Saturday, May 16, 2009

¡Se acabó la pava!

Josefa y yo nos conocemos desde 1990. Eso son diecinueve años de hacerme el desayuno, firmarme la boleta, alcahuetearme cigarros y ver cuanto programa especial saca Venevisión (somos huge fans de la Guerra de los Sexos. Ella por entretenimiento. Yo por cuestiones sociológicas). Son diecinueve años de hablar de política, hacer quinielas en el Mundial, el Oscar y el Miss Universo y de burlarme de ella por ser la única persona en Venezuela que apoyó desde un principio a los Marlins en vez de a los Yankees en la Serie Mundial del 2003. Ganó.

Nos tardamos catorce años oyendo “Don Totín póngame el Titanic” cada vez que “el que te conté” –como le dice- se encadenaba, hasta que nos dio la locha que había que socializar el DirecTv. Ha estado tanto tiempo sentada en la cocina viendo la televisión que son pocos los sonidos a los que no les ha puesto nombre. La Burrera es la nevera a la que le grita “¡eso Burrera!” cuando hace un ruido extraño. Regaña a Eparquio el loro (nombre puesto por ella en honor a un primo) como si ella fuese la viva encarnación de San Francisco de Asís y corre despavorida gritando “Maaaama” cuando siente que “La Co” –apocope de La Comadre que a su vez es codigo para la Señora Marisela – viene bajando por la escalera. El timbre solo sirve para decir "Esos son los Compis" (mis papás) o "La Comae del Barriga Afuera" (la que plancha). Hasta la fecha solamente ha habido un día en el que no emitió sonido alguno (ni salió de su cuarto). Ese fue el día en que se murió la cantante Celia Cruz.

Ella es tan metiche en mis asuntos (en un sentido positivo) que hasta mis estornudos tienen motivo de conversación. Suena irrelevante pero repito, son diecinueve años de costumbres paradigmáticas. Como aquellas planchadoras que no tocan la nevera después de planchar o aquellos jardineros que no aceptan cheques por temor a que los deporten si van al banco. No importa si estoy en la cocina o en cualquier parte de la casa, un estornudo equivale a que Josefa suelte la consabida frase criolla que reza “salud, amor, dinero, pasión.” El hecho que haya invertido la frase por "salud, dinero, amor" le es irrelevante.

Tengo diecinueve años estornudando pero no me salen más que dos estornudos –salud y dinero- ocasionando que la Comae Joe, me mire con cara de consternación cada vez que no suelto el amor. Como si mis alergias fuesen la causa principal de mi condición civil. Es tal la costumbre de mis dos estornudos y su posterior arrugue de nariz que me ha llevado a estar consciente de mis estornudos y los cuente, aún cuando no estoy con ella. No he confirmado si es bruja pero el nivel de santos de cuestionable santidad que reposan en la repisa de su cuarto me han hecho darle parte del beneficio de la duda. Por eso, cuento mis proyectiles salivares. No vaya a ser verdad que me quedé sin amor por no saber conquistar las cuatro virtudes criollas del estornudo.

Pues se acabó. Hoy poniéndoles la comida a mis perras, la Perrarina me dio alergia y empecé. Josefa adentro en la cocina empezó a gritar. “Salud” con el primer estornudo; “dinero” con el segundo empezándose a reír porque ya sabía que no vendría más ninguno. Oh sorpresa para ambos, el “amor” llegó a las narices de Toto. El “por fiiiiiiiiiin Don Totiiiin” de Josefa sonó a triunfo de Federer o de las hermanas “Guilians”. O que “Klim Igtsgwud” su héroe romántico por fin vino a Caracas para llevársela a una vida hollywoodense, con mucha cerveza. Se acabó la pava del estornudo. Diecinueve años me tardé. Ahora a encontrar la pasión.-

1 comment:

Cristina Daza Buchholz said...

jajaja tots que fino!!! Me alegro que luego de 19 años hayas podido encontrar el amor... el primer paso pues :) pero más me gusta haber tenido un glimpse de tu relación con Josefa :D

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