Wednesday, July 8, 2009

Las azucareras no son de plata en BB&B

Mi gran amiga Roxana (Rossy de La Chinita) se lanza al agua este viernes en Minnesota con su novio gringo Joey. Escapa de nuestro raciocinio como fue que llegó una cabimera de pura cepa a un pueblo recóndito en Minnesota. Más aún cuando podemos fielmente reseñar que será el primer connubio de una morena zuliana con el más irlandés de los gringos. En estos momentos no hay consecuencias para la población mundial pero imaginamos que cuando venga el primer retoño, la National Geographic les dedicará la portada. No todos los días se ve a un negrito fullero con pecas y pelo rojo.

Por cuestiones de prohibición de salida del país –termino sexy para decir que no tengo real- no puedo acudir al sarao. Normalmente esto te eximiría de enviar un regalo de matrimonio pero hoy en un almuerzo me enteré que eso es de mala educación. Uno no se salva de regalar así no vaya a comerse un tequeño. Como los gringos son prácticos y no se andan con idioteces de la vajilla blanca que toda novia marica venezolana TIENE que tener (¿qué monja les enseñó esto?) te mandan una tarjetica de Bed Bath and Beyond donde aparentemente venden la totalidad de la casa de ensueño de la Barbie. En descuento.

Ahí puedo comprarle a mi amiga Rossy lo que yo quiera. Desde la aspiradora, el carrito del mercado, la colcha blanca tamaño queen para el perro y hasta una teipera y veinte marcadores Sharpie. Pero todo eso me confunde porque aquí nos han entrenado que uno no regala por utilidad sino por conveniencia histórica (traducción: lo que dice la suegra). Los regalos aquí son una cucharita con mango de ébano para remover el té. La azucarera en plata con su respectivo utensilio para levantar los terrones en versión dietética. El candelabro de Baccarat para ocho velones de José Gregorio Hernández en caso de que -¡Oh Dios!- la desposada se quede sin luz y quiera acudir hacia su ventanal para correr las cortinas de tafetán de seda y así dejar entrar los destellos salpicantes en mostacillas de la Luna llena.

Así, en esencia, son los regalos en Venezuela. Lo irónico es que todos pasan a estar guardados en cajas o en estanterías para poder tener espacio –en apartamentos de noventa metros- para poner lo que el esposo decía que sí hacía falta desde un principio: una televisión plasma, un sofá comodísimo, una mesa sin adornos para poner los pies, tres puff, vasos altos para la cerveza y una buena cava que aguante golpes. Pero nadie le para al esposo. No hay forma que se entienda en Caracas que esos regalos eran propicios para la esposa que recibía a la Chica Avon en su casa o le abría la puerta al Señor Electrolux.

Hoy en día es más difícil entregar una tarjeta de matrimonio en una casa un jueves que lograr que Insulza le pare a Antonio Ledezma. La razón: nadie está. Y si nadie está es porque la mujer salió de su casa a trabajar y no se quedó haciendo peloticas de moco para llenarlas en su azucarera de Rosenthal, como lo hicieron las de los años cincuenta. Ergo, todas las listas de matrimonio en este país deberían ser en Pablo Electrónica. Nadie llega del trabajo a abrazar la servidora de tortas con cacho de venado. Abrazan al control remoto. Ese sí debería venir en pewter.

Regalo para Rossy: una papelera de baño. Solamente porque mi madre pegaría el grito al cielo si se enterase que yo regalé una versión fancy de la papelera anaranjada de Manaplás. Era eso o una fotografía enmarcada de Dustin Hoffman en la escena final de El Graduado gritando Elaaaaaineeee para fastidiarle la paciencia al novio que no conozco. La papelera es políticamente más correcta.-

1 comment:

Valentina R said...

jajajaja so true! Aqui acostumbran a darte gift cards para que compres lo que realmente quieres...

Congrats for your friends :)

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