Wednesday, November 11, 2009

El Curioso Caso de la Pantaleta Perfecta

Lo chévere del Grupo de Autoayuda Manos Unidas (AAMU) es que, en sus inicios, todos más o menos estábamos en la quilla. Los estancamientos mentales cumplían cabalmente con nuestro lema “estar deprimido está de moda” y nos contentábamos en saber que siempre había alguien dispuesto a llevarse el último brownie. Jamás pretendió ser una competencia para ver quién era el más loser de todos, dado que la intención de AAMU es decirte de frente la verdad que necesitas oír sin tener que gastar tus reales en las oficinas del Dr. Vizcarrondo.

Aún así, jamás hubiésemos sospechado que dentro de nuestro comité organizador, habría una persona que traicionaría al resto. Una Judas Iscariote que vendería su alma al Diablo y nos dejaría a los demás cual presos dentro de la Caverna de Platón. Ella sabía su defecto desde un principio y lo escondió para el resto de los deprimidos. Su defecto mortal, que nos terminó clavando la estaca, es que desde un comienzo siempre fue feliz. Les presento a Doña Perfecta. La que no tiene defectos.

La verdad es que siempre lo sospechamos. Ella lo niega rotundamente, clamando ser tan paupérrima como el resto del combo pero a estas alturas nadie le cree. Su ausencia en todas las reuniones espontaneas (la depresión no tiene agenda) que se han suscitado a lo largo de los años para atender a los problemas de algún miembro, ha sido notoria. Con la banal excusa que jamás ha recibido ni siquiera el newsletter electrónico de Navidad, nos restriega en la cara subliminalmente que en verdad todos nuestros correos son considerados Spam. Ni siquiera tiene la decencia de mentir como nuestra vocal Miss Pega, quien hace años se inventó que tenía unos pintores en su casa para no tener que ir a otra de nuestras charlas de Pare de Sufrir y todavía sigue con el cuento que le falta una capa de gris perla más en el comedor.

Ver la perfección desde tan cerca duele en el ego. Una patada a la depresión de los demás. Por eso no pudimos dejar de deleitarnos sobre el cuento que llega fresquecito desde las tuberías de Nueva York. Obviamente, Doña Perfecta corrió el maratón. Obviamente. El resto del clan AAMU o tiene una barriga montada o un lumbago a cuestas y nuestra idea de hacer ejercicio es aplaudir. Aún así, la aupamos con un soundtrack motivacional para que empezase su corredera luego que las notas de Sinatra dejasen de oírse al pasar el Puente de Brooklyn. Si algo sabemos en AAMU es de música para la motivación. “Alone again, naturally” fue considerado como el himno olímpico pero la canción necesitaba algún ritmillo inspirador para prevenir potenciales suicidios por lo que estamos aún con el cancionero abierto en espera de seleccionar la canción definitiva.

En ese día de nubes perfectas, Doña Perfecta corrió el maratón con sus zapatos perfectos, logrando una marca perfecta mientras los imperfectos de sus amigos la aupaban con gritos de motivación en los costados para que no perdiese la templanza. Las perfectas jamás la pierden pero nosotros los deprimidos no sabemos nada de eso. Medalla en cuello, hizo su señal de victoria por haber completado otro de sus logros –sólo le falta ser astronauta, cosa que no dudamos logrará antes del 2015 – y se dispuso a seguir trotando con soplo de “chu chú” hacia la bañera de la Chica Bond en donde se deleitó con un baño de espumas para saciar el cansancio. Las burbujas como la escena de La Cenicienta volaban por el baño mientras ella aprovechaba para echarle una remojadita a una pieza intima que tenía olvidada. El relajo de las aguas, le calmó el cansancio y ya envuelta en su perfecta bata de paño, procedió a drenar la bañera y apagar la luz.

Siete de la mañana del lunes siguiente. La Chica Bond entra a su baño arrecha porque a ella le dan arrechera los lunes. Se tiene que lavar el pelo y en esa particular mañana hace un frio que quita el frizz de los pelos de la nariz pero ella tiene una reunión importantísima y necesita ese baño. A mitad del champuseo con papaya, empieza a notar que el agua de la regadera no baja por el desagüe, llegándole cada vez más alto a nivel de las rodillas. No lo piensa mucho. Debe ser que se tapó por algún jabón que cayó el cual se desintegrará con el tiempo. Se seca el pelo, se viste y se va a trabajar. Sin sospechar que los siete vecinos de su piso están comenzando a bañarse y les pasa lo mismo que a ella.

Tres días después, el agua continúa empozada por lo que la Chica Bond decide llamar a un plomero. En opinión del experto con la raya del trasero visible es que hay algo atracado en la alcantarilla que es mucho más que un jabón. Hay un pedazo de tela obstruyendo el paso de las aguas, la cual está tan enterrada que no la pueden sacar ni con excavación arqueológica. La Chica Bond recuerda instantáneamente un comentario de paso que le hizo su amiga la Perfecta días atrás sobre una pertenencia suya que había desaparecido en el baño y allí mismo hace la relación: es la pantaleta de Doña Perfecta la que está causando la obstrucción.

Ni con ácidos químicos logran destrozar la prenda de la perfección. El acido hace que la bañera comience a corroerse pero la pantaleta se niega a morir. El plomero inquiere sobre el material, pues opina que parece un cinturón de castidad. La Chica Bond infla narices al pensar en los retoños de la Perfect pero no está preparada para un encuentro con el presidente del condominio quien la detiene en el ascensor para decirle que por su obstrucción van a tener que romper las tuberías pues la pantaleta ha logrado que todo un piso se comience a inundar. Decide llamar a Doña Perfecta para contarle del episodio culposo a lo que la Doña espeta la más famosa frase desde que alguien se preguntó ¿Quién engañó a Roger Rabbit?: “¿y cómo saben que esa pantaleta es mía?”

No se ha visto el desenlace de la historia. O si la Chica Bond ha sucumbido en Nueva York a imitar a los venezolanos y bañarse con tobitos y taparas, mientras los vecinos la ven como la pantaletera descuidada. Lo que si sirve como lección para imprimir en los afiches motivacionales de AAMU es que no hay hueco donde no puedan caerse las cosas más preciadas: anillos, relojes y pantaletas con la palabra “Sunday” impresas a lo ancho de la parte de atrás. Pero, si se descuida lo suficiente, también puede irse por la borda nada menos que la perfección .

¡Bienvenida de nuevo al grupo Miss Perfect! Tu pantaleta será de ahora en adelante nuestra bandera (aún cuando la Chica Bond me diga que esto no es un cuento divertido).-

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