Me tomé un café mañanero con dos mujeres, una de las cuales sospechaba que me tenía interés desde hace tiempo. Por supuesto no pude estar más equivocado pues la conclusión del marroncito terminó en una confesión que ambas son amantes de fin de siglo. Ahora las mujeres no son putas sino patas. Una sola vocal que hace toda la diferencia. Chapeaux.-
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