Friday, October 16, 2009

Las Mentiras de los Enfant Terrible

La verdad es que si el Balloon Boy (el niñito de Colorado que creyeron había salido volando por los cielos metido en un globo y apareció escondido en el ático) hubiese sido venezolano, el correazo que le hubiesen metido sus papás habría sido tal, que el Instituto Nacional del Menor tendría en sus manos el caso más sensacional de cayapa paterna. No puedo sino imaginarme los nervios de los papás al momento de seguir a esa especie de platillo volador por los cielos, sin sospechar que su infante estaba jugando a Ana Frank en el ático en ese mismo momento. Encontrarlo seguramente ha debido producir alivio pero no nos podemos caer a cobas. Uno mismo les ha dado suficientes sustos a sus papás con sus mentiras como para creer que lo que viene son abrazos y calcomanías peludas que huelen a fresa. El resultado inevitable es el castigo más miserable de la temporada infantil.

Exhibit A: Alejandro mi hermano. Comencemos. Toto en su campamento feliz caminando en cholas y haciendo pipí en los árboles. Llamada a la oficina de mi papá. En inglés una voz de gorda: “Buenas. Estamos llamando del campamento de su hijo. Toto está muy pero muy enfermo.” Media hora de conversación en la que la secretaria de mi papá tiene que entrar a darle azúcar porque el viejo está cogiendo senda pálida. Silencio momentáneo. Risa de enfant terrible y posterior: “Hiiiii Dad. Es Alejupi." Conclusión: lo montaron en un autobús para mandarlo a un campamento de niños desadaptados en donde se vio forzado a escribir cartas declarando que estaba en huelga de hambre para que lo fueran a buscar.

Exhibit B: caso reciente de un niñito en el colegio que le dice a su papá que entraron unos ladrones al colegio y le robaron la raqueta. Clama también que antes de robarle la raqueta, los malandros le pegaron con ella en la cabeza y le duele. El papá, siendo médico, se lo lleva a la clínica para hacerle una –costosa- tomografía. El director del colegio va a visitar al infante, extrañadísimo que eso haya sucedido pero el niño insiste, narrando incluso la pinta de los malhechores. El director se ofrece a esclarecer el caso, sentándose a ver los videos de las cámaras de seguridad de ese día en el colegio. Resultado, una cayapa infantil en la que el chamo se pelea con tres compañeros en la cual la raqueta es usada como arma de Mortal Kombat. Imágenes finales, el chamo deshaciéndose de la raqueta rota en un matorral. Conclusión: castigado por un año.

A medida que vamos creciendo, las mentiras se van volviendo artísticas: la firma plagiada de la mamá para entregar un demerito. Hecho a lápiz. Las adolescentes que le pedían las fotos de Semana Santa a sus amigas para mezclarlas con las suyas propias y así meter el paro en su casa que además de ella y el novio, se fue un gentío para Punta Cana. Amiga, sé sensata. No hay Disney en República Dominicana. Luego, los enclosetados literales. A un pana le dio sueño ir a la universidad y se metió en el closet para seguir durmiendo. Todavía tiene una cicatriz de la golpiza que le dio la muchacha de servicio con la aspiradora creyendo que era un ladrón.

Posteriormente vienen las criminales pero esas ya rayan en lo psicológico. Cybel y el gato fue una mentira idiota. Ella vivía en el edificio de La Gorda mi amiga –por supuesto- y hasta el sol de hoy la psico-terrorizo que Cybel la anda buscando en Facebook para saber que es de su vida. Las escapadas a las discotecas ya no son lo mismo que antes. Ahora con el Blackberry, está la moda de cachar a los hijos en plena farra con aquello de “tómate una foto YA y me la mandas.” Tiempos aquellos en los que se bajaban los brakers para que todos los relojes de la casa dijesen “12:00”.

Conclusión inevitable: Las mentiras no sirven para nada, como bien muestran todas las mentiras que decimos de adultos. Hasta mentir sobre la edad es ridículo. Si te las vas a dar de aventurero, no seas maricón poniéndote a jugar a Ana Frank en el ático. Móntese en su globo como todo un macho y avise que ya viene. Te van a castigar igualito pero por lo menos no mentiste cuando dijiste que ya venías un momentico, que ibas a salir a volar por ahí. Eso, es honestidad plena y pura. Y no hay nada que se goce más que dormir con la conciencia tranquila después de un día en el que hiciste algo sencillamente emocionante. Así haya sido caerle a cayapas con una raqueta a un imbécil que se lo merecía.-

2 comments:

changa said...

haha! pues si tal cual! chico toto pero lo del closet es brillante! como no se me ocurrio a mi!?

Valentina said...

Ok, apenas voy a empezar a leer el segundo párrafo, pero nada más leer "Exibit A: Alejandro mi hermano." ya estoy rodando en el piso de la risa sin poder imaginar que fue lo que hizo el Junips!

Continúo.. a enterarme!

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