Monday, October 26, 2009

¿Cómo nos va a encontrar el Niño Jesús?

Hoy me entró una tristeza a priori. No hay nada más feo que deprimirse por anticipado pero a mí me dio hoy, exactamente treinta y cinco días antes de la tristeza verdadera. Fui a pagar mi pasaje a Nueva York directamente a las oficinas de la aerolínea porque los códigos de seguridad están tan altos en las tarjetas de crédito, que aún hoy a mis treinta años, no me creen que yo sea el tarjetahabiente. Casi que con partida de nacimiento en mano y carta de soltería, me presenté para identificarme y salir de las dudas de otros sobre mi persona"por su seguridad." Lo mejor es que me estoy yendo con sonrisa de Ronald McDonald a the land of the free para divertirme un rato, a sabiendas que la seguridad máxima está esperándome en la antipatía de las aduanas estadounidenses donde yo por supuesto con mi nariz talibana y mis cejas pegadas no soy precisamente el poster boy para que me digan con felicidad: Guelcom to the Yunaited Esteits.

Pero no fue ahí la tristeza. Esos menesteres administrativos lo que dan es rabia. La tristeza se produjo dentro de mi aburrimiento en una silla en Italcambio donde fui a acompañar a mi mamá a que le entregaran un Post-It con el monto del cheque que tenía que depositar para mandarle los dólares que necesita Alejandro mi hermano para vivir en Europa. Allí, pasando la puertica con el cartelón que dice “asiáticos: martes y jueves, el resto del mundo: lunes, miércoles y viernes” (sin ánimos de ofender a los asiáticos pero por segunda vez me sentí discriminado en mi propio país), viendo a una chorrera de madres compartir historias sobre los postgrados y vidas de bartenders de sus hijos con postgrado en el exterior, me percaté de un gran titular en el diario que leía el único papá que se encontraba allí. En grandes letras negras decía: “Navidad Oscura en Caracas”. ¿La razón? Por cuestiones de ahorro de energía, entre otras cosas, no se encenderá la Cruz del Ávila.

Cuando yo era chamo, me sentía profundamente orgulloso de la Electricidad de Caracas. De repente era porque mi tío abuelo Curro era el presidente y con los tacos de papel que nos regalaban cada cierto tiempo con el logotipo, tenía una publicidad subliminal en mi cabeza sobre las bondades de la compañía. Pero a mí me encantaba porque yo no podía creer que todos los años escogían a un niño para que prendiese la Cruz del Ávila. Y yo siempre quise ser ese niño porque a mí me parecía el acto más cercano a ser Presidente de la República en este país antes de tener los treinta años que dice la Constitución para optar al cargo (en ese entonces nada sabía sobre gobernadores y senadores). Tenía que ser algo terriblemente importante apretar un botón y que toda Caracas viese como se encendía la Cruz.

A mi pesar, nunca fui ese niño. Pero siempre me daba –y me sigue dando- un sentido de pertenencia a mi ciudad, que con la prendida de una sola cruz en la montaña (y de manera capitalista el San Nicolás del CCCT), se anunciaba la llegada de una época de felicidad. Aún hoy, manejando de noche por la autopista en diciembre, continúa siendo mi propia versión de la Torre Eiffel. Un mojón para el deleite de cualquier persona que tenga ojos para apreciar a Caracas cuando es más bonita: de noche y con frio sabroso.

Hoy me doy cuenta que jamás supe la historia de la Cruz del Ávila. Según el blog Cuando era Chamo, la idea se le ocurrió a Ottomar Pfersdorff, un ingeniero estadounidense que trabajaba en la Electricidad de Caracas. El primer iluminado se hizo en diciembre de 1963, cerrando las cortinas del Hotel Humboldt, creando un efecto de cruz que se encendió al iluminar los cuartos con las cortinas abiertas. En 1966, construirían la Cruz como la conocemos hoy, la cual es iluminada cada primero de diciembre (la pagina dice hasta el 2004 pero no se da a entender porque se cambió) hasta el seis de enero, Día de Reyes.

Yo a Caracas la adoro. Amo que todo sea un caos perfecto. No hay nada más ilógico que una ciudad en donde el señor que vende cepillados y raspaditos transite a mayor velocidad que yo que ando en un deportivo amarillo (es mentira pero siempre quise escribir las palabras “deportivo amarillo”). Uno se la pasa de mal humor, muerto de calor, insultando por la izquierda y piropeando por la derecha, halando mecate para que le consigan un puesto, dando Cesta Ticket a los mendigos para que no usen el sencillo en cosas malas y metiéndose las ilógicas “pennies” que le devuelven a uno en el estacionamiento de los centros comerciales en los bolsillos hasta sonar como una maraca humana al final de la tarde.

Aún así, se adora la ciudad porque hay cosas que tienen completo sentido. Tiene sentido el arte urbano de Ergo en las casetas de electricidad. Tiene sentido el “buenas” en los ascensores, el que te regalen el periódico en un café cuando alguien que ya se lo leyó se está yendo. El que aún existan camioneros de frutas que se paran en la calle. Tiene sentido el Ávila cuando no hay más nada que ver en el tráfico. Que se prendan los faroles de los postes cuando no hay más luz del Sol. Son idiosincrasias que se convierten en costumbres. Y de costumbres se llegan a tradiciones que tomamos por sentado en nuestro afán de huir de Caracas en cada puente, día feriado y día de “invento de gripe” que consigamos.

