Friday, November 20, 2009

Rick nunca dijo "Play it again, Sam"

Este final de año está tan bizarro que no me explico cómo es noviembre y los araguaneyes de mi calle florecen como si fuese el día más bonito de marzo. Es imposible cantar gaitas con calor cuando uno lo que desea verdaderamente es tirárselas de playero y echarse un buen chapuzón Nestea. Aún así, el Rey David –irónicamente- no nos deja olvidar que ya se acercan las Navidades. El sempiterno San Nicolás ya se mueve de lado a lado desde el techo. Sudado, pero se mueve.

A causa del calor en las noches, lo único que me ha provocado es sentarme a ver buenas películas para así olvidarme que tengo que caminar y moverme hacia alguna parte. Un éxito porque con ello he retomado mi meta de cubrir la lista de las 100 mejores películas según el American Film Institute. Mi Popcorn Crowd, para tragedia de todos sus miembros, se diluyó hace tiempo por razones ajenas a nuestro pacto de ver buen cine. Uno se fue a hacer postgrado, otro sucumbió al horario nocturno otros dos terminaron su idilio de An Affair to Remember y yo me perdí en el bosque buscando el tea party, lo que dejó al grupo con cierto tufo a la canción “Summer of ‘69”.

Aún así he encontrado que mi cuasi vecina Anne, es una virgen cinéfila por lo que me he tomado la tarea de hacer mi propio cine foro con ella para enseñarle un poco. Me gusta porque le interesa que le expliquen el trasfondo de la película así como su importancia dentro del cine americano (ella lo niega a sus amigas, dice que viene porque yo le doy cotufas). Anne se exaspera conmigo un poco porque yo soy de los que le gusta ver los créditos iniciales en las películas. En las viejas, esos créditos llevan su tiempo pero yo le hago ver que es un arte perdido además de enseñarle que el mismo que hizo la dirección de iluminación, el vestuario o los efectos especiales la hizo en otra película que vimos. Igualito me encanta que ella es como yo en el sentido que no tiene miedo a darle a pausa cuando vio algo que le llamó la atención y discutirlo allí mismo. Así haya que retroceder la película.

A veces cuando no está Anne las veo solo. No es lo mismo porque siempre es chévere discutirlas con alguien pero hay películas como Chinatown que se ven fastidiosas en caratula cuando la verdad, una película de esa talla es épica. Eso me pasó hoy con El Puente sobre el Río Kwai, una tremenda película con un dilema moral que es fácilmente trasladable a nuestros tiempos. Tenía meses tirada ahí retándome a que la viera y estaba negado. Ni siquiera sabía de que se trataba cuando la comencé a ver, por lo que tuve que recurrir a imdb.com (amo la sección de trivia de la pagina) para leerme la sinopsis.

Eso me encanta bastante, leer sobre la película. En muchas ocasiones, como en Un Americano en París, me ha gustado MÁS la película por lo que me dicen los libros que por la reacción inicial a la película misma. Suena un poco banal y poco inteligente de mi parte pero lo único que provoca es que me siente a verlas de nuevo. Un Americano en París tiene un ballet de 17 minutos al final. Nadie habla en los últimos 20 y tantos minutos de la película. Pero una vez que sabes cómo se construyó ese ballet y reconoces que cada escena está influenciada por un pintor distinto –Dufy, Renoir, Utrillo, Rousseau, Van Gogh, y Toulouse-Lautrec (porque si eres gallo como yo vas a ver algunos cuadros antes de volver a la película) la experiencia es completamente distinta. Con eso ves a Gigi (que siempre me ha fastidiado) de una manera distinta y aprecias la influencia de Gene Kelly en la danza americana (si le enseñó a bailar a Sinatra, he’s our guy any time).

izq. Gene Kelly en Un Americano en París (1951). der. Toulouse-Lautrec Chocolat Bailando, (1896)

El problema es que algunas películas son propias de una época y son difíciles de verlas en nuestro contexto. El Mejor Año de Nuestras Vidas se ganó un Oscar a la Mejor Película en la década de los cuarenta pero es tremendamente aburrida. Un film sobre la adaptación de veteranos de la II Guerra Mundial a sus puestos de trabajo y a sus hogares no trae la misma emoción ni impacto que lo hizo seguramente cuando se estrenó.

En cambio Bonnie & Clyde, que hoy en día no tiene nada que envidiarle a ninguna película de acción, te marca de por vida. El final es tan astutamente elaborado que no tienes más nada que decir, así hayas visto mil muertes en cualquier pantalla grande. Y cuando te enteras que fue la primera película en mostrar en un mismo plano el tiro y el impacto de la bala en el cuerpo del otro, aprendes a apreciar las innovaciones del cine. Lawrence de Arabia tiene un poco de eso. Una toma del soplo de un fosforo corta abruptamente hacia un amanecer en el desierto. Lawrence fue la primera película en hacer uso de esa técnica. ¡Blanca Nieves es del año 37, por Dios! ¡Imaginénse la innovación de una pendeja cantando en comiquitas por más de 70 minutos!

Lo que encuentro sabroso de la investigación es que me siento poderoso al ver (o volver a ver) úna película determinada. Ya no es impactante que Janet Leigh se muera en Psicósis, que a Scarlett O’Hara la dejen o que el puente en Kwai estalle porque la cultura pop nos ha revelado el desenlace en camisas, parodias y afiches. Lo que queda es estudiarlas para poder acercarnos lo más posible a la misma reacción que tuvo la audiencia cuando se estrenó. Eso es lo que nos pertenece y con la cantidad de información que sale cada año, es un privilegio que no pudieron darse los primeros cotufahabientes que fueron a la premiere.

West Side Story sigue siendo un fastidio, no hay manera de quitarle la sacarina a una historia de Romeo y Julieta. Lo impactante es haberlo hecho desde una perspectiva racial en plenos comienzos de los años sesenta. Una mirada a Cleopatra es más emocionante cuando se sabe el trasfondo del romance Burton-Taylor (aunque esa es perfectamente olvidable una vez que te sientas a ver Who’s Afraid of Virginia Woolf). Para gustarte Un Tranvía llamado Deseo ayuda saber el colapso emocional de Vivien Leigh y el método de actuación de Brando (Stella!!!) Y Zhivago, pues Zhivago como toda obra de arte, se tiene que ver con paciencia.

No sé como hacerlo pero me encantaría formar un curso para enseñar la historia a través de las películas. O si no un curso de historia pop sobre las películas mismas. Tiene que haber otra persona que le interese que en El Puente sobre el Río Kwai también se oye el escalofriante proverbio que emplea Jack Torrance para rellenar las páginas del manuscrito que escribe en The Shining: “all work and no play makes Jack a dull boy” o que Rick jamás dice "Play it again, Sam" en Casablanca.-

5 comments:

Anonymous said...

Si das o consigues ese curso....yo me anoto!!

otro blog que me encanta!

keep them coming!!!

Rol said...

dude vamos a estructurarlo y se lo ofrecemos a la metro. Yo me anoto y te ayudo a Teach It.

he nevers says Play it again sam. lo que dice es Play It Sam, Play as time goes by.

ardi! said...

Yo quiero este curso!

Anonymous said...

Rol ... solo la metro??

no a la exclusion!!! jajaja

Raul said...

Una peor, Vader nunca dice Luke, I'm your father

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