Saturday, November 7, 2009

Mi vida es como 27 Dresses

Mi amigo It’s Good to Be es una persona a la que le gusta cumplir con la gente. Es de esas personas a las que tienes que llamarla con diez días de antelación para ver si está disponible para una partida de Wii. Si no está casando gente, como lo hacía cuando trabajaba en una alcaldía, está de invitado en el sarao y a falta de matrimonio siempre hay un libro al que bautizar, un bebé al que desatanizar o algo que merezca que se malgaste una botella de champaña como la inauguración de un barco (esto ultimo no es cierto pero bueno imagínense que un sobrino lo llamó para bautizar el viaje inaugural de una lanchita de plástico en las aguas de Playa Azul).

Yo siempre le echo vaina que ninguna mujer quiere salir con él porque para ello necesita tener veintisiete vestidos. Su vida es una maraña de corbatas y yuntas, algo que uno aprecia un viernes cuando no tiene nada que hacer pero que francamente, se puede volver aburrido. Yo tengo la mitad de los matrimonios y bautizos y recién ayer le dije a una madre primeriza que estaba acabada para así salirme honestamente de un bautizo al que no quería asistir.

Su viaje a Nueva York fue placentero pero tuvo su conato cuando se dio cuenta que la vida neoyorquina no es tan diferente como lo es la de Caracas. Una visita siempre equivale a una emoción y la gente espera reencontrarse con seres queridos de afuera. En mi caso pueden ser quince. En su caso, veintisiete. Él es el tipo de personas que se encuentra al Maestro Abreu en un aeropuerto y lo saluda de nombre y apellido, que besa a mis primas y me las presenta porque yo no tengo idea quienes son. Todo eso tiene su precio: el agotamiento de ser quien es no deja espacio para gozarse verdaderamente lo que se quiere hacer.

En una mesa de PJ Clarke's, en honor a que Toto se tenía que comer la hamburguesa numero veintisiete que se tragó en el viaje, se abrió sorpresivamente la sesión del Grupo de Autoayuda Manos Unidas. Un invitado adicional ocupaba la mesa: una caja enorme que contenía cuchillos, libros, cargadores eléctricos, ropa y tazas para bebés. Todos ellos encargos de gente que vive en Nueva York y que le habían pedido a It’s Good to Be el favorcito para traerlos a Caracas. La gente ya estaba alertada por mi blog que yo no me traía de vuelta ni un pasaporte por lo que no tuve problemas allá. It’s Good to Be, educado como es, sufrió el revés. Y explotó.

“Más nunca vuelvo a Nueva York” fue la frase que originó el tumulto psicologico de darse cuenta posteriormente que su vida efectivamente es como la película “27 Dresses”. Y no es solamente su caso. La verdad es que todos nosotros somos un poco así. Nos deleitamos cada día en abultar nuestra cuenta de Facebook con un millón de amigos, hacemos planes con gente nueva y extendemos nuestros círculos en la esperanza que por fin alguien lo suficientemente chévere venga a decirnos que también quiere salir con nosotros en plan “When Harry Met Sally”. Pero llega un momento, en ese espiral de fiestas interminables y un mar de caras irreconocibles, en que lo único que provoca es ponerse su abrigo y salir corriendo hacia donde están los mismos cinco pendejos que jamás se irán. Ese tipo de amistades que se basan en el silencio. Porque todo se dice cuando se está callado. Esas son las amistades que bien valen la pena.

Here’s to 27 dresses. Bien gozados y bien vividos. May there be change in what was said that night to prevent the 28th. "Porque la vida, no es como un tour de Protocolo." Nadie, salvo unos cuantos contados con los dedos, es indispensable.-

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