La Cruz del Ávila, como el San Nicolás del CCCT, como pretenderá ser el granjero absurdo que ponen en la entrada de Altamira en Navidad (es bonito pero igual es absurdo), tiene sentido. No sólo por el valor religioso que pueda imprimirle aquellos que se guían por la cruz como símbolo de fe, sino porque marca un arribo a una época en la que todo el mundo se pone feliz (aunque nos claven degeneradamente los precios de las hallacas). Y no sabemos apreciar las cosas que tenemos hasta que las perdemos.

Puede que sea una medida temporal este año en un acto que esperamos, sea en buena fe del Poder Ejecutivo para enviar un mensaje hacia el ahorro de energía. Cosa que como hemos dicho en este tea party, entendemos siempre y cuando, se realicen acciones útiles y no se utilicen las medidas de pañitos calientes para fines propagandísticos (amen que no andamos contentos porque esto, como la escasez de agua, no ha debido ser un problema de esta magnitud a estas alturas del “progreso bolivariano”.)

Lo que no saben, es que con la medida se van más de cuarenta años de una tradición que ha unido a los venezolanos en buena lid a través de un mes de regocijo. O de repente sí saben, pero el término “cuarenta años” produce el mismo efecto que el capín melado en los de narices sensibles. A estas alturas del partido, ¡qué estupidez!

Estupidez, no. Lástima. Y tristeza, a priori y a posteriori. Con eso, le regalan al caraqueño lo que siempre temió que le trajese San Nicolás: carbón.-



Foto: Blog Cuando era Chamo

Nota: El domingo 15 de noviembre salió un artículo en El Universal diciendo que la Electricidad de Caracas había acordado prender la Cruz del Ávila por seis horas (desde las seis hasta la medianoche) salvo los días festivos en la que estará prendida toda la noche. ¡Algo es algo!

5 comments:

GBA said...

Que buen post Toto, hoy particularmente valoro mas de lo normal tu blog.

Entre las lineas de este post y sobre todo "...Tiene sentido el Ávila cuando no hay más nada que ver en el tráfico..." y una buena canción de fondo, me alegraste el día.

La cola de la mañana de hoy, sumado a que en mi oficina pareciera que la gente vive en otra Ccs, donde no hay nada de cola y que siempre anden con un peo por llegar 30 min tarde, pone de mal a cualquiera.

Pero este post, y saber que mi la navidad llega pronto, han ayudado para que los 5 min que dedique a leer este post, me cambiaran el día.

Muy bueno la verdad.

Un abrazo

Sabri said...

Toto...si me permites llamarte así, déjame contarte que siempre te leo, más nunca he comentado ninguno de tu post y cabe destacar que son varios los no sólo me han gustado sino encantado, esto es para subirte un poco el ego. Pero permiteme comentarte que este especialmente ha movido una fibra en mí. Yo, como tu, amo y adoro a esta ciudad; con sus colas, su calor y su belleza escondida detrás de todos los óbstaculos que superamos cada día. Al conocer la noticia sentí un poco de angustia , como se nos van acabando los segundos de felicidad en nuestra ciudad...comparto tu tristeza.
Tan sólo me queda pedirle al niño jesús que nos devuelva a la caracas de los techos rojos que tanto añoramos.

Daniela Truzman said...

Para esta venezolana que vive en el extranjero nada me hace más ilusión que pasar las navidades en Caracas y poder disfrutar de eso detallitos bonitos que nos regala la ciudad en esta época,no quiero imaginar llegar y no ver Plaza Altamira morada y verde, al San Nicolás Capitalista y a la Cruz del Ávila.

Por cierto, no me hagas mucho caso, pero yo pregunté quién era el granjero que estaba en el distribuidor Altamira y me dijeron que era "Pacheco" el que baja todos los diciembres y anuncia la llegada del frío... tiene un poco de sentido, pero es más cómico pensar que es un granjero bonito y ya.

RJR said...

Como siempre el venezolano tiene el sindrome grave de "short-term memory lost", nadie recuerda que el año pasado el gobierno venezolano DONO "n" cantidad de Plantas Electricas a Nicaragua, para ayudarlos a solventar una grave crisis energetica por la que atraviesa dicho pais centroamericano..... y si nos devuelven una, una solita, de las plantas electricas donadas para prender la cruz?

Manuela Zárate said...

Lamentablemente ello sí se dan cuenta que al no prender la cruz del Ávila se van años y años de tradición. Lo que quieren es borrar todas aquellas cosas que nos genera un sentido de identidad. Y no es nisiquiera por qué realmente tengan una ideología. Es mucho más triste, es por puro odio y resentimiento, porque son como esa gente que describe Fito Paez, "que todo lo que brilla en este mundo, tan sólo les da caspa y les da envidia."
Mi asombro es, no lo que nos hacen, sino lo que nos dejamos hacer.

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