Sunday, November 1, 2009

Ennis del Mar en la Calle de la Anarquía

Como todos los años, el tema de Halloween es a donde ir a rumbear. Uno se pasa todo el día planificando su disfraz para darse cuenta que el sinfín de fiestas es igual a escoger una el 31 de diciembre. En Nueva York la cosa no fue distinta por lo que mi escapada se vio a un sitio donde jamás había ni caminado, Brooklyn. Con la Bibi vestida de Josie and the Pussycats y yo de Ennis del Mar (explicación del disfraz en el post de abajo), nos montamos en un carro de alguien y procedimos a cruzar el puente para oir a los Crema Paraíso en un barcito por allá. Jamás llegamos a verlos porque el parade y las calles trancadas nos dejaron varados en un tráfico que no fue muy distinto al de la Cota Mil a cualquier hora del día. Lo único que sirvió fue para ver un montón de disfraces que nos encantaron. Desde E.T. con bicicleta incluida, Mad Max, la gripe porcina y Karl Lagerfeld, aunque ninguno superó a un cuento de algún negro que se disfrazó de trasero (con su cabeza saliendo por el medio del disfraz).

En Brooklyn llegamos a un barcito debajo de un logo de neón que rezaba Sunless Tanning, algo que seguramente se pondrá de moda en los meses de frío que están por venir. Ahí en medio de curas y Minnie Mouse y diablos y dos que tres chamitos haciendo el trick or treating nos encontramos con una Changa vestida de muñeca haciendo arreglos a su llave mecánica que le tardó todo el día en construir. Poco después aparecieron It’s Good to Be y la Coroline vestidos con pelucas de Ni Fu Ni Fa (It’s Good to Be se había traido su disfraz de chavista, indispensable para el regreso cuando en el aeropuerto le abrieran las maletas pero no se lo puso esa noche) y procedimos a comenzar la larga parada de fiestas que nos esperaban del otro lado del puente.

La primera fue en una casita ubicada en lo que apodé la Calle de la Anarquía. Me recibió el Che Guevara en persona quien procedió a verme como si Ennis del Mar era persona non grata. Lo que sucedió fue un encuentro de primos que jamás se habían visto. Guillermo, debajo de la boina del Che y Toto debajo del sombrero de Ennis. Adentro un cumulo de personajes, desde una disfrazada de perico, otro de ropa sucia, una de la niña de Entrevista con el Vampiro que fue el mejor disfraz que vi en toda la noche y las clásicas diablas que se fotografiaban con los Snorkel.

Una calle desierta probó ser un circo para nosotros. Uno hacía malabarismos en un uniciclo, las otras se estiraban y hacían splits en andamios cerca de una construcción y todos corrían por las calles como si ese fuese el más americano de los vecindarios que te venden el sueño en las propagandas de Lysol. De ahí salimos para otra fiesta. Una en una galería de arte donde el calor podía más que el frio de afuera, sirviendo para reencontrarme con una novia muerta que resultó ser mi amiga MMartin a quien tenía como diez años sin verla.

Con un arsenal de cervezas en cada uno de los bolsillos íbamos de fiesta en fiesta hasta terminar en un bar que nada más tenía un disco (y de reggae) pero que sirvió para el descanse de pies pues puedo decir con toda exactitud que si los maratonistas al día siguiente recorrerían buena parte de la isla, yo cubrí vestido de Ennis del Mar, buena parte de Brooklyn. Para terminar la noche un taxista hindú que afirmaba que la palabra “cristiano” era el equivalente a “casino” y que a pesar de su acento, no era de la India sino de Antigua. Nueva York es anárquico, cuando te sales de la ruta convencional.

“Toto la gente no está así vestida porque es Halloween. En Brooklyn, esto es así todos los días.”
- Changa

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