Wednesday, July 1, 2009

El Bosque no calla (cuando yo no estoy)

[Soundtrack en el carro: Broken Arrow, Robbie Robertson.]

Últimamente he estado anárquico. Renunciado al común de mis amistades, celando mis cuentas de ahorros con el mismo escrutinio que Ebenezer Scrooge y queriendo volarme el trabajo para escaparme a trabajar a Margarita de lunes a jueves. Y no toda la semana porque a pesar de todo, me siguen gustando los jueves en Caracas. No es la pesadumbre de un abril, ni la depresión de un noviembre. Es sencillamente eso, una sensación de anarquía que provoca meter todo en un duffel bag y largarme al aeropuerto. Okinawa one way. Creo que la razón viene porque es julio y no importa cuanto tiempo pasa en la vida de alguien, julio para mí siempre significó que yo no vivía en Venezuela.

Fueron –literalmente- quince veranos metido en un bosque en Maine. Llámese a la fuerza por el enemigo a los siete años, a motus propio a los dieciséis y por escapatoria a los veinticuatro pero me pasé –literalmente de nuevo- la mitad de mi vida en cholas y haciendo pipí en el árbol que me diese la gana. Mi propio Hameau fuera de la ciudad de Versalles. Tarde o temprano a uno le gusta volver a sus raíces y gozar de algo tan sencillo como estar caminando en la oscuridad o ver un atardecer morado, sin más preocupación ni más alerta que una campana marcando los cambios de horario. La cartera puede estar perdida en el fondo de la maleta o la ropa sin lavar por una semana y eso es lo menos que puede importarte en un momento en donde tus dedos están tan arrugados por las aguas, que no hay plancha que los alise.

Yo creo que jamás terminé de despegar –en el sentido venezolano trabaja, cásate, procrea, muérete- precisamente por esas escapadas a mis bosques. El cuerpo me cambia, la piel se dora, la sonrisa se ensancha, la mente se nutre. Por enseñanza a otro o por la sensación de una grama mojada en los pies. Hay algo en el silencio de los pinos que me aturde en los sueños. Si Clarice Starling soñaba con corderos, yo sueño con pinos que no se mueven. Julio produce ese efecto en mí, una sensación de anarquía que me insta a montarme en un avión para constatar que efectivamente los pinos hacen ruido, independientemente de que yo no esté. Desearía que mi happy place fuese Margarita o Galipán, pero sus silencios no me llenan. Hay silencios que no son de champaña sino de cerveza. Hay silencios que no son de bombillos sino de lámparas de gas. Hay silencios que son en inglés.

La lastima es que todos los años uno se hace la falsa promesa de regresar a sus bosques. Lo cierto es que con cada año que pasa, se hace más difícil volver.-

7 comments:

La Perfecta said...

Toto, esto va a sonar a pistón pero no importa, hay veces que "te" leo y me provoca estar casada contigo... es que no me imagino un mejor padre para contar cuentos a los chamos.

Todo, T-O-D-O, lo cuentas como Disney. Dices "grama mojada en los pies" y es como estar parada en el monte y oler la tierra emparamada.




Nada... era eso.

ah! y Gracias :)

Anonymous said...

I hear ya Toto...I feel ya...creeme!

Toto said...

Gracias mi Perf! Tu tranqui que si el casorío no pasa yo igual le voy a contar cuentos a tus chamos!!

Anonymous said...

La Perfecta necesita un niñero en vez de un marido.

Anonymous said...

No podia describirse mejor..los momentos que se viven during summer camp siempre vuelven

oly said...

I know exactly what it feels like!

I was lucky enough to have had tall pine trees, wonderful woods and silences of my own for some 5 summers in the Poconos.

The best part was that I got to have them twice again in another amazing place both in summer and winter. The energy is different but unbeatable!!

ah and always in English, of course!

hang in there because you will go back sometime...

Marianto Pérez-Boza said...

...and I was lucky enough to share the tall pine trees and the lake with this "Oly" I believe...there's no other.

Gracias por los recuerdos Toto...inmejorables!

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