Tuesday, November 10, 2009

Ziggy ha muerto

Cuenta la Chica Bond que entró en un gimnasio hace un tiempo y se encontró a una muy buena amiga pedaleando con furia encima de una bicicleta estacionaria. Acercándosele, nuestra Chica la saludó como lo ha hecho desde que usaba mocasines con el clásico penny insertado en el zapato: “¿Qué más Ziggy?” La amiga no desvió la mirada del espejo que se encontraba frente a ella; un acto de concentración que en nada tiene que ver con el amor al entrenamiento físico sino con la soberana rabia de haberse metido tanto pan de jamón en las vacaciones decembrinas. La Chica Bond intentó saludar de nuevo a su amiga Ziggy pero jamás imaginó que recibiría una respuesta tan lacónica como la que oiría a continuación. Con temple de monje tibetano, la amiga ciclista detuvo su ejercicio, miró a su compañera de loncheras y deméritos y simplemente le dijo: “Ziggy ha muerto.”

El trasfondo de su muerte se debe claramente a que nuestra amiga deseaba ser conocida por el nombre que le dieron en la pila bautismal y no el sobrenombre que se ganó con la vida. Una especie de reinvención al mejor estilo del anuncio de nuevos paquetes económicos para ser observado a posteriori por quienes toda la vida han acostumbrado a llamarla de otra manera que no sea la versión conjugada de los dos nombres propios de estas tierras cristianas. Ziggy ha muerto. Larga vida a Ana Cristina.

Todo el mundo tiene o ha tenido un sobrenombre. Por alguna razón a todos nos choca eso de tener que decirle Juan Cristóbal a una persona que se llama de esa manera. Como si el cariño no fuese el mismo si no tuviésemos la oportunidad de acortarlo para decirle Juanchi. Otros se lo ganan por su fisionomía (Nariz), actitud (La Perfecta) o porque sencillamente su nombre de pila no ofrece más remedio. Brígida mi hermana tuvo que sucumbir temprano en la vida con "Bibi" si no quería ser considerada como la prima soltera de la Señorita Rottenmayer. Más aún cuando llegó de su primer día de colegio y anunció que su mejor amiga se llamaba Margot. Patty y Selma pues.

El mío, Toto, es un caso de pronunciación accidental. No me habían quitado el sucio de la placenta y ya había salido un primillo con dos dientes a confundir el “Juan José” por “Tototé”. Un “ay que cuchi Fernandito como llamó a su primo” me ató involuntariamente para siempre a un nombre del cual jamás me pude –y creo que ni podré- desprender ni desasociar. Un simple recorte a las cuatro primeras letras del apodo fue lo más que pude negociar en un mundo en el cual hay personas que jamás se han puesto a pensar si yo de verdad tengo un nombre más decente o es que mis padres eran unos kansanos con un gusto kitsch a todo lo referente a El Mago de OZ o decidieron nombrarme como una famosa marca de poceta japonesa.

Hubo una fiesta de quince años a la que yo no pude entrar sin mandar a llamar a la mamá de la fiesta porque mi cédula no reflejaba el “Toto” que estaba anotado en la lista. Innumerables tarjetas de matrimonio han llegado a mi casa con el Sr. Toto Aguerrevere marcado en tinta china. Una ni se molestó con el apellido. Toto bastó. Jamás he evadido ni ocultado mi nombre verdadero pero he descubierto que como una canción mediocre, sencillamente no pega en las carteleras. Así, el nombre de prócer lo he dejado para presentarme porque eso de dar la mano e introducirte con el nombre artístico siempre me ha parecido de pánfilo. Bono puede hacerlo. Yo no.

Inevitablemente sé que es causa perdida. Salvo Manolita Zarate que jamás ha dejado de llamarme Juan desde que nos conocimos montando caballos, el “Toto” siempre ha encontrado la manera de colarse en lugares donde la gente no tiene porque saber que yo respondo a ese apodo. Tarde o temprano, el “Juan José” se deja reservado como una formalidad para pagos de cheques, relleno de formulas medicas u otorgamiento de diplomas, y el sobrenombre al sobrenombre se impone. “Toto” aparentemente no es lo suficientemente básico para un apodo como para que no tenga mis buenas dosis de Tots, Totón, Totero, Totíns, Don Totín, TotA, Toston, Totona, Topo, Father Tots dentro del repertorio. La variación es cuestión de geografía social. Dime con quién ando y te diré como me llaman.

