Monday, August 31, 2009

Elías sueña con vasos rotos

Desde hace bastante tiempo, Elías sueña con vasos rotos. Un mal presagio, según los entendidos en la interpretación de sueños pero Elías no lo sabe. Él no logra entender como todas las noches a golpe de cuatro, va a alguna alacena a servirse un trago y todos los vasos están resquebrajados. Una línea vertical que ondea el vaso de vidrio, como una estalagmita inoportuna. Elías tiene sed y no sabe de qué. Cuando despierta, es poco lo que quiere acordarse de aquel sueño.

Elías no piensa mucho. Lo suficiente como para saber que tiene que salir de casa a trabajar pero más allá de eso no pasa. En la oficina gris, su trabajo consiste en teclear números a un ordenador. Algo que años atrás le hubiese parecido ilógico. Hoy, sin embargo, cuando todos sus sueños se han fragmentado, es poco el interés que muestra Elías. No le importa saludar, ni hacer conversación o en, quizás, asomarse a la ventana a ver si por casualidad alguien está volando algún papagayo a lo lejos. La rutina hace tiempo que consumió a Elías. Tanto que ni se molesta en ir al baño. No le encuentra lógica a levantarse de su silla. No le ve el interés en tomar café.

El único placer que rompe con la monotonía de su vida es un sencillo cigarrillo que se fuma a media tarde al salir del trabajo. Un tubo por el cual las lentas bocanadas de humo circulante hacen que Elías pierda su mirada en el horizonte. Su único sustento para sobrevivir, la única fuente de poder que lo hace medianamente feliz. La felicidad es un concepto que se mezcló con la tristeza. Elías no llora. Elías no siente. Elías no ríe. Elías fuma y sueña con vasos rotos.

Elías camina a su casa y, al llegar, se pierde entre los cojines raídos de un sofá heredado. Allí lee algún periódico añejo una y otra vez, mientras los gatos –unos siete- se acurrucan para encontrar calor y de repente alguna migaja en la solapa gris de quien suponen es su dueño. A las ocho menos diez, Elías se levanta del sofá a ver que encuentra para sustentarse. Un cartón de leche que ha visto mejores días y una lechuga descolorida. Le da igual lo que coma o cómo se lo coma. Elías no tiene apetito ni interés en nutrirse. En algunas ocasiones ve algún programa de cocina. No por placer sino más bien por hambre. Hambre de algo que no se cocina en la olla ni se vierte en los vasos.

Tarde en la noche, cuando ya el vecindario ha apagado sus luces, Elías se da el beneficio de pensar en quien era. Cuando la vida era turquesa y el alma olía a grama. Alguna memoria de mariposas por la nieve, etéreas en su momento pero que hoy, le parecen a Elías insoportables de mantener en la visión ilusoria. Elías cae entumecido en un letargo sonoro, sin saber si mañana levantará cabeza. Elías no duerme. Elías no descansa. Pero a la mañana siguiente, los contornos de la boca llenos de mugre blanca y dos cauces salados pegados al rostro, le recuerdan a Elías que volvió a soñar con vasos rotos y se despertó gritando 'Marta'.-

Imagen: Van Gogh. "Old Man in Sorrow". 1890.

2 comments:

Anonymous said...

escudriñar.

(De escrudiñar).

1. tr. Examinar, inquirir y averiguar cuidadosamente algo y sus circunstancias.

http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=escudri%C3%B1ar


Tots, not sure that's the best word there. Great story!

Toto said...

Palabra cambiada!
Gracias editor anonimo!

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