Sunday, September 27, 2009

Exceso de Equipaje

He intentado deshacerle la maleta, esconderle el pasaporte, decirle que CADIVI llamó negándole la manutención. He tratado de llamar a la Guardia Nacional para que lo recluten, decirle que hay un rumor de pasillo que existe un bebé en Caracas que es de él. He evadido el tema, puesto excusas y espetado ‘peros’. Por un momento consideré bombardear el Boquerón I este fin de semana para impedirle el acceso a Maiquetía pero decidí que me da fastidio manejar hasta allá. Alejandro mi hermano se larga a vivir a Italia y no hay manera de convencerlo que se puede ir a comer pasta en La Strega, merendar en la 4-D, ponerse una camisa del Milan y aplaudir a las mujeres sin tener que salir del circuito de Chacao.

Es cómico esto de las partidas. Uno no se ve más de cinco horas en promedio durante el día, pelea por quien se robó las tijeras de uñas, no se soporta como maneja jugando Mario Kart o porque se agarró el sofá que es cómodo. Inevitablemente, todas esas peleas pasan a segundo plano cuando uno se da cuenta que el día de mañana, son esas las cosas que vas a echar de menos. Es difícil desacostumbrarse a un patrón de convivencia que ha durado veinticuatro años. Así siempre me haya hecho perder en Mario Kart.

Todavía ni me he molestado en asomarme en mi closet. Ser de la misma talla y tener una política comunista que todo lo que no haya sido estrenado o abierto es territorio libre para quien lo agarre primero, ha dado pie para compartir dos closets. Tengo el leve presentimiento que al abrir el mío mañana, pondré la misma cara que pusieron los Who cuando el Grinch se las dio de hampón y se robó hasta los cubos de hielo en la nevera. A ellos les dio por cantar porque la Navidad vino, aún sin regalos. Yo soy cursi pero tampoco nudista. Ese pendejo seguro me dejó con unas cholas que dicen I Love Margarita y una franela sin mangas de algun concierto del cual ni me quiero acordar.

Las despedidas con los amigos de él han ido y venido durante todo el fin de semana. Uno de esos fines de “salir a rumbear sin pensar en la cuenta”. Cuando uno se va a vivir afuera, los papás de uno se ponen permisivos. Usar la tarjeta de crédito “de emergencia” en servicios de vodka califica como una “emergencia” porque siempre se puede inventar que a Alejandro le dio una crisis de nostalgia en plena discoteca. Para cuando llegue la cuenta y comience la histeria paterna, ya la persona que se lanzó dos servicios, una parrilla y cincuenta shots está a más de diez mil kilómetros de aquí. A mí no me cae el regaño porque siempre puedo decir: "yo le dije que eso era un abuso." Toto: 4; Enano Expatriado: -3.

Aún sin gastar mucho, eso de salir a rumbear para despedirse de los panas hay que hacerlo. La semana que viene los amigos de Alejandro no se llamarán Carlos, Isabel y Guillermo. Serán Gino, Minerva, Patrizia, Keong-Lee, Salam, Tatiana, y Bruno los que ocuparán los puestos de los pelabolas que acompañaron a mi hermano durante toda una vida caraqueña. En mi casa cruzamos los dedos porque se consiga una gran fortuna de un pequeño país latinoamericano. Indicativo que podemos vender todo, irnos hacia Italia, comprar la villa de Under the Tuscan Sun y pasarle la cuenta a Alejandro. Suficiente con que nos lo calamos veinticuatro años de vida como para que no venga a retribuirnos con creces la inversión en educación que nos lanzamos para que fuera “un muchacho de bien”. En serio, el postgrado que va a hacer no nos interesa tanto como la heredera. Queremos la villa.

Despedidos los amigos, ya la última maleta ha sido lanzada en la entrada. El candado puesto y el sweatercito del avión tumbado encima para que no se olvide. Los 22 kilos que permite la aerolínea, copados de todas aquellas cosas del pasado que son lo suficiente esenciales e importantes como para sobrevivir los primeros días de un futuro con calzoncillos limpios. Lo que Alejandro mi hermano ignora, es que inevitablemente le van a cobrar exceso de equipaje y mentará madre y comenzará a gastar el cupo de CADIVI antes de lo previsto. Esta noche, adentro de esa maleta, me estaré metiendo yo. Si no lo pude convencer que no me abandonara, por lo menos me tendrá que admitir cuando abra la maleta, que di la talla en la pelea.-

7 comments:

eusucre said...

Ayyy!
I hate goodbyes...

idream2 said...

OMG. I managed to keep a straight face until I got to the picture...
You crack me up! :)

Maria Alesia Sosa said...

Ayy noo, me has hecho llorar horrible... qué fuerte... pero los amigos seguirán siendo los de aquí!!!

Anonymous said...

Saudade!

ardi! said...

Estoy llorando como una Magdalena. Pupú y yo, she's my everything y tu post me recordó al día que me fui. Escuchamos "Tiny Dancer" de Elton John en repeat y no nos soltamos, cada una llorando mares, hasta que Air France lanzó la última llamada.

Bueno, en fin, es terrible eso de decir "goodbye", y capaz uno nunca se termina de acostumbrar a aquello de dejar de pelearse por el control remoto o qué se yo.

Me hiciste llorar mares hoy!

marialerondon said...

Dios mio que belleza de Post!!!!!!!!!!
no no y no es que es demasiado!!!!!!!!
Muy bello!!!!!!!!!!
uffffffffffff casi tres anios expatriada y aun sigo extranando a mis hermanos!!!!!!!!!!!

Paty said...

trust me... you'll miss the closet... on the bright side ya tienes una excusa coherente para viajar a Europa.

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