Friday, November 13, 2009

Road Trip

Una cámara antigua rueda imágenes en Súper Ocho. Tú, yo, él, ella y dos que jamás llegaron. Una mañana de soles a bordo de una furgoneta que echa humo. Una sola ventana por donde botar las cenizas de un cigarrillo que se niega a apagarse. Destino incierto. Lo único certero es que el conductor es el disc jockey. La música suena a libertad. Jugamos a Herbie. Tú jamás ganas porque eres miope. Pero yo hago trampa y te señalo un Volks rojo destartalado a lo lejos para que no te sientas mal con los demás.

Las horas pasan y hacemos de la parte de atrás un departamento de solteros. Una almohada sirve de bandeja para algún canapé propio de viajes donde no se sabe a dónde se va. Un silencio a media mañana, señal que la aventura comenzó demasiado temprano, sirve como el medio adecuado para que te recuestes junto a mí. Tus pies salidos por la ventana, tu mirada aburrida en las imágenes cinéticas que ofrece la velocidad de las ruedas de esta furgoneta feliz.

Algo te atrae lo suficiente como para que te acerques a la ventana y recuestes la barbilla sobre tus brazos cruzados. Un mechón de tu pelo revolotea frenéticamente contra el viento, como una serpentina sujeta a una cabeza que piensa en sonido pero que no manifiesta en estéreo. Yo te hago cariñitos en la espalda mientras converso con otro. A sabiendas que la conversación verdadera está entre el tacto de mis yemas y la reacción de tu columna. Una cosquilla repentina parece no importarte. Cómoda como estás, no quieres que el viaje se acabe.

La verdad es que yo tampoco.-

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