Monday, April 13, 2009

Idiosincracias Playeras que No Entiendo

El taxista en la ida del aeropuerto hasta la casa de la playa te conversa sabroso, te habla bien de la isla, regular del gobierno y mal de la inseguridad. Pero igual te clava cien mil Bolívares. ¿Soy yo o escribir una cifra en Bolívares fuertes parece insignificante a lo que uno quiere transmitir? En España siguen hablando de pesetas a pesar que el Euro ya hizo la primera comunión. Los viejos hábitos tardan en morir. Por eso el exabrupto que te cobren cien mil bolos cuando el año pasado eran cuarenta. Sin I.V.A pero con una tremenda sonrisa Colgate a la que le falta un diente. Un augurio para la anorexia que sufrirá tu cartera en la Semana Santa. Sobre todo cuando estás en una cola kilométrica para entrar en el Sambil de Margarita preguntándote a ti mismo "¿Por qué carrizos es que estoy yendo al Sambil?"

Celebro el hecho que los trajes de baño para hombres con la mallita incluida adentro volvieron. Eso de estar todo el día con un calzoncillo mojado debajo de un pedazo de tela que llega hasta la rodilla y con la palabra “Quicksilver” tatuada en el culo era un franco fastidio. El ochenta por ciento de nosotros no es surfista pero igual había que usarlos. Fue el equivalente a la colonia Eternity de los noventa. Lo que no me había percatado es que en menos de una década pasamos de franelas raídas de Banana Republic y cholas cualesquiera a ver a una masificación caminar por las playas en loafers, usar camisas de Polo arremangadas y destacarse con los Vilbrequin, trajes de baños que constituyen la versión playera de las corbatas de animalitos de Hermés. Al mismo precio. Una suerte de Andrea Casiraghi sujeto a dólares de CADIVI. Es cierto eso, el quintorepublicanismo uniforma.

No entiendo la traficación de enfermeras en la playa. Una pobre empleada, sin derecho a traje de baño, a la que sientan en una silla sin paraguas para que vea exactamente lo mismo que la madre de las criaturas que juegan a montar castillos de arenas. La madre no hace nada salvo ponerse cuarenta cremas en los brazos, ajustarse la visera de paja y subirse con ambas manos la parte de arriba del bikini color azul cielo que le cubren sus lolas caídas. A menos que sacar un tupperware para repartir galleticas de soda cargadas de atún a los que rodean el paraguas sea una tarea oficiosa, no vemos la necesidad de traer a alguien para que sirva de madre sustituta como si los hijos de uno fuesen un accesorio más. Una cava adicional que tiene que cargar el papá luego de la palamentazón.

Al buhonerismo en este país le falta una seria dosis de mercadeo. Es culpa de las maricas que se combinan la concha del zarcillo fucsia con el pareo y las cholas. Para ellas, hay un ratio de tres buhoneros por pajua. Y que falta de originalidad porque todos venden lo mismo. Los vende cuadros y los vende esculturas de delfines en madera se medio destacan por su nichismo. Los vendedores de chipi chipis, siete potencia y vuelve a la vida excita a los eróticos. Pero la que se lleva el premio es la vieja margariteña que no vende nada. Ella se queda ahí parada viéndote hasta que le des real. Eso, es ser filántropa. Si yo fuera buhonero mi fuerte sería en la venta del periódico, platanitos, la revista Vanidades, cigarros Belmont y un Sudoko para la enfermera esclavizada. Este último con el lápiz Mongol. Con punta sacada a un módico precio.

El tatuaje. No quiero ser un traidor a mi generación ni a la cábala que da pintarse algo al cuerpo permanentemente. Salvo el pobre pendejo que se tatuó un Mickey Mouse en la espalda rascado en unos carnavales en Río Chico en 1992, el tatuaje constituye una manifestación artística de la personalidad de uno que lleva pensamiento y creatividad. Si esto es así, ¿cuál es el empeño de las mujeres en tanga invisible de tatuarse un racimo de flores entrelazadas en la parte inferior de la espalda? ¿Como una ofrenda floral que sirve de invitación cuando se está en la posición de “en cuatro en cuatro”? Con todo el tema de la gordura en este país uno pensaría que las mujeres serían más sensatas que tatuarse algo a lo ancho de la espalda. Cuando se embatolen como Soledad Bravo y las florecitas se asemejen más a una corona de entierro, hablaremos.

Y finalmente, como en todas las temporadas después de 1986, la tanga masculina sigue siendo inexplicable. Sobre todo cuando te encuentras a tu antiguo profesor de Química usándola.-

2 comments:

Valentina R said...

jajajaja 20 puntos! Cual fue el profesor que te encontraste? Las tangas son terribles! jajaja

Raul said...

Completamente de acuerdo con lo del calzoncillo mojado, por eso, desde hace años, no se usa. Pero primero muerto antes de convertirme en el propio playihuevote con chores vilbrequin, camisa columbia y freakin crocks.
Oh larga vida al reinado de Quiksilver & Co!
Le apuesto veinte mil bolos a Nelson.

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