Tuesday, September 22, 2009

Eparquio se libera de Los Hitlers

Seguimos con la regla canina que aparentemente es más larga que la descripción de un vestido contada por Boris Izaguirre. A la palestra de la casa de Doctor Doolittle en donde solamente falta “a partridge in a pear tree”, tenemos que añadirle que Eparquio el loro ha vuelto de la clínica. Sí, yo tampoco sabía que los loros se hospitalizaban. Raúl mi amigo se burla de mí, preguntando si en la “clínica” hay fuente de soda, farmacia y tienda de regalos para que los “familiares” se sienten a esperar por el diagnostico, porque a fin de cuentas quién demonios hospitaliza un loro.

La defensa de mi familia es la siguiente: cuando a un ave que tiene dieciocho años en la misma jaula, cantando opera cuando llueve (producto de imitar a Alejandro mi hermano que cantaba Pavarotti cuando se bañaba) y respondiendo los parlamentos de la novela de las tres de Venevisión, le da por caerse por cualquier razón durante la noche, cacarear como cuando la Bruja se robaba a Toto (no yo, el otro) y atacar a cuanta persona se le acerque a ponerle comida como si fuese el engendro del cartelón de la película “La Huérfana” (señores hacedores del cine: why?), no quedó más remedio que sacarlo entre cuatro –fue digno de You Tube- meterlo en una caja de Equipana y llevarlo al único veterinario en Caracas que podía exorcizar al demonio verde.

La clínica de animales exóticos – la semana pasada había entrado un hurón, la otra fueron a rescatar a una tortuga descarriada – tiene lo mismo que cualquier veterinario, salvo que cuando preguntas que como se llama el hámster te ven con cara de ignorante y te dicen que es un acure. El veterinario es la versión criolla del extinto Steve Irwin (el de los cocodrilos), una de esas personas que sientes debería tener un programa en Discovery y que si fuese tu amigo en Facebook lo odiarías porque seguramente es uno de esos que “te es buzo, te es ciclista, maratonista y chef”. La versión animal de Titina Penzini.

Con asombro le entregamos “el paquete” con el engendro de Chucky adentro, alertándole que era un animal muy violento. Cuál fue nuestra sorpresa cuando el loro sacó la cabeza de la caja, nos vio a nosotros con pánico y decidió volar cual ave fénix hacia los brazos del criollo Steve Irwin como si él fuese un secuestrado, nosotros la guerrilla e Irwin la Embajada de Gran Bretaña. Irwin no nos vio con la misma cara después del episodio.

Ese hecho se agravaría tres días después cuando nos llamaron a buscar al loro. Como en esta ciudad nunca hay puesto, fue uno de esos momentos “mamá, bajate chola yo doy la vuelta y te espero aquí.” El semáforo de la esquina no había cambiado cuando ya mi madre me estaba escribiendo un mensaje “bájate porque el doctor tiene que hablar con nosotros”. Diantres. Matamos al loro. Con la sobriedad que amerita el luto, entré al veterinario silenciosamente en señal de respeto.

Para mi sorpresa, ahí junto al hámster gigante caminando como buhonero corriendo para conseguir buen puesto en Sabana Grande, estaba Eparquio el loro. Feliz y contento. El veterinario me vio con cara de párroco de colegio por lo que entendí que lo que íbamos a hacer no era precisamente relatar el Discurso Fúnebre de Pericles sino más bien el Juicio de Nuremberg. Con la primera pregunta “¿Ustedes solamente le han dado a este pobre animal semillas de girasol a lo largo de estos dieciocho años?” pensaba desesperadamente en Steve Irwin. Que simpático era ese Cocodrilo Dundee, vale.

