sigue recordando de los aniversarios. No piensan hacer nada, él tiene una presentación al día siguiente, ella no cabe en ninguna parte con la barriga. 12 meses de infierno. Acordaron no regalarse nada por eso que les subieron la renta y el sueldo no da. Sorpresa para ella que “nada” efectivamente signifique eso. Acaban de salir de la fiesta de matrimonio. Ella se pone la pijamita sencilla pero atrevida que se compró en Miami como parte su trousseau. Sale con pose de felina nerviosa al cuarto. Él yace con la camisa del frac semi abierta y en bóxers. Mandándose un cambur.

Pregunta. ¿Para qué sirve la longevidad en el matrimonio? Los matrimonios, como toda licencia civil, deberían venir con una fecha de expiración. Pensémoslo, las licencias de manejar expiran. Cada diez años uno tiene que volver al Instituto Nacional de Tránsito Terrestre a renovarla. Las tarjetas de crédito se vencen. La cédula de identidad, nadie entiende el por qué, tiene fecha de vencimiento. Como la leche. Ni hablar del pasaporte y ese cuesta volverlo a conseguir. El gestor, como el proxeneta, siempre tiene clientes.

De esta manera, recae en la persona, consumidor o tarjetahabiente decidir si quiere continuar gozando de los beneficios que dicha licencia le trae. Si uno no ve el punto de seguir manejando en una ciudad en la que ya las horas pico son un mito, sencillamente no se renueva la licencia de manejar. Si el problema viene porque uno no entiende que eventualmente tiene que pagar las tarjetas de crédito, entonces se corta la nueva tarjeta que viene en sobre sellado. Ese es el tema. ¿Si en todos nuestros actos civiles tenemos el pleno poder de escindirnos de un contrato por cuestiones de vencimiento entonces por qué no podemos hacer lo mismo con el matrimonio?

No apostamos al pesimismo. Hay parejas que funcionan. La cursi, la sexual, la amistosa y la perfectamente separada. Son aquellos que le pasan los años y aún se siguen agarrando la mano en el cine. Hay los cuentos de amores eternos. Sesenta años de feliz convivencia en la que el divorcio -a diferencia del asesinato- jamás pasa por la cabeza. Eso es una belleza y es lo que toda infanta que se monta una sábana en la cabeza se imagina que le va a pasar. Las niñas no juegan a las divorciadas. Con el hombre sucede tarde en la vida. Para él, el juego se acaba cuando maneja de vuelta hacia su propia casa y no deja de pensar que no puede pasar otra noche más sin estar arropado en la misma cama que ella. Es así. El ser humano tiene la inevitable desgracia de enamorarse perdidamente. Por eso es que es exitoso ante las demás razas.

Pero en un mundo donde un poco menos de la mitad de los matrimonios terminan en divorcio, la connotación religiosa del acto eclesiástico en el que “lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre”, parece eterno. ¿Qué pasa si por mala leche uno termina casándose con la mujer que entra al Libro Guiness con el record de haber vivido más años? ¿Por qué le achacamos a la muerte la salida de todos nuestros problemas? No lo son. Hay familias peleadas por cuestiones de herencia. Hijos naturales. Hay tumbas con gramas sin cortar. La afección longeva puede que remedie todos los males pero también están los que lloran dentro de un baño porque no soportan como la otra persona respira. Si es así ¿para qué jugar palito mantequillero por el resto de tu vida?

El amor es el sentimiento más sobreestimado de todos. Se da por sentado y se banaliza en conversaciones tras anteojos subidos como cintillos en cafés de moda o en círculos ahumados junto a la parrilla de un domingo de hastío. Salvo los y las que se casaron por el marco de plata y el cotillón, uno apuesta a que la mancomunidad funcione. Una empresa contractual en la que ambos sostienen el mismo número de acciones, con una duración ficticia de unos noventa y nueve años. Pero ahí está la cosa. Pan Am cayó porque los accionistas eran otros. Traducido esto en términos de Maitena: la accionista nueva es Inés Duarte, Secretaria. La amante.

De acuerdo con datos suministrados por el Instituto Nacional de Estadística para el año 2007, en Venezuela se sentenciaron 28.823 divorcios. 79 de ellos duraron menos de un año de casados. 7.390 (la media) aguantaron entre cinco y nueve años de matrimonio mientras que otros 6.595 decidieron cancelar la celebración de sus bodas de porcelana -20 años- y más allá hasta completar la vajilla y el joyero del cual presumen aquellos viejitos que todavía bailan cachete con cachete en el sarao nupcial de uno de sus nietos.

Nos burlamos hoy en día porque los matrimonios jóvenes no duran pero alarma el hecho que los veteranos del sombrero de copa y las de seda brocada tampoco se soporten. ¿Si lo más honesto que se le pueda decir a una persona ante un público es “sí lo tomo”, entonces por qué no se puede tener la conversación más franca con la persona a la que más se quiere en este mundo y preguntarse: “¿le echamos pichón cinco años más?”? Una renovación de licencia cuya vigencia está basada mutua y exclusivamente en el consentimiento de ambos. Decir que sí. Eso es amor. Decir que no. Es más que amor. Eso es ser completamente sincero.-

6 comments:

Cri said...

Agree completamente tots!!! además que me parece algo completamente lógico y sano :D en vez de esperar a que las cosas vuelvan a ser como eran antes... es mejor que la sinceridad vaya siempre por delante, no?

Anonymous said...

"Decir que sí. Eso es amor. Decir que no. Es más que amor. Eso es ser completamente sincero" GENIUS!

Anonymous said...

I respectfully disagree:
La vida es importante porque sólo tienes una, igual pasa con el matrimonio. Si te puedes casar varias veces con varias personas, entonces pierde su importancia.
For love there is marriage, for everything else there is CONCUBINATO!

Ysaías Núñez said...

Interesante punto de vista. Es factible, me gustó como comienzas tu publicación, en una retrospectiva que va mordiendo cada vez más el sarcamo, la rutina.

Saludos.

Valentina said...

"Decir que sí. Eso es amor. Decir que no. Es más que amor. Eso es ser completamente sincero" De las mejores frases que he leído!

Manuela Zárate said...

Chamo, uno de esos divorcios sentenciados en el 2007 fue el mío!!!!! Jajaja....
Yo hago como unos amigos mios. Se revisa cada año. A veces en joda, a veces en serio. Al final es un contrato. Hay compromisos, cada quien tiene sus exigencias. El día que no se cumpla pues adios luz que te apagaste. Lo curioso del amor es que aún cuando se acabado, no se termina...

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