Tuesday, December 22, 2009

El Amigo Secreto: Robert Langdon es mi Mamá

Ya no estamos para épocas de burguesía criolla en donde el capitalismo arreciaba y los regalos familiares consistían en dos corbatas, una correa, una colonia, un cheque jugoso que le tumbaba el caché a los demás regalos y un inexplicable kit de buceo con chapaletas incluidas. En estos tiempos de austeridad y de luto activo por el secuestro de Pacheco, un intercambio de regalos entre la familia donde cada quien recibe un solo regalo de parte de todos, es la norma en vez de la excepción. Es cuestión de poner un poco de papelitos en una totuma laqueada y cada quien va sacando un nombre de algún tío, primo o mamá. Si se hace algún intercambio posterior (porque, estemos claro, hay gente tan insoportable a la hora de regalarle que es mejor deshacerse del papelito) queda de cada quien hacerlo en una negociación secreta.

La sencillez del juego no amerita complicaciones. A menos que se haga en una casa como la mía. Empecemos porque la palabra “secreto” pasó a segundo plano cuando alguien (y no diremos nombres porque se molestan pero fue mi señora madre) hizo público los documentos secretos de la CIA cuando pegó a la nevera con un imán de Toto (el perro) en Oz, la lista completa de nombres de la familia con una correspondiente flecha que daba al nombre de la persona a la que le tocaba regalar. Los arqueólogos y hackers de códigos todavía están rascándose la cabeza viendo como diantres hizo la señora para conseguir toda la información pero ahí está el Código de Hamurabi con su chuleta correspondiente. Yo le regalo a ella y ella le regala a mi tía y mi tía le regala a mi hermano, y él le regala a mi prima y mi prima le regala a mi cuñado y mi cuñado me regala a mí y así va la cosa. El secreto salió del closet. Robert Langdon es mi mamá.

No contento con la develación de información que si mi familia trabajase para el Consejo Nacional Electoral, los venezolanos estarían claros en que las características de “clara y veraz” no constituirían problema alguno pero que nos rasparían en cuanto a lo “oportuno”, ayer llego a mi casa y me encuentro que mi mamá y mi papá están en actitud de elfos en un sweatshop en Malasia, envolviendo una maraña de regalos en mi comedor. Yo me gané un diploma en kínder que decía “Toto puede contar hasta 10” y todavía lo tengo guindado en mi baño como recordatorio que algo hice en la vida. Pero lo que cuento son más de diez regalos en la mesa, por lo que concluyo que o se pusieron exquisitos y decidieron hacer un comeback a la cuarta republica o, como se me confirma posteriormente, se fueron de Mónica Geller y decidieron comprar todos los regalos ellos mismos.

De esa manera, el regalo que yo supuestamente le debería hacer a mi señora madre por papelito secreto, está siendo envuelto por mi papá en papel crepé azul petróleo para luego ser metido en una bolsa de regalo amarilla china que irá con una tarjeta, sin mi puño y letra que dirá “De: Toto Para: Mom”. La participación de Toto en el proceso: nula. El cariño y el abrazo posterior cuando ella abra el regalo: de Mastercard. Y no contento con eso, ella llama a mi cuñado a notificarle que le va a regalar a mi abuela una olla. Hasta por teléfono pues. La persona ni tiene que venir a ver nada. Esto es express. Los únicos que se salvan del terrorismo navideño son Alejandro y Claudia que como están en Milán, asumimos que son de la high y van a traer regalos de marca. Poco importa que estén enterrados en nieve. Ya se les alertó que si no traen lo que se les pidió (alias giandugias, Junips), que ni se molesten en regresar.

Le comento a mi señora madre que voy a escribir sobre esto y se molesta conmigo, aludiendo a que el que no entiende el juego soy yo. “No es secreto quien te va a regalar. Lo que es secreto es qué te van a regalar.” Le explico que el juego ha debido ser sorpresa a lo que me responde: “Cuando te vuelva a tocar el kit de buceo ilógico hablamos.”

Tiene razón. Hay secretos que no ameritan la pena guardarse. Sobre todo porque por más bien que se envuelvan, uno siempre sabe que allí adentro hay unas chapaletas que jamás va a utilizar.-

Jups: la lista en la nevera. Firma.

3 comments:

Astrina said...

“No es secreto quien te va a regalar. Lo que es secreto es qué te van a regalar.”
priceless
jajaja! amigo secreto express...!

Ana María Zubillaga said...

LOL que buen cuento...
Además me encana la transparencia de toda la familia!!

jamzter said...

Jajajaj excelente cuento!. Algo parecido pasa en mi casa. Mi mamá compra todos los regalos, menos los de ella que los compro yo. Una vez mi hermano dijo "Que ganas, a mi papá le estan comprando su regalo con su propio dinero". Jaja que puedo decir. Luego nos cuentas que te regalaron.

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