Wednesday, July 29, 2009

No, I am your father


Mi amiga Manolita Zarate por fin trae a su retoño al mundo este lunes. Quisiéramos decir que las tecnologías han avanzado y ahora uno puede escoger el día del nacimiento de sus chamos. Pero es lo mismo que casarse. La fecha del matrimonio en esta ciudad está supeditada a la disponibilidad de la Iglesia de Campo Alegre y –cruzando los dedos- que otra persona haya cancelado porque descubrió que su fiancée no tenía intención alguna de cumplir aquella promesa futura de fidelidad. Con los bebés pasa que se fastidian de estar nadando y deciden sentarse a último minuto en la barriga de la primeriza. Ergo, sacada de chama un día específico para volverla a acostar en una sabana de cuna por seis meses más (y sin poder echarse un palenque).

Manola está de lo más emocionada que va a tener a su bebé pero aún está un poco temerosa que eso implica que va a ser la madre de alguien. Ha tenido sobrinos pero a todos los ha consentido con helados y enseñado a decir "coño". Ha tenido perros toda su vida, los cuales están todos llenos de pulgas y no obedecen a ninguna orden hitleriana. Con un bebé propio, la cosa es distinta. Ella se ha preparado como una candidata guerrera al Miss Confraternidad Bolivariana, la cual no tiene ninguna intención de conformarse con la banda de Señorita Amistad. Lo de ella va en serio, constatado porque el libro “What to Expect when you’re Expecting” se está desintegrando. No encontró la respuesta de cómo ser madre y no cagarla en el intento.

Hoy conversé con ella para anunciarle que no la pensaba visitar en la clínica. No es mi culpa que el doctor se le haya ocurrido la brillante idea de traer al mundo a su hija un lunes. Con el colapso del tráfico, el estacionamiento y el ascensor, llegaré a su cuarto cuando la nena esté lista para portar el vestido de la primera comunión, con las manos pegaditas en rezo. No obstante, le deseé todo el éxito del mundo, le aseguré que va a ser una excelente madre y le dije por enésima vez que no va a ser la responsable de mandar a su hija al psicólogo en tiempos por venir.

¿O sí? Hablando, se me ocurrió la brillante idea de hacerle la vida más interesante a la primogénita. Ya que vivimos en un país de novela, le sugerí a Manolita que tuviese a su chama pero que le escondiese su verdadera identidad hasta los dieciocho años. Una de esas historias noveleras de Marimar en donde la niña crece marginada porque una familia con una corporación petrolífera con nombre cursi estilo “Empresas Luján” forzó a su madre a vivir como mendiga. O si no al estilo Guerra de las Galaxias en donde tiene que luchar contra las fuerzas del mal. Si no se habían dado cuenta, Star Wars y las novelas venezolanas tienen la misma trama: hijos pobres luchan contra fuerza mayor cuyo principal enemigo -el más poderoso y rico del planeta- resulta ser su padre, con quien se congracian al final de la trama. Detrás de cada novela rosa en Venevisón hay un sci-fi freak que no encontró trabajo en Lucas Entertainment.

Así, se me ocurre que llevemos a la criatura al jardín de infantes pero le procuramos playdates con nombres como Cirilo, Chewbacca, Topacio, Leia, Charito y Cara Sucia y la obligamos a trabajar como empanadera en el Barrio Los Sueños. Con un Obi-Wan Kenobi que le enseñe una moral detrás de cada lección aprendida en la intermperie. Interpretado andróginamente por Gledys Ibarra.

Ya una vez que haya comprendido los pormenores de la vida, le revelamos que su verdadero padre es (y de fondo le ponemos la canción de Odisea en Espacio tropicalizada por Colina) alguien con nombre histriónico como Ezequiel Domingo Luján Matamoros (a quien disfrazaremos de una versión pre-histórica de Darth Vader), le revelamos la verdadera identidad de Manolita (vestida con una pamela roja cursísima como Caridad Canelón y el pelo en rollitos de cinammon rolls como la princesa Leia), le damos un cheque por veinte millones de dólares (esto lo conseguimos en un tele-ton animado por Raúl Amundaray y Lupita Ferrer) y le damos las gracias por habernos permitido hacer de ella un espécimen del Truman Show criollo.

Si sale jodida en la vida no es nuestra culpa porque con eso de que tenía que echar pa’lante a como diese lugar, le enseñamos humildad, valor, templanza y superación. A la Bella Durmiente la mandaron para un rancho en el bosque con tres tías lesbianas y aún así jamás le dio ninguna infección por andar descalza y hablar esquizofrénicamente con las ardillas. Igualito se casó con su príncipe. Luke Skywalker se convirtió en Jedi pero tampoco es que demandó a Darth Vader por arrancarle el brazo y confesarle que era su padre en menos de un minuto. Más bien le ayudó a quitarse la mascara, lo ayudó a morir y oír su ultima confesión. ¡Eso es épico! Con este experimento, es más lo que vamos a hacer por su educación que si apoyamos la tesis de mandar a la neonata al Merici y codearla con gente “bien” que le va a enseñar el poder del wannabismo y de la inseguridad adolescente.

Todo en broma Manolita. Here’s to the joys of having a baby. Cualquier cosa que falles en la educación de la infanta, te recomiendo a los libros de Teo. Teo hacía de todo, Teo en tren, Teo en avión, Teo en cumpleaños, Teo se disfraza de Yoda. Ese Teo hizo más por mi imaginación que cualquier juego “didáctico” que me hubiesen podido regalar para “estimular” el hecho que jamás aprendí a cortar con tijeras ni reconocer figuras espaciales. Pero considera mi oferta novelera-estarwarsera. Tan descabellada no es.-

May the Force be with you.-

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