Monday, August 24, 2009

Mis 30 (o de cómo mi papá botó a mi jefe de mi fiesta)

Totón pegando su salto cumpleañero (notar detalle de técnica de protección líquida)

Altamente recomendable esto de cumplir treinta años. Sobre todo si cae un viernes en el que la chica del tiempo te manda un connato de lluvia en la mañana pero es tan pana que te regala un atardecer galipanero. Mi bonche fue olímpicamente en el Hotel Ávila en San Bernardino. Yo quería hacer algo distinto y sacar a mi gente del gueto de Chacao porque hay que variar el merecumbé para que las cosas queden sabrosas. El Hotel Ávila se me ocurrió una noche en que fui con mis papás a comer hamburguesas allá que son altamente recomendables. Jamás había entrado y me pareció demasiado loco que un hotel así, decorado como si te transportase a 1953, todavía existiese en Caracas. Una mirada a la terracita de la entrada, con sus pisos en cuadrados de blanco y negro provocó que dijese: “esto sería el lugar ideal para un bonche.” Y así fue.

El súper Hotel Ávila: vintage con un twist de loquera

Lo que me encantó es que todo era un doble motivo de celebración: mi papá cumplía seis meses desde el aneurisma y yo cumplía treinta años por lo que la cuestión llamaba por una celebración doble. Pero mi noche comenzó varado. Mi mamá que es una perfeccionista decía que había que salir de mi casa a las siete de la noche para el hotel pero yo estaba inundado recibiendo fotos saltarinas y a mi jamás se me ha dado eso de llegar temprano a una fiesta. En un momento dado de la noche, me di cuenta que me habían dejado solo en mi casa por lo que este cumpleañero llegó a su cumpleaños en un flamante taxi de paquete cuyo motor prometía estallar en el medio de la Cota Mil.

La decoration! Vaya la propaganda a Barbarella: no todo en la vida puede ser una mesa cuadrada

Decorado muy retro por mi gran amiga Barbarella, en lo que nada pegaba y a la vez todo pegaba, y con una televisión en donde se pasaban todas las fotos que la gente me mandó del reto al salto, el setting era como una aventura para todos los invitados acostumbrados a ir al mismo sarao en algún sitio del San Ignacio. Me encantó que nadie entendió el dress code y la gente fue como es ella misma. Unos en chaqueta, otros en Converse, algunas en vestido y otras con plumas en la cabeza, lo que le dio al sarao personalidad. Yo no me caracterizo por tener un grupo homogéneo y controlar un grupo cuyas edades variaban de 18 a 40, dio interpretación para todo.

Por supuesto, el comentario de la noche fue la Señora Alteza Real. Mi papá se burló tanto de la lista de invitados que inventó que yo había organizado el “baile de todas las doncellas casaderas del reino” y que esta fiesta era el motivo propicio para que yo conociese a alguien y me terminara de largar de mi casa. Poco difícil cuando la verdad ellos viven conmigo y yo no vivo con ellos porque ellos jamás están en Caracas pero bueno, el chiste caló. Una señora mayor se ha presentado en vestido de gala, con collar de perlas, medallas, y tiara en la cabeza porque ella decía que de todas las mujeres en Caracas, ELLA es la única doncella que vale la pena. Todo un chiste por supuesto pero la gente que no la conocía, habrá pensado en Sunset Boulevard. Por lo menos los mesoneros estaban confundidos y más de uno le dijo “¿Alteza, desea un whisky?"

Su "Alteza Real" ¡Genio y figura a la hora de echarme vaina!

Hubo cosas que yo no vi pero me comentaron. El primer connato de golpiza –siempre- se dio con un huésped que bajó en pijama a caerle a gritos al DJ por no dejarlo dormir. El DJ veía al señor quejón con cara de quinta finalista, explicándole que tenía que quejarse con el gerente pero el señor empijamado insistía. Mis amigos con ínfulas de guarda espaldas ya estaban listos para tomar manos en acción pero por fin el señor se calmó y salió ganando pues el hotel lo mudó para la suite presidencial. Pobre señor. Todavía pienso que lo han debido invitar a quedarse a tomarse un whisky empijamado.

