Thursday, October 29, 2009

Un turista en una ciudad que se niega a admitir que lo soy


Mi viaje a Nueva York comenzó con una aclaratoria desde el momento en que me monté en el avión. Allí me encontré que, conjuntamente con mi compañero de viaje It’s Good to Be, éramos las dos únicas personas que no iban a Manhattan a correr el maratón. Cuando me veían cara de atleta [permiso de risas para los que me conocen] y me preguntaban si esa era la razón por la cual iba, les respondía que yo nada más iba a caerme a palos. Una verdad honesta que aparentemente no caló bien entre el crowd que empleó por más de seis meses la frase “mi entrenador dice” para empezar una oración.

M intención original era quedarme con Coro pero al ver que It’s Good to Be se estaba quedando solo en un palacete (descubrí que cuando un apartamento en Nueva York tiene más de dos cuartos, es considerado un prime rib), me dio celos y me quedé con él. A la Coro la engañaba todos los días. “Hoy me mudo para tu casa.” La pobre debe estar todavía con la camita de invitados tendida preguntándose si voy a llegar o no. Ver el otoño por primera vez fue de autógrafo. Me eché una pérdida guiada por Central Park en búsqueda del árbol más rojo que podía encontrar. Luego me aburrí y me fui a la búsqueda de la perfecta hamburguesa. He descubierto que si pudiera hacer un curriculum como yo quiero, mi objetivo de vida sería eso mismo, encontrar la más divina de las hamburguesas.

Classic bliss

No es fácil ser turista en Nueva York y tener a muchos amigos viviendo allá. Primero, NADIE que se respete pisa Times Square pero ni por error. Y uno insiste en que no es Nueva York si uno no va a ver si el anuncio de Cup of Noodles sigue ahí para recordarse de viajes anteriores. Eso es de turista. Y uno insiste nuevamente que uno sí es turista pero sin respuesta de samaritano Zagat que te diga “está bien vamos.”

Recuerdo un viaje que hice con un grupo en el que una amiga mía que ahora es monja decía que quería ver el Brooklyn Bridge porque en la Guía Michelin tenía cinco estrellas. Nadie le paró en su momento (esperemos que eso no haya sido parte de la decisión de empatarse con JC Superestrella) pero me imagino que así se habrán sentido los neoyorquinos sobre mis suplicas por ver el Nueva York en el que hay más japoneses y abuelos con camisas floridas que personajes de Gossip Girl. A esto, debo admitir, sucumbí en un paseo en el que me escapé solo. En el ínterin me encontré a Al Gore firmando autógrafos en Barnes & Noble. ¡El plan turista vale la pena!

En el Metropolitan hice mi búsqueda para ver de cerca un cuadro que me está fascinando últimamente, Madame X de John Singer Sargeant pero no lo encontré. En el MOMA si vi el cuadro favorito de mi editora y mío, El Mundo de Cristina. La exposición sobre las wáter lillies de Monet muy bonita pero es como estar en un cuarto rosado. Es bello pero te provoca salirte a fumarte un cigarro. El tema del cigarrillo en los Estados Unidos es tan prohibitivo que no hay calle en la ciudad de Manhattan en donde no haya una colilla mía. No por placer de haberme fumado un cigarro sino por el estrés que uno no sabe cuándo va a fumar otra vez.

Por alguna razón tenía un rollo con la cruzada de calles, regañando a gente que cruzaba cuando la manito estaba en rojo y el hombrecito pidió permiso para ir a hacer pipí. En homage a ello, la Coroline me tomó a esta foto en un momento de confusión inevitable para mí.

Fui con un grupo a Ellis Island y a la Estatua de la Libertad, la cual tenía veintitrés años que no iba. Allí pasé mi tarjeta de CADIVI por primera vez, lo que me pareció un poco irónico. Ya en la isla donde está la estatua se me salió el comunismo puro al criticar abiertamente que hay que pagar en tierra si quieres entrar al museo. ¡Pero a la tiendita de regalos, puede pasar con confianza! No puede ser que para ganar una apuesta (yo decía que la Estatua la había construido Eiffel, It’s Good to Be decía que era Bartholdi. Ganó.) hay que meterse en una tiendita a ver los libros que venden, conjuntamente con camisas, llaveros, chocolates y fotos que ni siquiera te toman en frente de la estatua sino computarizadas, para saber más de la historia de la estatua. Error.

En Ellis Island si me calmé más, tan solo porque ver a It’s Good to Be que le encanta todo eso de la genealogía, es como ver a un chamo en Disney por lo que sirve para burlarse. Cuando encontró a su abuelo en los registros me callé en respeto. Pero después me mandó a callar de verdad porque yo no podía dejar de cantar “Porque no haaaay gatos en América y las calles de queso son!” y gritar “¿Han visto a Faivooool Ratonovichhh? a cada vieja que me encontrase. Eso es otra cosa, el idioma. Uno se las echa que habla inglés y basta que llegues a Nueva York para encontrarse que ahí lo que se habla es cubavenecolopuertodominicano. Si yo dije más de cinco oraciones combinadas en inglés durante todo el viaje fue mucho.

En el cine vi “Where the Wild Things Are” la cual me desilusionó muchísimo pero después hice lo que toda persona capitalista haría. Me compré la camisa. Eso fue cómico. En una tarde en que me perdí solo por ahí (yo les digo, a veces a uno les da sus aires contemplativos y lo que le provoca es tomarse un café con uno mismo) llegué a casa con 17 libros. Orwell, Rand, Wilde, Heller, Conrad y una bolsa de almendras para mi mamá. It’s Good to Be llegó en el mismo plan por separado con “600 Black Spots: A Pop-Up Book” y una caja de Captain Crunch para si mismo.

Me pareció el colmo entrar aquí.

El vuelo de regreso a Caracas sin eventualidades, más que una maleta extra que tuve que comprar porque a uno se le olvida que los libros pesan. Mi pichirrez llegó a tal punto que pagué diez dólares por un duffel bag que se rompió en la primera cerrada. Así lo mandé. El ultimo día fue que por fin dominé la vestimenta de otoño. Un dia salía como si estuviese en la Marcha de los Pinguinos, el otro día como un vendedor de Tio Rico en Playa Parguito. El ultimo día con solo una chaqueta galipanera fue que me di cuenta que en verdad no hace tanto frío como te alertan los reporteros terroristas en la cadena Fox. La película del avión: “500 Days of Summer.” No se dice más, hay que verla. La escena compartida entre realidad y expectativa: story of my life.

Cuentos cortos, próximamente.-

3 comments:

Anonymous said...

Guelcome back!!!! Quiero todos los vestidos de Summer el date en Ikea y la convicción de q las relaciones hacen daño

ardi! said...

Yo soy La Turista por excelencia. La gente de "Guides Michellin" debería darme un premio, tengo incluso la guide de LYON, y he hecho los recorridos que me han recomendado. Es más, un día estuve tentada a montarme en el autobus de dos pisos turístico de Lyon, pero luego recordé lo detestables que son...

Right On! Que fino que lo hayas pasado tan bien en NYC. Cuando vengas a la France, holla at me!

iLi said...

mejor hamburguesa del mundo: CANCUN MEXICAN RESTAURANT Potsdamer Platz
Ebertstraße 14 / Vossstrasse 20
10117 Berlin..

Se que es un restaurant mexicano.. pero puedo hablar con conocimiento de causa al respecto.. I N C R E I B L E

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