Saturday, November 14, 2009

Surfistas de Sofás

Anoche mi amiga Cristina me introdujo al mundo del couchsurfing. Esto es un sistema de interacción a través de la Internet en la que viajeros de alrededor del mundo buscan un “sofá” en donde alojarse gratuitamente en el país al que van a viajar. El quedarse en casa de alguien, le permite al viajero entender la cultura de un país así como recibir asesoramiento de los mejores sitios adonde ir. Amén que se ahorra una chorrera de real, el cual lo puede usar para comprar cosillas, comer o inclusive, seguir viajando. La persona que quiere alojar a alguien pone sus criterios (en el caso de mi amiga Cri, alguien que no fumase y que no le importase los gatos) y el viajero la contacta para cuadrar su estadía.

Con ella se está quedando un personaje chéverisimo. Es de Argentina y salió hace año y medio de su casa. Su único plan era ir a visitar Bolivia pero se terminó quedando más de la cuenta y decidió echarle pierna hasta pasar por todos los países andinos e inclusive llegar hasta Cuba. Su viaje completo lo ha hecho en autobús (salvo obviamente el avioncito que agarró para llegar a La Habana) y la estadía en un país depende de cuánto le guste. En Colombia duró tres meses, en Perú un poco más. Y así le fue dando hasta llegar a Caracas porque había que conocerla. No le pareció la más bonita de todas pero concuerda que como las demás tiene su encanto particular. Hoy agarrara un avión para irse Córdoba donde su papá lo está esperando desde hace seis meses con una pancarta que seguramente dirá “Al Fin”.

Lo que me impresionó de él fue su espontaneidad. Agarrar un buen día y salir de su casa sin más nada que un pasaporte. Ni siquiera el celular. De casa en casa, de plaza en museo, de autobús en metro, hasta llegar a sentarse conmigo y con Cristina en una pizzería. Ha conocido a tanta gente que le ha hecho las mismas preguntas que yo que seguramente le parecí un fastidio. Pero no todos los días se conoce a un Forrest Gump latinoamericano. Y como él –me cuenta- hay centenares de personas, sobre todo mujeres, yendo de puerto en puerto para conocer más de cerca al mundo. Cuando se tiene que trabajar para ganarse unos churupos se trabaja. Cuando se tiene que lavar ropa, se lava y cuando se quiere tomar, se festeja con los amigos que andan en la misma nota. La mayoría se llega a conocer en los trayectos y arman sus bonches con los residentes.

Hablamos sobre los peligros del programa del couchsurfing. Como todo hay cuentos de cuentos pero por lo general parece ser un sistema confiable. Cada persona tiene un sistema de puntaje (entre positivos y negativos) que se va acumulando con el viaje y que se reflejan en la página. Obviamente los negativos no son tan acogidos como el resto. Inclusive hay personas que no ofrecen alojamiento sino sencillamente compañía para tomarse un café, llevarlos a conocer la ciudad u orientarlos por aquí y por allá. El amigo todo se lo gozó. No podía creer que ya se tenía que regresar a su país. Por él, seguiría viajando.

Hay gente así. Yo no soy una de ellas así me encanten todas esos cuentos. Al pana lo mareé con mis cuentos de todas las excursiones de gente que he leído en National Geographic. Desde el chamo que navegó el mundo en barco hasta el que se caminó Estados Unidos completo (y conoció a su esposa en el proceso). Él me dice que lo más difícil es salir de la puerta de su casa. Todo lo demás es cuestión de montarse en el autobús indicado. Y si el autobús se accidenta siempre hay otro que viene por ahí.

Irónico. Así es la vida. Unos nos pasamos todo el día apagando incendios en oficinas y en casas. Otros, viajan.-

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