El sarao en plena acción

Es que lo cómico de la fiesta es que como era en la terraza y no en el salón de fiestas, estaban todos los huéspedes asomados bailando. Provocaba subirles tequeños a todos. Y como había gente de toda edad, entre los amigos de mis papás, los míos, los coleados y los desconocidos que me saludaban (¡los amo! ¡qué personalidad tan desfachatada!) era grande la confusión para servir los tragos en un bar que estaba colapsado.

En un momento dado, el capitán de mesoneros se le acerca a mi papá a decirle que había dos alemanes en la barra pidiendo tragos y que no hablaban español. Mi papá se les acercó muy educadamente a explicarles que esto era una fiesta privada. ¡Poco sabía mi padre que estaba botando en ese momento a mi jefe! Un australiano catire altísimo y su amigo canadiense que tiene toda la pinta de turista porque ES extranjero. Jamás había visto a mi papá hacer un trabajo de relaciones públicas posterior a ese episodio. Lo invitó de viaje, a comer, a hacer parrillas, le dio tres whiskys más y si mi hermana fuese soltera y mi jefe no fuese novio de la estelar Sabrina Endora, lo hubiese casado con ella al momento. Por poco no me quedo sin trabajo por culpa de un caso de discriminación turística.

En un momento dado de la noche pasaron las hamburguesas y la gente se le salió el instinto de Los Picapiedras que tienen por dentro. Es que en verdad, son demasiado buenas. Me encantó que nadie bailara porque la fiesta era totalmente conversacional. Ni una sola conversación de bebés más allá del acostumbrado improperio “pues mi marido me tendrá que violar antes de tener otro chamo”, It’s Good to Be lanzándose sus imprudencias para variar: a la próxima casadera, le vio la roca y le dijo en su cara “ah pero no es tan chiquito”; un señor mayor haciendo malabarismos con los vasos, mis amigos avisándome que se había coleado una sueca seguramente llamada Svetlana, que resultó ser la decoradora y la llegada triunfal de George Harris el del stand up comedy que yo no puedo sino rendirle pleitesía porque me parece demasiado cómico.

Igual, cumplir años junto con Mora Mora RCTV que le opaqué un poco el sarao porque mi edad era más importante que la de ella (¡en tus cuarenta vamos con todo!), la llegada sorpresa de mi amiga Jenny que se montó en un autobús desde Valencia, la presencia de mis amigos blogueros, Nina, Rol, MDLA, la Cachivachera, el del Korova Milk Bar y Miss Alice. La Tía Ana Cé sentadita en una silla viendo cada una de las fotos que mandaron al reto fue de tomarle foto a ella misma y todos aquellos que salieron más saratacos de lo que llegaron pero felices. Todo una noche retro en la que fue perfecto hasta el hecho que ni se cantase cumpleaños – señal fatídica que hay que empezar a largarse de la fiesta. Los mensajes de Queen Zubi en la madrugada que la habían sacado "a la fuerza" de la fiesta fueron la mejor manera de apagar el celular y acostarse a dormir, sabiendo que la gente se echó su gozada y yo no pude imaginarme mejor sarao para inaugurar esta nueva década que apenas empieza.

¡Con mis amigos los blogueros en formato tridimensional!

Repito, altamente recomendable esto de cumplir treinta años. Así se bote la casa por la ventana en El León o en el Hotel Ávila, debería ser obligatoria su celebración con amigos de toda la vida que son todos de autógrafo. Inclusive si casi te quedas sin trabajo porque tu papá bota a tu jefe del sarao.-

5 comments:

ardi! said...

Felíz Cumpleaños Toto!!! Un beso!

ina DANI lore bea said...

toto! tu fiesta fue lo max!!!! la pase buenisimo... un beso!

Lucy said...

TOTO....feliz cumpleaños!!!!

c-e-s-a-r said...

KORONA MILK BAR??? WTF???

Doña Treme said...

C'est vrai. Arriver au troisieme etage est magnifique!
Yo que jamas habia hecho un templete arme una fiesta que aun recuerdo... Quisiera volver a cumplir 30.
Bisous

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