Sunday, November 29, 2009

Visitando Florencia

Estamos de vuelta en Milán luego de un fin de semana sensacional en Florencia. Considerando que por fin pude ver el cielo y el Sol, pues aquí lo único que hace es llover y llover, me gustó lo suficiente como para que me haga falta. Salimos en tren el viernes lo cual fue toda una odisea porque no teníamos puesto asignado, lo que nos obligó a sentarnos en el piso. Cuando llegamos nos montamos en el taxi y le dijimos el nombre del hotel. El carro literalmente dio una vuelta en U y nos dejó en la puerta. Indicativo de lo chiquita y recorrible a pie que es la ciudad.

Esa noche comimos en un restaurante que se llama Buca Mario, recomendado desde el Messenger por la Queen Zubi. Un tagliatelle con trufas (no aceitito, sino una buena cepa) y un prosecco sabrosísimo me dieron la bienvenida a las pastas italianas, las cuales no puedo dejar de comérmelas. El hotelito, uno de esos baratones pero confortables con la regadera que no tiene para meterse sino que es el piso completo. Cosa que me recordó a mis épocas en Paris donde me mandaron por equivocación a una residencia de inválidos y uno se bañaba sentado en la poceta.

Al día siguiente hicimos un recorrido por toda la ciudad. Fue bastante interesante porque decidimos irnos hacia la Plaza de Michelangelo para ver un panorama de toda la ciudad (me encanta que cuando uno es turista la palabra “panorama” es como un must) y tomar unas fotos cheverísimas. Ahí vi a una pareja de abuelitos que son la encarnación humana de los protagonistas de la comiquita “Up”. Cuando llegue a Caracas monto la foto porque no es normal lo que me moría por abrazar a esos viejitos.

De ahí bajamos a pie pasando por el Ponte Vecchio en donde me comí mi primer helado italiano (es todo muy naive pero yo nunca he estado en Italia así que tengo que hacer todas las cosas que hablan las del Tour de quinceañeras como paraulatas hasta que se casan a los veintidós para ver como me puedo meter más con ellas). Luego, llevé a la Cookie y al Junip en un recorrido relámpago por todos los museos, tratando de explicarles lo que me recordaba de mis clases de Historia del Arte Religioso Cristiano en la Metropolitana. Me di cuenta de lo poco retentivo que soy pues aunque adoré la clase y estaba en frente de todos los cuadros que me enseñó la profesora, me dio rabia no habérmela estudiado antes de venir para acá (ignoraba que Florencia era tan de primera comunión).

El día estaba demasiado espectacular. 16 grados de sol y todo el mundo en las calles, lo que nos llevó a sentarnos en la Plaza de la Republica la cual decreté como mi plaza favorita a tomarnos unos Kir Róyale y brindar por la calidad de vida. Alejandro dice que yo soy demasiado “tourist trapeable” pues no puedo con la gente que canta canciones gringas en las calles. Pero yo me burlo de él de vuelta porque a él le pasa lo mismo con las esculturas humanas. El David, fue demasiado impresionante. Ninguna fotografía me había preparado para ver esa escultura. Tanto que preocupaba mi atención homosexual hacia el trasero del señor. Pero me le quito el sombrero. Eso es algo que hay que ver en vivo y en directo.

Me encantó haber estado en Florencia. Se hace perfectamente en un día. Tanto que llegó un momento en que nos encontrábamos con la misma gente en las esquinas. Esta mañana nos montamos en nuestro tren y nos devolvimos hacia Milán (esta vez manejando el sistema de trenes como unos profesionales y con asientos asignados). Ahora llueve, lo cual es una lastima pues estamos decidiendo si salimos o no a un mercado que montan a finales de mes en la ciudad, a ver si consigo algún soldadito de plomo para añadir a mi colección. Mientras tanto, el silencio apremia en este domingo. La lluvia no pega con el turismo.-

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