La verdad no me molesta y he sucumbido al hecho que moriré con el nombre. Ziggy pudo zafarse del suyo. Yo no. No veo a mis sobrinos llamándome otra cosa que no sea “el Tío Toto” en un futuro. A fin de cuentas, mi nombre verdadero, con el que uso para llamarme a mí mismo, es sencillamente “Yo”. Ese, es el nombre que más me gusta de todos.-

7 comments:

MdlA.- said...

Mis padres no tuvieron la consideración suficiente conmigo.
Sabiendo que mi apellido iba a ser Pérez, a menos de que en el último momento mi padre hubiese decidido dejarme bastarda, ¿por qué cuca me tenían que poner María?
No obstante, eso no es lo grave, sino la longitud de mi nombre: María de los Ángeles. Esto obliga a la gente a:
1) Decirme María Pérez
2) Preguntarme: chama, ¿Cómo te dicen? es que tu nombre es muy largo!
Podrán imaginarse que en cada lista que me llamaban, contestábamos por lo menos 8 personas, así que debían recurrir a discriminar por cédula. Ejemplo CNU.
Ya estoy incluso acostumbrada a ser famosa por "millonaria". Todos los comerciales de TV, vallas publicitarias, etc., de tarjetas de crédito y débito, me usan como ejemplo:
MARÍA PÉREZ
N° DE TARJETA: XXX XXXX XXXXX XXXX
Es tal cual decir: "Fulana de tal".
Gracias a Dios, heredé mi sobrenombre de los bajos fondos "La China". No porque sea muy achinadita, sino porque así le decían a mi hermano mayor. Ya que no me podían dar las chivas de su ropa y juguetes por la diferencia de sexo, pues entonces me enchivaron el sobrenombre!
Y de verdad, seré la chinita forever.

Manuela Zárate said...

Chamo para mí tu siempre, siempre, siempre serás: Juan Aguerrevere.
Y cuando me arrecho: JUAN!
Cuanto te pieredes en una marcha: JUUUAANNNNNN.
Cuando te invito a un lugar: Hay que esperar a Juan.
JUAN. JUAN. JUAN.
Juan Aguerrevere es un nombre demasiado cool. Nombre común con apellido impronunciable e imposible de escribir.
Deberías usarlo mal.
Qué extraño. No tenemos ningún control sobre lo que la gente nos llama.

Manuela Zárate said...

Corrección: deberías usarlo mas. Sorry, la chama anoche pasó despierta como de 3, hasta las 4:15 cuando comió. Esta mañana no podía abrir los ojos. Quiero unas vacaciones.

Chica Bond said...

Ziggy no se zafo su sobrenombre nada, ella sera hasta el dia que se muera Ziggy. Asi como tu seras Toto siempre, y Ruspa, Yuyo y demas con sobrenombres que ya son parte de la identidad de la persona igual

Tropical Blonde said...

En cambio mi sobrenombre fue inventado por una tia la cual decidio que eso de María Elvira sonaba a Monja de las Esclavas de Cristo Rey (yo le doy la razon)
Hoy en día hasta en las entrevistas de trabajo me preguntan que como me llaman si Maria o Mayen... (veridico)
Yolo puse claro... María Elvira es buen nombre para tenerlo en las tarjetas de presentación o en mi rol como abogado... el cual deseche jejejejeje

La Perfecta said...

La Perfecta es el nombre con el que me rebauticé cuando decidi tener un alter ego 2.0. Creo q por ironía (ta clarísimo que soy cualquier cosa menos perfecta) jeje

Mi verdadero sobrenombre es bastante común: Negra. O sus variaciones: negrita, nerra, mi negra, negrura, negris, etc.

Estoy tan acostumbrada que si alguno de mis amigos me llama por mi nombre de pila lo siento como un insulto.

PS: me encanta aparecer coleada en tus posts jejeje

Emiliana said...

Jajaja estoy de acuerdo con Isa, Ziggy sera Ziggy por siempre. Hay un cuento muy comico de un sr integrante de nuestra zoociedad conocido por todos como Tite. Cuando Tite entro a la universidad, decidio que era hora de quitarse el "Tite" y comenzar a llamarse nuevamente Jose Ignacio. Sin embargo, cada vez que se presentaba: Mucho gusto Jose Ignacio "De Tal"; la respuesta siempre era la misma: tu eres algo de Tite?
Y fue ahi, en la universidad, cuando el senor Tite se entero de que habia perdido su nombre para siempre.

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