Tuesday, September 8, 2009

Toca la guitarra (que tu papá fue patotero)

Uno de los conflictos tempranos en la vida de un hombre es lidiar con la diatriba entre “querer ser” como su papá o “tener que serlo”. Puede ser el mejor padre del mundo, enseñarte a pescar, volar papagayos y manejar sincrónico. Puede incluso darle una patada a la imaginación en eso de ser mejor San Nicolás que el santo mismo. Un papá puede enseñarte que el carbón necesita aire, que el whisky necesita soda y que una mujer necesita que le abran la puerta. Basta con que te enseñe que “no me parece que lo estás haciendo bien” para que lo detestes por el resto de tu vida adolescente.

Los hombres somos así. Tenemos la falsa creencia de ver a nuestro padre como un digno representante de la moralidad y las buenas costumbres en la que necesariamente tenemos que seguir sus pasos, si queremos continuar viviendo una vida de privilegio. Fallar en estudiar su carrera (o algo similar), hacer su postgrado o casarse con una mujer como nuestra madre, es una formula química para el fracaso. Adiós a ser socio de algo antes de los treinta. Adiós a una vida de “estabilidad.” Una mamá le puede decir lo mismo a su hijo pero el efecto campal no es el mismo. Que un padre diga que “determinada profesión no da dinero” es suficiente como para amargarle la existencia a cualquier iluso en un propedéutico. Una madre es la sección de Humanidades. El padre siempre es Ciencias.

Hay hombres que siguen los pasos de sus padres. Hay hombres que no. Inevitablemente, el resultado es el mismo. Tarde o temprano, terminamos dándonos cuenta que aquel estandarte estoico de morales y buenas costumbres no es más que otro hombre que cometió todos los errores del mundo. Somos nosotros pero en poliéster. Y cuando transitamos por nuestros propios errores, es que volteamos a ver al viejo en guayabera mirando hacia la distancia en su jardin y decimos “ahh.” No era eso de ser como él. Ese viejito cabrón sabía algo que tú no sabías: con el tiempo la parrilla se quema, el whisky da ratón y la mujer se vuelve ladilla. No era propiamente eso de “seguir sus pasos”. Era más un, “despierta pajuo que la vida te pasa y no te das cuenta.”

Bien lo decía Mark Twain sobre su propio padre: “Cuando yo tenía catorce años, mi padre era tan ignorante que no podía soportarle. Pero cuando cumplí los veintiuno, me parecía increíble lo mucho que había aprendido mi padre en siete años.” Recientemente hablé con un chamo de dieciocho años, frustrado en la vida por las “presiones paternas”. Presión o no presión, amigo. Tu papá también probó la marihuana. Y le gustó.-





1 comment:

ardi! said...

WOW Toto, me encantó este post. Cuando leí "Una madre es la sección de Humanidades. El padre siempre es Ciencias" fue como estar leyendo sobre mi vida.

Creo que mi papá me crió como si yo fuese varón, con razón posts como "Mademoiselle Ardi". En vez de ser la princesita de Papá era la "saca las notas, no estudies humanidades, alejate de los varones." Después de todo, creo que la cosa no salió tan mal, pero en mi caso, aún cuando el viejo tiene mucha experiencia y sabiduría, menos mal que hubo muchos consejos que no seguí.

Me fascinó, diste en el punto (en mi caso).

Blogaplausos!

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