El cuadro clínico del loro consistía en niveles ínfimos de azúcar, irritación en la piel producto de una dieta mal balanceada, tres picaduras de ratas en la cabeza y en una de las alas, depresión y tormento por el perenne encierro. Órdenes estrictas: dejar al loro ser, semillas de girasoles son el postre, no el plato principal. Encima, “antibióticos porque el loro tiene gripe”. Firmando el cheque estoy seguro que mi mamá pensó estampar su rubrica seguida por “de Hitler”. Por dieciocho años habíamos sido el Sendero Luminoso para un pobre pajarraco que jurábamos era feliz porque Josefa no hacía más que hablarle y él contestaba. Hoy sabemos que Josefa terminó de marear al loro por la época en que se estrenó Marimar y no ha vuelto a ser el mismo desde entonces.

Así que suelto está Eparquio. Se construyó su propio Shangri-La debajo de un bonsái los primeros días pero poco tiempo después consiguió una tridilosa por la que se trepa. Picotea a las perras cuando se acercan a robarse su lechuga y su patilla y es la única persona (es persona, estamos convencidos) que se ha gozado los aguaceros debajo de un matorral porque nos ve coleteando las inundaciones de mi jardín y pensará que esa es la sentencia de trabajo forzado que nos merecemos. Lo que no esperábamos es que ahora a la hora del almuerzo, a nuestros pies se sientan tres perros y por los costados camina Eparquio el loro, cacareando como dueño del valle encima de alguna alfombra persa. Retándonos a que le digamos que por ahí no puede caminar. Bandera blanca al pajarraco. Los Hitlers claramente perdieron contra la Resistencia Verde.-

11 comments:

Miss Alice said...

Jajajajajaa me reí demasiado, Father T. Eparquio kicks ass.

Astrina said...

JAJAJAJAJAJAJAJAJA un loro con bajos niveles de azucar... eso si no lo habia escuchado..
xD

Anonymous said...

jajajajajaja...y jajajajajajja...y mas jajajajajjass

you made my morning

long live Eparquio!!!

yo tengo un gato que tiene gastritis y esta deprimido...un gato que no se baja de las piernas de nosotros...dime tu... por eso I can totally relate to your story ... ahora el nos ve como "ok bajame de aqui y lloro" obvio...hace lo que le da la gana

Manuela Zárate said...

Jajaja...Coño, esto es lo último, el loro hipoglicémico, pronto estarás llevando a la perra a zona pilates.
Ahora, yo quiero ir a conocer a Steve Irwin venezolano, eso era lo que yo quería ser cuando fuese grande.
Ahora me conformo con ser como Eparquio.

ardi! said...

Toto, you the blog man! Lo mismo, empecé riendome, para luego terminar en suspenso, conmovida con el final de Eparqui y finalmente, final feliz.

aplausos, múltiples!

Andrea said...

Pronto llevarás a los pecesitos a donde Steve, porque seguramente estarán muy estresados. Así es la vida.

Mafe said...

Qué blog genial. Llegué a el por mi mamá, que es amiga de una amiga de tu mamá, pero contrario a lo que me esperaba, esta sí fue una gran recomendación (con el respeto a mi señora madre, pero ya sabes cómo es: "mira lo que hace el nieto de Chelita, ese muchacho es un genio", y termina siendo puro amor de madre y alcahuetería de amiga del colegio). En fin, ya quisiera escribir algo cercano a esto, congrats!

Toto said...

Mafe: por lo menos no te dijeron que yo era "encantador" palabra clave que usan las mamás cuando te refieren a alguien y lo que termina pasando es que uno sale corriendojejeje. Que bueno que te gustó.-

Nelly Guinand said...

Toto no sabia la gravedad de Eparquio,cuidado ahora se les enferma Joseafa por no poderlo ver desde la ventana y hablarle a cada rato , me preocupa eso ???besos

AMZZZZ said...

Menos mal que ya no lo tienen que nebulizar en la jaula con la bolsa negra!
Episodio que quedara en mi memoria de por vida!
Hablamos manana cuando llegue a CCS para que bebamos por Jupi e Italia!!

claudia said...

jajajjaja tonts que bueno esta...
a Lorenza la lora de pita-haya may she rest in peace tambien le dieron sabana...poco despues muere.
RAUL QUE MALUCO!

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